Categoría: Opinión

  • Agnotología: la fábrica de la ignorancia

    Agnotología: la fábrica de la ignorancia

    Vivimos en la época de mayor información conviviendo con la mayor ignorancia! Pero no es culpa del pueblo;  Nunca antes habíamos tenido tanto acceso a la información, y sin embargo, la confusión y la desinformación campan a sus anchas. Pero más allá de las clásicas «noticias falsas», existe un fenómeno más sutil y peligroso: la producción deliberada de ignorancia. Los filósofos Robert Proctor y Londa Schiebinger acuñaron un término para esto: “agnotología”. No es solo la ausencia de conocimiento como ignorancia tradicional, sino la creación cultural y política de la duda; una ignorancia por diseño. Es el arte de enterrar la realidad bajo un alud de eufemismos, medias verdades y silencios estratégicos.

    En el debate público salvadoreño, somos testigos de cómo ciertos términos se convierten en armas para empobrecer la discusión. Palabras que antes servían para construir ciudadanía, hoy se vacían de contenido o se satanizan. El ejemplo más claro es el de los derechos humanos. En el discurso oficialista, la frase «derechos humanos» ha sido secuestrada y se le ha añadido un adjetivo que lo invalida: «derechos humanos para pandilleros». Este giro lingüístico es una pieza maestra de agnotología.

    Al etiquetarlos como un privilegio exclusivo de los criminales, se logra un triple objetivo. Primero, se deshumaniza al delincuente, allanando el camino para cualquier política, por dura que sea, sin que genere empatía. Segundo, y más importante, se siembra la confusión en la ciudadanía sobre qué son realmente los derechos humanos. Se oculta que estos son universales, inalienables e indivisibles. No son un favor que el Estado concede a los «buenos», sino un límite al poder estatal para proteger la dignidad de todas las personas, incluyendo las que han cometido los peores crímenes. Cuando se aplaude la vulneración de los derechos de un presunto pandillero, sin saberlo, se está debilitando el escudo que nos protege a todos de un posible abuso de poder.

    El problema no termina ahí. La agnotología también se manifiesta en la desaparición de otras palabras de nuestro vocabulario. Conceptos como «presunción de inocencia», «debido proceso» o «proporcionalidad de la pena» son sistemáticamente omitidos del relato oficial. En su lugar, se instala una narrativa binaria y maniquea: «nosotros» contra «ellos», «los de bien» contra «los malhechores». Esta simplificación es funcional, porque una sociedad que no conoce o no reclama el «debido proceso» es una sociedad que no notará cuando ese proceso se le es aplicado a ella misma de forma arbitraria.

    Se nos vende la idea de que la seguridad es un fin que justifica cualquier medio, ignorando que los medios que utilizamos definen el tipo de sociedad que construimos. Al esconder la complejidad del fenómeno criminal —sus raíces sociales, la falta de oportunidades, el abandono estatal que precedió a la violencia—, se nos condena a repetir los errores. Se fomenta la creencia de que la solución es únicamente punitiva, ocultando los fracasos de las políticas de reinserción que nunca se implementaron a profundidad o la necesidad de un sistema de justicia robusto que no dependa de la excepcionalidad.

    El problema de fondo no es solo lo que se dice, sino lo que se silencia. No es solo el término «pandillero» el que se usa, sino el término «ciudadano» el que se deja de lado. Cuando reducimos a una persona a un solo error o a un estigma, dejamos de verlo como un sujeto de derechos. Esa despersonalización es el caldo de cultivo para la tiranía.

    Frente a esta fábrica de ignorancia, el ejercicio periodístico y la opinión pública tienen una tarea titánica: reapropiarse de las palabras. Nombrar las cosas por su nombre es un acto de resistencia. Llamar a las cosas por su nombre no es defender delincuentes; es defender la claridad conceptual que evita que, en un futuro, se nos juzgue a nosotros sin las mínimas garantías. Porque al final, una sociedad que desprecia el derecho de uno, termina perdiendo el derecho de todos.

     

  • Un sueño para realizar

    Un sueño para realizar

    Las ultimas semanas han sido muy alentadoras para quienes nos conducimos como exiliados, hemos vuelto a tener fe en la caída de los regímenes que oprimen a Cuba, Nicaragua y Venezuela, una esperanza aletargada que confiamos se concrete en una realidad en la que todos tengamos parte, aunque siempre padeceremos la ausencia de los que han partido.

    La captura del autócrata Nicolas Maduro, fue una especie de obertura operática que sumada a la crítica situación de los regímenes castro chavistas permite imaginar la irrupción de ciudadanos de a pie en procura de sus derechos, paralelo al soñado regreso de quienes, aunque agradecidos eternamente a las tierras que nos dieron un generoso refugio, anhelamos volver a transitar las calles de nuestra infancia.

    Hace unos días le decía a mi esposa que por dorado que sea el exilio o el éxodo, no hay estancia que supere la de la tierra natal, no es que la vida en esos lares sea perfecta, pero tiene un sentido de pertenencia insustituible, personalmente tengo una profunda deuda de gratitud con Venezuela y Estados Unidos, la generosidad de ambos países al recibirme nunca podré compensarla, pero no hay valor que sustituya a Cuba y en particular la ciudad de Santa Clara, en mi memoria.

    Sin dudas, que el retorno, de concretarse, será muy complejo y tal vez en ocasiones desalentador, familias y amigos que no se han visto por décadas compartirán un diluvio de cuentos y experiencias, la alegría y la felicidad harán presa de todos, sin embargo, en probable, que, en algunos encuentros, se presenten amargos recuerdos y pasadas diferencias.

    Nuestros pueblos con independencia de las orillas en las que se encuentren han sufrido bajo la tutela castro chavista traumas significativos, algunos muy difícil de erradicar de la memoria individual y colectiva, en consecuencia, no espero un borrón y cuenta nueva, aunque debemos esforzarnos todos por encontrar la manera de convivir sana y justamente.

    Tanto los hermanos Fidel y Raul Castro, Hugo Chavez, Nicolas Maduro y el mortífero matrimonio compuesto por Daniel Ortega y la señora Murillo han contado con el respaldo de importantes sectores de la población que en nombre de sus caudillos incurrieron en numerosas arbitrariedades, además de crímenes, sucesos que no podrán ser borrados y que claman justicia, sin embargo, todos estamos obligados, víctimas y victimarios a actuar con ecuanimidad y a respetar el derecho de todos y como escribiera Jose Marti, «De la justicia no tiene nada que temer los pueblos, sino a los que se resisten a ejercerla».

    Ahora, permítanme compartir mis anhelos, aclarando que nunca he sido optimista en relación con un cambio en Cuba, sin embargo, en estos días me he permitido delirar con el regreso, por suerte no soy el único, muchos de mis amigos también están soñando, así que les ruego sean comprensivos cuando confiese mis fantasías que ansió se conviertan en realidad.

    Cargo 82 años y contrario al dictador Miguel Diaz Canel sigo siendo un idealista, estoy convencido que podremos ser mejores ciudadanos y construir un país “con todos y para el bien de todos” porque como dijeran cuatro ilustres cubanos de la oposición “la patria es de todos” y no de los jenízaros que han servido al totalitarismo.

    Mi regreso seria en compañía del recuerdo de muchas personas, de las cuales solo mencionare a mi padre, Pedro Martin Corzo Alemán y dos hermanos de lucha Gustavo Rodríguez Pulido y Amado Rodríguez, exprisioneros políticos todos que siempre tuvieron a Cuba y lo cubano en su corazón.

    En los 45 años que llevo físicamente lejos de Cuba no he cantado el himno de Perucho Figueredo. Guardo silencio cuando mis compatriotas lo corean, así que será lo primero a hacer si llegara a pisar la tierra que tanto amo, de inmediato viajaría a Santa Clara, mi primera visita seria a las ruinas del cementerio local buscaría la tumba de mi madre y de tantos familiares que partieron en mi prolongada ausencia.

    Más tarde partiría para el parque Leoncio Vidal, me subiría a su magnífica glorieta, visitaría el monumento a doña Marta Abreu para terminar sentándome en el banco más aislado del lugar que hace 67 años el escritor Jose Antonio Albertini le puso el banco de los poetas, allí, liberaría todas mis emociones y me sentiría libre de cuerpo y alma que el castrismo nunca venció.
    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Sembrar lectores, construir futuro: la esperanza nace en un libro

    Sembrar lectores, construir futuro: la esperanza nace en un libro

    Un país no se mide solo por sus carreteras, sus edificios o sus estadísticas económicas. Se mide también por lo que lee, por cómo piensa y por cuánto ama la palabra escrita. La lectura no es un lujo ni un adorno cultural: es una forma silenciosa de formar ciudadanos libres, críticos y esperanzados.
    Lo he pensado muchas veces, y lo he dicho más de una vez en voz alta: sembrar lectores es sembrar futuro. Y todo futuro necesita tierra fértil.

    La escuela: donde nace la curiosidad

    La escuela debería ser el primer lugar donde un niño descubre que leer puede ser un acto gozoso. No solo un requisito para aprobar exámenes, sino una puerta abierta a otros mundos, otras vidas y otras preguntas.

    Cuando un maestro enseña con pasión, el libro deja de ser un objeto pesado y se convierte en una invitación. Una clase de literatura no debería oler a aburrimiento, sino a curiosidad. Debería ser un espacio donde se conversa, se imagina, se discrepa y se crece.

    Yo, Alfredo, recuerdo a algunos docentes que no solo explicaban un texto, sino que lo sentían al explicarlo. Su entusiasmo era contagioso. Y esa chispa, aunque uno no lo note en el momento, queda guardada. La lectura sembrada en la escuela puede tardar años en florecer, pero florece.

    Me sentí invitado a estudiar Literatura en la universidad al ver cómo varios de mis maestros de secundaria y bachillerato disfrutaban el placer de la lectura y cómo nos la exponían, mostrándonos distintos géneros y autores por épocas, que me hacían vibrar y llenaban mi mente. Por eso tuve un desempeño fecundo como director Creativo publicitario durante 20 años y, luego, como docente y posteriormente catedrático universitario; me deleitaba enseñando literatura con verdadera pasión.

    Y también soy escritor; no solo escribo narrativa de ficción, sino textos empresariales, artículos para revistas, memorias de labores, contenidos para LinkedIn e incluso discursos para líderes empresariales dentro y fuera de mi país. Escribo con verdadera pasión.

    El hogar: la primera biblioteca

    Pero la escuela no camina sola. El hogar es la primera biblioteca, aunque no tenga grandes estantes ni colecciones completas. Basta con que un padre lea con atención un libro o un escrito edificante e incluso religioso, como lectura de reflexión cristiana diaria, o que una madre comparta un tema interesante, o que la familia converse en la mesa sobre una noticia de su comunidad. Esos pequeños momentos también forman lectores.

    No se trata de tener muchos libros, sino de dar ejemplo. Cuando los jóvenes ven que leer forma parte de la vida diaria, entienden que no es castigo ni obligación, sino hábito natural.

    En mi experiencia como escritor y consultor en redacción estratégica, he comprobado algo sencillo: las familias que conversan sobre lo que leen desarrollan hijos más reflexivos y seguros. Leer en casa es también una forma de escucharse. Y escuchar es el primer paso para comprender.

    El maestro inspira, no impone

    Un buen maestro no solo enseña a leer: inspira a leer mejor. Recomienda libros que dialogan con la realidad del estudiante, propone preguntas abiertas, anima a escribir y a pensar con libertad.

    Cuando la lectura se convierte en pura rutina, pierde su magia. Pero cuando un docente la transforma en descubrimiento, el libro se vuelve compañero de viaje. La educación no consiste solo en transmitir datos, sino en despertar el deseo de aprender. Y la literatura, bien presentada, despierta ese deseo.

    Comunidad, fe y lectura

    En un país como El Salvador, donde la comunidad y la fe tienen un peso profundo, los líderes comunitarios y religiosos también pueden ser promotores de lectura. Recomendar un libro, contar una historia con valores, abrir espacios de reflexión… todo eso forma lectores.

    La fe y los libros no compiten; se acompañan. La palabra escrita ayuda a pensar, a discernir y a fortalecer la identidad. Leer puede ser también un acto de crecimiento espiritual.

    He visto cómo en pequeños grupos de lectura se generan conversaciones profundas, más acercamiento en las relaciones interpersonales y nuevas perspectivas de vida. Cuando una comunidad lee, también se transforma.

    Un ejemplo cercano: Cuentos de barro

    Nuestra propia literatura nos ofrece ejemplos poderosos. Cuentos de barro, de Salarrué, no es un libro complicado ni distante. Es una colección de relatos breves que retratan la vida rural salvadoreña, con su pobreza, sus supersticiones, su ternura y su dolor.

    En esas páginas encontramos personajes humildes, campesinos, niños, madres, hombres marcados por la injusticia y la esperanza. Salarrué utiliza un lenguaje sencillo, cercano al habla popular. Y allí está su grandeza: convierte lo cotidiano en literatura.

    Cuando un joven lee Cuentos de barro, no solo aprende vocabulario. Aprende a mirar su propio país con otros ojos. Aprende que detrás de cada rostro hay una historia. Aprende a respetar la dignidad humana.

    Ese tipo de lectura forma sensibilidad. Y una sociedad sensible es menos violenta, más consciente y más justa.

    La lectura es un derecho

    Leer no debe ser privilegio de pocos. Es un derecho. Necesitamos más bibliotecas, más ferias del libro, más espacios culturales vivos. Pero también necesitamos voluntad.

    El verdadero problema no es solo la falta de libros, sino la indiferencia hacia ellos. Leer nos enseña a pensar, a cuestionar, a no dejarnos engañar con facilidad. Educar para leer es educar para vivir mejor.

    Sembrar lectores hoy es cosechar ciudadanos conscientes mañana.

    Epílogo: una semilla pequeña

    Quizá alguien piense que leer no cambia nada. Pero sí cambia. Cambia a la persona que abre el libro. Y esa persona puede cambiar su entorno.

    A veces todo comienza con una historia breve, con un cuento leído en voz alta, con un maestro que recomienda una novela, con un padre que dedica diez minutos a leer junto a su hijo la meditación religiosa del día.

    Como dice el libro de Proverbios: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Sembrar lectores es sembrar esperanza. Y toda esperanza comienza con una página abierta.

    •Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • Incapaz de admitir su propia muerte, el castrismo solo retrasa lo inevitable

    Incapaz de admitir su propia muerte, el castrismo solo retrasa lo inevitable

    Ante el colapso energético de Cuba y sus previsibles consecuencias sociales, la práctica totalidad de los análisis sobre la situación de la Isla coinciden en tres puntos muy concretos: que el castrismo se enfrenta a una crisis sin precedentes; que jamás debe menospreciarse, a pesar de todo, la capacidad del régimen para resistir y reinventarse, y que, finalmente, resulta imposible predecir lo que sucederá después de 67 años de dictadura.

    Aun coincidiendo en buena medida con estas deducciones provisionales, vale la pena arriesgar algunas hipótesis que permitan sumar criterios e ideas al debate público sobre Cuba y su futuro. Porque el dilema de fondo no estriba en poner una fecha exacta para la muerte y entierro del castrismo —cuyo modelo político y económico, de facto, hace varios años expiró, luego de larga agonía—, sino tratar de apostar a una alternativa de transición que viabilice la construcción democrática y reduzca al mínimo los imaginables impactos humanitarios.

    Cuba, para empezar, no es Venezuela. En Caracas no había suficientes compatriotas dispuestos a morir al lado de Nicolás Maduro: la gran mayoría de los muertos fueron cubanos. En la Isla sí hay suficientes soldados prestos a inmolarse, así como lo hicieron quienes cayeron por defender —o, de haber sido necesario, ejecutar a última hora— a Maduro, porque ellos no ofrendaban sus vidas por el dictador chavista, sino por una ideología que les fue inculcada desde niños.

    Estas convicciones de naturaleza cuasi religiosa han sido fundamentales para el sostenimiento del castrismo, y es conveniente analizarlas antes de emprender cualquier tipo de incursión militar en Cuba. Estados Unidos, por otra parte, aun suponiendo que lograra hacer coincidir la implosión del régimen (filtraciones y negociaciones de por medio) con un levantamiento popular, tendría que apresurarse a limitar la capacidad operativa del aparato represivo oficial. Y eso, siendo imprescindible, es bastante complicado.

    Si bien es verdad que el carisma narrativo del castrismo se fue a la tumba con Fidel, la cohesión de la cúpula política y militar ha permitido un ejercicio de control y vigilancia que carece de parangón en Hispanoamérica. Desmantelar esa estructura requiere altas dosis de letalidad a un ritmo ágil y preciso. Es indudable que EE UU tiene esas capacidades, pero ejercitarlas en una isla con las características de Cuba podría retrasar indefinidamente la toma de decisiones. Mientras tanto, dramáticamente, los ciudadanos a esas alturas estarían preguntándose qué diferencia habría entre morir de hambre y salir a la calle a recibir un tiro. Imposible escribirlo con menos temblor en los dedos.

    En cuanto a la transición hacia la libertad y la democracia, la Casa Blanca debería resistir la tentación de emprender en solitario esa faena. A lo largo del siglo XX, los cubanos de a pie no hablaban de la ayuda que Estados Unidos les había prestado en 1898 para lograr su independencia; lo que recordaban era la ocupación yanqui y las humillantes condiciones impuestas desde Washington por ocurrencia del senador Orville Platt –de ahí el nombre de la famosa enmienda a la Constitución cubana de 1901– que limitaban las relaciones comerciales de la Isla, la obligaban a ceder porciones de territorio (como Guantánamo) y la exponían a nuevas intervenciones en el futuro.

    El presidente Trump seguramente no conoce esta historia, pero su secretario de Estado sí. Marco Rubio sabe de la propensión cubana a ver con desconfianza a su gran vecino, por mucho que ahora lo necesite para sacudirse la tiranía. A Washington, por tanto, le convendría ponerse a la cabeza de una alianza hemisférica de naciones que acepten coadyuvar, sobre todo logística e intelectualmente, al arduo proceso de transición, en un país que ha visto muertos, detenidos o exiliados a quienes habrían sido claves en la presente coyuntura. Chile, Argentina, El Salvador y Paraguay, por mencionar algunos, son países que han pasado exitosamente de la dictadura o de la guerra a la democracia. Pedir su colaboración sería una alentadora muestra de sabiduría.

    Mientras tanto, claro, el presidente impuesto Miguel Díaz-Canel ha pedido a los cubanos que, aunque ya lo sufrieron todo, se preparen a sufrir más. ¿Qué son dos horitas de nuevos llamados al sacrificio para un tipo que no deja de comer exquisito y alumbrarse con bombillo eléctrico?

    Jorge Dalton, documentalista de prestigio y fundador de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, escribió recientemente en sus redes sociales: “Veo a los funcionarios en arengas y discursos estériles, proyectando un falso orgullo que me recuerda aquel cuento de un hombre que se está ahogando en el mar y, ya con el agua entrándole por la boca, en lugar de pedir auxilio grita: ¡Qué bello mar del Caribe me estoy tragando!”.

    Al castrismo, en todo caso, ya se lo tragó la historia. No hubo ni habrá absolución para quienes hicieron derramar sangre cubana —¡y a borbotones!— por un modelo que fue incapaz de reconocer su propia muerte.

  • En el ISSS: Cuando un formulario vale más que los lazos de sangre, y la falta de empatía colectiva

    En el ISSS: Cuando un formulario vale más que los lazos de sangre, y la falta de empatía colectiva

    Las últimas dos semanas han sido de las más lamentables experiencias de las que he podido ser testigo. Al encontrarse ingresado  un familiar en un hospital del Instituto Salvadoreño del Seguro Social ISSS Lamatepec.

    En una situación dolorosa y extremadamente frustrante la que les describo a continuación. Cuando un ser querido está hospitalizado, la familia entra en un estado de vulnerabilidad y angustia. En esos momentos, la información no es un lujo, es una necesidad vital para poder procesar la situación y tomar decisiones.

    Al menos en esa sede del ISSS existe un denominado protocolo de autorización de responsable, enlace y único contacto que busca el beneficio del ISSS y sus empleados, liberarlos de responsabilidad y posibles demandas, así comono complicarse para brindar información de cualquier tipo.

    La política de restringir la información médica exclusivamente a la persona que firmó como “responsable” al momento del ingreso, excluyendo activamente al cónyuge, compañera de vida o a los hijos, es un ejemplo clásico de cómo un protocolo administrativo, diseñado para el “orden”, puede convertirse en una herramienta de crueldad involuntaria cuando se aplica sin criterio humano y sin el elemental sentido común.

    En la lógica de las autoridades del ISSS que aprobaron, tomaron el acuerdo y firmaron la brillante recomendación de otros empleados que me imagino fueron médicos, las familias en El Salvador son conformadas por mamá, papá e hijos; olvidan que existen una cantidad de separaciones y divorcios por lo que los padres establecen otra u otras relaciones de pareja hasta llegar a una tercera o cuarta edad, por consiguiente, existen hijos e hijas de otras relaciones por lo tanto entregar dos tarjetas para las dos visitas diarias que existen cuanto una persona pueden tener varios hijos de otras relaciones es absurdo. Y a quien le entregan las dos tarjetas que usualmente es quien ingresa al paciente queda de responsable y único contacto.

    Para entender el problema, primero debemos intentar entender la perspectiva de la institución, hare una aproximación. El hospital necesita una certeza jurídica de que está entregando información a alguien autorizado. Al tener una sola firma, se “blindan” legalmente contra reclamos por fuga de información a personas no deseadas, aunque esto ignore la realidad de una familia o de otros hijos e hijas. En un entorno de emergencia o cuidados intensivos, el personal médico está saturado. Si un médico tiene que dar el mismo parte médico a la esposa, luego al hijo mayor, luego a la hija que acaba de llegar de viaje, el tiempo de atención al paciente se reduce drásticamente. La teoría administrativa dice: “Informamos a uno, y ese uno informa a los demás”. El hospital necesita un interlocutor claro para autorizar procedimientos o tomar decisiones urgentes.

    Aunque la lógica anterior tiene sentido en el papel, y beneficia al ISSS sin ninguna duda, fracasa estrepitosamente en la realidad humana de una crisis de salud. La aplicación rígida de este protocolo genera los siguientes problemas graves en el derecho y acceso a la información de hijos e hijas, y probable compañera de vida. A menudo, quien firma el ingreso no es el familiar más cercano o el tomador de decisiones principal. Puede ser el hijo que manejaba el carro, un vecino que ayudó, o el familiar que estaba menos nervioso para llenar papeles. Es absurdo que, si el hijo menor firmó el ingreso porque llegó primero, la esposa de hace 40 años del paciente no tenga derecho a saber cómo está su marido, porque no es la mamá del hijo menor del paciente. Eso desafía el sentido común básico de las jerarquías familiares.

    Además de ser una carga injusta para el representante a quien se le impone al firmante una responsabilidad inmensa. No solo debe lidiar con su propio dolor, sino que se convierte en el traductor de términos médicos complejos para el resto de la familia angustiada o no traslada la información a otros hijos del paciente. Si esa persona se quiebra emocionalmente o no entiende bien, toda la familiaprimaria queda a oscuras.

    Negarle información sobre la situación médica de su papá o mamá a un hijo, hija o a una esposa presentes en las afueras del ISSS Lamatepec crea una hostilidad inmediata hacia la institución. La familia siente que “les ocultan algo” a lo cual tienen todo el derecho. La ansiedad aumenta exponencialmente cuando ves entrar y salir médicos y nadie te dice nada porque “tú no firmaste el papelito”. Esto es profundamente inhumano.

    El protocolo trata a la familia como un ente administrativo homogéneo, no como un grupo de seres humanos sufrientes con vínculos directos con el paciente. El protocolo actual del ISSS,  prioriza la comodidad administrativa y la seguridad jurídica de la institución por encima de la necesidad emocional y humana de las familias de los derechohabientes.Es una política que carece de flexibilidad y empatía.

    Efectuar los cambios y modificaciones a un sistema más humano no eliminaría el orden, pero incorporaría el sentido común, por lo anterior sugiero y propongo lo siguiente a las autoridades del ISSS:

    –      Designación de familiares: Al ingreso, se debería permitir designar un responsable principal que siga siendo el enlace en lo administrativo y de comunicación, pero todo hijo, hija, compañera de vida que se presente a registrarse deben tener derecho a recibir el informe si están presentessobre la situación médica y los procedimientos a efectuarse,así como de los posibles riesgos que comprometan la vida. Si la persona que lo ingreso no sabe o no quiere facilitar los nombres debe de permitirse el registro.

    –             Informes conjuntos: En casos críticos, la trabajadora social o el médico deberían permitir que el núcleo familiar inmediato reciba el informe médico al mismo tiempo en una sala, en lugar de jugar al “teléfono descompuesto” con un solo representante.

    –            Criterio profesional: El personal de salud (enfermería, trabajo social, médicos) debería tener la autorización de usar su criterio. Si es evidente que la señora llorando en el pasillo es la esposa de toda la vida, negarle el estado de su marido por un tecnicismo burocrático es un acto de crueldad institucional. No nos permitieron ingresar a trabajo social porque no teníamos autorización, ni las tarjetas.

    – Las famosas dos tarjetas: entregan dos tarjetas para el representante que firma, si esa persona no puede llegar de 1100 a 1300 y de 1700 a 1800 no permiten el ingreso de los hijos e hijas que no tienen las tarjetas, y el paciente no recibe visita, ni sabe nada de sus familiares. Es cuestión de voluntad entregar la tarjeta a hijos, hijas, compañera de vida. Durante estas semanas he podido encontrar afuera en la acera a la par mía mujeres que tienen años de ser compañeras de vida, pero no se les permite el acceso por que el paciente tiene de beneficiaria a su esposa de quien nunca se divorció y aparece registrada. De lo más absurdo e injusto que se da.
    Debo reconocer y honrar a los señores conserjes del ISSS Lamatepec que durante estas semanas se portaron como mucha empatía, respeto y colaboración en brindar la información. Pero reconozco que estas son decisiones superiores. Y lamento mucho la atención del personal médico y de las estaciones del área de hombres cuarto nivel, por su falta de empatía, indiferencia y hasta crueldad. La médico responsable hablo a la caseta prohibiendo el acceso de los familiares sin las famosas dos tarjetas.

    Espero Dios me permita la vida para que el ISSS pase a la red médica pública donde hay una excelente atención y gran empatía con los pacientes, en esta ocasión mi historia es como visitante pero también soy cotizante.

    Mi indignación es porque muy poco sirve un sistema de salud que cura el cuerpo, pero maltrata el alma de la red de apoyo del paciente, es un sistema que está fallando en su misión fundamental de cuidado humano. Mi familiar falleció ayer en la madrugada ahora duerme en la presencia del Señor luego de dos semanas de malas atenciones.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología

     

     

  • Conciertos, turismo y sarampión: una prueba de fuego para la vigilancia en El Salvador

    Conciertos, turismo y sarampión: una prueba de fuego para la vigilancia en El Salvador

    Durante 2025, la Región de las Américas notificó un total de 14,891 casos confirmados de sarampión en 13 países: Argentina (36 casos), Belice (44), Bolivia (597), Brasil (38), Canadá (5,436), Costa Rica (1), El Salvador (1), Estados Unidos (2,242), Guatemala (1), México (6,428), Paraguay (49), Perú (5) y Uruguay (13). En las primeras tres semanas de 2026 se confirmaron 1,031 casos adicionales en siete países (Bolivia, Canadá, Chile, Estados Unidos, Guatemala, México y Uruguay), lo que representa un incremento de aproximadamente 45 veces en comparación con los 23 casos notificados en el mismo periodo de 2025. La mayoría de estos casos se han presentado en personas no vacunadas, con la mayor proporción en adolescentes y adultos jóvenes; sin embargo, la incidencia más elevada se observa en niñas y niños menores de 1 año, seguida por la población de menores de 9 años.

    De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las principales causas del aumento de casos de sarampión en 2025 en las Americas están principalmente relacionadas con las brechas de vacunación, causadas por las disrupciones de los servicios de salud durante la pandemia del Coronavirus; aumento de la hesitación vacunal, producto de la desinformación generalizada sobre los peligros de la vacuna; y la mayor movilidad internacional que introduce el virus en comunidades susceptibles.

    La vacunación es el mecanismo de prevención más importante en la lucha contra el sarampión. El esquema recomendado contra el sarampión se basa en dos dosis de vacuna triple viral (SRP/MMR: sarampión, rubéola y paperas) en la infancia, con ajustes según edad y riesgo. Organismos internacionales (OMS/OPS, CDC) coinciden en que la protección comunitaria eficaz contra el sarampión requiere que la mayoría de la población (95%) cuente con dos dosis documentadas de SRP/MMR.

    En El Salvador, las coberturas de vacunación contra el sarampión (vacuna SRP/MMR) son altas a nivel nacional, aunque persisten brechas en el refuerzo de la segunda dosis. Informes recientes señalan que el país ha superado el 95% de cobertura tanto en la primera como en la segunda dosis, lo que ha sido clave para evitar casos secundarios tras la introducción de un caso importado en 2025. Sin embargo, es probable que existan desigualdades subnacionales y “bolsones” de personas susceptibles que requieren un análisis detallado a nivel municipal.

    Durante los primeros días de febrero de este año, el país ha experimentado un incremento sustancial en la afluencia de turistas centroamericanos (principalmente de Guatemala, Honduras y Nicaragua) asociado con conciertos de una famosa cantante. El riesgo de un brote de sarampión vinculado a estos eventos es real, pero aún controlable si El Salvador mantiene y refuerza sus medidas actuales.

    El sarampión es el virus respiratorio conocido con la tasa de contagio más alta: una persona puede infectar a 12–18 más en ambientes masivos como estadios y conciertos. A esta alta contagiosidad se suma que Guatemala ha registrado un aumento importante de casos en las primeras semanas de enero, con transmisión activa y una elevada proporción de personas no vacunadas, especialmente adolescentes y jóvenes, que son precisamente quienes más asisten a conciertos. Si esto no fuera suficiente, el mayor flujo de turistas centroamericanos hacia El Salvador incrementa la probabilidad de que al menos un asistente infectado (posiblemente asintomático durante el periodo de incubación) ingrese al país.

    ​ Con la situación actual (un caso importado previo sin transmisión secundaria, buena cobertura nacional y vigilancia reforzada por la alerta regional), el riesgo de un gran brote nacional asociado a los conciertos es moderado, pero el riesgo de introducciones con pequeños brotes focales es significativo. La clave para mantener este riesgo bajo es intensificar la vacunación en jóvenes, reforzar la vigilancia de enfermedad febril eruptiva en torno a los eventos y aplicar protocolos de respuesta rápida ante cualquier caso sospechoso vinculado a los conciertos.

    El MINSAL ha demostrado recientemente capacidad de respuesta y de implementación de cercos epidemiológicos eficaces, al contener adecuadamente un caso importado en Santa Ana en 2025 sin que se registraran casos secundarios. Es de esperar que esa capacidad se mantenga y se aplique de forma oportuna en la prevención de cualquier brote relacionado con los conciertos.

     

     

     

  • Los mensajes semióticos de Benito Martínez Ocasio y Bruce Springsteen

    Los mensajes semióticos de Benito Martínez Ocasio y Bruce Springsteen

    El Conejo Malo o Bad Bunny sabía que tenía en sus manos la oportunidad de dar un mensaje a todos en el Super Bowl. Cada mensaje, cada actuación formó parte de un show que sobrepasó fronteras. Quizá, las letras de Bud Bunny no sean las de agrado de algunas personas; sin embargo, dio la cara por cada migrante, por cada persona que sufre persecución en el país en donde todos anhelan cumplir su sueño americano.

    Sus mensajes semióticos reivindican la cultura latina, especialmente la puertorriqueña. El cantante dejó un mensaje: «Tú también deberías creer en ti. Vales más de lo que piensas, créeme». En la entrega de los Grammy (2026), —arremetió contra el trato deshumanizante hacia los inmigrantes de parte de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos)—.

    El solo hecho de cantar en español en un espectáculo eminentemente estadounidense, como lo es el Super Bowl, es algo que logró tener un récord de audiencia y discusiones en parlamentos como España. La semiótica del terror está en cada foto o video que observamos cuando arrestan a los indocumentados. Las miradas de niños y adultos apresados son terroríficas. En otro contexto, hay cartas de niños detenidos en centros migratorios que han mandado a sus familiares en el extranjero con mensajes de tristeza: “… Tener que compartir el cuarto con mínimo 3 familias, y todo eso para que nos manden de vuelta a nuestros países”. Otra niña de seis años expresó: “Siento que me van a olvidar, estoy aburrida aquí, ya extraño a mi país”.

    Los mensajes semióticos se hicieron sentir en todo el show en donde enarbola la cultura latinoamericana. El mensaje de mencionar cada país de América queda claro a los que dicen que los americanos solo son los Estados Unidos. —Bad Bunny defendió la cultura Latinoamericana en el Super Bowl—. No importa que Trump haya despotricado el evento, pero muchos medios de comunicación destacaron que el cantante dejó un mensaje en defensa de los migrantes —. Según datos, en el futuro, los latinos serán mayoría en población en los Estados Unidos.

    El repudio, terror, muerte, discriminación y las políticas migratorias han hecho que muchas personas protesten, especialmente en Minneapolis, en donde fueron asesinados dos estadounidenses por los policías de ICE.

    Los inmigrantes sufren persecución, deportaciones, xenofobia. En escrito anterior, pregunté, ¿quiénes son los verdaderos americanos en Estados Unidos? Después del apache, siux, cheroquí, cheyenne, pies negros, y navajos, llegaron los colonizadores. Entonces, Estados Unidos es un país eminentemente de inmigrantes. En los 13 minutos del concierto en el Super Bowl, Bad Bunny, hay un mensaje contundente en donde exhortó que América es un continente, no un país.

    Es de analizar todo lo que sea para apoyar a los migrantes que viven en Estados Unidos, especialmente a los latinos. No se trata de hacer una lucha interminable entre blancos, latinos, nacidos o no en Estados Unidos. Se trata que se respeten los derechos universales como la vida. Es doloroso ver las persecuciones que hacen las autoridades hacia los inmigrantes indocumentados, hasta en las iglesias y trabajos son sacados.

    Mientras tanto, el reconocido cantante estadounidense Bruce Springsteen lanzó una canción de protesta titulada: “Streets of Minneapolis”, en la cual menciona a los estadounidenses asesinados por la ICE, Renée Nicole Good y Alex Pretti. La letra versa de la siguiente manera, acá unos párrafos: “Ahora dicen que están aquí para hacer cumplir la ley, pero pisotean nuestros derechos… en nuestros cantos ¡ICE fuera ya!… Y por el extranjero entre nosotros, recordaremos los nombres de quienes murieron, en las calles de Minneapolis”.

    Además, en las canciones de protesta del cantante “Calle 13”, especialmente en la canción Latinoamérica, habla sobre la riqueza cultural de América Latina. “Soy un pedazo de tierra que vale la pena… soy América Latina”.

    Cada mensaje de un artista se debe estudiar. Muchos artistas no están de acuerdo que ICE y las políticas migratorias traten como animales a los migrantes. No es justo observar en un video de cómo hasta asesinan a estadounidenses. Se espera que cese esa violencia, la xenofobia, el odio hacia los extranjeros y migrantes.

     

    * Fidel López Eguizábal. Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • Entre touchdowns y glúteos coreografiados

    Entre touchdowns y glúteos coreografiados

    Realmente impactado y sorprendido me encontraba al escuchar aquellos sonidos vocales, con un fuerte tono nasal y arrastrado, en un español casi ininteligible, más rítmico que melódico. Observaba y escuchaba a Bad Bunny durante el entretiempo del juego más importante del fútbol americano del año. Nunca supe si entendí el espectáculo. Tampoco supe si me gustó o lo odié.

    Debo aclarar que ese tipo de música nunca ha sido de mi agrado. Siempre la he considerado vulgar, con letras explícitas y sugestivas, además de repetitiva y, francamente, monótona. Sin embargo, para las grandes masas actuales —concebida como una creación destinada al baile intenso y cercano— resulta irresistible, especialmente en el ambiente festivo que suele acompañarse de alcohol y otras desinhibiciones.

    Tradicionalmente, el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl (como se le conoce en Estados Unidos) en la cultura estadounidense no es solo un concierto extra durante la final del futbol americano, sino que se ha convertido en un momento cultural con enorme impacto social, mediático y simbólico. Es considerado uno de los eventos televisivos más vistos del año en Estados Unidos y en el mundo, y por eso su significado va más allá del entretenimiento.

    ¿Quién decide quien estará a cargo del espectáculo de medio tiempo?

    En teoría la ciudad sede puede opinar, pero en la práctica la elección se concentra en la NFL y Roc Nation, que buscan al “artista cultural del año” capaz de garantizar impacto global y coherencia con la imagen de la liga. La NFL eligió a Bad Bunny porque hoy es una de las figuras más grandes y rentables de la música global, con enorme alcance entre audiencias jóvenes y latinas, y porque ofrece a la liga una imagen de diversidad cultural y expansión internacional. Es el primer hombre latino en encabezar el espectáculo del medio tiempo, lo que permite a la NFL posicionarse como una liga que abraza la diversidad y busca conectar con el público hispano en Estados Unidos y a nivel internacional. Su espectáculo superó los 128 millones de espectadores, colocándose entre los espectáculos de medio tiempo más vistos, lo cual valida la apuesta de la NFL en términos de rating, conversación mediática y valor publicitario.

    ¿Qué impacto tuvo el espectáculo?

    En lo que a mí respecta en particular, una vez superado el asombro por la ininteligibilidad del español que exhibía el cantante —que para mí sonaba como otro idioma por completo— y por el masivo número de mujeres violentando sus glúteos operados e inflados a diestra y siniestra, el espectáculo me pareció querer transmitir un mensaje políticamente cargado. Este se concentraba sobre todo en el contexto puertorriqueño y caribeño, aunque progresivamente incluyente de la cultura latina continental. Me gustó que el mensaje central —“Latin American culture is American culture”— posicionara el show no como un mero “invitado” latino, sino como una mirada latina dirigida al público global. Al revisar el consenso general entre expertos, este destaca que Bad Bunny entregó un espectáculo de altísimo nivel técnico, profundamente latino y políticamente cargado, que redefine quién puede ocupar el centro del ritual patriótico del Super Bowl. Siempre hubo disgregadores, como comentaristas conservadores, que lo calificaron de “divisivo” y demasiado político, criticando que fuese casi íntegramente en español —aunque para algunos, como yo, fuese un idioma totalmente diferente— y que incluyera banderas latinoamericanas. Entretenimiento con un alto sabor político, que al final obtiene su objetivo, tanto para la NFL como para el Conejo Malo vestido de Zara.

    Lady Gaga y Ricky Martin no me hicieron cosquillas; no le agregaron —aunque tampoco le restaron— demasiado al espectáculo. Es más, creo que la tonalidad de la canción que interpretó Martin superaba sus propios decibeles, y el garganteo se le quedaba corto.

    Al final, mi equipo, los Seahawks, se llevó el trofeo Vince Lombardi tras vencer a los New England Patriots 29-13 en el Super Bowl LX, aunque fue un partido que encontré ligeramente aburrido. Nos quedamos con la expectativa para el próximo año; ojalá los Saints estén en la final y que el Conejo Malo no repita.

  • A encementar, a encementar

    A encementar, a encementar

    Durante la última semana de octubre del 2025, Fernando López –ministro de Medio Ambiente de Nayib Bukele– aseguró que con el permiso ambiental para construir, otorgado por la cartera estatal a su cargo, se pretende “regular” y “garantizar que las intervenciones que van a hacer las empresas o las personas tengan y cumplan cierto parámetros”. Además, sostuvo que dicha autorización supone “una compensación ambiental y una fianza”; también una construcción adecuada. Pero no habían transcurrido tres meses de estas declaraciones, cuando el 10 de enero del presente año alrededor de veinte viviendas ubicadas en el proyecto Ciudad Marsella II resultaron severamente inundadas por una lluvia calificada como “moderada”. El consentimiento oficial para construir esas pequeñas pero numerosas casas fue otorgado en octubre del 2024, obedeciendo el mandato dictado desde arriba.

    Y es que el lunes 10 de junio del 2019, apenas nueve días después de integrarse al gabinete gubernamental ‒durante la inauguración del sexto hangar de la empresa Aeroman‒ López fue mandatado públicamente por su jefe para acelerar el trámite y la emisión de dicho aval. Con aquellos que Bukele bautizó como “los mismos de siempre”, el proceso tardaba hasta siete años; al menos, eso aseguró entonces. Pero en adelante su subalterno debería despacharlo en un plazo máximo de cien días para que, dicho casi del todo literal, los “miles y miles de millones de dólares trabados en el Ministerio del Medio Ambiente esperando una autorización” ingresaran a la economía del país.

    En su prédica de ese día declaró, además, que en todo el mundo El Salvador era “el mejor lugar para invertir”. ¿Será? Porque, entre paréntesis, la inversión extranjera directa en nuestra comarca es la última de la región centroamericana. Finalmente, afirmó que el puesto que entonces acababa de ocupar respetando la Constitución ‒el de la Presidencia de la República‒ sería “obviamente” su “último cargo político”; por ello, todo lo que realizaría durante el desempeño del mismo no lo haría “pensando en ninguna elección sino que únicamente pensando en el legado” que podía dejarle a la nación.

    Casi siete años después, ahora ocupando inconstitucionalmente dicho cargo, uno se pregunta si es parte de ese “legado” el atentar contra nuestro hábitat. Este es definido en el diccionario como el espacio que reúne las “condiciones apropiadas para que viva un organismo, especie o comunidad animal o vegetal”. Si hablamos de las administraciones gubernamentales de la posguerra previas a la de Bukele, estas no se caracterizaron por su compromiso firme con el cuido y la defensa del medio ambiente. También propiciaron su contaminación, entendida esta como la alteración nociva de “la pureza o las condiciones normales de una cosa o un medio por agentes químicos o físicos”. Pero ahora…

    Tal como indica la misma fuente, entre otros sinónimos destacados lo nocivo tiene que ver con algo dañoso, pernicioso, maligno y hasta funesto. Y tras el citado encargo comunicado públicamente el 10 de junio de 2019 al ministro López, el presidente de la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) ‒Mauricio Sermeño‒ sostuvo que “a pocos días de haber iniciado su Gobierno”, Bukele había “demostrado ser la principal amenaza para el medioambiente en El Salvador”. Y eso se ha ido comprobando con el paso del tiempo.

    Algunos ejemplos destacados: la depredación de la flora y la fauna en la finca El Espino, último “pulmón” de San Salvador, con la construcción de un estadio de fútbol así como la de un centro de ferias y convenciones; el proyecto iniciado del relleno sanitario en San Francisco Angulo, departamento de San Vicente, que seguramente terminará siendo botadero de basura; en ese mismo departamento, el desmantelamiento de un albergue para las víctimas de las inundaciones en el Bajo Lempa y el flujo de las desgraciadas aguas negras que salen del Centro de Confinamiento del Terrorismo ‒el famoso CECOT‒ y son altamente dañinas para la población aledaña y más; súmele la degradación del rio El Molino en Santa Ana y las inundaciones en su cabecera departamental; también la del rio Grande en San Miguel y la desaparición cada vez mayor de sus progresivamente devastadas zonas verdes; la construcción de un aeropuerto internacional en La Unión y sus consecuencias negativas para la gente; la proliferación de urbanizaciones como la Marsella II, a lo largo y ancho del país; los permisos para levantar torres urbanas sin pagar impuestos y la aprobación de la Ley General de la Minería Metálica…

    Hoy ya no se canta como consigna popular “¡a desalambrar, a desalambrar!”; ahora lo que se ha impuesto con la insensata política oficialista es “¡a encementar, a encementar!”. Las graves y altas facturas de lo segundo, son nuestras mayorías populares las que lastimosamente tendrán que pagarlas.

     

     

     

  • Un mes que cambió las perspectivas (II)

    Un mes que cambió las perspectivas (II)

    Incluso en las filas guerrilleras ―y años después eso continuó― anidó la idea de que había fallado esa ofensiva y algunos más se atrevieron a decir, soto voce, que todo había sido un desastre. Sin duda, esta percepción se asentaba no en los resultados obtenidos sino en las expectativas maximalistas de las que partieron el 10 de enero.

    Si en un primer momento se anunció el asunto como ‘ofensiva final’ y no hubo resolución estratégica ni quiebre general del dispositivo militar adversario, pues la Junta Revolucionaria de Gobierno (tal era su equívoco nombre) salió al cruce y afirmó que la ofensiva guerrillera no había logrado su propósito. Y era cierto, el salto adelante y sin red que las fuerzas guerrilleras emprendieron no había cerrado un capítulo político, sino que había abierto la posibilidad de la generalización de la guerra. Algo que estaba entre los cálculos, pero para lo que sus núcleos dirigentes no habían sabido elaborar un planteamiento más o menos digerible. Porque no se trataba de la idea ya afincada de lo prolongado, sino de que el tipo de ofensiva puesta en escena, al no poder lograr los objetivos de corto plazo que se impusieron, quizá por imprecisión analítica, propiciaba un escenario de guerra generalizada.

    Sin embargo, es necesario apuntar que la ofensiva insurgente del 10 de enero fue un entramado con varios filones más o menos autónomos entre sí. Sí, la insurrección no pudo despegar (como sí fue el pivote de lo acontecido entre 1978 y 1979 en Nicaragua), pero no porque no hubiese un ‘animo de insubordinación social’, sino porque la concepción etérea y desactualizada del movimiento guerrillero de hecho la paralizó desde su mismo diseño.

    Falló la insurrección porque se organizó mal y no se calibraron ni canalizaron bien los ánimos políticos, pero la ofensiva en otros ámbitos les permitió a las fuerzas guerrilleras pasar a otros escalones. Y es en el terreno militar donde los logros fueron más evidentes. La derrota fulminante del ejército gubernamental era una quimera o, peor, era un objetivo fuera de su alcance, dado el dispositivo diseñado y puesto en ejecución. Existe un análisis bastante juicioso sobre ello escrito por Ignacio Martín-Baró (‘La guerra civil en El Salvador’, Estudios Centroamericanos, enero-febrero 1981), donde es posible apreciar los logros y las deficiencias del accionar guerrillero a propósito de la ofensiva del 10 de enero.

    Y quizás el principal logro que el movimiento guerrillero obtuvo después del lanzamiento de la ofensiva fue el control efectivo sobre diversas porciones del territorio nacional. Es cierto que ‘ya estaban allí’, en formato militar, quizá desde finales de 1979; además habría que añadir que el ‘trabajo organizativo de masas’ desde 1974 comenzó a afincarse. De ahí que zonas como el norte de Morazán, noroccidente de Chalatenango, Cerros de San Pedro en Usulután, volcán de San Vicente, cerro de Guazapa, y otros, no eran lugares improvisados de los escenarios de la generalización de la guerra después de enero de 1981.

    Estas zonas que se llegaron a denominar ‘zonas de control guerrillero’ jugaron un papel decisivo para lo que vino después. Porque fueron los puntos de apoyo para muchas cosas: preparación militar del naciente ejército guerrillero, espacios para el ensayo de nuevas modalidades de trabajo político con sus bases sociales, punto de partida para nuevas expansiones (políticas y militares), instalación de improvisados hospitales de guerra, asiento de instalaciones de las radioemisoras en onda corta…

    Es decir, sin la ofensiva del 10 de enero, todo eso era impensable.

    Además, esa ofensiva le dio oxígeno y visibilidad al trabajo político-diplomático que las fuerzas insurgentes y sus aliados políticos desplegaron de forma intensa a partir de esa fecha con resultados notables.

    Aunque la labor organizativa en las ciudades no despareció por completo, como se ha asegurado sin mucho fundamento, lo cierto es que experimentó una significativa modificación y mutación como resultado de la ofensiva del 10 de enero.

    En cuanto al campo gubernamental, resultó evidente que la Fuerza Armada no estaba preparada para algo así como la ofensiva del 10 de enero y sus consecuencias. Puesto que parecía que se trataba del ‘asalto al poder’, y al no darse este porque el accionar militar guerrillero no pudo pasar de cierto nivel, pues el gobierno salvadoreño, el gobierno norteamericano y la Fuerza Armada se apresuraron a decir que había sido un fracaso. Pero un examen más cuidadoso (de la estructura, de la logística, del estilo militar, de la preparación de combate, de la concepción estratégica y de las tácticas del ejército gubernamental) revela que el dispositivo del ejército gubernamental se vio desfasado en aquel momento. ■

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones