Categoría: Opinión

  • Finca, firmas y patadas

    Finca, firmas y patadas

    Iniciado el torneo mundial de fútbol, a mucha gente se le nubla la vista y solo alcanza a mirar lo glamuroso de un negocio sumamemente lucrativo y lastimosamente bastante alejado de lo que pudimos disfrutar ‒por nuestra edad‒ a partir de 1966, incluido el inigualable espectáculo brindado cuatro años después por la selección brasileña campeona en México, liderada por “el Rey Pelé”. Con el tiempo, esa justa que intentó empezar siendo deportiva se fue distorsionando, debido a razones políticas y económicas. Más adelante habrá que comentar algo al respecto. Pero a dicha actividad solo me referiré al final, hoy, en el marco de la realidad salvadoreña actual; de esta priorizo el atentado contra una parte de la finca El Espino ubicada entre los exmunicipios de San Salvador, Antiguo Cuscatlán y Santa Tecla.

    El 14 de enero de 1993, la Asamblea Legislativa declaró zona protectora del suelo y reserva forestal un pedazo de la misma con una extensión superior a las 800 manzanas. Según el Diccionario usual del Poder Judicial editado en Costa Rica, las primeras son espacios geográficos que albergan bosques o terrenos forestales para regular el régimen hidrológico; también para proteger el suelo y las cuencas hidrográficas. Dichas zonas “se consideran áreas de amortiguamiento y corredores biológicos”.  Una reserva forestal según la misma fuente ‒¡ojo!‒ es aquel terreno boscoso, “público o privado, destinado a la producción y explotación de madera bajo criterios de reforestación y sostenibilidad ambiental”.

    Para impulsar el desarrollo urbano en el terreno no enmarcado en la referida porción protegida de la finca, se determinó que la Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador ‒la OPAMSS, por sus siglas‒ en cada proyecto debería aprobar un plan que contemplase “su ordenamiento integral” y un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) que evaluara sus efectos positivos y negativos.

    A casi 32 años transcurridos después de la emisión del mencionado decreto, el 16 de julio del 2025 la actual Asamblea Legislativa impresentable aprobó otro mediante el cual autorizó transferir más de 55 000 metros cuadrados de ese último “pulmón” del gran San Salvador ¿Para qué? Pues para construir el nuevo Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO), auspiciado por China y con información reservada tal como acostumbra ‒en exceso y de forma arbitraria‒ el actual gobierno inconstitucional desde la época de la pandemia.

    ¿Y cuál es la “oferta” del CIFCO bukeleano para nuestra sociedad? Destaca en su página electrónica la CIFCOMIC, definida como “la primera experiencia real que une superhéroes, personajes anime y seres galácticos en un solo lugar, saliendo de lo convencional para encontrar un espacio donde los amantes de las culturas de comic y películas puedan compartir gustos e intereses”. También está el GAMER CIFCO, descrito como “un espacio que reúne a jugadores, familias, creadores de contenido, entusiastas de la cultura pop y comunidades gamer”. Entiéndase por estas últimas los grupos de personas “videojugadoras” que, profesional o casualmente, se dedican a eso. ¡Puras necedades que fomentan inactividad física, falta de comunicación, indolencia, dependencia, ansiedad y depresión!

    Ello, ¿a cambio de qué? Pues de seguir jodiendo el último “pulmón” biológico estratégico de los tres municipios arriba mencionados y el manto acuífero esencial para su abastecimiento, sin presentar plan alguno ni Estudio de Impacto Ambiental; también de continuar destruyendo el hábitat de la flora y la fauna, en una de las pocas reservas forestales urbanas que quedan en el país. Todo eso, pese al medio millón de firmas de quienes nos oponemos a semejante agresión medioambiental oficialista. Agréguese el agravamiento del estrés hídrico nacional existente, que afecta alrededor del 80 % de nuestro territorio.

    Además se está construyendo en la finca el “estadio chino” tan publicitado porque será el más grande de Centroamérica, capaz de juntar 50 000 personas en sus instalaciones. Sin embargo, dentro del Índice de clasificación de clubes de primera división de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (CONCACAF) publicado el 15 de junio recién pasado ‒que incluye 192 equipos‒ el salvadoreño mejor ubicado es el Luis Ángel Firpo ocupando el sitio 71; le siguen el FAS, el Alianza y el Águila entre el primer centenar. Del puesto 113 al 161 aparecen los ocho restantes.

    Con ese nivel futbolero dizque “profesional”, ¿para qué ese estadio teniendo dos suficientemente grandes que solo se llenan durante las finales de los campeonatos? Durante el resto de los torneos, la asistencia es pobrísima. Mejor hubieran ocupado ese terreno para reforestar buena parte de la jodida finca. Pero como ocurrió durante el siglo XX en la Alemania y la Italia fascistas, ¿servirá dicho escenario nuevo para  “espectáculos” politiqueros a costa de nuestro entorno presente y futuro? “¡Vaya usted a saber!”, dijo algún servil.

  • Papá

    Papá

    Se llamaba Julio Antonio Marinero, nació en Olocuilta el 19 de diciembre de 1932, siendo hijo de Rosenda Marinero y Juan López García. Partió al cielo el 13 de diciembre de 2006, cuando le faltaban seis días para arribar a los 74 años terrenales. Tuve el privilegio divino de ser su hijo y hasta ahora me sigo sintiendo un privilegiado y orgulloso hijo de mi papá, el hombre más honesto, honorable y honrado que yo he conocido. Mi héroe de toda la vida.

    Mi papá era un tipo especial lleno de valores positivos, dispuesto a dar hasta la vida para protegernos a sus hijos. Responsable con la familia, siempre estuvo para suplir cualquier necesidad y para brindar sus sabios consejos. Era un lector empedernido, le gustaba leer los periódicos y cualquier libro que se le atravesara. Leer alimenta el alma y hace a la gente más consciente, solía decirnos.

    Cuando terminé mi bachillerato me preguntó que iba a seguir estudiando en la universidad y cuando le dije que periodismo no fue mucho de su agrado. Él soñaba con que su primer hijo varón fuera médico o abogado. Sin embargo, aceptó mi decisión porque sabía que lo hacía por vocación. Luego mi hermano se graduó de abogado y mi sobrino de médico, con lo que de alguna manera se le cumplieron sus sueños. Mi hijo mayor es abogado.

    Mi padre nunca me preguntó cómo iba en la universidad, pero un día, iniciando la carrera, acostado en su hamaca, me pidió sentarme junto a él y me dio uno de los consejos más valiosos en mi vida: “Tenés que estudiar y prepararte para que tus hijos a quienes no conoces todavía se sientan orgullosos de vos y para que siempre estés pendiente de tu mamá”. Su promesa fue apoyarme hasta el final y la cumplió conmigo y con mis hermanos. Su sacrificio de luchar porque todos fuéramos profesionales valió la pena. Lamentó no tener a mi madrecita linda conmigo y envidio a mis amigos que tienen con ellos a su mamá, seguramente mis hermanos y yo le hubiéramos cumplido a mi padre.

    Le prometí que iba a aprovechar mi tiempo y creo que lo hice. Un día me gradué de la universidad, justo un 18 de junio, un día después del Día del Padre y pienso que es el mejor regaló que pude darle. Ese día, él junto a mi mamá me abrazaron fuerte y sinceros, los tres derramamos lágrimas, ellos felices por un triunfo mío y yo satisfecho porque sabía que el triunfo era por el esfuerzo de ellos.

    Mi mamá Elena Sánchez falleció años después, un 16 de noviembre de 1994, apenas a los 49 años de edad. Cuando mi mamá partió al cielo mi papá era un hombrerelativamente joven de 61 años. Lloramos y nos abrazamos, y sus hijos  le prometimos estar siempre unidos alrededor suyo en las buenas y en las malas.

    Yo ya era un hombre casado residente en San Salvador, pero solía ir los fines de semana a visitarlo y compartir con él y mis hermanos. A veces me esperaba para contarme su tristeza y llorar, la ausencia de mi mamá le dolía en el alma. Otras veces lo vi llorar en silencio, cuando mis hermanos menores se iban graduando de la universidad y él ya no tenía a su amada compañera de vida para disfrutar y compartir los triunfos de los suyos. Giovani, mi sobrino mayor era su orgullo, solía acompañarlo a los torneos centroamericanos de Taekwondo donde ganaba primeros lugares. A mis hijos los adoraba.

    Cuando yo era niño solía llevarme a todas partes. Aficionado al fútbol me llevaba a los estadios y a visitar a sus amigos. Le encantaba que le dijeran que yo me parecía a él y lo entiendo porque yo me ufano de parecerme a él. El mejor cumplido que alguien me puede hacer es recordarme el enorme parecido físico que tengo con mi papá. Jaime, mi hijo mayor se parece mucho a mí.

    Muchas veces me castigó, porque fui un niño travieso y un adolescente mal portado. Sus castigos me dolían, pero los extraño. Tras castigarme solía buscar la forma de congraciarse y siempre la encontraba, con palabras serias llenas de sabiduría. Cuando a los 21 años comencé a dar clases en la Universidad, no paraba de contarle a todos sus conocidos. Se sentía orgullo de ese mi pequeño logro.

    Comencé a trabajar como editor en un periódico matutino y a dar clases en varias universidades. Él era fanático de mis columnas de opinión y se las mostraba a todos sus amigos y conocidos. Era mi principal critico y consejero, siempre me preguntaba por el tema de mi próxima columna y me aconsejaba con ideas que en ocasiones tomaba en cuenta.Una vez le dediqué una columna y me di cuenta que la recortó y anduvo por años en su cartera para mostrarla a sus amigos, que eran muchos, porque él tenía facilidad para ganarse la confianza de las personas. Incluso, varias veces lo buscaron para ser candidato a alcalde de Olocuilta y siempre rechazó esa posibilidad.

    Mi papá era y es mi héroe. Recuerdo cuando me cargaba en hombros e íbamos a visitar a mis tíos para que yo jugara con mis primos, le gustaba que me relacionara con personas mayores que yo y me llevaba a velorios, ferias, estadios y a recorrer los recovecos de Olocuilta, donde él tenía “cheros”. A veces por razones de su trabajo se ausentaba unos días de la casa y cuando regresaba lo hacía cargado de cosas para sus hijos.

    Hoy es el Día del Padre y yo extraño mucho al mío. En lo personal no sé si he sido un buen papá, pero aspiro a serlo, a seguir los pasos de mi papá para que mis hijos se sientan orgullosos de mí. Mi mayor anhelo es que mis hijos  sean hombres de bien y buenos padres y esposos. Feliz Día del Padre, papá, dale un abrazo a mi mamá y a mi hermana Yanira. Los amamos y extrañamos todos los días.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • El papa le habla a España de sus genios olvidados ​

    El papa le habla a España de sus genios olvidados ​

    “Más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construyen esas leyes”.

    Estas palabras fueron pronunciadas por el papa León XIV el pasado 8 de junio, delante del hemiciclo que reúne a quienes teóricamente representan la diversidad política española en el Congreso de los Diputados. Y agregó el pontífice: “Ante esta cuestión, España posee una memoria particularmente rica. Su identidad geográfica y política se ha ido entretejiendo con una historia en la que fe y razón, arte y derecho, tradición y pensamiento han sabido encontrarse fecundamente. En sus catedrales y universidades, en su literatura inmortal, en sus instituciones jurídicas y en el ánimo mismo de su pueblo, permanece viva una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida común”.

    Pocas veces un obispo de Roma hace elogios tan medulares al alma civilizatoria de un pueblo. Si lo ha hecho en Madrid, en la primera parada de su vibrante gira por España, se debe a que León XIV es consciente del indiscutible legado universal de ese país, no solo en lo concerniente a la difusión del cristianismo y sus valores —que también—, sino en lo que atañe a la gestación de los principios filosóficos y antropológicos de la mejor tradición política, social y económica del planeta.

    En su alocución, claro, el Papa recordó a la Escuela de Salamanca, sin duda una de las conjunciones temporales más asombrosas de genios académicos en la historia de la humanidad. Aunque enmarcada por el Siglo de Oro hispano, su equivalente artístico y literario (Garcilaso, Quevedo, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Cervantes, Lope, Góngora) es mucho más conocido y celebrado.

    Concentrada en el siglo XVI, la escuela salmantina fue cuna de pensadores que Joseph Schumpeter y Raymond de Roover consideraron iniciadores de la economía como ciencia. Francisco Suárez, por ejemplo, llamado el Doctor Eximius, fue el primer gran teórico de la soberanía del pueblo, base fundamental de las libertades personales y la democracia moderna. El jesuita Luis de Molina desarrolló valiosas analogías entre las naciones y las sociedades mercantiles, enalteciendo el sano individualismo frente a la tiranía. Francisco de Vitoria, el teólogo que rechazó la condena moral que pesaba sobre los comerciantes por el legítimo afán de lucro que les animaba, es uno de los humanistas pioneros del libre intercambio. Diego de Covarrubias, el jurista antiesclavista que llegó a desarrollar una valiente apología de los precios, fue determinante para la muy posterior comprensión antropológica del mercado libre.

    El canónigo navarro Martín de Azpilcueta fue notable precursor de la teoría cuantitativa del dinero —varios años antes que Jean Bodin—, y expuso intuitivamente las medidas de valor que asignamos a los bienes de acuerdo a sus variables en el tiempo. Este fundamento doctrinal de Azpilcueta servirá a la Escuela Austriaca de Economía para desplegar, siglos después, el concepto moderno de interés. Tomás de Mercado, agudo observador de la realidad mercantil en las Indias, formuló la distinción entre el valor nominal del dinero y su poder adquisitivo.

    Si un lector voraz y políglota como Carlos Marx hubiera estudiado en profundidad a Vitoria y a Molina, a Azpilcueta y a Mercado —y ninguna evidencia existe, por cierto, de que los hubiera conocido siquiera—, nos habríamos ahorrado numerosos equívocos en relación a la teoría del valor. Incluso es posible argumentar, sin problemas de conciencia, que los sabios de Salamanca habrían impedido la ofrenda inútil de millones de seres humanos en el “altar” del Estado si sus principales postulados filosóficos y teológicos hubieran sido apropiadamente difundidos en el siglo XIX.

    La escolástica salmantina constituye una materia por descubrir incluso entre los propios liberales. En los últimos cien años, notables economistas y politólogos comprometidos con la defensa de la libertad, tanto en el viejo como en el nuevo continente, reconocen no haber profundizado lo suficiente en estos pensadores ibéricos, entre quienes también sobresalen Juan de Mariana, Domingo de Soto, Bernardino de Sahagún y Domingo Báñez.

    “Los principios teóricos de la economía de mercado y los elementos básicos del liberalismo económico”, admitió ni más ni menos que Friedrich von Hayek, “no fueron concebidos, como se creía, por calvinistas y protestantes escoceses, sino por los jesuitas y miembros de la Escuela de Salamanca durante el Siglo de Oro español”. Y en su extraordinaria obra de 1954, Historia del análisis económico, el ya mencionado Schumpeter se refiere a los teóricos salmantinos con estas palabras tajantes: “A ellos corresponde, más que a ningún otro grupo, el mérito de haber fundado la ciencia económica”.

    León XIV, pues, habló a los legisladores españoles de una rica herencia de pensamiento que no aparece reivindicada en la política actual de occidente, y a veces ni siquiera en las bases morales que moldean sus estructuras sociales, jurídicas y económicas. Quedará a las futuras generaciones hispanas esa labor de justicia y renovación, no solo porque ese pasado glorioso les pertenece, sino porque a través de él podríamos –todas las naciones– redescubrir el gigantesco peso moral y la nutritiva fascinación que tiene el don de la libertad.

  • El Mundial y los libros: dos formas de contar la aventura humana

    El Mundial y los libros: dos formas de contar la aventura humana

    Cada cuatro años ocurre algo extraordinario. Millones de personas en todo el planeta se reúnen frente a una pantalla, conversan con amigos, discuten pronósticos y siguen con emoción cada partido del Mundial de Fútbol. Durante algunas semanas, el mundo parece hablar un mismo idioma: el de la pasión deportiva.

    Sin embargo, mientras observaba recientemente algunos comentarios sobre el Mundial, descubrí algo curioso. Más allá de los goles, los estadios y las celebraciones, el fútbol tiene mucho en común con la literatura. Quizás más de lo que imaginamos.

    Ambos nos cuentan historias. Ambos nos emocionan. Ambos nos enseñan algo sobre la condición humana. Y ambos tienen el poder de permanecer en nuestra memoria durante muchos años.

    Cada partido cuenta una historia

    Cuando abrimos una novela encontramos personajes, conflictos, desafíos y sueños. Cuando inicia un partido de fútbol sucede exactamente lo mismo. Hay equipos favoritos y equipos pequeños que buscan sorprender. Hay jugadores que cargan sobre sus hombros las esperanzas de todo un país. Hay momentos de gloria y también instantes de profunda tristeza.

    Las grandes historias literarias suelen hablarnos de la lucha humana frente a la adversidad. El Mundial también. ¿Quién no ha visto alguna vez a una selección considerada débil vencer a una potencia mundial? ¿Quién no ha sido testigo de un jugador que parecía derrotado y terminó convirtiéndose en héroe?

    La literatura y el deporte nos recuerdan una verdad sencilla: nunca debemos rendirnos antes de tiempo.

    Los héroes no solo viven en los libros

    Cuando pensamos en héroes literarios recordamos personajes que enfrentan dificultades, toman decisiones difíciles y luchan por alcanzar una meta. En el Mundial aparecen héroes parecidos. Algunos son estrellas reconocidas. Otros son futbolistas casi desconocidos que, de pronto, cambian la historia de un partido con una sola acción.

    Lo interesante es que esos héroes suelen enseñarnos las mismas virtudes que encontramos en los libros: disciplina, perseverancia, valentía, trabajo en equipo y capacidad de levantarse después de una derrota.

    Por eso los relatos deportivos suelen permanecer vivos durante generaciones. No recordamos solamente los resultados. Recordamos las historias humanas que hubo detrás de ellos.

    Entre ganadores y perdedores en el deporte también existe una reflexión: “El que gana, celebra; el que pierde, da explicaciones”. Esto también es una experiencia que se lee en la literatura.

    La emoción de pasar la página

    Leer una novela y seguir un Mundial tienen algo en común: nunca sabemos exactamente qué ocurrirá después. Cuando llegamos al final de un capítulo queremos descubrir qué sucederá en el siguiente. Del mismo modo, cuando termina un partido, sentimos curiosidad por conocer el resultado del próximo encuentro.

    Esa incertidumbre mantiene viva nuestra atención. Quizás por eso las personas aman tanto las historias. Necesitamos descubrir qué viene después. Necesitamos imaginar futuros posibles. Necesitamos emocionarnos con los triunfos y aprender de las derrotas.

    Los libros hacen eso. El fútbol también.

    Lo que la lectura aporta al deporte

    Algunas personas creen que el deporte y la lectura pertenecen a mundos diferentes. No estoy de acuerdo. La lectura desarrolla la observación, la concentración, la imaginación y la capacidad de interpretar situaciones complejas.

    Todas estas habilidades también son importantes para comprender mejor cualquier disciplina deportiva.

    Un lector aprende a identificar detalles que otros pasan por alto. Aprende a analizar causas y consecuencias. Aprende a pensar antes de emitir un juicio. Por eso, mientras más leemos, más herramientas tenemos para comprender el mundo que nos rodea.

    Más allá del marcador

    Hace algunos días reflexionaba sobre esto y comprendí que el Mundial es mucho más que una competencia deportiva. Es una colección de historias humanas. Cada selección representa sueños colectivos. Cada jugador lleva consigo años de sacrificio. Cada aficionado deposita en su equipo una pequeña parte de sus esperanzas.

    Y eso es precisamente lo que encontramos en los buenos libros: personas que sueñan, luchan, fracasan, se levantan y vuelven a intentarlo. Como escritor, Alfredo, siempre he creído que la lectura nos acerca a la esencia de la vida. Y el Mundial, de alguna manera, también nos permite observar esa misma esencia en movimiento.

    Y algo adicional. Me gustó el comentario que me hizo el PhD. y Pastor Adán García, observando todo el comportamiento de la experiencia del Mundial de Futbol: “El futbol sustituye la guerra. Dios usa su amor para reconciliar las naciones a través del deporte”.

    Y me mostró estas sabias palabras: “Cuando equipos de naciones enemigas están en la cancha, los jugadores se respetan y muchos llegan a ser amigos”. La literatura, por su parte, no tiene fronteras, ni tiempo, es universal.

    Una invitación a leer

    Cuando termine este Mundial, quedarán campeones, estadísticas y recuerdos. Pero también quedarán historias. Historias de superación, de amistad, de disciplina y de esperanza. Tal vez esa sea una buena oportunidad para acercarnos también a los libros. Porque cada novela, cada cuento y cada biografía nos ofrece una aventura diferente.

    Y al igual que ocurre en el fútbol, nunca sabemos cuál de esas historias terminará cambiando nuestra manera de ver el mundo. Los libros y el Mundial comparten una misma misión: recordarnos que la vida está hecha de relatos, de emociones y de sueños que vale la pena perseguir.

    Epílogo

    El fútbol nos enseña que ningún partido está ganado antes de jugarse. La literatura nos enseña que ninguna historia está terminada mientras exista una nueva página por escribir. Ambas experiencias nos invitan a creer, a perseverar y a seguir avanzando aun cuando el resultado parezca incierto.

    Quizás por eso seguimos leyendo y seguimos soñando. Las grandes victorias, dentro y fuera de la cancha, suelen pertenecer a quienes no abandonan el camino.

    Termino estas líneas con estas sabias palabras del Apóstol Pablo: «Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.» (Colosenses 3:23)

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

     

     

     

     

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  • Brooklyn Rivera Bryan, Héroe y Mártir

    Brooklyn Rivera Bryan, Héroe y Mártir

    No conocí al señor Rivera Bryan, no obstante, su muerte me conmovió profundamente, sin sorprenderme, puesto que es el doloroso final de quienes se convierten, gracias a su dedicación patriótica, en iconos de la lucha que han emprendido.

    Ignoro muchos detalles de su vida, pero escucho y leo sobre Brooklin Rivera desde los ochenta, despues de mi llegada a Venezuela. El totalitarismo castrista siempre lo ignor´p, era enemigo de uno de sus siervos más fieles, Daniel Ortega. De Rivera, solo conozco su lucha contra el sandinismo y su profunda identificación con la etnia misquita.

    Rivera, un campesino que asumió el liderazgo de la etnia Misquita, estaba predestinado al martirologio. Sus convicciones democráticas le condujeron a un trágico enfrentamiento con los depredadores más abusivos que ha padecido Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo.

    El arribo de los sandinistas al poder significó su arresto por la tenebrosa seguridad del estado que dirigía en ese entonces Tomás Borge. Excarcelado, se trasladó al territorio misquito, donde organizó la milicia Misurasata, integrada por indios contrarios al sandinismo.

    En la década de los 80, se incorporó a la Alianza Revolucionaria Democrática, ARDE, que lideraba Edén Pastora, un movimiento guerrillero contrario al régimen sandinista que comandaban los hermanos Ortega, ambos, en proceso de construir una dictadura inspirada en el sistema totalitario impuesto en Cuba por los Castro.

    Antes de terminar la Guerra Civil, 1987, las diferentes facciones indígenas que combatían el sandinismo, Misurasata y Kisan, se fundieron en una sola agrupación, el partido de indios nicaragüenses Yatama, asumiendo Rivera su liderazgo, comprometiéndose a garantizar la identidad social y cultural de los indios, manifestando su disposición de dejar las armas si el régimen reconocía plena autonomía a los misquitos, firmando con ese objetivo un acuerdo de paz con el represor Borge.

    Concluida la guerra, 1990 y electa presidente la señora Violeta Chamorro, sirvió a los suyos ejerciendo como profesor en la Universidad India y Caribeña de Bluefields y participando activamente en la Fundación Iberoamericana de Pueblos Indígenas, que tiene su sede en La Paz, Bolivia. También ocupó la posición de ministro para el desarrollo de las regiones autónomas, un puesto responsable del desarrollo de la costa del Caribe nicaragüense.

    En 2002, suscribió un acuerdo de cooperación con sus antiguos enemigos del FSLN, en nombre de YATAMA, acción que causó que un grupo de veteranos antisandinista lo acusaran de traidor. Su alianza con el FSLN lo llevó nuevamente como diputado a la Asamblea Nacional, ocupándose del desarrollo socioeconómico de las regiones indias, la educación y la ecología, una constante en su vida.

    La coalición entre Yatama y el FSLN fue problemática. Al parecer Rivera se percató que había sido muy ingenuo al creer que era posible convivir con quienes nunca habían dejado de ser unos autócratas.

    En el 2015, los miembros del FSLN en la Asamblea de Diputados asumieron que el líder indígena era contrario a sus propósitos y lo despojaron de la inmunidad parlamentaria para acusarlos de provocar actos de violencia y otras irregularidades.

    Rivera, a pesar de las presiones y el conocimiento de los crímenes que eran capaces de cometer la familia presidencial no se rindió, no pactó, en cuanto le fue posible denunció ante las Naciones Unidas los pillajes del régimen sandinista lo que motivo que le prohibieran el retorno a su país, represión que motivó su retorno clandestino a través de la frontera con Honduras.

    Las dictaduras tampoco descansan y quieren perpetuarse, así que la represión es continua y constante. Brooklyn Rivera fue secuestrado por mandato de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

    Desapareció por 971 días, casi tres años, hasta morir en prisión como ha sucedido con al menos otros siete prisioneros políticos del 2018 a la fecha, sucesos que deberían llamar la atención de los organismos internacionales especializados en temas relacionados con los derechos humanos.

    El secuestro de Brooklyn Rivera debió haber alertado, la vigilancia de todos nosotros. Fue arrestado y desaparecido, condición previa antes del asesinato. Es una práctica habitual del castrochavismo, hacen desaparecer a sus enemigos para facilitar el olvido.

    El crimen contra este notable defensor de la libertad es muy lamentable. El castrochavismo, en todos los países que ha gobernado ha generado muchos mártires, pero como escribiera José Martí, “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”, y Brooklyn Rivera, cumplió esa tarea.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • El Dios sin forma y la muerte desmitificada: cuando el miedo a morir construye religiones

    El Dios sin forma y la muerte desmitificada: cuando el miedo a morir construye religiones

    Sí, creo en Dios, me dijo. Pero mi dios no tiene forma, no viste de blanco ni tiene largas barbas. No escucha no habla. No castiga ni premia. No posee un libro sagrado ni leyes celestiales o terrenales. Mi dios no me aterroriza con guerras sagradas ni me señala un cielo al que subir ni un infierno al que bajar. Mi dios está ahí, presente en todo lo que mis ojos ven y solo me promete un regreso de donde vengo. Aquel lugar acuoso, solitario, silencioso, donde la tranquilidad es reina. Ese es el dios en el que creo.

    Aquel hombre, próximo a morir, recién le habían diagnosticado un cáncer terminal en fase avanzada. En aquella habitación en tinieblas se despedía de su mundo, de su familia y sus hijos. No temía a la muerte, sabia que era la ultima parada de su ciclo. Ciclo al cual no tenía más que dar ni ofrecer.

    La muerte, ese desconocido viaje hacia el más allá, hacia la oscuridad, el silencio, o el reino de los cielos. ¿Siempre hemos tenido los humanos miedo a la muerte? ¿es ese miedo innato o aprendido?

    La investigación histórica señala que el miedo transversal a la muerte en la sociedad surgió claramente alrededor del siglo XII, con esplendor durante el Renacimiento. Su máximo exponente es el historiador francés Philippe Ariès, quien en su libro Historia de la muerte en Occidente (1975) analiza las distintas formas en que esta ha sido entendida desde la Edad Media hasta nuestros días. Ariès nos señala cuatro etapas en su concepción:

    La muerte domesticada de la Alta Edad Media. En esta etapa, la muerte forma parte de la economía diaria de la gente. Dada la carencia de medicamentos y cuidados médicos generalizados, los fallecimientos se suceden con asiduidad dentro de los hogares. Los cementerios se sitúan en los centros de las urbes, de modo que la ciudad de los vivos y de los muertos se superpone. Gran parte de la desdramatización de la muerte proviene de la confianza cristiana en la resurrección y la «otra vida».

    La siguiente etapa histórica es la “muerte propia” durante el esplendor del renacimiento y su apogeo de la individualidad. Durante esta etapa comienzan las inscripciones funerarias individuales. Esta etapa marca el surgimiento del miedo a la muerte propia.

    La tercera etapa, La muerte ajena (finales del siglo XVII – siglo XIX): El miedo se desplaza de uno mismo a la pérdida del ser querido. La expresión material de este sentir se observa nítidamente en el diseño de los cementerios de la época, copados de ostentosos mausoleos y tumbas.

    La última etapa es la que sigue vigente en nuestros días: la llamada Muerte prohibida. La muerte llega a sustituir al sexo como un nuevo tabú. Como tal, no puede ser mentado; solo puede ser aludido a través del recurso de las metáforas. Durante esta ultima etapa, y que es la actual, el miedo a hablar de la muerte se impone, se establece la “conspiración del silencio”, la muerte se aplaza o desplaza. Si pienso en ella me angustio, por ello elijo negarla. Esto impide tanto generar buenas herramientas de resiliencia como estar preparados para enfrentamos a una pérdida (de un familiar, un amigo o la nuestra propia).

    “Si fuéramos eternos las religiones no existirían” dijo a mediados del siglo XVII el filósofo polaco-lituano Kazimierz Lyszcznski, condenado a muerte por ateísmo. La religión se beneficia del miedo a la muerte, principalmente obteniendo poder, control social y beneficios materiales. El condicionamiento de la “vida eterna” del cristianismo, y sus ideas de recompensa del cielo o castigo del infierno. Es la angustia del porvenir, y su sufrimiento ligado a pecados y la imposición del código religioso, así como ofrendas mayores ligadas a la magnitud del pecado.

    Este relato nos revela una paradoja fundamental: mientras el hombre triste y enfermo de la habitación encuentra paz en un Dios sin forma, sin castigos ni promesas de eternidad, la mayoría de las religiones históricas han construido su poder precisamente sobre la angustia que ese hombre logró superar. La muerte, que para él es simplemente «el regreso de dónde vengo», ha sido transformada por las instituciones religiosas en un juicio perpetuo, en un infierno amenazante o en un cielo condicionado.

    La historia nos muestra que el miedo transversal a la muerte no es innato, sino que surgió culturalmente en el siglo XII, coincidiendo justamente con el fortalecimiento del poder religioso institucional. Philippe Ariès demuestra que pasamos de la «muerte domesticada» —donde la muerte era parte cotidiana de la vida y la resurrección cristiana desdramatizaba el fallecimiento— a la «muerte prohibida» actual, donde la muerte se ha convertido en el nuevo tabú que sustituye al sexo. Kazimierz Łyszczyński, ejecutado por ateísmo en 1689, identificó con precisión quirúrgica el mecanismo: «si fuéramos eternos las religiones no existirían».

    Su tragedia personal ilustra cómo el miedo a la muerte ha sido explotado sistemáticamente para obtener sumisión moral, control social y beneficios económicos. Las religiones no solo no enseñan a temer a la muerte, sino que —en su mejor expresión— podrían liberar a las personas de ese miedo, como lo demuestra el hombre de la habitación que, enfrentando su cáncer terminal, encontró en su Dios acuoso y silencioso la tranquilidad que las promesas de eternidad condicionada nunca pudieron darle.

    Quizás la verdadera revolución no sea creer o no creer en Dios, sino desafiar el mecanismo que convierte el miedo natural a la muerte en fuente de poder institucional. El hombre que se despide sin temores nos enseña que cuando aceptamos la muerte como parte natural del ciclo, cuando entendemos que «no tenemos más que dar ni ofrecer», encontramos libertad. Esa libertad es precisamente lo que las instituciones religiosas, en su forma más manipuladora, buscan evitar: un pueblo que no teme a la muerte no necesita mediadores, no necesita promesas de eternidad condicionada, no necesita pagar ofrendas para evitar el infierno.

    En el Dios sin forma, sin libro sagrado y sin castigos, ese hombre encuentra la única promesa verdadera: el regreso al silencio acuoso donde la tranquilidad es reina. Es la única eternidad que no necesita ser vendida, promesa que no requiere de sacerdotes ni de infiernos inventados. Y en esa aceptación radical de la finitud, encuentra la paz que las religiones del miedo nunca pudieron ofrecer.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

  • El espejismo y mentiras del Foro de Oslo 2026: Una aproximación técnica

    El espejismo y mentiras del Foro de Oslo 2026: Una aproximación técnica

    La reciente participación de la diputada salvadoreña Claudia Ortiz del partido político Vamos en el Oslo Freedom Forum 2026 ha generado una comprensible fricción y reacciones contrarias en la opinión pública en nuestro país. Para muchos ciudadanos, ver y escuchar a una representante política y diputada hablando desde la comodidad y la seguridad de una capital europea, frente a una audiencia internacional que jamás ha experimentado el terror de las pandillas, resulta disonante. Es totalmente legítimo que la población, que hoy respira un alivio histórico y tangible en sus comunidades y calles, perciba estas críticas como un claro ataque a la paz recién recuperada.

    La desconexión del foro internacional: Es innegable que existe una brecha comunicacional. Foros exclusivos como el de Oslo agrupan a élites globales, académicos y activistas que dialogan cómodamente en la teoría, muy lejos del comerciante salvadoreño que antes debía pagar extorsión para sobrevivir. Esta asimetría genera la sensación de que se defiende una «democracia abstracta» a costa de la «seguridad real». Todo en un ambiente controlado, cómodo y relajado donde lo esperado son discursos en esa línea. De hecho, si estas en ese foro es porque eres parte de ese grupo donde se tiene un estilo de vida por seguir esos discursos y temáticas. Los premios llegan por que se los entregan dentro del mismo club. Pero no serás premio nobel de la paz.

    El éxito táctico y desmantelamiento de las pandillas criminales: Nadie, ni siquiera los críticos, adversarios y opositores en El Salvador más férreos en foros cerrados y controlados, pueden negar que la desarticulación operativa de las pandillas es un hito de seguridad sin precedentes. La criminología por medio de sus indicadores y método científico puede demostrar desde el inicio de las pandillas hasta ahora que el presidente Nayib Bukele, su política, estrategia, dirección estratégica y al mando, con  el trabajo especializado de su gabinete de seguridad, Fiscalía General de la República y todo el talento humano del sector de seguridad y justicia es el primer y único país en el mundo que ha logrado el desmontaje de las pandillas criminales, no hay otro caso en los cinco continentes.

    Sobre el régimen de excepción: Por qué la población no comparte las declaraciones de la diputada ya que para el salvadoreño que vivía en comunidades controladas, el terror de las pandillas era una amenaza letal, diaria y garantizada, pagar la mal denominada renta, cruzar «fronteras invisibles», reclutamiento forzoso, abusos sexuales y más. Ha sido el refuerzo, el impulsor, el que ha potenciado la estrategia del Plan Control Territorial; frente al alivio masivo de caminar con seguridad y disfrutar la noche. La urgencia de sobrevivir supera cualquier debate y argumento político electorero, y más cuando el voto de ella por la prolongación del régimen de excepción es NO cada vez en el salón azul al presionar el botón y a viva voz.

    Sobre el sistema judicial y la democracia: Por qué la población no lo comparte, históricamente, la ciudadanía percibía el sistema judicial tradicional como ineficaz y corrupto; un sistema de «puertas giratorias» donde los criminales eran liberados casi de inmediato y regresaban a las comunidades envalentonados. Los cambios y transformaciones en el sistema, códigos, leyes son el equivalente como la herramienta dura y necesaria que finalmente logró aplastar a las mafias. El peso frente a la realidad de no tener a un pandillero extorsionando el negocio familiar, ni acosando a las niñas, mujeres, ni controlando comunidades supera cualquier discurso y mensaje politiquero electorero en búsqueda de financiamiento para campaña y de votos.

    Sobre la construcción del CECOT: la prisión de máxima seguridad en El Salvador es un símbolo de castigo definitivo para quienes los aterrorizaron durante décadas. Las críticas no resuenan en una población que exigía acciones drásticas y rápidas, y pide que se aumenten las medidas contra los pandilleros. El presidente Nayib Bukele inauguro el CECOT como el lugar físico donde se rinde y representa el tributo a las víctimas de las pandillas, y ahora muchos países en América Latina están en proceso de construcción y de obtener los fondos para replicar dicho centro penitenciario de máxima seguridad y alta tecnología.

    Sobre el reordenamiento del Centro Histórico de San Salvador: es percibida masivamente por la población como la devolución de un espacio público emblemático que antes estaba secuestrado por los criminales, delincuencia, el desorden, suciedad y caos El orden, la limpieza y la seguridad generada en estas zonas despiertan orgullo nacional. Labor iniciada por el exalcalde Nayib Bukele que ayudo a disminuir los delitos y crímenes, y luego como presidente ha proporcionado una gran lección del control social formal y como la premisa de teorías criminológicas cobro vida en El Salvador y ahora es caso de éxito. Lo logro como alcalde y ahora como presidente.

    La disonancia es evidente. El discurso en Oslo se centró en la defensa de la institucionalidad, los derechos constitucionales y la transparencia, elementos fundamentales para los académicos y la comunidad internacional que pertenece a esas estructuras cerradas, a un club. Donde antes, y después del evento hay banquetes con excelentes, suntuosas bebidas y comidas planificando su próximo conclave. Sin embargo, para la mayoría de los salvadoreños, la supervivencia y la libertad de movimiento son el grado cero de sus derechos fundamentales, por lo que esta generación y las próximas estarán agradecidas con el presidente Bukele.

    Haber erradicado la amenaza existencial y el yugo de las pandillas criminales ha generado una profunda lealtad y un alivio tangible en las calles. Desde esta perspectiva, es natural que la población perciba este tipo de denuncias internacionales no como una defensa de la democracia, sino como una tremenda desconexión total con la realidad de sangre y luto que vivieron, y como un ataque a la paz que hoy finalmente pueden disfrutar. Es lógico que con un patrimonio neto superior al medio millón de dólares la vida ha sido muy diferente para ella, con activos superiores a $700,000 según su declaración de mayo 2026

    Es completamente comprensible por qué la participación de la diputada Claudia Ortiz del partido Vamos en el Oslo Freedom Forum generan choque y rechazo en la mayoría de la población salvadoreña. Cuando una sociedad ha sobrevivido a décadas de terror, extorsión y muerte a manos de las estructuras criminales, la percepción de la realidad cambia radicalmente, la realidad se impone ante la desconexión de la clase política y ahora que estamos en la campaña adelantada se trata de sobrevivencia, de retener el escaño legislativo, de no perder el trabajo, de si hay que hacer el ridículo bailando, palmeando tortillas, cargando niños de comunidades, en el mercado, en televisión o exponiendo en cualquier evento o cualquier otro absurdo hay que hacerlo. No se vale hablar mal de nuestro amado El Salvador y menos por aspectos de politiquería, por sobrevivencia.

    *Por Ricardo Sosa /Doctor y máster en Criminología/ Egresado doctorado en Justicia Criminal 

     

     

     

  • Las formas de protestar

    Las formas de protestar

    En la teoría: “Espiral del silencio” de la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann hace reflexionar que muchos se cosen la boca y no dicen nada, callan; sin embargo, en su interior protestan. Protestar no es solo ir a la calle con pancartas e insultar a medio mundo.

    El Salvador se ha sangrado muchas veces; las heridas sanaron; sin embargo, esos conflictos fueron porque alguien protestó. Actualmente, el país respira seguridad. Si alguien protesta por esa ansiada seguridad, es porque no supo lo que era ver morir a un hijo por las pandillas. No supo quedarse sin cinco centavos en la bolsa debido a las extorsiones.

    Mientras alguien se dirige al trabajo manejando su carrito, observa el tablero de los precios del combustible y protesta. Mientras tanto, otros protestan porque no les alcanza para comprar su almuerzo. Nos percatamos que hay muchas formas de protestar. El contexto es lo que cambia. El ser humano protesta por el cambio climático, por leyes injustas, por haber votado por el funcionario que le brindó falsas ilusiones.

    El que tiene una plaza laboral protesta, mientras allá afuera hay miles de personas que anhelan estar empleados. Protestan por los hijos, mientras que en algún hogar hay matrimonios que llevan años en tratamiento para poder engendrar a un ser humano.

    ¿Por qué las personas se cosieron la boca para enlistarse a una protesta de hambre? Ahora comprendo que la causa fue porque buscaron mejores oportunidades y no las encontraron. Las personas protestan por el gobierno, por la mala educación en las escuelas; protestan por no tener un sueldo justo. Las personas protestan porque se aburren de hacer cola por unas pastillas en las unidades de salud, las cuales las tiene más que compradas.

    La gente protesta por no tener los derechos humanos equitativos. Las personas protestan porque salieron de las universidades y no les sirvió de nada. Las personas protestan porque no tuvieron a unos padres que les guiaran correctamente. Otros tomaron en el pasado una lucha armada por estar disconformes con el gobierno.

    Las personas protestan por no haber nacido en cuna de oro. Las personas con dinero protestan porque otros tienen más dinero que ellos. Las personas protestan porque en sus trabajos los explotan; las personas protestan porque en sus trabajos los jefes se aprovechan.

    Las personas rezongan porque los sindicalistas se aprovechan. Las personas protestan porque en la iglesia (…) les fallaron. Los estudiantes protestan porque el maestro le acosó en la escuela.

    Lo injusto es protestar sin tener causa alguna. Hay que protestar cuando algo no nos gusta. Se protesta porque no hay trabajo, porque no hay empresas para laborar. El que se queda callado se llevará a su tumba los deseos de protestar, lo cual le pudo servir para cambiar su vida.

    En las redes sociales, las personas protestan a cada segundo, a cada minuto (muchos crean cuentas falsas para no ser censurados). Las personas protestan, escriben lo que el hígado o el corazón les dictamine. Es crucial no protestar por gusto. En la historia salvadoreña, igual que en otros países, a muchos les silenciaron, les asesinaron por protestar, por decir la verdad. Tomo de referencia al único santo salvadoreño que tenemos: San Romero.

    El padre de familia abre su refrigeradora y lo único que hay es agua helada; protesta porque tiene a hijos que alimentar. Le echa la culpa a todo el mundo y hasta al gobierno. Protesta consigo mismo.

    Al final de nuestras vidas, contemos cuántas protestas se nos concedieron. Yo; protesto porque no es justo ver a ancianos abandonados por sus hijos; protesto porque a diario circulan noticias de abortos; protesto cuando evidencio injusticias y desigualdades. Y, la peor protesta es la que el ser humano hace en silencio. Eso también comunica. Muchas protestas son por una causa justa. Lo peor es ver a un ser humano protestar cuando está en óptimas condiciones.

    * Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

     

  • Pensó (Dios), luego existe

    Pensó (Dios), luego existe

    Con anterioridad he presentado algunos argumentos acerca de la cuestión de Dios. Entiendo que la mentalidad científica moderna no conseguirá demostrar la inexistencia de Dios en tanto sostenga que la apelación a Él constituye una explicación provisional destinada a llenar los vacíos de nuestro conocimiento. Según esta perspectiva, allí donde la ciencia aún no ha encontrado una respuesta, algunos recurren a Dios como una solución fácil; pero conforme avance la investigación científica, esos espacios de ignorancia irán ahogando la idea de Dios.

    Desde esta óptica, el extraordinario éxito de la ciencia en la explicación de numerosos fenómenos naturales parece indicar que, tarde o temprano, toda la realidad podrá ser comprendida mediante causas estrictamente naturales, haciendo innecesaria cualquier referencia a la divinidad. La fe quedaría así reducida a una etapa transitoria del desarrollo intelectual de la humanidad, destinada a desaparecer a medida que crezca el conocimiento científico.

    Sin embargo, esta visión presenta una dificultad fundamental. El hecho de que la ciencia explique cada vez mejor los fenómenos de la naturaleza no implica necesariamente que pueda responder a todas las preguntas relevantes. Sobre todo, a aquellas que no tratan de fenómenos de la naturaleza.

    Resulta significativo que incluso algunos de los científicos más influyentes del siglo XX reconocieran los límites de las teorías científicas. Albert Einstein, en una célebre carta dirigida a Max Born, escribió: «La mecánica cuántica sin duda resulta imponente. Pero una voz interior me dice que eso no es todavía lo real. La teoría dice mucho, pero en realidad no nos acerca en absoluto a los secretos del Viejo. Sea como fuere, yo estoy convencido de que Dios no juega a los dados» (Isaacson, 2008, p. 370).

    Más allá de la interpretación exacta de estas palabras, reflejan una intuición profunda: el éxito de una teoría científica no elimina automáticamente el misterio último de la realidad. La ciencia puede describir las leyes del universo, pero sigue abierta la pregunta acerca de por qué esas leyes son precisamente las que son. Y en último término… por qué el universo es el que es.

    Es en este contexto donde adquiere relevancia el llamado argumento del ajuste fino del universo (fine-tuning). Este parte de una observación sorprendente: el universo parece poseer una serie de constantes físicas extraordinariamente precisas que hacen posible la existencia de estructuras complejas, estrellas, galaxias, elementos químicos pesados y, finalmente, vida consciente.

    Diversos estudios han señalado que una variación extremadamente pequeña en algunos de estos parámetros habría impedido la existencia misma de materia organizada. En otras palabras, el universo conocido depende de un delicado equilibrio físico.

    La formulación moderna de esta idea se encuentra vinculada al físico teórico australiano Brandon Carter. En 1973, durante una conferencia celebrada con motivo del quinientos aniversario del nacimiento de Copérnico, Carter introdujo lo que denominó el «principio antrópico». Aunque no empleó explícitamente la expresión fine-tuning, sí destacó que las condiciones fundamentales del universo parecen encontrarse extraordinariamente ajustadas para permitir la existencia de observadores conscientes capaces de reflexionar sobre él.

    Para algunos filósofos y científicos, este hecho apunta hacia una explicación teleológica (con propósito). Si las constantes fundamentales podrían haber adoptado innumerables valores distintos y, sin embargo, aparecen ajustadas dentro de un estrechísimo margen compatible con la vida, parece razonable preguntarse si dicho ajuste responde a una causa inteligente. En este contexto, Dios aparece no como una explicación de aquello que la ciencia ignora, sino como una explicación del propio orden racional que la ciencia descubre.

    Naturalmente, el argumento ha recibido diversas objeciones. Una de las más frecuentes es que tal vez existan muchas más combinaciones compatibles con la vida de las que actualmente imaginamos. Según esta crítica, el ajuste fino podría ser menos improbable de lo que parece.

    No obstante, esta respuesta encuentra sus propios límites. Incluso si existieran múltiples combinaciones compatibles con la vida, estas seguirían representando sólo una pequeña fracción de todas las posibilidades. Por ello, la existencia de un universo apto para la vida continúa siendo un hecho extraordinariamente significativo.

    El argumento del ajuste fino no constituye una demostración matemática de la existencia de Dios. Tampoco pretende sustituir a la investigación científica. Más modestamente, señala que cuanto más profundamente comprendemos la estructura del universo, más sorprendente resulta su inteligibilidad y su capacidad para albergar vida consciente. Lejos de desaparecer con el avance de la ciencia, ciertas preguntas fundamentales parecen adquirir una profundidad aún mayor.

    Tal vez la cuestión decisiva no sea si la ciencia necesita a Dios para explicar los fenómenos naturales, sino si la existencia misma de un universo ordenado, inteligible y ajustado para la vida puede comprenderse adecuadamente sin plantear la posibilidad de una Inteligencia que lo fundamente.

    *El padre Fernando Armas Faris, es sacerdote católico y doctor en Filosofía

  • Sigue rugiendo

    Sigue rugiendo

    No me dedicaré semanalmente a compartir y comentar lo que haga y diga León XIV, quien el recién pasado mayo cumplió un año ocupando la silla de Pedro. Pero vale la pena ocupar este espacio, de nuevo, para comentar parte de lo que ha dicho durante su reciente visita a España. Estoy convencido de eso, pues ha soltado declaraciones que merecen detenerse un momento a reflexionar sobre las mismas. Estos y otros mensajes previos –incluida su primera encíclica– me motivan a dar seguimiento a sus posturas y palabras comprometidas con la realidad, desde las mayorías populares, por ser sumamente atinadas e iluminadoras. Cabe señalar también que varias veces ha citado o hecho referencia a la figura de nuestro pastor y santo a quien, sin pedir permiso, desde hace años lo asumo como el patrono universal de las víctimas a las que les han violado sus derechos humanos.

    San Romero de América entregó su existencia terrenal para estar eternamente, presente y vigente, en la batalla por hacer valer la dignidad de las personas y los pueblos. En sintonía con ello, el 14 de septiembre del 2025 el pontífice exhortó al mundo a justificar “la esperanza” inculcada “en nuestros corazones” por el primer santo salvadoreño, “quien predicó que nuestro Dios ‘es un Dios que quiere estar con los hombres, un Dios que siente el dolor de los torturados y asesinados’”.

    Tras una introducción protocolar, durante su primer discurso en Madrid el papa habló acerca del peligro que corremos al encerrarnos en “ideologías prefabricadas” en lugar de abrirnos a la verdad; previamente expresó su oposición a “la cultura del enfrentamiento”, decantándose por la del encuentro, pues esta es generadora de “estabilidad y prosperidad”. También se refirió a “lo desconocido” como “lo que más nos asusta” y nos genera “desorientación”. Por ello, aseguró, se requieren “hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo”.

    Monseñor Romero fue eso y más en la búsqueda de soluciones a la realidad que le tocó iluminar en vida, señalando que únicamente la justicia podía ser “la raíz de la paz”. Personas como él, hacen falta en un mundo que riesgosamente navega sin orientación bajo “liderazgos” políticos prepotentes y necios, muchas veces con aprendices de neodictadores cínicos y engañadores a la cabeza de unas administraciones rendidas ‒en palabras del actual vicario de Cristo ‒ ante “la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones” que “parece crecer, en lugar de disminuir”. En ese entorno, sostiene este, “la dignidad humana no deja de ser violada”.

    Citando su encíclica, León XIV se pronunció contra los “entusiasmos ingenuos” y los “miedos estériles” para establecer como “criterios de discernimiento” la dignidad humana, en primer lugar, seguida del destino universal de los bienes junto a la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común y la paz: Estos deben traducirse en “planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”.

    Debo mencionar el agradecimiento papal a España “por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos”. Cierto del todo. Pero también debe entenderse como un mensaje dirigido a los actuales “dioses de la guerra”,  principalmente para el israelí y el gringo; igualmente para aquellos de menor peso que, como en El Salvador, escupen fuego por la boca contra ambos sistemas ‒el normativo y el institucional‒ y los derechos humanos. Y en su discurso ante el Congreso hispano, el pontífice dejó claro que una “sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana”. Además, definió al bien común como “la forma social de la dignidad humana”. Sobre las armas, aseguró que “pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”.

    Ciertamente, la humanidad transita por una etapa sumamente difícil, oscura y nada alentadora. Nuestro país no se salva. Frente al papa, Antonio Banderas citó a san Agustín quizás para coquetear con él que es agustino. “Decís que los tiempos son malos. Sed vosotros mejores y los tiempos serán mejores. Vosotros sois el tiempo”, dijo Banderas. Nuestro pueblo tiene el privilegio de contar con la inspiración muy propia, en palabras de León XIV, de un mártir “de la fraternidad y de la justicia”: san Óscar Romero. Él logró encarnar ‒sostuvo‒ “en condiciones duras y a menudo inhumanas, la esperanza del Evangelio y la dignidad del hombre”. Para ser mejores y mejorar nuestro país, pues, en su figura y su legado encontraremos una parte importante de la fórmula.