Categoría: Opinión

  • Adrián, no te lloré

    Adrián, no te lloré

    En la primera de las siete páginas de su resolución, la Sala de lo Constitucional de hace más de treinta años concluyó “que el Organo (sic) judicial” carecía “de competencia para avocarse al conocimiento de las cuestiones puramente políticas, cuya naturaleza es por completo ajena a la esencia de la función jurisdiccional: y, por consiguiente, su dilucidación está exclusivamente librada a los poderes políticos: el legislativo y [el] ejecutivo”. Esa fue la decisión tomada el 20 de mayo de 1993 en respuesta a la demanda de inconstitucionalidad contra la amnistía aprobada dos meses antes; demanda que –junto con Ana Mercedes Valladares, directora del Socorro Jurídico Cristiano– habíamos presentado nueve días antes. El resto del fallo, ese sí absolutamente político, era un intento inútil de “justificación” pues debían  proteger a los responsables del dolor de las víctimas. ¡Ni dos semanas esperaron! Ello, pese a que nuestro alegato central era claro: con esa ley general, absoluta e incondicional se violaban derechos consagrados en nuestra carta magna.

    ¿Qué hacer? Esa fue la lógica e ineludible interrogante a responder. Había que quitar esa lápida colocada sobre tan terrible pedazo de nuestra historia, pretendiendo sepultarlo: el de la dolorosa preguerra y la cruenta guerra. Si no, difícilmente se podría pacificar el país ya que en lugar de superar la impunidad así la estaban fortaleciendo. Tras darle vueltas y vueltas, allá por 1996 terminó de concretarse en mi cabeza una idea: impulsar un evento anual convocante, aglutinador y desafiante.

    Entonces nació el Festival Verdad en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas en 1998, como una iniciativa promovida desde su Instituto de Derechos Humanos: el IDHUCA. Con dicho esfuerzo pretendíamos rescatar ese pasado y lograr que nuestra población, sobre todo aquella afectada por la barbarie, impulsara las acciones necesarias hasta lograr justicia y reparación para las víctimas. Asimismo, buscábamos hacer todo lo posible por derrotar la amnistía y conseguir que los criminales principales de uno y otro bando rindieran cuentas ante las instituciones correspondientes, las cuales debían funcionar hasta lograr que el Estado salvadoreño realmente reconociera a la persona humana como el origen y el fin de su actividad en aras de avanzar hacia el ansiado bien común, con base en la seguridad jurídica. 

    Más que un proyecto que agradara a la cooperación internacional y lograra su financiamiento, que escasamente conseguimos, el Festival Verdad estaba concebido como un proceso que contribuyera a transformar nuestra injusta realidad. Una expresión de los impulsos que formaron parte de esta conjunción de actividades diversas, fue la creación y el funcionamiento del Tribunal internacional para aplicación de la justicia restaurativa en El Salvador. Pero mucha gente identificaba y aún identifica el Festival Verdad con su concierto de cierre, al cual asistían millares de personas convocadas por la participación comprometida de artistas de nuestro continente y –en más de alguna ocasión– de Europa.

    Uno de estos fue Adrián Goizueta. Nacido en Argentina pero “vivido” durante décadas en Costa Rica, adonde lo escuché por primera vez en la década de 1980, con el Grupo Experimental fue figura esencial entre esa constelación de estrellas que desfilaron por la tarima de la universidad jesuita; él y Luis Enrique Mejía Godoy, creadores de bellas obras inspiradas en las causas justas y entrañables de la humanidad, fueron quienes más veces nos acompañaron en ese afán. Desde dicho espacio, pues, Adrián derrochó y nos obsequió su compromiso con la dignidad del pueblo salvadoreño en su lucha contra la impunidad. Así, “dicen que dicen” que lo vimos pasar por lo que el llamó “un acto de amor a los demás”. Porque ‒parafraseándolo‒ lo dijo y lo pensó, lo sintió y lo ejerció así: “el amor es la vida; lo demás es mentira”. Esa fue su verdad y también es la nuestra; porque, en su poesía, afirmó convencido que “a pesar de la guerra el amor está creciendo”.

    “Con los brazos abiertos nos despedimos” del siempre querido Adrián por su canto a Farabundo. Pero no lo voy a llorar. Y es que, aunque con empeños como el del Festival Verdad derrotamos la infame amnistía, casi diez años después de la sentencia de inconstitucionalidad de la misma aún no se aprueba la normativa ordenada para reivindicar integralmente a las víctimas de la preguerra y la guerra. Ni las legislaturas anteriores lo hicieron; las del “bukelato”, que ya están por completar un quinquenio, tampoco lo han hecho. 

    Moriste “de muerte suave y tranquila”, durmiendo, pero todavía “hay bronca”; “todavía hay compañeros perseguidos por hacer de la alegría su bandera”. “Si no hay puños en alto, sino no hay flores y risas” ‒nos pediste‒ “no me llores amor”. Por eso, Adrián amigo del alma, no te lloré.

  • La deserción estudiantil universitaria en El Salvador

    La deserción estudiantil universitaria en El Salvador

    Un problema latente que enfrentan las universidades salvadoreñas, es la deserción estudiantil. En las carreras de pregrado es en donde más se verifica esa dificultad.

    Cada universidad tiene sus estadísticas y datos. Los factores endógenos y exógenos sobre la deserción son varios. Según datos, el principal problema de la deserción es el económico.

    Los estudiantes en su vida universitaria presentan déficit de atención y en ocasiones traen una decadente formación académica desde estudios de Educación Media (Véase los resultados de la PAES y Avanzo). Es necesario que las universidades le presten más atención a la problemática de la deserción escolar desde el momento de la inscripción. De no ser así, los alumnos irán desertando desde el primer ciclo académico. Es importante que las Instituciones de Educación Superior (IES) realicen estudios o tengan investigaciones en donde se aborde el tema de la deserción. Es relevante que las IES cuenten con estrategias para disminuir la deserción, además de tener archivos de los alumnos que han desertado por diferentes causas.

    Existen muchos factores que llevan a que los estudiantes piensen en desertar, estos son influenciados por factores endógenos y exógenos, los cuales son variables difíciles de identificar. Otro factor es cuando los estudiantes encuentran trabajo, inscriben dos o tres asignaturas. Eso hace que el plan de estudios se alargue más y se desmotiven a seguir estudiando. Los docentes, en ocasiones, son los primeros en darse cuenta de los alumnos que anhelan desertar por uno u otro motivo.

    Para analizar la problemática de la deserción estudiantil en el ámbito universitario, se debe hacer un esbozo sobre la deserción en los niveles inferiores. Según la Dirección General de Planificación, gerencia de estadísticas del Ministerio de Educación, la mayor caída de matrícula entre 2019 y 2022 fue en los niveles de tercer ciclo, bachillerato y en básica nocturna. Mientras tanto, según Oscar Picardo Joao, “de cada 10 niños que terminan sexto grado solo cuatro terminan bachillerato, solo dos ingresan a la universidad y solo uno se gradúa de la universidad”.

    En el periódico El Mundo: (27, de septiembre de 2022) “La educación superior ha perdido al menos 20,000 estudiantes, debido a la pandemia y a la crisis económica, según el presidente de la Asociación del Consejo Nacional de Rectores de El Salvador y rector de la Universidad Luterana, Fidel Nieto”.

    Según Pérez, 2015, “La mayoría de los jóvenes provienen de familias donde el ingreso familiar es menor al salario mínimo del país, ello implica que no todos tienen la posibilidad de costearse un estudio universitario. Por ello, a veces se retiran un tiempo, mientras trabajan y ahorran para obtener ingresos suficientes para reingresar y continuar sus estudios. También, hay casos en los que, si comienzan a trabajar, disminuyen la carga académica que cursan. En lugar de cursar 5 o 6 asignaturas de su pensum por ciclo, solo inscriben 2 o 3. Eso implica que su plan de estudios de 5 años se alarga un poco más”. Esto quiere decir que los pénsums de las carreras deben tener menos años de estudios.

    Si las remesas, que superan los nueve mil millones de dólares al año, se utilizaran para que los jóvenes estudien, tendríamos a un El Salvador con mejores índices de desarrollo. Sin embargo, el 72% de esas remesas se utilizan para subsistir y gastos cotidianos.

    Según la Universidad Católica de Occidente (2013), entre las causas de la deserción están: Insatisfacción  de las prácticas educativas, la modalidad presencial no reúne sus expectativas, no tuvo una orientación adecuada en el curso propedéutico o eligió una carrera equivocada  o no acorde al examen vocacional, desmotivación hacia el estudio, inseguridad de culminar la carrera debido a las oportunidades laborales, no tuvo bases del bachillerato adecuadas o acordes para proseguir estudios universitarios, etc. Además, hay causas personales como: viajes, migración, matrimonio, trabajo, problemas de salud, etc.

    En conclusión, las universidades deben contar con programas que identifiquen la deserción estudiantil, principalmente en el primer año, aunque es un problema incontrolable; asimismo de realizar estudios vocacionales y psicopedagógicos.

    *Fidel López Eguizábal. Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • Viejas mediciones injustas sobre riqueza y bienestar

    Viejas mediciones injustas sobre riqueza y bienestar

    El proceso de globalización de este mundo nuevo, nos llama al entendimiento, ofreciéndonos la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria, lo que requiere de todos nosotros una buena gestión, comenzando por un total desprendimiento de lo mundano. Por desgracia, la realidad suele llamarnos al orden, siendo testigos del incremento de la pobreza y la desigualdad, contagiando asimismo con una crisis a todo el mundo. A poco que nos adentremos en las diversas situaciones, seremos testigos de las consecuencias de nuestro fracaso actual, sobre todo a la hora de equilibrar las dimensiones económicas, sociales y medioambientales del desarrollo. Comencemos a darle valor al bienestar humano, siendo más éticos y responsables.

    Lógicamente, esto significa que los dinamismos del progreso deben gestionarse, superando la idolatría del beneficio y poniendo siempre al individuo y a su impulso sistémico en el centro. Lo frágil es lo que debe importarnos y ponernos en movimiento, con una actitud más benigna y solidaria, jamás egoísta o excluyente. En efecto, porque todos compartimos idénticos espacios; en consecuencia, hemos de asegurarnos que las novedades sean tratadas con hálito colectivo y desvelo amistoso. Reconocer nuestra común humanidad nos insta a ser más alma que armadura, para sustentar la savia y sostener el aliento viviente, sin andares interesados, para no agotar los recursos del planeta, de los que todos somos parte.

    Despoblémonos de mediciones injustas y poblémonos de amor verdadero; ese que se dona sin esperar recompensa alguna, pero que aminora tensiones e incertidumbres, sobre todo ante el deterioro de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad, el aumento de los conflictos y la inseguridad alimentaria, sumado todo ello a las desigualdades históricas, que nos dejan sin conciencia para hacer propósito de enmienda. La vida no es para que la vivan los privilegiados, es para que la disfrutemos todos los seres, lo que nos demanda a implicarnos mutuamente. La cuestión, por tanto, no debe quedar únicamente en manos de las élites políticas, científicas o académicas.  Jamás olvidemos, pues, que nadie es más que nadie, para colaborar y cooperar por un orbe más justo.

    La creatividad nos regenera realmente, conectando pulsos y pausas diversas, es más celeste que mundana. Trabajarla en comunión y en comunidad es como se avanza. Muchas veces es cuestión de estar en guardia como auténticos cultivadores del edén poético, sobre todo para asegurarnos de que, cuando se satisfagan las necesidades más complejas, no se descuiden las vitales. Este atropello general hace que las personas se vean privadas de lo necesario y sumergidas en las cosas accesorias. Hoy más que nunca, tenemos que mostrar empeño en que un mayor adelanto de la civilización, pasa por universalizar la salud, el capital social y la calidad del medio ambiente; contribuyendo de manera integral, a la realización de la persona, como ser pensante con libre voluntad.

    En el fondo, todos somos cantautores de belleza, lo importante es conseguir expresar lo creado, el níveo reflejo del esplendor que durante unos instantes brilla ante los ojos del espíritu condescendiente. Así, mientras cada contienda nos destruye mar adentro y no deja a nadie preservado, el amor y el deseo son las hélices del soplo de las magnas hazañas. La grandeza para poder sentirse uno embellecido, no se enseña ni se adquiere, se cultiva internamente con aire donante y místico horizonte. Esto se consigue, con más poética que política; es decir, avivando el calor de hogar como brío cooperante y con una educación en familia, que nos despierte hacia el fraterno cambio.  Porque el vigor no lo da sólo el dinero, que también, pero aún más soñar; como no es sólo existir, es además asistir.

  • Sobre cascos certificados y sillas de retención infantil

    Sobre cascos certificados y sillas de retención infantil

    Desde el 29 de diciembre de 2025 entró en vigencia la reforma a la Ley del Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, que obliga a que los niños menores de cinco años sean transportados en una silla de retención infantil so pena de una sanción de $150 para el conductor que incumpla la normativa, la cual también prohíbe que los menores de 12 años puedan ir en el asiento delantero.

    En esa misma fecha entró en vigencia la reforma referida a la obligatoriedad para que todos los motociclistas y sus acompañantes utilicen un casco certificado, de lo contrario se hacen acreedores a una multa de 5150.

    Las reformas, aprobadas en diciembre de 2024, buscan generar más seguridad vial y proteger la vida de los niños y los motociclistas.  Es decir que transcurrió un año de gracia para que las familias se abastecieran de sillas de retención infantil y los motociclistas de cascos certificados, a efecto de evitar contratiempos y acaparamientos o especulación por los precios de los referidos dispositivos. Sin embargo, hubo muy poca difusión de las reformas y hasta la fecha la mayoría de motociclistas no usan cascos certificados (algunos ni siquiera tienen licencia para conducir motocicletas) y muy pocos niños son transportados en las mencionadas sillas.

    Como medida de protección ambas reformas son fabulosas. Recordemos que la mayor cantidad de accidentes de tránsito se ven involucrados motociclistas. En 2025 hubo 1,238 muertos y 13,285 lesionados producto de 22,265 accidentes viales. Del total de muertos 499 fueron peatones, 498 motociclistas, 35 ciclistas y 206 conductores o pasajeros (acompañantes) de vehículos particulares o transporte público de pasajeros.

    La mayoría de víctimas mortales son los peatones y los motociclistas, que también aportan la mayor cantidad de lesionados. En los motociclistas muchos muertos y lesionados con severas secuelas pudieron haberse evitado con la debida prudencia, el respeto a la normativa de tránsito y con el uso de un casco certificado.

    Sin embargo, creo que la reforma que obliga al uso de las sillas de retención infantil  y a la prohibición que menores de 12 años vayan en el asiento delantero es muy ambigua y se presta para que haya incertidumbre. Veamos, el viceministro de Transporte Nelson Reyes, consultado por periodistas de diferentes medios señala que los padres de familia están obligados a poseer esa silla para movilizar a sus hijos (lo cual es lógico y entendible), pero también señala que en el caso del transporte privado (taxis, microbuses escolares, uber o cualquier otra plataforma) es obligación del padre, la madre o la persona adulta que se acompañe de un menor de cinco años llevar consigo una silla para abordar un vehículo de transporte particular, de lo contrario “quien recibirá la multa es el conductor”.

    Imaginemos a una madre de familia que por emergencia tenga que salir con dos hijos, uno de dos años y el otro de cuatro. Ella debe cargar dos sillas u obligadamente abordar un autobús o microbús  donde no existen esas sillas de retención. Lo más probable es que salga sin las sillas y que ningún conductor privado quiera hacerle el viaje para no exponerse a ser sancionado. Lo más lógico es que el conductor privado lleve consigo las sillas  de su propiedad en el baúl para atender estas situaciones.

    Veamos otro ejemplo, si el vehículo es un pick up de cabina simple y el conductor debe llevar a su hijo de diez años a pasar consulta o a su centro de estudios, pues no está obligado a llevarlo en silla de retención infantil, pero la ley le prohíbe llevarlo en el asiento delantero porque es menor de doce años, entonces ¿Debe llevarlo en la cama del pick up?

    Hay sillas para recién nacidos, para niños de un año hasta para menores de cinco. Eso, desde la lógica del viceministro Reyes, implicaría que cada año los padres de familia deben comprar una silla, si acaso pretenden usar transporte parricular concesionado.

    Es además, incongruente, que en buses y microbuses no esté  vigente la disposición de las sillas de retención infantil, cuando muchas personas adultas acompañadas sus niños menores de cinco años se movilizan en esos medios. El hecho de no andar o tener esas sillas obligará a mucho, especialmente madres de familia a movilizarse en transporte colectivo.

    A diferencia de los cascos para motociclistas, no existen certificaciones para esas sillas. Cada quien es libre de adquirir o poseer la silla que más se ajuste a su presupuesto o la que considere a su gusto, lo cual no es  recomendable, porque se debe tener la certeza de la efectividad de las sillas, si lo que se pretende proteger vidas.

    Cuando se aprobó la reforma en diciembre de 2024 no se presentaron datos de niños menores de doce años fallecidos en accidentes de tránsito. Fue una reforma muy interesante y necesaria, aunque poco publicitada, pero sin argumentos en su momento. Hasta ahora se desconoce, verbigracia, cuántos de los 1,238 muertos en accidentes en 2025 eran menores de cinco o doce años. Tampoco se conoce cuántos de los 13,285  lesionados  del año pasado eran menores de  12 años.  A pesar de ello la reforma es positiva, pero se requiere eliminar la incertidumbre y actuar con lógica y talante estatal.

    Las multas no pueden dejarse al libre albedrío de los agentes de tránsito, quienes no siempre actúan con base a la ley. Ellos tienen que salir a las calles bien instruidos y hacer cumplir las reformas, pero antes  se necesita que las autoridades ejecutivas tengan claro el alcance de las reformas y sus consecuencias.

    Si yo fuera taxista, conductor de cualquier aplicación o conductor de transporte escolar me hiciera de esas sillas para mis clientes, con ello me evitaría sanciones y mantuviera satisfecha a mi clientela que merece viajar con seguridad.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Leer para crecer: cuando los libros fortalecen el talento humano en la empresa

    Leer para crecer: cuando los libros fortalecen el talento humano en la empresa

    En la empresa solemos hablar de metas, números, resultados y eficiencia. Eso es necesario. Pero pocas veces pensamos en algo muy sencillo que puede transformar la forma en que trabajamos: la lectura. Muchos creen que leer es solo un pasatiempo o un lujo cultural. Yo creo todo lo contrario. Leer es una herramienta poderosa para fortalecer el talento humano, mejorar la comunicación y aumentar la productividad.

    Lo digo desde mi experiencia. A veces, como Alfredo, he llegado a una reunión con la mente cansada y he descubierto que un buen libro leído la noche anterior me ordenó las ideas, me dio calma y me ayudó a pensar con mayor claridad. Un libro no solo deja una historia; deja una forma distinta de mirar la vida y de enfrentar los problemas.

    Leer nos enseña a pensar con más serenidad. En las empresas los desafíos no llegan con instrucciones claras. No dicen: “haga esto y todo se resolverá”. Llegan confusos, mezclados, con presión y con poco tiempo. La lectura entrena la mente para analizar, observar y tomar decisiones con más criterio.

    Un ejemplo sencillo lo encontramos en las historias de SHERLOCK HOLMES. Estos libros no son solo de misterio; cuentan cómo un detective, usando la observación y la lógica, resuelve casos que parecen imposibles. Holmes mira lo que otros no ven, une pequeños detalles y llega a conclusiones claras. Cuando alguien lee estas historias, aprende sin darse cuenta a observar mejor, a no precipitarse y a pensar con orden.

    En la empresa, eso se traduce en personas que detectan errores a tiempo, que analizan procesos con calma y que no toman decisiones a la ligera.

    La lectura también nos ayuda a comprender mejor el entorno. Los cuentos de EDGAR ALLAN POE nos enseñan a leer entre líneas, a descubrir lo que está oculto, a entender que no todo es tan simple como parece. En la vida laboral, esto es clave: ayuda a anticipar riesgos, a comprender conflictos internos y a buscar soluciones más creativas.

    Pero no todo es mente. La literatura también toca el corazón. En LOS HERMANOS KARAMAZOV, de Dostoyevski, se muestran las luchas internas, el dolor, el perdón y la búsqueda de sentido. Leer este tipo de obras despierta empatía. Y la empatía es una de las herramientas más valiosas dentro de una empresa.

    Un talento humano que comprende al otro trabaja mejor, dialoga mejor y construye mejores equipos.

    Más de una vez, como Alfredo, he visto que muchos conflictos en las empresas no nacen por falta de capacidad técnica, sino por falta de sensibilidad humana. Y la literatura, sin hacer ruido, va educando esa sensibilidad.

    Nuestra propia literatura salvadoreña también tiene mucho que aportar. CUENTOS DE BARRO, de SALARRUÉ, nos enseña a leer despacio, a observar los detalles, a valorar lo sencillo. Esa paciencia es fundamental en cualquier proyecto empresarial. Leer desarrolla la capacidad de concentrarnos sin desesperarnos y de mantener el enfoque aun cuando el proceso es largo.

    Y no podemos olvidar la creatividad. Alicia en el país de las maravillas nos invita a pensar diferente, a cuestionar lo establecido, a imaginar caminos nuevos. En la empresa, la innovación nace de esa misma actitud: no conformarse con lo de siempre, sino atreverse a pensar distinto. La lectura despierta esa chispa interior que luego se convierte en ideas útiles.

    La Biblia lo expresa con palabras sencillas y profundas: “En el corazón del entendido reposa la sabiduría” (Proverbios 14:33). La lectura ayuda justamente a formar ese corazón entendido, capaz de pensar con equilibrio y actuar con responsabilidad.

    Por eso, la literatura no es un lujo reservado para académicos. Es una herramienta práctica para cualquier organización que quiera crecer con salud. Leer fortalece el pensamiento crítico, mejora la comunicación, fomenta la empatía, desarrolla la concentración y despierta la creatividad. Todo eso impacta directamente en la productividad.

    Hoy estoy convencido, y lo digo con serenidad como Alfredo, de que una empresa que promueve la lectura está invirtiendo en su mayor tesoro: su talento humano. No se trata de obligar a nadie a leer, sino de crear una cultura donde el libro sea visto como un aliado, no como algo lejano o complicado.

    A veces basta un pequeño gesto: recomendar un libro sencillo, abrir un espacio de conversación, compartir una frase que inspire. Poco a poco, la lectura deja de ser algo individual y se convierte en parte de la vida de la empresa.

    Leer también es una invitación a crecer como personas.

    Quien lee piensa mejor.

    Quien lee se comunica mejor.

    Quien lee comprende mejor a los demás.

    Y una empresa formada por personas que piensan, dialogan y comprenden mejor, es una empresa más fuerte, más creativa y más humana.

    La literatura no solo cuenta historias. Forma carácter. Forma criterio. Forma sensibilidad.

    Y cuando una organización apuesta por la lectura, no solo mejora sus resultados: construye un ambiente de trabajo más sano, más equilibrado y con mayor sentido de propósito.

    Leer, al final, es una forma silenciosa pero poderosa de producir mejor… empezando por dentro.

    • Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial.  alfredocaballero.consultor@gmail.com

     

  • El buen político y el misionero

    El buen político y el misionero

    Antes del alba, a las seis de la mañana, el joven misionero despierta encomendándose a Dios y listo a emprender con alegría un nuevo día, comprometido en su visión de cambiar el mundo, ya que ha sido elegido por Dios y su comunidad a hacerlo.

    A las seis con treinta, abre la puerta de su albergue, observa con admiración los primeros colores malva en el nuevo cielo, respira profundamente el fresco aire mañanero, bebe el ultimo sorbo de su taza de chocolate caliente, ata las cintas de sus zapatos e inicia su rutina de ejercicio, caminando primero, corriendo después por las antañas aceras del barrio. Con cada trote, se siente libre como las aves que vuelan y cantan a la mañana, su corazón se llena de gratitud con la vida, su mente claramente ve las metas que se ha propuesto cumplir para mejorar la calidad de vida de quienes conocerá y con quienes compartirá sus sentimientos.

    A las siete con treinta, frente al espejo ajusta el nudo de su corbata en su impecablemente almidonada camisa blanca. Su mirada llena de esperanza es una bendición para quienes están por escuchar el proyecto que desea compartirles. A las ocho, mientras come su desayuno, lee con cuidado las palabras de sabios, filósofos y hombres inspirados por Dios, quienes inspiran su deseo de brindarle bien al mundo. A las ocho con treinta, toma el libro de las Santas Escrituras y llena con pasión su alma de Dios, sabe que todo intento puro y legítimo de bien es hecho con Jesucristo.

    Son las nueve, impaciente, lleno de energía y listo para mejorar la vida de muchos, revisa su agenda de citas, observa que está llena de entrevistas y actividades hasta las siete y treinta de la noche.

    Puntual, a las nueve con treinta emprende la faena que anhelo hacer desde que era un niño: Servir al prójimo. A las diez, su primera reunión es con una familia que adolece desempleo y evicción. A las once, visita un centro de adicción, adonde escucha con pena las calamidades de la plaga. A las doce, acude al hospital local a visitar enfermos. A las doce con cincuenta y tres, la llanta se le poncha a dos cuadras de la cárcel, adonde se reunirá con unos reos. Sin pensar dos veces, corrió para llegar a tiempo a la una.

    Es la una con cincuenta, su bicicleta ha sido robada. Afortunadamente, es la hora del almuerzo, con su compañero de trabajo descansa en el comedor de una gasolinera comiendo una galleta con agua y prepara su próxima cita a las tres.
    A las dos con cuarenta y dos, empieza a llover torrencialmente, mas, irradiando la bella energía de la juventud y llenos de felicidad, los dos le sonríen al mundo montados en una sola bicicleta debajo de la lluvia, dirigiéndose apresurados hacia el banco de comida, adonde, cargaran cajas pesadas de alimentos en los autos de los necesitados hasta las seis.

    Son las seis con treinta, finalmente, puede sentarse en el andén para descansar. Aun llueve. Después de cinco minutos, monta nuevamente la bicicleta de su compañero y se dirigen a la casa de un hombre viudo quien está interesado en oír su mensaje a las siete.

    Son las ocho, es hora de cenar. El día ha sido arduo. Al llegar al albergue, encuentra su bicicleta. Un oficial de la cárcel, quien se dirigía a trabajar, observó al joven dejar su bicicleta y correr para el precinto. Sabiendo de quien se trataba, cargo con la bicicleta para repararla, al hacerlo y buscar al joven, este ya se había ido. Averiguo adonde vivía y al terminar su turno fue a entregarla. Así obra Dios con quien se dedica a hacer el bien.

    Son las nueve, cansado más satisfecho por el esfuerzo hecho en el día, comparte con todos los miembros del apartamento el gozo vivido cambiando al mundo con su servicio.

    A las diez con treinta, en la seguridad de su lecho con la santidad que le enviste, el joven duerme agradecido por lo hecho y servido, dispuesto a repetirlo mañana. Hoy el mundo es mucho mejor para cada una de esas personas a quien ha tocado con su visión del bien. Su convicción de hacer el mundo mejor, lo hace realidad un día a la vez.

    ¿Quién es este joven? Es el misionero. ¿Que no daría por describir así el día de un político? Pero sería fantasía, no habrá elecciones este año. Sin embargo, la vida del misionero es así, es real. Muchos políticos iniciaron con ese ímpetu de servicio, más ese espíritu marchito tal flor de un día al ser electos. Ojalá, al leer esta historia, el político corrupto y descarriado que se dedica a hacer el mal con hipocresía retome el camino estrecho y recto. Emule al joven misionero.

    El proyecto del misionero es traerte paz, amor y alegría a través de Jesucristo. Con Dios en ti prosperas. No te hará falta trabajo, pan, casa, vestido, calzado, dinero, tampoco lo más importante, vida plena en armonía y gozo.

    Son las once, y el buen político embriagado de licor y poder, en un restaurante lujoso, rodeado de amigos cena manjares, mientras planea y conspira como despojarte de todo eso que mereces.

    Pero, a la misma hora, afortunadamente, para la humanidad, en la total obscuridad de un pequeño closet cerrado, unos ojos celestes brillan tal estrella de Belén, su cabello dorado reposa en una modesta almohada y su cuerpo cubierto por una ligera sabana en la dureza del suelo alfombrado. Esta bella joven ha dejado la comodidad de su hogar para partir a tierras lejanas y desconocidas, la joven misionera no puede conciliar el sueño por la linda emoción de emprender mañana su primer día de Misión para cambiar el mundo en los próximos dos años proclamando a Jesucristo. Sus ojos, no son los únicos brillando en la obscuridad de esta noche, son cientos de miles iguales. Así es este Ejercito de Ángeles que Dios nos envía cada día a nuestros caminos. Abrámosle los brazos y unámonos a ellos para cambiar el mundo, haciendo el bien, sirviendo al prójimo, un día a la vez.

  • El costo invisible del emprendimiento femenino

    El costo invisible del emprendimiento femenino

    Emprendí a mis 30 años una agencia de comunicaciones convencida de que la experiencia y la disciplina bastaban para construir un negocio sólido. Tenía claridad en lo que ofrecía, pero no en lo que implicaba sostenerlo. Nadie me habló del costo invisible del emprendimiento femenino: ese que no aparece en balances, pero se cobra todos los días.

    El primer costo fue la autoexigencia desmedida. Sentía que no podía equivocarme, porque un error no sería solo mío, sino una confirmación de estereotipos que aún pesan sobre las mujeres que lideran. Con el tiempo entendí una primera lección clave: la excelencia no se demuestra trabajando más, sino decidiendo mejor.

    Herramienta: redefinir estándares realistas y medibles. No todo merece el mismo nivel de urgencia ni perfección.

    El segundo costo fue aprender a cobrar. Acepté proyectos mal pagados por miedo a perder oportunidades o a parecer “difícil”. Ese miedo tiene consecuencias: desgaste, frustración y negocios poco sostenibles.

    Herramienta: establecer tarifas mínimas no negociables y escribirlas. Cuando una cifra está clara en papel, es más fácil defenderla con convicción.

    La disponibilidad permanente fue otro costo silencioso. Estar siempre accesible se confunde con compromiso, cuando en realidad erosiona la salud mental y la claridad estratégica.

    Herramienta: definir horarios de respuesta y comunicarlos desde el inicio. Los límites no alejan a los buenos clientes; los ordenan.

    Emprender también implica soledad decisional. Hay decisiones que nadie celebra: rechazar clientes, cerrar ciclos, decir no a ingresos inmediatos para proteger la visión de largo plazo.

    Herramienta: construir un pequeño consejo de confianza: dos o tres personas con criterio, no con opinión, a quienes consultar decisiones clave.

    El costo emocional es real. La ansiedad, la incertidumbre y la culpa forman parte del proceso, pero no deberían normalizarse como un precio inevitable.

    Herramienta: tratar la salud mental como un activo del negocio. Pausar, delegar o ajustar el ritmo también es estrategia.

    Con los años entendí que el problema no es pagar el costo del emprendimiento, sino pagarlo sola y en silencio. Hablar de estas realidades no nos hace menos fuertes; nos hace más preparadas.

    Emprender siendo mujer no debería significar resistirlo todo, sino aprender a construir con conciencia, límites y propósito. Si este camino va a ser desafiante —y lo es—, que al menos esté acompañado de información real y decisiones que nos sostengan.

    Porque el verdadero éxito no es solo crecer, sino poder sostener lo que construimos sin rompernos en el intento.

    *Amanda Rodas, emprendedora y consultora de comunicaciones

  • Preso el déspota, la dictadura manda

    Preso el déspota, la dictadura manda

    Recibi con gran satisfacción la captura de Nicolas Maduro y su esposa cómplice Cilia Flores y lamenté profundamente que muchos de sus cofrades, entre ellos Diosdado Cabello y el general Vladimir Padrino López, no fueran apresados, aunque es de esperar que todos los asociados al dictador en el cartel de los Soles y el gobierno terminen en la cárcel.

    Por demás me parece muy apropiado que esta injerencia humanitaria sin ocupación militar ayude a depurar la doctrina latinoamericana de “la no intervención” que ha sido útil para que los tiranos se perpetúen en el poder como ha sucedido en Cuba, 67 años, Venezuela, 26 años, Nicaragua, 30 años en dos periodos.

    El principio de la “No intervención” es válido cuando los ciudadanos cuentan con la capacidad de remover a sus gobernantes en elecciones plurales y secretas, con poder judicial y tribunales electorales independientes, más la verificación de organismos internacionales probos, lo que no es posible en los países mencionados.

    La “No Intervención y Autodeterminación de los Pueblos” debería ser un principio sagrado cuando la democracia y la voluntad popular señorean un país, así como la práctica electoral debe ser la vía para cambiar un gobierno que respeta las normas democráticas, no obstante, si no hay democracia, al oprimido le asiste el derecho a la rebelión y combatir la opresión, al igual que el vecino tiene el deber de cruzar la frontera para proteger a los indefensos que padecen a su sombra.

    Cierto que cada pueblo tiene la prerrogativa de elegir a sus gobernantes y el sistema de gobierno que le apetezca, un derecho natural vinculado al cambio de régimen, cuando este no le satisface, por eso cuando el tirano Fidel Castro decía “el pueblo cubano voto en 1959” incurría en una de las muchas aberraciones de su maléfica existencia.

    No es prudente respetar doctrinas que permiten a los depredadores nutrirse con la sangre de sus víctimas. Lo que viene ocurriendo en Cuba hace décadas demanda una solidaridad activa con un pueblo que ha demostrado su deseo de ser libre, tampoco es moral aceptar la debacle que padecen los venezolanos en aras de contratos que solo prestan servicios a los criminales.

    La penosa situación de Cuba, Venezuela y Nicaragua demanda la participación de las democracias del hemisferio. No es prudente permitir la proliferación de un mal cuando existe la posibilidad de ser libre. El continente debería reaccionar a la maldad de forma multilateral, actuando de común acuerdo y execrando a los gobiernos que no respetan a sus ciudadanos.
    Por otra parte, el liderazgo de Estados Unidos en esta operación judicial sin la que Maduro y Flores seguirían oprimiendo a los venezolanos, genera preguntas de complicadas respuestas para todas las partes.

    Opino que Washington aprendió la lección de Irak. El gobierno de ese país fue completamente desmontado, lo que genero un vacío de poder que ocuparon parcialmente grupos terroristas, situación que aparentemente se evitaría si la actual presidente y cómplice del narcotraficante preso, Delcy Rodríguez, dirige una transición política que debió haber conducido Nicolas Maduro cuando perdió los comicios del 28 de julio del 2024.

    Otros cuestionamientos. Habrá una convocatoria a nuevos comicios o simplemente, lo que muchos consideramos justo, la entrega del gobierno a Edmundo González y María Corina Machado, aunque no dudamos que de haber nuevos comicios esa dupla repetiría la victoria.

    Por otra parte, ¿cuándo serán excarcelados todos los presos políticos? como exprisionero considero que esa debe ser la primera gestión de los delincuentes en el poder que también son responsables de todos los abusos y vejámenes ocurridos bajo Hugo Chávez y Maduro. ¿Cuándo se restablecerán los derechos de la oposición y de los inhabilitados políticamente; en qué momento podrán regresar a Venezuela los que tomaron el camino del destierro para salvaguarda su libertad y vida; los bienes confiscados y licencias de transmisión de radio y televisión que Chávez y Nicolas Maduro enajenaron, cuando serán restituidos a sus beneficiarios?

    Por último, la alianza de Maduro con el totalitarismo cubano supera con mucho su relación con China, Rusia e Irán, realidad evidenciada con la muerte de decenas de castrista que cayeron defendiendo al dictador. La asistencia represiva y el control castrista sobre los poderes públicos venezolano es más que notoria, así que, es de suponer que La Habana esta al tanto del trafico de drogas del Cartel de los Soles que dirigía el dictador encarcelado.

    * Pedro Corzo es periodista cubano

  • La salud como territorio político

    La salud como territorio político

    No sé ustedes cómo están percibiendo este nuevo 2026; en mi caso ha comenzado intenso y cargado de temas fuertes. Una de esas experiencias la viví en plena época navideña, conversando con una pareja de salvadoreños que reside en Estados Unidos y que, según comentan, ya son también ciudadanos de ese país. El tema espinoso fue la supuesta transparencia de los documentos en salud que el actual gobierno dice haber instalado, y la reacción de mis “conocidos” fue desproporcionadamente intensa, casi visceral, en defensa de su ídolo político. Esta experiencia me llevo a reflexionar sobre si la salud es un derecho o un beneficio para el ciudadano salvadoreño.

    Durante décadas se repitió que la salud era un asunto técnico: números, protocolos, presupuestos, eficiencia. Hoy esa afirmación resulta cada vez más insostenible. La salud es, y siempre ha sido, un territorio político. No porque los hospitales voten o los médicos legislen, sino porque decidir quién accede, cuándo y en qué condiciones es una forma directa de ejercer poder.

    En El Salvador, los cambios recientes en el sistema nacional de salud se presentan bajo un lenguaje cuidadosamente elegido: modernización, optimización, reordenamiento. Palabras neutras en apariencia, casi asépticas. Pero detrás de ellas se juegan preguntas profundamente políticas: ¿qué se entiende por derecho?, ¿qué se considera gasto?, ¿quién asume el riesgo cuando el sistema falla?

    La salud deja de ser un derecho cuando se gestiona como un servicio y se comunica como un favor. No es una afirmación ideológica; es una constatación histórica. Cuando el acceso depende de la capacidad de pago, de la afiliación o de la “prioridad” definida desde arriba, el vínculo entre Estado y ciudadano se transforma. El paciente deja de ser sujeto de derechos y pasa a ser usuario, cliente o beneficiario temporal.

    Este desplazamiento no ocurre de golpe. No hay un decreto que anuncie: “la salud deja de ser un derecho”, aunque quizá —y sin que lo notemos— los “sabios” diputados ya lo hayan pronunciado. Ocurre de manera gradual: externalización de servicios, alianzas público-privadas opacas, reducción silenciosa de prestaciones, énfasis en indicadores de productividad más que en resultados sanitarios reales. Todo ello amparado por un discurso que erige la eficiencia como valor supremo, como si la eficiencia fuera políticamente neutra. Pero la eficiencia siempre responde a una pregunta previa: ¿eficiencia para qué y para quién?

    Un sistema puede ser eficiente reduciendo costos a corto plazo y, al mismo tiempo, generar más enfermedad, más desigualdad y más gasto a largo plazo. También puede ser eficiente desde el punto de vista administrativo y profundamente injusto desde el punto de vista social.

    Pero hay un elemento, el cual trataba de argumentar con mis “conocidos”, y el cual suele quedar fuera del debate: el silenciamiento de la deliberación. Las reformas sanitarias más profundas no deberían hacerse a puertas cerradas ni presentarse como hechos consumados. Sin embargo, el clima político actual favorece la rapidez sobre el debate, la decisión centralizada sobre el consenso, la obediencia sobre la crítica. En ese contexto, cuestionar cambios en salud pública se interpreta fácilmente como resistencia al progreso o, peor aún, como oposición política. Y así se me percibió en mi intercambio de opiniones, yo estaba alineado con la “oposición”, según ellos.

    Este es un error peligroso. La salud pública no se defiende con consignas ni con lealtades partidarias, sino con datos, ética y participación social. Cuando los gremios médicos, las universidades o las organizaciones civiles expresan inquietudes, no están “obstaculizando” el desarrollo; están cumpliendo una función democrática esencial: advertir sobre riesgos que no siempre son visibles desde el poder. La pandemia dejó una lección que parece olvidarse con rapidez: los sistemas de salud frágiles no fallan de manera abstracta, fallan en cuerpos concretos. En ancianos que no acceden a atención oportuna, en pacientes crónicos que interrumpen tratamientos, en familias que se endeudan para pagar lo que antes era público. Cada decisión administrativa tiene una traducción clínica. Además, la salud es uno de los últimos espacios donde el Estado se encuentra con la ciudadanía de manera directa y cotidiana. Un hospital público no es solo un edificio: es una promesa. Cuando esa promesa se debilita, también lo hace la confianza social. Y sin confianza, ningún sistema —por eficiente que se declare— puede sostenerse en el tiempo.

    Defender la salud como derecho no implica negar la necesidad de reformas, controles o mejoras. Implica algo más básico: reconocer que no todo lo valioso es cuantificable y que no todo lo medible es justo. Implica aceptar que la salud no puede reducirse a un balance financiero sin perder su sentido humano.Convertir la salud en territorio político no es un acto de confrontación; es un acto de responsabilidad cívica. Porque allí donde se decide quién vive mejor, quién espera más y quién queda fuera, ya no estamos ante un problema técnico. Estamos ante una decisión moral, y por tanto, política.

  • De la impunidad estructural a la eficacia científica: El quiebre de 2025

    De la impunidad estructural a la eficacia científica: El quiebre de 2025

    La historia criminal de El Salvador desafía los paradigmas tradicionales de la criminología y ciencias forenses en la región y sujeto de estudio en escuelas criminológicas en el mundo. Durante décadas, el país fue el rostro de la «impunidad estructural» en los homicidios; para el año 2019, las estadísticas eran desoladoras: de cada 100 homicidios cometidos, 97 quedaban sin capturas y sin castigo. Este escenario no solo alimentaba el ciclo de violencia, sino que enviaba un mensaje de permisividad estatal donde el crimen era, en términos económicos y legales, un riesgo calculado de baja probabilidad. El ser sicario, gatillero, asesino a sueldo, matón prepago, torpedo utilizado por la mafia italiana, pagaba bien, un oficio y era un estilo de vida.

    Sin embargo, el Balance 2025 presentado por el Gabinete de Seguridad Ampliado revela una metamorfosis en el delito de homicidio. El dato más disruptivo no es solo la cifra mínima de 82 homicidios intencionales en todo un año —una reducción abismal frente a los 3,962 del año 2017—, sino la tasa de efectividad del 100% en su resolución al lograr la captura del o los posibles responsables. Desde la criminología, este fenómeno se explica a través de dos pilares: la eficacia en los actos iniciales de investigación y la solidez en la judicialización.

    La eficacia Policial: El control de la escena

    El éxito de un proceso penal nace en los «momentos de oro» posteriores al delito. La operatividad actual, respaldada por 988 días sin homicidios bajo el régimen de excepción, ha permitido que la Policía Nacional Civil (PNC) realice investigaciones de campo sin la presión de las estructuras terroristas que antes contaminaban o silenciaban las escenas, además de todo el apoyo financiero, técnico, logístico y de equipos de última generación recibido por el Ministerio de Seguridad Pública y Justicia.

    La transición de una violencia de pandillas criminales hacia una violencia predominantemente interpersonal —donde la intolerancia social y familiar sumaron 74 de los 82 casos— ha permitido que la subdirección técnica científica forense y las subdirecciones de investigación e inteligencia aplique protocolos de recolección de evidencia mucho más precisos y especializados. Ya no se investiga en un entorno de guerra urbana, sino en un contexto de control territorial donde la capacidad de respuesta estatal es inmediata. El año 2025 marco la creación y aplicación altamente eficiente y eficaz del Protocolo de Resolución de Homicidios (PRHO), mediante el cual más de siete unidades especializadas se activan ante el reporte de un asesinato, con el fin de ubicar al responsable y hacer cumplir la Ley.

    El rol de la FGR: Del expediente al veredicto

    La resolución de los 82 casos no termina con la captura, es el inicio, que no es un dato menor; allí es donde el rol de la Fiscalía General de la República (FGR) se vuelve protagónico. El paso de un 97% de impunidad en 2019 a un 0% en 2025 no es obra de la suerte. Los datos muestran una madurez en la carga probatoria: mientras que en 2020 las absoluciones eran frecuentes, para 2025 se registró una disminución del 47% en absoluciones en comparación con aquel año.

    El sistema judicial ha procesado con éxito no solo los delitos de sangre, sino que ha logrado un incremento del 52% en condenas generales respecto a 2020. Esto indica que la FGR ha pasado de una gestión de expedientes a una estrategia de inteligencia técnica que permite judicializar casos con pruebas periciales irrefutables, logrando 11,666 condenas solo en el último año. Una evidencia de la gestión de calidad en la FGR actual con un trabajo fortalecido por prueba técnica científicacon fundamento en ciencias forenses y penales.

    El Salvador ha logrado invertir la pirámide de la impunidad. Al garantizar que cada homicidio sea investigado, judicializado y castigado, el Estado ha restablecido el principio de «certeza del castigo», el disuasor más potente según la teoría de la prevención general. La sinergia entre el Gabinete de Seguridad y la FGR ha transformado el sistema de justicia: de ser una «puerta giratoria» para delincuentes, a convertirse en un filtro de alta precisión que ha reducido los delitos patrimoniales y de calle en más de un 51.50%.

    En el año 2025, la justicia en El Salvador dejó de ser una promesa estadística para convertirse en una realidad científica.Al efectuar el análisis criminológico del Balance Anual de la Seguridad 2025 quiero destacar y es mi opinión que la resolución del 100% de los casos de homicidios intencionales se convierte en el logro más destacado del Gabinete de Seguridad Ampliado ya que no solo se supera una meta de disminuir los homicidios sino de resolverlos. Y estoy seguro de que este año la FGR logrará todas las condenas pendientes al cierre del 2025 en las próximas audiencias. Excelente trabajo en equipo y de alta coordinación entre PNC y FGR.

    *Por Ricardo Sosa  / Doctor y máster en Criminología @jricardososa