Categoría: Opinión

  • Más que condenas de feminicidas se anhela erradicar estos casos

    Más que condenas de feminicidas se anhela erradicar estos casos

    La noche del martes de la semana pasada María Idaura callejas, de 42 años de edad había ido a realizar algunas compras a un supermercado en Sensuntepeque, Cabañas, cuando fue interceptada por su expareja Fabricio Antonio Meza, de 48 años, quien le disparó hasta asesinarla en el estacionamiento. El sujeto, quien era locutor y subsargento administrativo de la Fuerza Armada abordó su motocicleta y se dio a la fuga rumbo a Dolores.

    En su huida Meza perdió el control y con todo y motocicleta se precipitó a un barranco en el caserío El Carrizal Río Grande, donde fue rescatado con vida por socorristas, pero debido a la gravedad de las lesiones murió instantes después. Unos dicen que fue accidente y otros que su intención fue suicidarse. Al final producto de este feminicidio y posterior muerte del supuesto feminicida, cuatro menores de edad han quedado huérfanos da padre y madre.

    Resulta que desde hace más de un año María fue a los tribunales a denunciar a su pareja por violencia intrafamiliar y en el juzgado le impusieron medidas al sujeto, entre ellas excluirse del hogar y no acercarse a la víctima (medidas de alejamiento), no obstante, Meza incumplía y se la pasaba persiguiendo, acosando y amenazando a su expareja, quien le contaba sus temores a sus amigos y familiares, pero nunca se atrevió a avisar a las autoridades policiales y judiciales sobre el acoso que recibía de su victimario.

    Las mujeres deben darse a respetar y hacer prevalecer las medidas a su favor cuando son dictadas por un tribunal. Las medidas de alejamiento funcional solo si la víctima se atreve a denunciar el incumplimiento de los victimarios de lo contrario en ocasiones terminan en horrendos crímenes con secuelas lamentables. Una hipótesis, en este caso, es que Meza había citado a su expareja a un comedor cercano al supermecado, donde al parecer solían ir en ocasiones a comer.

    Ningún caso de homicidio debe quedar impune, mucho menos los casos de feminicidio que dejan como consecuencias orfandad y angustia. Ayer se conoció que el Juzgado Especializado de Sentencia para una Vida Libre de Violencia y Discriminación para las Mujeres de San Salvador impuso 50 años de cárcel a  Geovanny Pablo Gómez Milán y a Jorge Efraín Vásquez Ibarra, por el feminicidio agravado en perjuicio de una adolescente de 14 años, crimen el 30 de mayo de 2025 en un predio baldío de Soyapango.

    El cuerpo de la adolescente, que al parecer adolecía de problemas mentales y fue asesinada  con arma blanca, fue localizado un día después en una finca en la comunidad 10 de Octubre, en Soyapango. Las investigaciones permitieron reconstruir los hechos y establecer la participación de los acusados en el crimen.  En la vista pública la Fiscalía presentó pruebas que vincularon a Vásquez  y Gómez  con el homicidio. como el arma utilizada en el ataque, en la que también se encontró ADN de la adolescente.

    Desde el primer caso de feminicidio en El Salvador registrado en marzo de 2012 en la colonia Escalón. con la vigente Ley Especial Integral para una Vida Libre de Violencia para las Mujeres (LEIV) se han procesado y condenado a más de 400 feminicidas, así como se ha logrado la sentencia condenatoria en 181 casos de intento de feminicidio agravado. Por supuesto han quedado algunos casos impunes, pero han sido los menos y en algunos casos no hay a quien perseguir porque el feminicida optó por suicidarse,

    Uno de los casos más sonados ocurrió el 29 de mayo de 2022 cuando en la colonia Santa Elena de Antiguo Cuscatlán, la expresidenta de la Defensoría del Consumidor  Jancy Urbina, de 58 años de edad, fue asesinada por su esposo alemán Peter Wachowski. Dos años después, tras las pruebas certeras y contudentes del Ministerio Público, el ciudadano europeo fue sentenciado a 30 años de cárcel.

    En la mayoría de los casos el feminicida actúa bajo los efectos de las drogas o las bebidas embriagantes y motivados por la enfermiza celotipia que conduce al desequilibrio emocional y a la posterior perdida del equilibrio emocional y psicosis que embrutece a los hombres. Las secuelas son las mismas: Orfandad, sed de venganza, odio, cárcel, condena y muchos años (hasta 50) en prisión.

    Que la mayoría de casos de feminicidios terminen en condena no es consuelo de la sociedad ni el fin de la LEIV. La sociedad pretende que se acaban estos bochornosos y repudiables hechos que tanto angustian a las familias; mientras que la LEIV busca prevenir estos ilícitos y castigar a los que sobrepasan la sensatez para cometer delitos contra las mujeres.

    Todo feminicidio puede evitarse con la denuncia inicial. Ninguna mujer, por mucha dependencia material que tenga, debe soportar violencia de su compañero de vida. Denunciar es la clave. Todos los hombres debemos rechazar toda forma de violencia, principalmente contra la mujer y abstenernos de ser entes generadores, provocadores o ejecutores de violencia contra la mujer y cualquier ser humano.

    Las condenas son el éxito procesal jurídico contra los feminicidas y los que intentan cometer un feminicidio, pero el éxito existencial de una sociedad, es evitar que esos casos ocurran. Nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a nadie. Todo homicidio es condenable. Repudiable.

  • La Habana y Teherán, una pareja peligrosa

    La Habana y Teherán, una pareja peligrosa

    Todo parece indicar que los más altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos han llegado a la conclusión de que la convivencia con el totalitarismo castrista es imposible, asumiendo que es ineludible situar al depredador mimetizado como perpetua víctima, en el lugar que le corresponde.

    Cierto que las relaciones entre Washington y La Habana a partir de la llegada de los Castro al poder han sido caótica con periodos muy difíciles, los que paradójicamente, a mi modo de ver, han concluido con ventajas publicitarias para la Isla, en detrimento del vecino poderoso entrampado por su propia fortaleza.

    La Cuba de los Castro ha sido muy hábil en presentarse como el cordero martirizado, cuento, que muchos estadounidenses se han creído por años, sin ser una excepción, las últimas visitas de funcionarios electos, quienes criticaron a su gobierno por presionar a la dictadura, no al régimen por reprimir a la población, menos, por el bloqueo interno impuesto al ciudadano que lo ha sumido en la extrema miseria.

    Confieso que vi con mucha satisfacción el debate en Naciones Unidas entre el embajador Michael Waltz y el esbirro con corbata del castrismo Bruno Rodríguez, quien intentó neutralizar a Waltz con sus acostumbradas diatribas y este como se decía en Cuba, le cantó las cuarentas al decirle simplemente, “esto no es La Habana”, además, me complace en extremo ver como el embajador Mike Hammer, encargado de negocios de este país en Cuba, es un defensor de la causa democrática cubana, sentimiento que expresa públicamente.

    Por otra parte, y aunque las afirmaciones del secretario de Estado, Marco Rubio, de que el régimen cubano contribuye al desarrollo de grupos extremistas de izquierda no es una novedad, el tono en el cual lo expresó fue como si su gobierno no fuera a seguir tolerando las maquinaciones destructivas de los castristas.

    Hay mucha información que demuestra que Cuba sirvió a la URSS con devoción por el odio compartido contra Estados Unidos, verdadero nutriente del totalitarismo insular.

    Mencionar a Irán y Cuba, demostrar que ambos países están confabulados en la misión de apoyar a los extremistas de izquierda, nos conduce a recordar los estrechos y profundos vínculos de La Habana con Teherán, relaciones que solo han procurado a través de los años, 1979, gestionar el fortalecimiento de ambos regímenes, junto, a la mutua disposición de destruir las democracias y toda forma de vida en libertad.

    La República Islámica de Irán ingresó a la farsa del Movimiento de los No alineados, una organización de carácter mundial que fuera muy útil a la extinta Unión Soviética, cuando esa entidad estaba bajo el liderazgo indiscutido de Fidel Castro.

    Los ayatolas se percataron que Castro era su igual, compartían un profundo odio hacia quienes ellos llaman el Gran Satán, codiciando lo mismo: “la muerte a America”, consigna que primer líder supremo de Irán,  Ruhollah Jomeini usó ampliamente en los días iniciales de la revuelta que lo llevó al poder, algo parecido a lo que Fidel le escribió en una carta a Celia Sánchez en la que señala que su futuro y verdadero enemigo iba a ser Estados Unidos.

    El primer aliado de la revolución islámica en este hemisferio fue Fidel Castro, de inmediato ambos despotismos que deberían haber sido enemigos mortales si realmente hubieran sido honestos en sus propuestas filosóficas, encontraron áreas políticas e ideológicas comunes en los cuales promover sus verdaderos intereses: el poder y su expansión.

    Los verdugos iraníes como Fidel Castro y sus acólitos, en mi opinión, nunca han actuado en base a doctrinas religiosas o ideologías, son fundamentalistas del poder, sujetos obsesionados con el control y la autoridad, condición que explica la colaboración estrecha entre las propuestas del castrismo y lo que promulgan los ayatolas, fórmulas antagónicas, aunque los oportunistas se esfuercen por hacerlas compatibles.

    Castro recurrió a las fórmulas marxistas porque le aportaba una propuesta de reivindicación y alianza vital con una gran potencia dispuesta a facilitarle recursos y una siempre necesaria retaguardia, los ayatolas, con independencia de sus creencias religiosas, pactan con sus enemigos naturales por el odio compartido.

    La misión de los amos de Teherán y La Habana nunca dejará de ser la destrucción de lo que representa Estados Unidos. En mayo de 2001, durante una conferencia en la Universidad de la capital de Irán, Fidel Castro, dijo «Irán y Cuba, en cooperación mutua, pueden poner a Estados Unidos de rodillas». Una amenaza que siempre tratará de cumplir.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • La persona detrás del personaje de Gilberto «Gil» Martinez 

    La persona detrás del personaje de Gilberto «Gil» Martinez 

    La noticia corrió como pólvora en las diferentes plataformas de redes sociales este pasado 24 de julio de 2026. Luego de una semana de ingreso en máxima urgencia y cuidados intensivos del Hospital Nacional San Juan de Dios el reconocido creador de contenido Gilberto Antonio Martinez García quien desarrollaba su programa, personaje y fenómeno digital «El Criaturo tóxico» paso a la presencia de su Señor Jesucristo.

    Tuve la oportunidad y la bendición de tener una relación cercana con el estimado «Gil» como siempre me referí a él, y estar en su primera entrevista en tiempo real en su canal. Un mañana recibí varios mensajes a mis multiplataformas para invitarme a su programa, acepté y demostró su alta capacidad de conducir un conversatorio sobre la seguridad pública, el combate a las pandillas criminales, las fases del Plan Control Territorial. Estuve en varias ocasiones en su plataforma y logramos desarrollar una relación compartiendo además de la seguridad, de prevención de adicciones, prevención del suicidio y del alcoholismo. La semana anterior nos comunicamos todos los días en su ingreso, pude ser testigo de su excelente estado de ánimo, actitud enfrentando la situación del ingreso, pero sobre todo de su Fe en El Señor.

    En nuestro país donde los titulares suelen estar dominados por la política, la economía o los sucesos de última hora, el fútbol, la partida de un creador de contenido podría parecer, a ojos de las generaciones más tradicionales, un evento menor. Sin embargo, cometeríamos un grave error al subestimar el impacto que Gilberto tuvo en la cultura popular salvadoreña contemporánea.

    Para entender el trabajo y aportes del Gilberto, primero debemos despojarnos de los prejuicios hacia el término «influencer». Gil no era un simple presentador frente a un aro de luz y una computadora; era un verdadero cronista urbano de la era digital. A través de la sátira, el humor negro y ese sarcasmo tan característico salvadoreño, logró algo que muchos académicos, intelectuales, sociólogos, políticos y medios tradicionales intentan con gran esfuerzo: retratar fielmente cómo somos, cómo hablamos, cómo sobrevivimos al día a día, cómo es un día del salvadoreño que tiene que salir a trabajar de madrugada dentro y fuera del país, por medio de su contacto cercano con la gente y una poderosa red de contactos dentro y fuera del país. Su programa era seguido y monitoreado por diferentes actores y sectores de la sociedad salvadoreña y de nuestros hermanos fuera del país.

    Algunos de sus principales aportes con su humor tóxico:

    Demostró, es testigo y evidencia que un hombre puede cambiar su destino con la gracia y el favor del Señor Jesucristo a quien rindió su vida posterior a la pandemia y con la Fe en El dejo las adicciones que lo mantuvieron esclavo. Supo reconocer la derrota y busco la ayuda en Dios, quien le dio la fortaleza para perseverar hasta el día de su partida.
    Deja un mensaje claro sobre su capacidad para trabajar duro y emprender. Era un hombre que tenía su negocio de transporte privado, en ese microbus atendia a sus clientes, les orientaba, les asesoraba, y les hablaba bien de El Salvador.

    De madrugada Gil salía a trabajar para ganarse la vida. Sabía que tenía que trabajar y esforzarse para ganarse el sustento.
    Gil es un hombre que luego de su paso por el programa de Alcohólicos Anónimos y con el apoyo incondicional del Oratorio San José en San Miguel fundo este grupo para ser bendición a la zona oriental. El oratorio fue un lugar donde Gil recibió amor, acompañamiento, comprensión, solidaridad y donde libro grandes batallas en la Fe, que ganó.
    Gilberto Martínez fue víctima de las extorsiones, amenazas de muerte, persecución y absurdos de las pandillas criminales.

    Su vida estuvo en riesgo. Y los políticos y grupos de poder del partido FMLN le dieron la espalda y le manifestaron que había que acostumbrarse a pagar la extorsión, su negocio quebró por las pandillas criminales y la grave inseguridad de diez años de esta administración. Pero desde la pandemia y posterior gracias al trabajo de la PNC, Fuerza Armada, Fiscalía General de la República fue libre de la extorsión, él me dijo que llego a creer lo que el FMLN le había dicho. Pero disfruto varios años de las ganancias de sus negocios en un nuevo El Salvador. Estaba muy agradecido con la estrategia de seguridad Plan Control Territorial del presidente Nayib Bukele y el apoyo de la Asamblea Legislativa a la seguridad del país.

    La democratización de la comedia salvadoreña. Antes de la masificación de TikTok, YouTube y las plataformas de streaming, el humor nacional estaba fuertemente centralizado en la televisión abierta. Gil fue parte de esa vanguardia de creadores que demostró que, con un teléfono celular, talento empírico y una conexión a internet, se podía construir una audiencia masiva. Su personaje, irreverente y sin filtros, le dio voz a la clase trabajadora, a los más necesitados, al estudiante de a pie y al salvadoreño de barrio y de la comunidad, así como a nuestros hermanos que abandonaron el país por la inseguridad.

    Generó un puente nostálgico con nuestros hermanos en el exterior, por todo el mundo. Quizás uno de sus mayores logros, y muchas veces el menos reconocido, fue su capacidad para conectar a nuestros hermanos en el exterior con el terruño.

    Para los salvadoreños en Los Ángeles, Maryland, Milán o Sidney, los videos del «Criaturo Tóxico» no eran solo chistes de 20 minutos; eran una ventana directa a su país. Era volver a escuchar las jergas, ver las calles y reírse de las mismas tragedias cotidianas que los vieron crecer. Gil enviaba un pedacito de El Salvador en cada actualización de estado. Pero con un profundo contenido social de manera clara y directa.

    La catarsis a través del personaje no era casualidad. Gil entendió que nuestra sociedad tiene dinámicas complejas, muchas veces disfuncionales, en las relaciones interpersonales y familiares. Al exagerar estos rasgos hasta el absurdo, nos obligó a vernos en un espejo. Nos reíamos de sus exageraciones porque, en el fondo, todos conocíamos a alguien exactamente igual a su personaje. Detrás de la «toxicidad» de su alter ego, había una aguda crítica social sobre el machismo, los celos, cultura patriarcal, la economía del rebusque, la viveza criolla y la incapacidad y falta de voluntad de gobiernos anteriores de resolver la seguridad y erradicar las pandillas criminales.

    Gilberto «Gil» Martínez duerme en la presencia de su Señor, nos deja una lección invaluable sobre el poder de los nuevos medios y la importancia de no perder nuestra identidad en un mundo globalizado. Apagó su cámara, su móvil, pero su risa, sus frases célebres y su capacidad para hacernos olvidar los problemas cotidianos, aunque fuera por unos minutos, quedarán inmortalizados en los servidores del internet y en la memoria colectiva del salvadoreño y de sus colegas creadores de contenido. Gil murió lleno de vida, compartiendo su testimonio, mostrando su Fe en Dios y sonriendo.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa 

  • El Brujo (II)

    El Brujo (II)

    Aunque en un primer momento, en febrero de 1980, el brujo Melitón se fue para San José, Costa Rica, un par de meses después desembarcó en Managua, tierra de promisión en aquellos años. Había sido derrotado, en lo político y en lo militar, el dispositivo somocista. Aquella era una revolución inusual, heterodoxa, podría decirse, con alianzas con los sectores propietarios, apelando al no alineamiento internacional y proponiendo la economía mixta. Y Melitón Barba decidió, como explorador que era, averiguar de qué iba eso.

    Alquiló una pequeña casa en el kilómetro 12 y medio de la carretera Sur, un poco lejos del calor asfixiante de la capital nicaragüense y consiguió trabajo en el hospital de Jinotepe y un par de años después abrió su consultorio particular en Managua, cerca del parque Las Piedrecitas, en el kilómetro 7 de la carretera Sur. Y aquí es donde el brujo se desató…

    Quienes lo visitaron en esa clínica de Managua pueden dar fe de la cantidad de personas de varias nacionalidades que acudieron allí en búsqueda de mejorar de sus dolencias y pudieron verificar que sí, el brujo Melitón Barba, practicaba ‘brujerías’, porque no tenían manera de explicarse esas remisiones ni esas mejorías notables en sus cuerpos maltrechos, antes sajados por cirugías inútiles e ingestas interminables de químicos incontables.

    Esos pacientes no lo supieron, pero paralelo a su intensa práctica médica no ortodoxa el brujo Melitón, al atardecer y en los fines de semana iba hilvanando sus cuentos que ahora, que puede verse hacia atrás, resulta que han terminado por convertirse en uno de los filones clave de la cuentística salvadoreña (y centroamericana) de los últimos 50 años, junto a Álvaro Menéndez Leal y Salarrué.

    La fama infame del famoso (parodiando el título de un texto de Alfonso Kijadurías) brujo Melitón con el paso del tiempo fue creciendo en Nicaragua. Y de otros países cercanos llegaban a consultarle. Él, muy serio, explicaba a cada uno de sus pacientes que lo que practicaba en materia médica no era azaroso ni estaba vinculado a brujerías y que debían atender al pie de la letra sus indicaciones. Pero muchos pacientes que lograban mejorar y curarse de sus males no salían de su asombro y prefirieron (hasta el día de hoy) siempre atribuirle su bienestar a las ‘brujerías’ del galeno Melitón.

    Entonces llegó la hora de que el brujo Melitón Barba regresara a El Salvador. Eso ocurrió en el primer semestre de 1988, en plena cresta de la guerra. Ocho años de ostracismo fueron demasiado para el brujo, y desoyendo los consejos de sus más cercanos decidió retornar. Puso un anuncio en un periódico y anunció que su clínica ya estaba abierta en tal y cual dirección. Y, como era de esperarse, antiguos y nuevos pacientes comenzaron a buscarlo.

    Igual que en Nicaragua, al final de las tardes y durante los fines de semana, sus cuentos iban saliendo uno tras otro. De esa época son los libros ‘Cartas marcadas’, ‘Hermosa cosa maravillosa’, ‘La sombra del ahorcado’, ‘En un pequeño motel’…

    A los pocos años del regreso, se empeñó en ir más a fondo en la práctica médica y su consultorio se convirtió en un espacio más complejo y de más actividades, no solo una mera clínica. El registro que hay de la cantidad de personas que pasaron por allí está en las fichas clínicas que el brujo Melitón elaboró con precisión e imaginación. Son, sí, fichas médicas, pero con ‘color literario’.

    Han pasado 25 años de la muerte del brujo Melitón Barba, y todavía se escucha por aquí y por allá: que a mi mamá la curó de una ciática que padeció por años y con dos sesiones de acupuntura, puf, se alivió; que a mi hija le quitó unos terribles hongos de los pies con unos emplastos de lechuga y miel; que a mí me iban a operar de apendicitis aguda y le llevé los exámenes y la indicación médica que me debían operar y el hombre , calmado (yo muerto de miedo) me dijo que no era necesario, me sentó, me aplicó acupuntura y una hora después me mandó a hacerme exámenes y el asunto había desaparecido; que mi papá estaba sin poder caminar y se hallaba todo debilitado, vino el doctor y le cambió la dieta, le preguntó si prefería el frío o el calor, si le gustaba lo dulce o lo salado, si prefería hablar o escuchar y un montón de cosas más, y le explicó lo que de manera especial debía comer (y nosotros no le dábamos), y como al mes mi papá volvió a caminar y a llevar su vida normal.

    Una vez, un colega médico de su generación, lo fue a visitar. La clínica estaba a reventar de personas que iban y venían. Lo esperó a que terminará, al mediodía, y antes de retirarse le dijo: Púshica, Melitón, vos en un día atendés veinte pacientes y yo apenas uno al mes. ¿Cómo le hacés? El brujo, con la mente ágil que tenía le respondió: ¡Hago ‘brujerías’, mano!

    * Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • La historia de El Salvador merece rescatarla

    La historia de El Salvador merece rescatarla

    En lo que escribo este artículo, se lleva a cabo el XVII Congreso Centroamericano de Historia, evento que se desarrolló en la Universidad de El Salvador (UES) y Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Fueron 400 ponencias de investigadores de 15 países. Se evidencia que el congreso dejó más cimientos para seguir profundizando en la importancia de la historia, no solo la salvadoreña, sino la de los hermanos centroamericanos.

    La historia es importante, ya que permite tener, con datos certeros, información para poder saber aspectos de toda índole. La historia puede ser estudiada por cualquier persona; sin embargo, cuando ya se incorporan datos científicos, lo idóneo es que sea analizada por historiadores.

    En lo que se desarrollaban esas majestuosas conferencias, ocurre un hallazgo arqueológico en El Salvador. En una publicación de este prestigioso periódico El Mundo (21 de julio de 2026), “Entre los hallazgos destaca una osamenta humana, una pequeña vasija del tipo cerámica Usulután, con forma de tortuga marina; dos surcos de cultivo de yuca encontrados bajo segmentos de ceniza de erupciones volcánicas (de diferentes épocas), uno del Plan de la Laguna (850 a. C.) y otro surco bajo la erupción de la Caldera de Ilopango Circa 431-539 CE”. No se pueden cerrar definitivamente las investigaciones históricas. Lo anterior comprueba que aún existen hallazgos por investigar y publicar para futuros historiadores y lectores.

    Hablando de historia, el 22 de julio de 2025, junto con el exdirector de la Casa de la Cultura de Tacuba, don Ciro Pineda, publicamos el libro Tacuba, un lugar mágico. Según El Mundo (21 de julio de 2025) “Tacuba, un lugar mágico también es un homenaje a personajes ilustres como el Dr. Arturo Romero, médico y revolucionario; y a mujeres pioneras como Mercedes Martínez y Margot Lanza, consideradas las primeras químicas-farmacéuticas del país. La publicación, de 262 páginas, incluye recetas ancestrales, glosarios en náhuat, testimonios de espiritualidad, resistencia y despojo territorial, así como una rica descripción del entorno natural, entre ellos el bosque El Imposible”.

    Los historiadores son como una brújula, calibran su horizonte e inician la búsqueda de datos. En ocasiones, los datos no concuerdan con lo que puede narrar, por ejemplo, un oriundo de un municipio. Cuando el historiador se adentra a buscar información a través de referencias bibliográficas, es importante que, también indague con otras fuentes. Los que estamos del otro lado, los lectores, queremos que nos muestren la historia sin censuras o tendencias de toda índole.

    Hace poco vi un video del historiador salvadoreño Hugo Lindo, quien manifiesta sobre datos manipulados de parte de mandatarios, personas poderosas o historiadores. Además, en el ámbito periodístico, la historia es también contaminada. La historia se debe contar sin ataduras, colores políticos, favoritismos, etc. ¿Se recuerda usted sobre los viajes de Cristóbal Colón? Los maestros no contaron las atrocidades que hicieron los españoles a los indígenas. Solo supimos, a través de libros, los viajes, las conquistas y todo lo que parecía bueno para los pobladores del viejo mundo. Cuando visité el Archivo General de Indias (Sevilla, España), corroboré los castigos físicos propinados a los indígenas por parte de sacerdotes y frailes.

    Cuando me refiero a que la historia del país merece rescatarla, es porque hace falta tener más datos, información, libros escritos sobre acontecimientos suscitados en todo el territorio. Un historiador lleva en sus manos un trabajo delicado, minucioso, exhaustivo y enriquecedor de datos. Indaga sobre personajes, culturas, antropología, arqueología, ciudades, países, etc. En síntesis, se respalda en otras ciencias para tener información objetiva, fidedigna y sin tergiversaciones.

    ¡Adelante historiadores! Ustedes pulan cada vez más las plumas y dejen a la humanidad libros para que las futuras generaciones se enriquezcan de lo que un día sucedió en el Pulgarcito de América, El Salvador.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • “Mundiáfrica” y “futbolicidas“

    “Mundiáfrica” y “futbolicidas“

    Comencé a escribir estas líneas en la mañana del recién pasado domingo 19 de julio. Estaba a punto de finalizar la Copa Mundial de Fútbol, que cada cuatro años se convierte en foco de atención para buena parte de la humanidad y motivo de lucrativos negocios inimaginables para quienes son dueños de la maquinaria que maneja el evento. Especial significado tiene para mí la fecha previa, pues el 18 de este mes cumplieron años Nelson Mandela y mi padre, Roberto Emilio Cuéllar Milla. El primero nació en 1918; el segundo tres años después. A ambos les guardo respeto y admiración por varias razones lógicas relacionadas con mi recorrido por este mundo, pero también con ese que llaman “el deporte rey”.

    El segundo de estos personajes no jugó ni siquiera dentro del llamado “fútbol aficionado”, pero sí acompañó y apoyó a sus hijos que lo hicimos; un par, hasta en la “Liga Mayor” –también conocida como “primera división”‒ en la década de 1970. El compromiso con la defensa de los derechos humanos de nuestro pueblo en aquellos años de preguerra, con sus exigencias y riesgos, fue el motivo por el cual no continuamos nuestro desarrollo más o menos decente dentro de esa actividad.

    En cuanto a Mandela, él no fue fanático del fútbol pero descubrió su potencial al llegar a la Isla Robben en la que permaneció durante dieciocho años de los veintisiete que estuvo prisionero; pero vio en este la posibilidad de utilizarlo para mejorar, aunque fuera un poco, las condiciones del confinamiento común. Luego, tras su liberación y siendo presidente sudafricano, lo utilizó como medio para combatir y derrotar el apartheid, sistema de segregación racial prevaleciente en su país. Por ello impulsó la realización en 1996, dentro de este como sede, de la Copa Africana de Naciones y de la Copa Mundial de Fútbol en el 2010; también la del Mundial de Rugby en 1995.

    Dicho lo anterior, pienso que el torneo futbolístico recién concluido se convirtió en la antítesis del legado “mandeliano”. Fue vergonzoso por razones conocidas como, entre otras, el trato a la selección iraní y al árbitro somalí. Pero, además, por sepultar el “juego bonito” que aunque generalmente se ha relacionadocon Brasil, no es exclusivo de esa nación; también se paseó por Sudamérica y Europa, sobre todo conaquella “Naranja mecánica” holandesa. Ya quisiera que regresara la favela o la playa, el potrero o la calle como campos de entrenamiento, enfrentamiento y –sobre todo– entretenimiento. Pero mejor apago la vela y no espero más. Ya no. Lo enterró el negocio del consumismo bandido, perpetrado por quien considero unos descarados “futbolicidas” armados con una fatal arma: la corrupción.

    Y a pesar de que aprecio al recién realizado certamen como el “Mundiáfrica”, por la cantidad de equipos provenientes de ese continente y de jugadores afrodescendientes distribuidos en selecciones de otras regiones, pienso e insisto al término de este que se perdió el espíritu y la herencia de Mandela. Acabó ganando la “lógica” del energúmeno rubio.

    No valoraré la calidad del partido conclusivo del campeonato por parte de sus contendientes; aunque fue evidente la diferencia entre uno y otro, creo que terminó convirtiéndose en una final para el olvido. De las peores que recuerdo, no solo en lo deportivo. Debemos ensurar tajantemente, al término de esta, tanto la violenta reacción de algunos jugadores argentinos como la antideportiva e inmadura actitud de sus compañeros dándole la espalda a la entrega de medallas y el trofeo al conjunto ibérico. También repudio la presencia, en dicho momento, de un inapropiado colado “anaranjado” a quien ‒esto hay que rescatar‒ dos jugadores gauchos se negaron a saludar de mano.

    Así las cosas, lo que para Gramsci fue el “reino de la lealtad humana ejercida al aire libre” ahora es el imperio de la corrupción malsana presumida sin vergüenzas para tener una masa humana que ya no vibre, se indigne y se rebele ante la impudicia global. En eso han terminado convirtiendo lo que fuera el fútbol espectáculo sus actuales jerarcas que, sin reparo alguno, se lo robaron al pueblo; al menos desde Havelange hasta el que ahora lo controla, en descarado maridaje con lo peor de lo peor.

    Por eso, hoy hay que escuchar cada vez más lo que el papa Francisco demandó a quienes “campeonizan”: deben sentir siempre “gratitud por su historia de sacrificios, victorias y derrotas”; tienen que “sentir también la responsabilidad educativa, que debe ser implementada a través de la coherencia de vida y la solidaridad con los más débiles para animar a los más jóvenes a crecer en su interior y tal vez, incluso, a ser campeones en la vida”.

  • No somos ni “mercenarios” ni “carne de cañón” 

    No somos ni “mercenarios” ni “carne de cañón” 

    Recientemente se conoció que alrededor de 300 salvadoreños fueron contratados con engaños para viajar a la República Democrática del Congo (RDC) para pelear contra los grupos armados rebeldes, especialmente contra el grupo rebelde M23, apoyado por Ruanda.

    A los salvadoreños, todos expolicías o exmilitares, se les ofrecieron salarios mensuales de $4,226 para trabajar como guardias de seguridad en edificios, pero estando en la RDC se les dijo que en realidad habían sido contratados para combatir a los rebeldes del M23. Prácticamente tenían que desempeñarse como “mercenarios” sin causa,

    Algunos aceptaron porque no tenía manera de retornar a El Salvador. Al final quienes dijeron que no fueron abandonados y algunos regresaron enfermos de malaria y sin recibir  los salarios acordados. El año pasado 60 de 86 engañados que regresaron se presentaron al Ministerio Público para denunciar los hechos y el 26 junio pasado dicho ente presentó una acusación formal en el Tribunal Sexto contra el Crimen Organizado de San Salvador, contra Juan Emilio Velasco Alfaro, quien es el administrador único propietario legal de la empresa Importaciones de Productos Americanos (IMPROA S.A. de C.V.)¸ y Karla Mayreth Reyes Gómez, la abogada y notaria que validó los contratos de las supuestas víctimas.

    La Fiscalía General de la República también tiene en la mira a  Rodrigo Antonio Tejada Alvarenga y Julio Eduardo Magaña Zepeda, como los responsables de reclutar a los candidatos a quienes les hicieron pruebas físicas y exámenes médicos.

    Los delitos imputados son: trata de personas en modalidad de servidumbre,  falsedad ideológica y agrupaciones ilícitas, ya que según la Fiscalía, los señalados reclutaban a ex militares y ex policías como una intermediaria de la empresa internacional Logistics and Consulting Limited (ATZ).

    Hoy se conoce que otro grupo de salvadoreños ex policías y ex militares, fueron engañados bajo la misma modalidad para viajar a Rusia para combatir contra el ejército de Ucrania. Una lucha de la cual pocos conocemos a fondo. A los compatriotas, reclutados entre 2025 e inicios de este año, les ofrecieron salarios de hasta $4,000 o más. Se les dijo que como guardias de seguridad su misión sería resguardar instalaciones privadas.

    Apenas llegaron a Rusia  en febrero pasado se encontraron con sudamericanos  (peruanos, bolivianos y colombianos, entre otros), y bajo amenazas les hicieron firmar un contrato en ruso, luego los enlistaron y armaron para que fueran a los campos de batalla a enfrentar al ejército ucraniano. Literalmente los mandaron como “carne de cañón” y los mismos militares rusos los maltrataron al burlarse y  tratarlos despectivamente y referirse a ellos como “simios”. Según familiares, al principio sus parientes se comunicaron y les contaron que de comer les daban las sobras de los rusos.

    Algunos salvadoreños están desaparecidos y sus familiares temen lo peor aunque albergan la esperanza que estén vivos. Familiares se han abocado a Cancillería salvadoreña para que les ayuden a repatriar a sus parientes, quienes participan en una guerra para la que no estaban preparados y sin conocer las motivaciones de la misma.

    La Fiscalía General de la República debe abrir otro expediente por trata de personas en la modalidad de servidumbre, agrupaciones ilícitas y falsedad ideológica. Se tiene  que Investigar a profundidad este otro caso y presentar la acusación contra quienes salgan involucrados, solicitando les penas máximas por cada ilícito,

    El Gobierno de El Salvador a través del Ministerio de Trabajo debe tomar cartas en el asunto y concienciar a la población que toda oferta laboral en el extranjero debe estar mediada o ser procesada por dicha cartera de Estado. También se debe denunciar públicamente a las empresas u organizaciones no gubernamentales o sociedades que se dedican a estas acciones, a las cuales hay que castigar con su desaparición.

    Estas redes de reclutamiento engañoso hay que combatirlas frontalmente con la justicia. Quienes reclutan y hacen los contratos y los trámites para que los salvadoreños viajen  fines bélicos lo hacen con alevosía y total ventaja, aprovechándose de la necesidad de los salvadoreños.

    Se sabe que al  menos una decena de salvadoreños están atrapados en el conflicto y se ha confirmado la muerte de un joven de 26 años de edad identificado como Kevin Vladimir Escobar Hernández, cuyo cuerpo permanece en una morgue de Moscú. Otros han sido reportados como desaparecidos.

    Por ahora los familiares señalan que los reclutadores operan a través de agencias de viaje con nombres como Latin Travel, lo cual ya es una prueba inicial que la Fiscalía debe procesar para aportar prueba periférica y armar su acusación.

    Ningún salvadoreño apoya que en RDC y en Rusia haya compatriotas participando en batallas ajenas. No somos ni mercenarios ni queremos ser carne de cañón. En estos casos queremos pronta y cumplida justicia.

    *Jaime Ulises Marinero/Periodista

     

     

  • El Brujo (I)

    El Brujo (I)

    Hay quienes creen que Melitón Barba, el médico y escritor salvadoreño nacido en 1925, era una suerte de brujo. Por ahí circulan, entre pacientes, conocidos y amigos cercanos varias historias fabulosas de las ‘brujerías’ de Melitón Barba.

    Ya hacía ‘brujerías’ antes de su apertura a las otras terapéuticas (acupuntura, homeopatía…), en 1973, cuando regresó de su exilió de 1972, que lo llevó al puerto de Puntarenas en Costa Rica. En la década de 1960, en el Hospital Rosales y en su clínica privada, practicó la hipnosis con buenos resultados. Otro médico, el oftalmólogo Roberto Bracamonte (¡alumno aventajado del guitarrista paraguayo Agustín Barrios Mangoré en la década de 1940!), fue su compañero de ruta en esas lides.

    Pero su encuentro decisivo con la acupuntura se produjo en 1973, en Guatemala de la Asunción, un par de días antes de su ingreso al país por vía terrestre. El brujo Melitón estaba nervioso porque ese era un momento de ruptura en la frágil institucionalidad salvadoreña, dado que la represión militar se había enseñoreado y había escalado varios tramos, después del fraude electoral contra la Unión Nacional Opositora en febrero de 1972, del fallido golpe constitucionalista encabezado por Benjamín Mejía, coronel del Ejército ―amigo cercano del brujo―, el 25 de marzo de 1972 y de la intervención militar contra la Universidad de El Salvador el 19 de julio de 1972, donde el brujo Melitón Barba daba clases en la Facultad de Medicina y participaba del debate universitario permanente que allí había.

    El presidente militar de turno, Arturo Armando Molina, había sido compañero de aula del brujo Melitón en el Instituto Nacional ‘General Francisco Menéndez’ y apelando a eso mandó preguntar si había ‘algo contra él’. Como la respuesta fue negativa, pues el brujo se trasladó de Costa Rica a Guatemala, con el acompañamiento solo de su esposa y del hijo segundo de ellos (un niño) y un primo hermano de la esposa del brujo, y es así como el reingreso al país se produjo.

    La epifanía de la acupuntura apareció cuando aquel primo hermano de su esposa le dijo que si quería él le podía ‘poner las agujas’. El brujo Melitón, con los nervios de punta porque lo podían capturar en la frontera, le dijo que sí, pero sin ninguna convicción de que aquello funcionara. Quince minutos después, cuando le ‘quitó las agujas’, el brujo, en completo estado de calma, dijo con curiosidad: ¿Qué es esto? Entonces el primo hermano de su esposa le contó que había aprendido por correspondencia un poquito de acupuntura, y fue él quien, respaldado por su pasaporte oficial (había sido alto funcionario del Estado años atrás), quien introdujo al brujo de nuevo a El Salvador.

    Desde ese instante, la práctica médica de Melitón Barba empezó a dar un vuelco impresionante hacia… ‘las brujerías’.

    En 1975, y cumplidos los 50 años, Melitón Barba se fue a sacar un doctorado en acupuntura a Bolonia, Italia (en la misma ciudad donde a mediados de la década de 1950 se había especializado en ortopedia y traumatología). Su tesis doctoral lleva por título ‘Enfermedades Cósmicas. Estudio de 25 casos tratados con Acupuntura de Ciática Médica, Neuralgia del Trigémino, Parálisis Facial’ (Turín, 1975). Es decir, a partir de ese momento, era ya un ‘brujo certificado’. Y así lo creyó él y así comenzó a desplegar sus quehaceres médicos.

    Nunca abandonó la ortopedia y la traumatología y más bien, su gran aporte fue la combinación e integración virtuosa, según cada caso clínico, de todas las terapéuticas que aprendió. Primero fue la hipnosis, continuó con la acupuntura, después la homeopatía, siguió el naturismo, entonces pasó a la terapia neural… El brujo Melitón no se cansaba de repetir que no importaba la forma de curar, sino de llevar bienestar a los pacientes. Y atrás de todo eso estaba su capacidad de hacer diagnósticos más o menos certeros.

    Y en esto está la esencia de la leyenda de las ‘brujerías’ de Melitón Barba.

    En los primeros días de febrero de 1980, cuando comenzó la cacería despiadada y enfermiza de todo lo que fuera oposición ―y que llevó a la inmolación a miles de salvadoreños que aún merecen reconocimiento público, en lo que se llamó la guerra sucia ejecutada por los escuadrones de la muerte y por estructuras enquistadas dentro de la Fuerza Armada―, hubo un asesinato que lo impactó mucho: el del médico psiquiatra, Fernando Martín Espinoza, en aquel momento amigo muy cercano al brujo. Tiempo de salvajismo aquel. De hecho, el brujo Melitón se salvó por los pelos, porque estaba ya en el listado de los vándalos aquellos. En un acto de ‘brujería’, Melitón se apersonó al funeral y de inmediato se ‘esfumó’, porque salió para el aeropuerto tratando de salvar el pellejo, puesto que intuyó que irían por sus huesos. Quienes no tuvieron esa oportunidad de dejarlo todo y largarse, pagaron con su vida y hasta el día de hoy hay miles de desparecidos y asesinados de los que nadie se quiere hacer cargo. ■

     

     

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Ayuda extranjera: ¿motor de desarrollo o ilusión bienintencionada?

    Ayuda extranjera: ¿motor de desarrollo o ilusión bienintencionada?

    Ya nada era mío. El poder que el dinero confería al colonizador sobre el colonizado se había desvanecido. De pronto, la relación entre donante y receptor se volvía, al menos por un instante, equitativa.

    Fue entonces, en aquella región desértica de Somalia, cuando comprendí que algo en la llamada «cooperación internacional» no estaba funcionando bien. Las comunidades somalíes se negaban a ejecutar las prioridades definidas por el donante, porque no las reconocían como propias.

    En ese momento recordé las palabras de una lideresa comunitaria de las montañas de Intibucá, Honduras, quien años antes me había dicho durante una reunión informal: «Lo malo no es la cantidad de dinero que nos dan; lo malo es la forma en que nos lo dan».

    La ayuda oficial al desarrollo de Estados Unidos cayó un 57% entre 2024 y 2025, la mayor reducción anual registrada por un solo país donante. El Reino Unido, anuncio una disminución relativa del 40% del presupuesto de cooperación internacional para 2027. ¿Qué está pasando?

    La evidencia es clara: la ayuda externa ha tenido un impacto heterogéneo en países pobres. En entornos con instituciones sólidas y políticas responsables, contribuye al crecimiento y a reducir pobreza y mortalidad infantil; en contextos de mala gobernanza o alta dependencia, sus efectos son menores o pueden ser contraproducentes. Durante décadas, la cooperación internacional ha sido un pilar del desarrollo global. Miles de millones de dólares fluyen cada año desde países ricos hacia naciones de bajos ingresos. Sin embargo, la pregunta persiste: ¿realmente funciona esta ayuda? La respuesta, como suele ocurrir en política pública, es matizada.

    Los estudios más rigurosos, como los del Banco Mundial, coinciden en un hallazgo fundamental: la ayuda financiera se asocia a mayor crecimiento y reducción de pobreza principalmente en países con buena gestión económica. En esos entornos, incrementos de ayuda del orden de 1% del PIB pueden traducirse en caídas similares en pobreza y mortalidad infantil. Pero no toda ayuda es igual. La llamada «ayuda de pronta incidencia» —infraestructura, sectores productivos, apoyo presupuestario orientado al crecimiento— muestra una relación positiva y robusta con el crecimiento económico. Análisis recientes calculan que, en promedio, US$1 de este tipo de ayuda genera un aumento neto de US$1,64 en el ingreso del país receptor, equivalente a una tasa de retorno cercana a 13%.

    Sin embargo, la misma literatura documenta límites severos. En países con instituciones débiles y corrupción endémica, la ayuda puede: no llegar a su destino, crear dependencia, y erosionar logros sociales. Evaluaciones de programas del FMI en 67 países no hallan un efecto directo claro en salud infantil, pero sí un efecto indirecto negativo: debilitan el efecto protector de la educación parental sobre la salud de los niños. Existen estudios que documentan que la ayuda tiene mayor impacto donde hay políticas e instituciones sólidas, donde la gobernanza es fuerte y transparente, donde la corrupción es mínima o inexistente. Lastimosamente, la corrupción debilita las instituciones y la transparencia, y está a flor de piel en muchísimos países en vías de desarrollo.

    El dialogo con el jefe de la región de Juba en el distrito de Gedo, continuo. Su demanda era obtener un dinero adicional para emitir permisos para implementar proyectos en dicha región. Se conocía la corrupción abierta que florecía en dicho país, era lo único transparente. En ese momento carecía de la autoridad para ceder o denegar la petición. Sabia en el fondo que la competencia por recursos financieros de las agencias que trabajaban con la cooperación era salvaje, y que al llevar el comunicado a los lideres de mi agencia la petición de las autoridades del distrito seria aceptada. No era el cuanto sino el cómo.

    La ayuda extranjera no es ni panacea ni fraude. Es una herramienta cuyo rendimiento depende del contexto institucional y del diseño. En El Salvador y la región, la lección es clara: antes de pedir más ayuda, debemos fortalecer la capacidad de absorberla bien. La transparencia, la meritocracia y la calidad del gasto público son tan importantes como el volumen de recursos.

  • Cuando el balón nos hizo olvidar el cielo. Una mirada al Mundial de 2026 desde cincuenta años después

    Cuando el balón nos hizo olvidar el cielo. Una mirada al Mundial de 2026 desde cincuenta años después

    El abuelo abrió una vieja caja

    Era una tarde tranquila del año 2076 cuando mis nietos encontraron una caja cubierta de polvo. Dentro había fotografías amarillentas, una gorra con el logotipo del Mundial de 2026, un boleto cuidadosamente doblado y una pequeña bandera ya desgastada por el tiempo.

    – Abuelo, ¿de verdad el mundo podía detenerse por un partido de fútbol? – me preguntó el menor. Sonreí. Tomé una de aquellas fotografías y, por un instante, regresé cincuenta años atrás. – Sí, les respondí. Hubo un verano en que millones de personas hablaban el mismo idioma.

    No importaba el país, la profesión, el idioma ni la edad. Durante unas semanas, el planeta entero respiró al ritmo de un balón. Pero, mientras recordaba aquellos días, comprendí que la historia del Mundial de 2026 era mucho más que una competencia deportiva. Era una inmensa novela sobre la condición humana.

    Cuando el mundo aprendió a abrazarse

    Aquel campeonato fue organizado por tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Muchos pensaban que sería imposible coordinar un evento de semejante magnitud. Sin embargo, sucedió algo extraordinario. Las fronteras parecieron desaparecer.

    En las calles se escuchaban decenas de idiomas. Personas que jamás se habían visto terminaban abrazándose después de un gol. Familias enteras viajaban durante horas para compartir noventa minutos de ilusión.

    Los aeropuertos parecían ríos humanos, y los estadios se convirtieron en lugares donde miles de desconocidos celebraban como si fueran amigos de toda la vida. El fútbol hizo algo que pocas veces logra la política: unir, aunque fuera por un instante, a personas completamente diferentes.

    Quizá por eso sigo creyendo que el deporte posee un lenguaje que todos entendemos.

    Los verdaderos protagonistas

    Con el paso de los años casi todos olvidamos quién marcó determinados goles. Muchos ya no recuerdan las alineaciones. Otros confunden las fechas. Pero curiosamente permanecen vivos otros recuerdos. El padre que levantó a su hijo para que pudiera ver el estadio.

    La madre que preparó la comida para reunir a toda la familia frente al televisor. El vendedor ambulante que caminó kilómetros con la esperanza de regresar a casa con el sustento del día. El anciano que lloró al escuchar nuevamente el himno de su país. Ellos también fueron protagonistas.

    Las grandes novelas no viven únicamente por sus héroes principales. Permanecen por aquellos personajes sencillos que sostienen la historia con su humanidad. Así ocurrió también en aquel Mundial.

    El partido que todos jugábamos

    Mientras observaba aquellos recuerdos comprendí algo que no había visto entonces. Cada selección disputaba un campeonato. Pero, en realidad, cada persona jugaba su propio partido. Había quien luchaba contra una enfermedad. Quien acababa de perder el empleo.

    Quien esperaba una oportunidad. Quien soñaba con regresar a casa. Quien atravesaba una crisis familiar. Y, sin embargo, durante noventa minutos todos encontraban un pequeño descanso para volver a creer que la alegría todavía era posible. Eso también era un milagro.

    Porque la esperanza tiene la extraña capacidad de aparecer incluso cuando las circunstancias parecen decir lo contrario.

    Lo que casi nadie mencionaba

    Con los años también comprendí otra escena que pasó inadvertida. Recuerdo estadios repletos. Recuerdo millones de personas cantando. Recuerdo las celebraciones, las entrevistas, las lágrimas y los campeones levantando la copa.

    Pero recuerdo muy pocas voces dando gracias a Dios. Todos hablábamos del talento. Del entrenamiento. De las estadísticas. De las estrategias. De los entrenadores. Casi nadie hablaba del Creador que había dado la vida, la inteligencia, la salud, la fuerza y el talento para hacer posible aquel espectáculo.

    No lo digo como una crítica. Lo digo como una reflexión que los años me enseñaron.

    Celebrábamos los regalos. Pero pocas veces levantábamos la mirada hacia quien los había puesto en nuestras manos.

    El marcador que verdaderamente importa

    Han pasado cincuenta años. Muchos de aquellos futbolistas ya son abuelos. Los estadios fueron remodelados. Las nuevas generaciones buscan los goles en archivos digitales que antes parecían imposibles de imaginar. El tiempo siguió haciendo su trabajo.

    Sin embargo, hay algo que permanece. No son los campeonatos. No son los récords. No son las estadísticas. Permanece el amor con que vivimos. La gratitud con la que recibimos cada día. La capacidad de abrazar a quienes caminan junto a nosotros.

    La humildad para reconocer que ninguna victoria dura para siempre y que toda derrota puede convertirse en el comienzo de una nueva historia. Como Alfredo, he aprendido que la vida se parece mucho más a un Mundial de lo que imaginamos.

    Todos recibimos oportunidades. Todos enfrentamos derrotas. Todos celebramos pequeñas victorias. Pero, al final, no seremos recordados únicamente por los trofeos que levantamos, sino por las personas que ayudamos a levantar cuando ellas habían caído.

    Ese siempre será el campeonato más importante.

    Epílogo

    Cuando terminé de contar la historia, uno de mis nietos volvió a guardar las fotografías dentro de la caja. Antes de cerrarla me hizo una última pregunta.

    – Abuelo, ¿volverá a existir un Mundial como aquel? Lo miré con tranquilidad y le respondí: – Seguramente habrá otros mejores. Habrá nuevos campeones y nuevas estrellas. Pero nunca olvides que la mayor victoria de una persona no consiste en conquistar un estadio, sino en conservar un corazón agradecido.

    Porque los campeones cambian. Los récords se rompen. Las multitudes regresan a casa. Los estadios algún día quedan en silencio. Pero Dios permanece cuando el último silbatazo ya se ha escuchado.

    La verdadera victoria consiste en vivir de tal manera que, cuando termine nuestro propio partido, podamos mirar hacia el cielo con gratitud por cada minuto que nos fue concedido. Como afirma la Escritura: “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6).

    Quizá esa sea la enseñanza que cincuenta años después todavía sigue iluminando aquel inolvidable verano: los goles emocionan, los campeonatos pasan, pero una vida vivida con fe, gratitud y amor permanece para siempre.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com