Categoría: Opinión

  • Pasión e imaginación

    Pasión e imaginación

    “Aquellos que no pueden recordar el pasado, están condenados a repetirlo”. Esta  famosa frase es de Jorge Santayana,  filósofo nacido en España pero considerado estadounidense por haber permanecido la mayor parte de su existencia en el país norteamericano. Y de lo ocurrido en El Salvador a lo largo de su historia, hay mucho que rememorar y bastante que aprender de sus lecciones para evitar que la rueda de su historia siga girando en el mismo lugar, patinando en el lodazal de la ignominia social alrededor de lo que para mí ha sido su sempiterno eje: el constituido por el hambre, la sangre y la impunidad. Lo he dicho antes y no me cansaré de repetirlo, mientras sus víctimas sigan siendo nuestras mayorías populares.

    ¿A qué responde lo anterior? Pues a los juegos de mi memoria que vienen cargados de tantos acontecimientos aberrantes, pero también de diversas gestas valientes que tuvieron lugar entre julio y agosto hace varias décadas. El primero de estos recuerdos es el del ataque criminal contra la marcha de estudiantes universitarios en las calles de San Salvador el 30 de julio de 1975, la cual contó con el acompañamiento de alumnos y alumnas de secundaria así como del pueblo diverso y solidario.

    Esta masacre fue la que tuvo entonces mayor impacto nacional e internacional por haberse perpetrado en la ciudad capital, a pocos días de haberse realizado en el país ‒por primera vez‒ el concurso Miss Universo. Ya ven que las dictaduras acostumbran organizar eventos fatuos y encubridores de realidades duras y dolorosas; también presumen la construcción de obras monumentales para embelesar y entuturutar a la gente; eso sí, en 1975 no existían las “luces led” para reforzar el engatusamiento.

    Pero antes del ataque artero contra la referida protesta estudiantil y popular, hubo otros hechos similares en el campo salvadoreño. En La Cayetana, departamento de San Vicente, el 29 de noviembre de 1974 y en Chinamequita, La Paz, también en 1974; entre el 21 y 22 de junio de 1975, tuvo lugar otra en Tres Calles, Usulután. Todo eso ocurrió en el período presidencial del coronel Arturo Armando Molina,  dictador de turno que a los diecinueve días de haber tomado posesión del cargo tras unas elecciones escandalosamente fraudulentas, ordenó la violenta ocupación militar de las instalaciones de la Universidad del Salvador; fue Molina quien para “limpiar” su rostro asesino, había coronado días antes a la triunfadora del concurso de belleza citado.

    En 1961 se publicó una de las novelas más famosas de Gabriel García Márquez: “El coronel no tiene quien le escriba”. A este coronel salvadoreño, sí hubo quien le escribió: monseñor Óscar Arnulfo Romero siendo obispo de la diócesis de Santiago de María, localizada en el departamento donde fue consumada la tercera de las masacres consignadas. Él no calló después de acompañar y consolar a las familias de los campesinos asesinados por guardias nacionales. En la misiva le pidió hacer justicia a las víctimas y restituirles, de alguna forma, “por la pérdida de quienes eran su sostén”; el carácter de la carta era “confidencial”, pues no buscaba “notoriedad sino el deseo de una eficaz intervención ante quien tiene en sus manos los principales recursos para evitar estas lamentables situaciones”.

    La notoriedad que nuestro buen pastor adquirió después, convertida en la santidad que lo encumbró a los altares, tampoco fue buscada; fue derivada del incremento de la violencia, sobre todo la estatal, y de la denuncia valiente de esta. Además, sin proponérselo, también fue el profeta de la “justicia transicional”. Sin ese rebuscado nombre, con el que expertos y académicos bautizaron a la legítima necesidad de las víctimas directas y de los familiares de aquellas desaparecidas o asesinadas, san Romero de América la demandó así: “Queremos ser la voz de los que no tienen voz, para gritar contra tanto atropello contra los derechos humanos. Que se haga justicia, que no se queden tantos crímenes manchando a la patria; al ejército. Que se reconozca quiénes son los criminales y que se dé justa indemnización a las familias que quedan desamparadas”.

    Hoy que la rueda de la historia nacional avanza hacia el estercolero de las graves violaciones de derechos humanos, quienes dicen defenderlos tienen acá el mejor referente. Su recuerdo ahora, a unos días de otro aniversario de su natalicio, debe ser ejemplo e inspiración para evitar repetir la historia. A la pasión de Romero, hay que sumarle la necesaria imaginación que en su momento mostraron las mayorías populares organizadas. Cito de nuevo a Santayana: “A no ser que la naturaleza humana sufra un cambio inconcebible, el principal valor intelectual y estético de nuestras ideas procederá siempre de la actividad creadora de la imaginación”.

  • El reencuentro de la promoción 1984

    El reencuentro de la promoción 1984

    En 1984, un grupo de jóvenes entusiastas y pueblerinos egresamos de noveno grado de la Escuela Urbana Mixta Unificada “José Martí”, en Tacuba, Ahuachapán.  Cuando escuchamos la palabra reencuentro, creemos que se refiere solo cuando los grupos musicales vuelven a reunirse después de muchos años.

    El 2 de agosto, después de 42 años, ese grupo de jóvenes nos volvimos a ver. Quizá, nuestra reunión fue peculiar en esta ocasión, ya que no fue en Tacuba el reencuentro sino en La Unión. Sí, la idea surgió debido a que un compañero de esa ciudad del oriente de El Salvador, Luis Águila Ávila, está enfermo. Una compañera tuvo la idea de visitarlo.

    Mientras cada uno preparaba tamales de viaje, de elote, sándwiches, etc., unos compañeros de la diáspora que viven en Estados Unidos, Guillermo Granados, Ricardo Sandoval y Mauricio Flores, aportaron el pago del microbús. La misión principal era darle palabras de ánimo a Luis; sin embargo, fue él quien nos exhortó a través de un Culto palabras de aliento. La palabra de Dios se hizo presente cuando todos sentados le escuchamos. Yo le compuse un corrido, nunca olvidaremos cuando sus padres echaron a llorar.

    Volviendo a los años 80, por causas del conflicto armado en El Salvador, la familia de Luis se afincó por un tiempo en Tacuba. Pues, fuimos compañeros con él y su hermana Carolina en la escuela José Martí, la única que había en el pueblo. Luis, con personalidad extrovertida, paseaba por el pueblo en su camioneta color amarillo Land Cruiser. Esos años en ese pueblo anclado cerca del bosque El Imposible, le marcaron a él y a su familia.

    El tiempo pasó y, cada uno, igual que cualquier promoción, el destino lo tuvimos que ir edificando. Casi la mayoría emigró a Estados Unidos, los que nos quedamos tuvimos que luchar para salir adelante. Todos sabemos que en un país tercermundista no es fácil progresar. Mientras tanto, algunos nos graduamos, otros siguieron su rumbo. Lo mejor es que comprobamos que cada uno formó su familia, unos hasta ya son abuelos. Es que rondar los 60 años hace que muchas cosas sucedan.

    En una mañana, yo estaba sentado en el parque de Tacuba, un pueblo que tiene más historia que cien pueblitos juntos. Conversé con René Rosales y se nos vino la idea de crear un grupo de WhatsApp. Ahí empezó todo. Soledad Saldaña me escribió y exhortó que tenía la idea de ir a ver a Luis. La idea dio frutos y nos atravesamos todo El Salvador. Es pequeño, pero es justo y necesario hacer unas paradas y contemplar las maravillas que tenemos. Nos bajamos en el puente Cuscatlán y nos tomamos la primera foto del reencuentro.

    Lo mejor fue cuando Luis, vestido formalmente, nos esperaba con un gran regocijo. Los abrazos y palabras de afecto se hicieron presentes. Ese reencuentro nos estremeció, ese viaje fue inolvidable. Luis empezó a abrir los regalos y una camisa de promoción que le mandamos a hacer fue la que le hizo recordar cuando era joven. Rápido se identificó él y a su hermana. Lo mejor estaba por venir el padre de Luis y su hermana Sonia se prepararon para el culto. El minuto de silencio se hizo presente; ya que, de esos 41 egresados, tres partieron al más allá. Cada uno tuvo la oportunidad de decir unas palabras, casi todos al unísono, deseándole pronta salud al compañero. Aunque el unionense nos sorprendió con su carisma, habilidad de la palabra y la forma de dar el mensaje bíblico.

    Luis, desde pequeño, despertaba cada mañana a ayudar a su padre a ordeñar el ganado. Con los años, fue capitán de un barco y luego, ya que su padre es pastor evangélico, él siguió sus pasos. Dios quiera que pronto nos volvamos a reunir. Este viaje nos hizo ser más resilientes, humanos y solidarios.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

  • Nadie escuchaba

    Nadie escuchaba

    La cancillería estadounidense acaba de publicar un documento, en mi opinión, una especie de sumario judicial contra el totalitarismo castrista, que será muy útil para que la opinión pública nacional se convenza del peligro que encierra para este país y los valores culturales de occidente, la estructura de odio que rige a Cuba desde 1959.

    El documento titulado Cuba: la capital del comunismo del Siglo XXI consolida las numerosas actividades contra Estados Unidos y lo que esta nación representa que han sido orquestadas o auspiciadas por la mayor de las Antillas desde el mismo año que accedió al poder.

    Cierto que, aunque muchas de las informaciones son de conocimiento público, es la primera vez que un documento oficial de una instancia tan importante del Gobierno federal, como el Departamento de Estado, compila tanta y variada indagación sobre las acciones criminales del castrismo.

    La labor destructiva de los hermanos Fidel y Raúl Castro contra Estados Unidos se inició en el mismo año de la victoria insurreccional, en paralelo con la procura de establecer en Cuba un sistema totalitario que imposibilitara la gestión independiente de la población.

    Veamos algunas instituciones creadas por el totalitarismo insular que durante años los ciegos que no quieren ver y los sordos que prefieren no escuchar decidieron considerar como aparatos inofensivos dedicados a labores intelectuales, amistad o información.

    El Instituto de Artes e Industrias Cinematográficas (Icaic), fue fundado en marzo de 1959. El primer aparato del castrismo que le regaló Fidel a su amigo Alfredo Guevara. El Icaic fue usado para glorificar la revolución y denostar a Estados Unidos.

    Uno de los aparatos más poderosos del castrismo y que ha cumplido la mayoría de sus propósitos con éxitos, fue la agencia desinformativa Prensa Latina, constituida a mediados de 1959. Esta entidad fue inspiración de Fidel Castro, el asesino en serie Ernesto Che Guevara y el periodista guerrillero Jorge Ricardo Masetti, su primer director general, muerto en combate.

    La idea fue de crear un centro de desinformación, básicamente orientado a desmentir a las agencias capitalistas, generando sus propias informaciones y editando las ajenas. Por supuesto, esto nunca fue dicho tan claramente. La idea se le ocurrió a Fidel Castro en el Aula Magna de la Universidad de Caracas, fundamentándola en la necesidad de combatir a lo que llamó el monopolio informativo de las agencias.

    En abril se creó la Casa de las Américas, supuestamente un centro cultural totalmente distante de los polos ideológicos que representaban Estados Unidos y la entonces pujante Unión Soviética. La “Casa” otorgaba premios y magnificaba prestigios, particularmente entre los creadores jóvenes ansiosos por labrarse un sitio en el mundo intelectual, también invitaba a creadores a participar como jurados, con todos los gastos sufragados por el Estado.

    No obstante, los potenciales jurados como los concursantes debían tener credenciales que contaran con el visto bueno del oficialismo y sus trabajos corresponder a los postulados de la Revolución, si no sus premios podían ser cuestionados como le ocurrió, en 1968, al poeta Heberto Padilla cuya obra fue publicada, pero censurada por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el aparato que controla con manos de hierro a los autores cubanos.

    La Casa de las Américas no solo seducía y comprometía a intelectuales latinoamericanos, también a estadounidenses, ya fuese sirviendo de jurados o concursantes. El objetivo era captarlos para que a su regreso llevaran un mensaje de inconformidad a sus centros de estudio y trabajo, labor que cumplió con igual o mayor éxito el Instituto de Amistad con los Pueblos (Icap), un cuerpo creado en diciembre de 1960 que contaba con amplios recursos económicos con los que encandilaban a los sujetos con grandes ambiciones.

    Entre esas herramientas fundamentalmente orientadas a la guerra asimétrica se destaca el Comité Pro Justo Trato para Cuba, fundado en Nueva York en abril de 1960, un aparato que agrupó a intelectuales, activistas y ciudadanos estadounidenses que defendían la Revolución Cubana y los Castro, haciendo caso omiso de los fusilamientos masivos al interior de la Isla y la confiscación de bienes a ciudadanos probos, incluidos compatriotas suyos.

    El engendro que asumió el poder en Cuba no fue una propuesta política y menos ideológica, sino una armazón de odios, envidias y resentimientos, que, si bien no cuenta con capacidad para destruir a sus enemigos de un golpe, sí dispone de las herramientas necesarias para corroer desde adentro a quienes les adversan, de ahí, su esfuerzo por manipular a los estudiantes y funcionarios públicos.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Fracaso de la Sub 20… más de lo mismo

    Fracaso de la Sub 20… más de lo mismo

    La Real Academia de la Lengua Española (RAE), define la palabra fracaso  como la falta de éxito al intentar hacer algo, o como un resultado adverso en un negocio o la caída de un plan. En términos más sencillos significa no llegar a la meta que uno se puso.

    Retomando la definición de la RAE la actuación de la Selección Masculina de Fútbol  Sub 20  de El Salvador en el Premundial y en el clasificatorio Preolímpico celebrado en México fue un rotundo fracaso para la nueva Federación, para el técnico Erick Dowson Prado, para los seleccionados que a tan corta edad se frustraron  y para la noble afición, que en cada participación internacional de nuestras selecciones y de nuestros equipos nacionales siempre albergamos una esperanza.

    Eran doce selecciones divididas en tres grupos. El Salvador se ubicó junto a Cuba, Estados Unidos y Haití. En el papel, podíamos avanzar como segundos, apenas atrás de Estados Unidos, porque Cuba y Haití estaban a nuestros alcance. Por cada grupo clasificaban dos más los dos mejores terceros lugares.  Relativamente fácil para dirigentes y cuerpo técnico, incluso para jugadores, periodistas deportivos y aficionados.

    Los cuatro semifinalistas clasifican directamente al Mundial Sub 20  a disputarse en 2027 en Azerbaiyán y Uzbekistán y a los juegos Panamericanos a efectuarse el próximo años en Lima-Callao (Peru), y el mejor ubicado acompañará a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos a celebrarse de abril a julio de 2028 en la ciudad de Los Ángeles, California. Es decir que el Premundial tiene triple premio y El Salvador solo llegó en calidad de participante sin ninguna aspiración, redondeando el fracaso cantado.

    Primero nos derrotó 3-0 la Sub 20 de Cuba, después nos endosó el mismo marcador Estados Unidos y para cerrar el mal trayecto Haití nos venció 2-1. En este último partido, El Salvador jugó casi todo el segundo tiempo con un jugador más, lo cual no fue aprovechado por el planteamiento táctico timorato de la dirección técnica. De doce quipos ocho clasificaron y cuatro quedaron eliminados, siendo El Salvador la penúltima selección  con tres derrotas, un gol a favor y ocho en contra, solo arriba de Antigua y Barbudas, por diferencia de goles.

    Yo no creo que directivos de la Federación, Cuerpo Técnico, jugadores y aficionados hayan apostado por tremendo papelón avergozante, pero pasó. Los nuevos dirigentes no han logrado ni una hasta el momento. La escogitación o búsqueda de jóvenes futbolistas con ligámenes salvadoreños en el exterior no ha sido de lo mejor, quizá habría que evaluar los procesos de formación interna, potenciar los juegos estudiantiles o estratégicamente y con fundamento impulsar ligas infantiles y juveniles, estoy seguro que en la zona rural y en las comunidades populares de nuestro país hay niños y jóvenes con potenciales  a los cuales hay que darles formación sistemática para darles cultura táctica.

    La Federación debe pensar en contratar técnicos formativos y potenciar las escuelas de fútbol en los distritos, en la empresa privada y en otros entes del enredado social. Se puede impulsar una ley que reduzca impuestos a las empresas que le apuesten a las escuelas de futbol.

    En febrero pasado, de la mano del técnico nicaragüense  Víctor Pastora nuestra Selección Sub 17 fracasó en el Premundial de Guatemala, donde enfrentó a Belice, Curacao y Cuba. Precisamente fueron los cubanos quienes dejaron eliminados a nuestro combinado nacional. A todas luces este fue un fracaso cuya responsabilidad recayó en la FESFUT.

    En fin, más que justificar un bochornoso fracaso la FESFUT deben sentarse a analizar  con humildad y sapiencia la situación y escuchar a los diversos sectores que aporten sustancia. No se debe escuchar a los aduladores o a los que actúan con el criterio del “mejor postor” o por conveniencia particular. Esos son necesarios pero en otras circunstancias y con otros fines, no cuando se requiere de proposiciones viables por honestas y profesionales.

    En cuanto al técnico Erick Dowson Prado, ya quedó demostrado que no es para dirigir selecciones. Es obvio que él como encargado de hacer la escogitación de los jugadores se equivocó e hizo una mala escogencia, probablemente dejando afuera a jóvenes con más talento tanto en el exterior como en el país. En el último juego, contra Haití ni siquiera supo que hacer cuando El Salvador quedó con un jugador más. A Prado se le debe dar oportunidad como formador de talentos en una escuela de fútbol, porque como técnico de selección no resulta.

    No hay otra forma de llamar más que fracaso a lo actuado por la sub 17 (en febrero pasado en Guatemala) y la Sub 20 (en julio y agosto en Puebla, México). En materia de fútbol la retórica tiene que dar paso a lo concreto traducido en logros. Alguien dijo que se tiene que tener paciencia, pero en futbol juvenil rara vez hay segundas oportunidades. Un muchacho que a los 16 años sufre una eliminación, ya no tiene opción de reivindicación porque la edad lo sobrepasa. Los procesos son las acciones y sistemas transversales que se aplican en todos los esquemas de la institucionalidad nacional. Es decir que un proceso se debe de seguir para formar una buena selección mayor y en ese caso, parte del proceso son las selecciones juveniles, los escenarios deportivos, la formación de talentos, etc.

    No podemos esperar resultados diferentes si seguimos haciendo lo mismo y por ahora al parecer se sigue repitiendo lo de siempre. Nuestras selecciones juveniles fracasaron por culpa de hacer lo mismo o por tratar de hacer algo diferente sin modificar las bases ni escuchar a nadie.

    *Jaime Ulises Marinero, Periodista

     

  • Experiencia y escritura

    Experiencia y escritura

    ¿La vida de un autor está siempre en sus ficciones? A veces, y en algunos casos de modo inconsciente. Aunque en otras ocasiones la vida del autor es por completo ajena a los acontecimientos que ocurren en esas ficciones. Lo cierto es que la fuerza creativa no respeta estatutos vitales. Además, todo lo que en una ficción se narra puede ser cierto o falso, inventado.  O también presentarse en lo cierto y en lo imaginado, en proporciones arbitrarias. Lo que, de algún modo, resulta irrelevante, porque el fabulador lo que persigue no es contar sus miserias o sus alegrías, sino mostrar el decurso de personajes arrastrando sus cosas en una historia específica. 

    De El jugador podrían algunos decir (y lo han dicho) que es una suerte de escrito autobiográfico, y alegan, con cierta razón, que ahí están las cartas que Fiódor Dostoievski le escribió en 1868 a su segunda esposa, en el marco del ‘episodio vicioso’ que tuvo el autor al sumergirse en el juego de ruleta. Y esto, que parece una denuncia de la falta de ‘originalidad’ de un autor, en verdad es la evidencia de cómo es que un escritor procesa su vida (y también otras vidas) y las lleva al territorio de la literatura. Dostoievski no necesita construir al vicioso del juego, sino observarlo en el espejo de su propia vida. Porque esa pulsión del jugador empedernido no es cualquier asunto que está a la vuelta de la esquina. Es un secreto, es un misterio, es ‘un destino’. 

    Las fuentes de la ficción, para quien escribe, en ningún caso están restringidas a sí mismo. Aunque lo parezca. Y es que toda ficción, hasta la que parece un calco de la realidad, es un laboratorio. Ya no digamos las ficciones fantásticas, de las que rastrear sus génesis es una aventura de ‘otro mundo’.

    ¿Qué mueve o empuja a quien escribe a lanzarse sobre ‘un motivo’? Por increíble que parezca, no se sabe a ciencia cierta. El resultado (el cuento, la novela…) es el que nos es mostrado. A efectos del asunto literario ¿será decisivo saber si tal o cual cosa se ha vivido o es toda la cuestión una maquinación mental? En realidad, la discusión en esos términos no tiene mucho provecho, porque se trata de posiciones extremas. Entre ambas hay una multitud de combinaciones que siempre se dan en la producción de una ficción. 

    En una novela X, que un autor ha proyectado escribir (y que puede tenerla ‘atrapada’ en apuntes o andar, durante algún tiempo, en su mente), no es extraño que suponga (sin saber descifrarlo) que se va a divertir mucho escribiendo esa novela. Hay mujeres y hombres que escriben que al ser abordados sobre tal o cual libro de su autoría dicen que ‘lo han sufrido’. Pero este escritor de marras que trae en mente esa novela X, la compara con otra novela Y, siempre escrita por él, pero años atrás. Y podría decir para sí este escritor que en su novela Y, el personaje principal R existió en la vida real, el escritor lo conoció, lo trató, incluso, pero hay algunos momentos y algunos otros personajes que sí concurrieron a los hechos que se narran en la novela, pero todo lo que dicen y hacen es una absoluta invención. En cambio, en la proyectada novela X, el único hecho ‘real’ es ‘una visita’ que ocurrió un día (un 12 de octubre, por ejemplo, de un año concreto (cualquier año de los últimos 25 años del siglo XX le puede servir), en un lugar específico (de aquí, de allá o de acullá). El hecho ‘real’ solo es un pinchazo, no es el líquido narrativo que fluirá por las venas y las arterias de la novela X. 

    ¿Y por qué son tan distintas la novela X y la novela Y? ¿Y que no es el mismo autor? Una respuesta posible es porque la experiencia vital que el autor quiere trasladar en cada caso es distinta. En la novela Y se siente más cercano a los hechos, casi podría decirse que está involucrado, pero en la novela X, ve desde una atalaya, no le ‘chispean’ los hechos. Y esto hace que ambas novelas tengan estructuras narrativas, personajes y mecanismos discursivos diferentes, y hasta que parezca que son dos personas distintas las que las han escrito. 

    La novela Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, los exégetas de siempre han querido verla como un mero fresco autobiográfico. Y algunos escritores aludidos o que se creen aludidos (y que aparecen con otros nombres en el texto) han llegado a decir que ‘Yo no soy ese que dice las cosas que pone Bolaño en su novela’. Declaraciones patéticas de escritores que han olvidado lo que es una ficción, y sus posibilidades.

    Durante algún tiempo, hace unas décadas, hubo sesudas elucubraciones para descifrar la identidad real del personaje la Maga, de Rayuela, la novela emblemática de Julio Cortázar. Algunos atrevidos llegaron a decir que era Alejandra Pizarnik.

    La verdad es que no importa eso. Los personajes son siempre aleaciones de muchas cosas. Lo decisivo es la experiencia que se fabula y la escritura que se fragua.

    Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • La paz recuperada: Seguridad, orden, paz y  turismo en las Fiestas Agostinas 2026

    La paz recuperada: Seguridad, orden, paz y  turismo en las Fiestas Agostinas 2026

    Llegó agosto de 2026 y, con él, una de las festividades más arraigadas en la identidad y tradición salvadoreña. Durante décadas, este período vacacional significó para miles de familias un calvario marcado por la cautela, el confinamiento involuntario o la estricta restricción de movilidad impuesta por estructuras criminales. Ir a la playa, visitar un pueblo en la montaña o transitar de noche por el Centro Histórico eran actividades prohibidas y supeditadas al temor o a la extorsión. Hoy, la realidad que enmarca a las Fiestas Agostinas es radicalmente opuesta: el país respira una atmósfera inédita de paz, tranquilidad y orden que invita al disfrute pleno del turismo interno en los catorce departamentos.

    Desde la perspectiva criminológica y de la gestión de la seguridad pública, la transformación que experimenta El Salvador confirma una premisa fundamental: la recuperación del control territorial por parte del gobierno del presidente Bukele es el pilar indispensable para la cohesión social y el desarrollo económico. Cuando la ciudadanía percibe niveles reales de certeza y ausencia de riesgo, la dinámica comunitaria cambia, lo cual la criminología lo ha establecido desde hace aproximadamente 150 años. Las proyecciones y expectativas del turismo nacional que presenciamos en este periodo no es fruto de la casualidad, sino el resultado directo de una política de prevención, neutralización disuasiva y persecución sistemática del delito. La libre movilidad un derecho fundamental socavado durante años se ha consolidado plenamente.

    El pilar institucional: PNC y Fuerza Armada

    Este entorno pacífico que hoy permite a las familias salvadoreñas desplazarse con libertad por todo el territorio nacional descansa sobre una articulación operativa rigurosa y disciplinada. Es justo destacar el desempeño determinante de nuestra Policía Nacional Civil (PNC), institución que ha demostrado un alto nivel de eficiencia táctica en la ejecución de los planes del resguardo ciudadano. Su presencia disuasiva y de proximidad en carreteras, parques, bosques y centros históricos garantiza que las actividades recreativas transcurran sin ningún contratiempo. La palabra POLICIA en dorado en el corazón destaca con su presencia y apoyo a la población.

    A este esfuerzo se suma el respaldo estratégico e invaluable de la Fuerza Armada de El Salvador, cuya labor complementaria ha sido decisiva para proyectar seguridad, estabilidad y control en cada rincón del territorio nacional. La sinergia entre ambas instituciones no solo ha desarticulado la operatividad de los grupos de las pandillas criminales, sino que ha generado un modelo de seguridad integral donde la prevención y la presencia física constante inhiben cualquier intento de alteración del orden público. Y la Fuerza Armada desarrolla su misión constitucional y tareas que el alto mando ha ordenado a nivel nacional. Y en apoyo a la población.

    La ANSP: Relevo generacional y servicio ciudadano

    Un componente de particular relevancia en el dispositivo de seguridad para vacaciones de agosto 2026 y anteriores en la presente gestión es la incorporación activa de los alumnos de la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP). La integración de los futuros agentes del nivel básico y futuros oficiales de la categoría de Subinspectores a las tareas de patrullaje, vigilancia y atención al ciudadano representa un acierto metodológico doble:

    Refuerzo operativo: Incrementa la cobertura y capacidad de respuesta de las fuerzas del orden y seguridad en puntos de alta concentración turística.

    Formación integral: Brinda a los estudiantes una valiosa inmersión práctica en el terreno, fortaleciendo sus competencias en seguridad pública y ciudadana, criminología, mediación y servicio a la población. Mediante la formación especializada en el idioma inglés serán de gran apoyo a los turistas como ejemplo el aeropuerto, centro histórico, los circuitos de Surf City, sitios turísticos. entre otros

    Observar a esta nueva generación de profesionales de la seguridad interactuando con la población refuerza la confianza institucional y transmite un mensaje claro de continuidad en la dignificación del trabajo policial.

    La paz social no surge de manera fortuita; se edifica mediante la determinación, el diseño de políticas públicas basadas en evidencia y la entrega incansable del talento humano la PNC, Fuerza Armada y el apoyo de la Academia de Policía. En estas vacaciones de agosto de 2026, la población y los turistas disfrutarán los logros de haber recobrado la libertad de recorrer su el país sin miedo. El Salvador está dinamizando su economía a través del turismo interno; está celebrando la restitución del orden, donde las calles, los parques y las playas han vuelto a pertenecer a quienes siempre debieron pertenecer: a las familias salvadoreñas. Gracias al Plan Control Territorial ya las familias no pasarán estas vacaciones en los centros comerciales reunidos por que no podían visitar a sus familiares, ya no son los puntos de encuentros neutros, ahora pueden disfrutar de su país. Que sea un gran tiempo en familia y dedique tiempo a la salud física y mental.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor en Criminologia / Egresado doctorado en Justicia Criminal @jricardososa 

  • El vertiginoso ejercicio del periodismo salvadoreño

    El vertiginoso ejercicio del periodismo salvadoreño

    Con respecto a la historia del periodismo, el 31 de julio de 1824 se publica el primer periódico en El Salvador, “Semanario Político Mercantil de San Salvador”, el cual hace sus primeras publicaciones sobre política y comercio. Por esa razón, cada 31 de julio se conmemora el Día del Periodista.

    Los periodistas han aprendido sobre nuevas formas de comunicar, como en las redes sociales y otros medios. Los periodistas han tenido que luchar contra la libertad de prensa y libertad de expresión. En cada época de la historia salvadoreña han sido los periodistas los que han dado hasta la vida por llevar las noticias al pueblo.

    En tiempos del conflicto armado en El Salvador (1980 y 1992), el trabajo periodístico se convirtió en una profesión arriesgada; ya que fueron asesinados aproximadamente 30 periodistas. En la actualidad, han surgido otros medios de comunicación, los cuales, tienen su línea editorial. Algunos periódicos se quedaron haciendo publicaciones nada más virtualmente. Eso no quiere decir que su trabajo cambió.

    ¿Por qué debemos creer en el trabajo de los periodistas? Todo medio de comunicación (prensa, radio, televisión) y, actualmente, las redes sociales, son los que difunden las noticias sin tergiversaciones o datos amañados. Son los bulos, noticias falsas y personas malintencionadas las que difunden sin ética noticias sin contexto. Existen diferentes tipos de géneros periodísticos; cada uno debe ser practicado por expertos.

    Según el periodista Ryszard Kapuscinski: “Antes, el periodismo era una misión practicada por unas pocas personas con amplios conocimientos de cultura e historia. Lamentablemente, ahora ha pasado a ser una profesión de masas en la que no todos son competentes”. Por esa razón, sin haber una escuela de periodismo, anteriormente grandes escritores también ejercían el trabajo de periodista, entre ellos: Jorge Lardé y Larín, Alberto Masferrer, Claudia Lars, Napoleón Viera Altamirano, Francisco Gavidia, Claudia Lars, Roque Dalton, Salvador Salazar Arrué, etc.

    No existe una ley que regule la profesión periodística en El Salvador; eso sí, en la Constitución de la República, el artículo 6 dice explícitamente: “Toda persona puede expresar y difundir libremente sus pensamientos siempre que no subvierta el orden público, ni lesione la moral, el honor, ni la vida privada de los demás”. Además, la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES) tiene un Código de Ética.

    Un periodista es quien indaga, busca datos y no tergiversa la información. Es quien apunta con el dedo en la llaga con respecto a corruptelas. Actualmente, debe luchar contra la desinformación, bulos o noticias falsas. Un periodista siempre debe ser objetivo, veraz y ético. En sus manos está que la información sea difundida sin censuras y con bases periodísticas.

    Mientras tanto, desde 1975, la Asamblea Legislativa de El Salvador, ha otorgado el premio “Periodista del Año” a los mejores periodistas de diferentes medios de comunicación. Además, la Asociación de Periodistas Independientes de El Salvador (ASPIES) también premia a los profesionales de la comunicación. Actualmente, ambas instituciones no están entregando galardones. En otro contexto, es encomiable destacar el trabajo de los maestros formadores de periodistas como: José Eduardo Cubías Colorado, Ítalo López Vallecillos, entre otros.

    Los trabajos que realizan los periodistas conllevan premios, entre ellos: Premio Pulitzer, Premio Gabo, Premios Ortega y Gasset, etc. En el periodismo existen diferentes ramas. Cada joven, cuando se inscribe en la universidad a estudiar la Licenciatura en Periodismo o carrera afín, podrá escoger en qué medio de comunicación desea trabajar y el tipo de periodismo que ejercerá. El periodismo salvadoreño ha sido premiado en sus diferentes ramas. Cada medio de comunicación tiene a periodistas que han empuñado un premio gracias a su esfuerzo y dedicación.

    Cabe señalar que se debe diferenciar entre el profesionalismo de un periodista graduado y alguien que anhela ejercer el periodismo. El trabajo de un periodista va más allá de publicar noticias. Los periodistas tienen en sus manos la misión de indagar, de buscar datos, de verificar, de ser curiosos hasta encontrar la información fidedigna y publicar objetivamente. Recordemos a los periodistas que dejaron un excelente legado. ¡Muchas felicidades a los periodistas en su día!

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • La Odisea de las MYPE

    La Odisea de las MYPE

    No toda la literatura antigua es clásica. «La Odisea» de Homero se ha ganado el calificativo por su calidad y vigencia casi tres mil años después de ser escrita. Ya no tenemos naves de veinte remos, pero la vida continúa siendo una travesía de tentaciones e imprevistos donde el heroísmo no consiste en vencer sino en no dejar de intentar volver. Eso mismo hace el casi millón de micro y pequeñas empresas (MYPE) de nuestro país cuando levanta la cortina metálica, enciende la plancha o carga la canasta para empezar de nuevo; aunque lleve demasiado tiempo sin llegar a Ítaca.

    Los dioses del Olimpo fiscal.

    En Homero, los dioses no son malos: son parciales. Poseidón persigue a Ulises por rencor; Atenea lo protege por afecto; Zeus arbitra según su humor. El destino del héroe depende menos de su mérito que de a quién le caiga bien.

    El sector público salvadoreño ha jugado ese papel con notable fidelidad al modelo homérico. En el informe “Estado de la MYPE 2023” se resaltaba que en 2016 los incentivos fiscales otorgados a las actividades del sector formal ascendieron a unos US$900 millones, equivalentes al 3.42 % del PIB. Ese apoyo se dirigió a empresas que emplean aproximadamente a un tercio de la población ocupada. Los dos tercios restantes —los que trabajan en o para las MYPE— reciben una mínima fracción de esa generosidad divina.

    No es que el Olimpo sea hostil. Es que mira hacia otro lado. Y como en «La Odisea», la indiferencia de los dioses cuesta tanto como su ira.

    Polifemo y la hospitalidad rota.

    Cuando Ulises llega a la cueva del cíclope, no pide un favor: invoca un derecho. La «xenía», la hospitalidad sagrada, obligaba al anfitrión a alimentar y proteger al forastero antes incluso de preguntarle su nombre. Polifemo se ríe de esa ley. Es grande, fuerte, y por eso cree que no le aplica. Devora a los huéspedes, apila desorden en su caverna y ensucia todo lo que toca.

    Vale la pena invertir el retrato habitual. En El Salvador se ha construido la narrativa de que el desorden, la suciedad y el abuso son atributos del pequeño: del vendedor en la acera, del taller de barrio, del comedor sin rótulo. Y sin embargo son las grandes unidades las que generan las mayores externalidades ambientales, las que más parquean en la vía pública y las que, con más frecuencia, obtienen que el espacio público —y en ocasiones el privado— se reorganice a su conveniencia. Ejemplo de ello son los desalojos de los centros históricos de varias ciudades, que el informe “El estado de la MYPE 2025” sitúa entre las causas de la caída en la contribución de las MYPE formales al PIB.

    Ulises venció a Polifemo diciéndole que se llamaba «Nadie». Esto no ha funcionado para un sector MYPE que lleva décadas llamándose así.

    Crédito: viento o huracán.

    Eolo le regala a Ulises un odre con todos los vientos adversos encerrados, y deja libre solo el que empuja a Ítaca. Durante nueve días la nave navega a la perfección. A la vista de la costa, Ulises se duerme; la tripulación, convencida de que el odre esconde oro, lo abre. Los vientos escapan todos a la vez y la nave es arrastrada de vuelta al punto de partida.

    No hay mejor descripción del crédito para las MYPE. Bien administrado, es el viento que lleva a puerto. Mal calibrado, es un huracán que arrastra las barcas de institución en institución hasta que naufragan. Casi cuatro de cada cinco asesores microfinancieros encuestados en 2024 reportaron un incremento significativo de microempresarios de subsistencia que cayeron en mora y dejaron de ser clientes de una institución. Entre estos empresarios, un 64.4 % consiguió crédito en otras entidades formales, pero más del 32 % presentaba mora en esos nuevos compromisos y el 18.2 % combinaba deudas formales con prestamistas informales.

    De ahí la advertencia más contraintuitiva del informe “El estado de la MYPE 2025”: el problema de fondo no es la necesidad de crédito, sino la incapacidad de generar ingresos sostenibles. Inyectar deuda en negocios con modelos poco diferenciados y flujos volátiles agrava la crisis en lugar de resolverla. El odre debe abrirse con criterio, o no tocarse.

    El hechizo de la usura.

    De todos los episodios del poema, ninguno describe mejor la usura que el de Circe. La hechicera no ataca sino que invita. Sirve queso y vino a marineros que llevaban semanas sobreviviendo a la sal y al viento. Solo después de comer descubren que el precio del banquete es la inhumanidad.

    Los prestamistas informales salvadoreños operan exactamente con ese guion. Desembolsan el mismo día, no piden papeles, cobran en el puesto de trabajo y se adaptan al flujo diario de la venta. Son, en apariencia, lo único que funciona.

    Pero el banquete sale caro: tasas de interés promedio anual de 1,869 % en 2022, con casos extremos por encima del 13,500 %, frente a una tasa máxima legal de 82.7 %. Montos de menos de US$500, plazos menores a 30 días, pagos diarios y garantías —pagarés, letras de cambio, firmas solidarias, hipotecas subvaloradas a menos del 30 % de su valor real— que permiten quedarse con el negocio entero ante el primer tropiezo.

    El tamaño del hechizo es macroeconómico: el financiamiento informal recibido por las MYPE asciende a US$1,251.5 millones anuales, equivalentes al 3.6 % del PIB y al 7.4 % de todo el crédito otorgado por el sistema financiero formal. El 49.7 % de las microempresas de subsistencia depende de él.

    Y aquí aparece la ironía más amarga: buena parte de este mercado fue empujado hacia Circe por un dios, la mal llamada Ley contra la Usura de 2013. Al fijar topes calculados con las condiciones de la banca comercial y de la banca estatal subsidiada, la ley volvió inviable para las microfinancieras formales atender al cliente más pequeño y riesgoso, lo que allanó el camino a los usureros. Una década después, el 62.2 % de las MYPE sigue recurriendo a prestamistas informales, y el mecanismo de denuncia que la ley creó apenas se usa: casi la mitad de los empresarios calla por temor a perder el acceso al financiamiento.

    Hermes entregó a Ulises la planta «moly» para inmunizarlo contra el hechizo. Aquí la planta se llama productos financieros formales diseñados para ingresos irregulares y baja documentación, pero la ley ha repartido más usura.

    La digitalización es la balsa.

    Ulises pasó siete años cómodo con Calipso, quien le ofrecía todo menos una nave para irse; hasta que, presionada por los dioses, finalmente le prestó las herramientas para que construyera su balsa.

    Así se ve hoy la digitalización de las MYPE salvadoreñas: una comodidad que no avanza. Cuatro de cada cinco establecimientos tienen conexión a internet y con frecuencia usan redes sociales y mensajería electrónica para coordinar ventas. Parecen cifras de un sector conectado. Pero cuando se mira qué hay debajo de esa fachada, aparece el cautiverio: un tercio de los empresarios MYPE no utiliza ninguna tecnología en las actividades cotidianas de su negocio —cifra que asciende a la mitad entre quienes no pasaron de sexto grado—. Apenas una cuarta parte usa correo electrónico y solo un 5.9 %, inteligencia artificial. En otras palabras, se vende por redes sociales, pero se sigue anotando en cuaderno. Las balsas de la digitalización necesitan un impulso. Es necesario salir de la isla.

    Telémaco: Sirenas o Esparta.

    Como Telémaco al salir a buscar a Odiseo, cada año alrededor de 85,000 jóvenes salvadoreños alcanzan la edad y la disposición para entrar al mercado laboral. En promedio, durante cuatro décadas, unos 15,000 se reúnen con Menelao y encuentran empleo formal, unos 35,000 se incorporan a la economía informal y unos 35,000 emigran (principalmente de forma irregular). El resultado acumulado es un país cuyas remesas rondan el 25 % del PIB y en el que un tercio de los microempresarios reporta que al menos un miembro de su familia emigró en los últimos cinco años.

    Una de las soluciones para evitar caer en el atractivo, pero peligroso, canto de sirenas de la migración es poner un negocio. Según el informe “Estado de la MYPE 2023”, esto reduce en más del 60 % la intención de emigrar entre quienes la estaban considerando —y el efecto supera el 80 % en los microempresarios de subsistencia y del sector agropecuario—. También llama la atención que casi la mitad de quienes abandonaron la idea de irse lo hicieron porque obtuvieron un préstamo para comenzar dicho negocio. Ulises se hizo atar al mástil. Aquí bastaría con darle a la tripulación una razón para quedarse en cubierta.

    Penélope: la travesía que ocurre en casa.

    Buena parte de «La Odisea» no transcurre en el mar sino en Ítaca, donde Penélope sostiene el reino con un trabajo que nadie contabiliza, que se deshace cada noche y se rehace cada día, y que es la única razón por la que hay algo a lo que volver. Sin ese telar, el regreso de Ulises no sería heroico sino trágico.

    En el sector MYPE salvadoreño, las responsabilidades del hogar restan unas 4.1 horas diarias y recaen tanto en Penélopes como en Odiseos, aunque de forma desigual. Las empresarias dedican en promedio cinco horas diarias al trabajo doméstico y de cuidado de personas, frente a 2.5 horas de los hombres.

    Como en Ítaca, el trabajo doméstico no se paga: tres de cada cuatro empresarios que reciben ayuda doméstica no remuneran a quien la realiza, y cuando pagan, el monto queda muy por debajo del salario mínimo.

    El mendigo en su propio palacio: la informalidad.

    El momento más duro del poema no es el cíclope ni la tormenta. Es el regreso. Ulises entra a su casa disfrazado de mendigo, y los pretendientes que se están comiendo su hacienda lo insultan y lo golpean. El dueño legítimo del palacio es tratado como un vagabundo en su propia sala.

    Ese es, lamentablemente, el lugar social de la informalidad salvadoreña. El sostén del 40.6 % del PIB —que, sumado al aporte de las MYPE formales, lleva al sector a explicar casi la mitad de la economía nacional— es percibido como estorbo, como «vivián» o como fuente de desorden. El 76 % de los microempresarios encuestados en el informe “Estado de la MYPE 2024” no cumplía ninguna de las tres obligaciones básicas (ISSS, AFP, IVA), pero no por astucia: el 37.2 % señaló que los ingresos del negocio no alcanzan para pagarlas, el 36.9 % los altos costos y el 30.6 % el exceso de trámites. La informalidad, como recuerda la OIT, es menos una elección que una estrategia de supervivencia.

    De hecho, los microempresarios informales ven como principal incentivo para formalizarse el hecho de que se reconozca su negocio como una actividad legal, más que el acceso a algún servicio gubernamental. No piden limosna. Piden que alguien mire la cicatriz. En Ítaca, Euriclea lavó al mendigo y reconoció al héroe. Los informes sobre el Estado de la MYPE cumplen esa función. Son el agua que limpia la mugre y revela al dueño de la casa.

    Ítaca.

    Ulises pierde su flota y el botín de Troya. Llega a Ítaca solo, desnudo y sin nada… pero llega. Informe tras informe, la mayoría del empresariado MYPE mantiene una visión optimista, esperando que el próximo trimestre sea mejor y revelando su rasgo más homérico: la negativa obstinada a aceptar un viaje que termine mal.

    Este optimismo es un activo. Pero un activo no es una política. Ulises llega a Ítaca porque Atenea interviene, porque Alcínoo lo hospeda, porque Euriclea lo reconoce y porque Penélope, durante veinte años, no soltó el telar. El regreso es un logro colectivo disfrazado de gesta individual.

    La otra cara de la economía salvadoreña —esa mitad del PIB que no aparece en los discursos— lleva demasiado tiempo remando sin dioses, vientos ni mareas favorables. Reconocerla no es un ejercicio estadístico. Es aceptar que el canto no termina cuando los reyes saquean Troya, sino cuando se libera la casa.

    Gabriel Pleités, Ph. D. en economía por la Universidad de Utah.

  • Cae el telón

    Cae el telón

    No es ninguna sorpresa la decisión del actual gobierno de Nicaragua de hacer mutis en la cuestión electoral. Desde hace años el terreno electoral era quebradizo, desequilibrado y excluyente. Lo de ahora es solo un ladrillo más que se quita.

    Ortega y sus ‘lumbreras’ políticas que lo asesoran (¿tendrá algo como eso?) ¿qué estarán pensando? ¿Acaso sueñan con un escenario límpido de adversarios y donde solo las voces quejumbrosas de Ortega y de su consorte se escuchen? ¿O ya deambulan platicando con el viento?

    A estas alturas, el octogenario Daniel Ortega ya no está, como la Magdalena, para tafetanes. Se ha de levantar cada mañana con el peso insoportable del sopor de la soledad política en la que se encuentra. Ese régimen político se ha quedado ya sin cuerda, aunque en términos de actividad económica general a Nicaragua no le va mal.

    Desde el campo opositor, sin embargo, hay poca visión aguda para apreciar con cuidado el momento actual y actuar en consonancia. Los egos, las engañifas, los lentes empañados, las ambiciones apenas ocultadas… han impedido que se configure un tejido organizativo político-social que, dentro y fuera de Nicaragua, sepa sentar las bases para articular una propuesta viable para sacar a ese país del pozo profundo en el que se encuentra.

    Aunque no lo diga, Ortega sabe que ha llegado la hora de quitar la carpa. Y la decisión de suprimir de manera formal la dimensión electoral tal y como estaba establecida (en los hechos, ya lo electoral no era algo sustantivo), es un intento ingenuo, tardío y peligroso con el que se pretende postergar el inevitable declive de un proyecto político autoritario que se ha quedado sin aire. Y no importa si después dicen que nadie entendió el trabalenguas de su visión electoral. Lo real es que este régimen ya está maniatado por su propia mano. El libreto se acabó y sacan de la chistera lo que pueden.

    ¿Qué viene? Pues nada. La inercia de un previsible despellejamiento. Capa por capa, hasta que solo queden los puros huesitos.

    Dentro del antiguo sandinismo, Bayardo Arce era lo último que tenía, y Ortega lo metió preso.

    Lo sucedido en enero pasado en Venezuela, al incursionar las tropas norteamericanas y llevarse a Maduro a los empellones, pareciera que Ortega no lo ha procesado con claridad. Nicaragua no tiene ese ‘océano’ de petróleo de Venezuela ni Ortega anda alardeando a los cuatro vientos su animadversión contra Trump. ¿Y eso lo hace candidato para que no lo toquen? No. El actual modo de operar de la política exterior norteamericana es desquiciante, sin embargo, pareciera que ‘por ahora’ Ortega no constituye un ‘peligro’ inminente que haya necesidad de ‘extirpar’. El modo carnavalesco como Trump y Rubio atienden los casos de Cuba y Nicaragua no permite, aún, atisbar el tipo de decisiones que adoptarán (si lo hacen) con respecto a estos países.

    De cualquier modo, en Nicaragua ya no hay máscaras: todas han caído. Ortega no va más. ¿Y Rosario Murillo? La Chayo patea ya los 75 años y está flaca como un fideo. ¿Las elecciones de 2027 serán ‘sus’ elecciones? ¿Creerá que es cierto, que por fin será la presidenta de Nicaragua por los siglos de los siglos?

    ¿Y el Chigüín Ortega Murillo, es decir, el tenor Laureano? En realidad, es un chiste imaginar que se vaya a producir un ‘traspaso dinástico’.

    Cuando un proceso político se ha agotado, como el de Nicaragua, no resulta imposible pensar en que los cuarteamientos internos, las disidencias sordas y las inconformidades de los afectados por un régimen cerrado en un momento determinado, difícil de establecer, puedan converger en un torrente social.

    El gobierno nicaragüense, en términos políticos, no va para ningún lado.  Y esto, que ya no se puede ocultar, tiene consecuencias internas.

    Lo que sostiene en pie a los copresidentes Ortega y Murillo es la obediencia del Ejército y de la Policía. No el de la población en general. En este momento eso de buscar el ‘apoyo popular’ ya es una carta gastada.

    Lo de ampliar a 7 años el mandato presidencial es un movimiento de piezas inútil, si se piensa que los beneficiados son Ortega y Murillo.

    Quiere Ortega salir del atolladero político y se decidió a mover ficha. En los hechos, le está pasando la estafeta a la señora Murillo, pero esa papa caliente quizá no la pueda sostener durante mucho tiempo.

    Cae el telón y el escenario empieza a desmontarse, los personajes a salir de cuadro y la noche a crujir…

    •Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • ¿“Bomba de tiempo”?

    ¿“Bomba de tiempo”?

    Al hablar de lo que determina a nuestro país en materia de emigración, establezcamos algo básico: esta “es alimentada por factores estructurales, tales como falta de oportunidades de empleo, inseguridad alimentaria, violencia, desastres, así como por factores de atracción que incluyen la reunificación familiar y las perspectivas de oportunidades de empleo en el extranjero, especialmente en los Estados Unidos”. Eso se lee en la “Estrategia de la OIM para El Salvador 2023 – 2026”. ¿Por qué lo cito? Pues porque la Organización Internacional para las Migraciones –la OIM– como parte de las Naciones Unidas es, según afirma, el principal organismo en la materia; sus investigaciones, asegura, “orientan la adopción de políticas y prácticas migratorias y ponen a disposición conocimientos que permiten dar mejores respuestas en todo el mundo”.

    Partiendo de la caracterización señalada, debemos reconocer algo elemental: fuera de aquella que tiene los recursos y las posibilidades para viajar a otra nación para vacacionar o estudiar, por ejemplo, la gente no abandona su tierra de origen por hobby; tal decisión está relacionada con el conflicto en su diversidad de expresiones: sociales, económicas, políticas, bélicas y climáticas, por ejemplo. Todas estas tienen que ver con violaciones de derechos humanos que no afectan a las minorías privilegiadas, obviamente; quienes real y crudamente han padecido y padecen sus riesgos y consecuencias, pertenecen a las mayorías populares.

    Asomarse al mundo de las personas que han dejado atrás su terruño por la conflictividad señalada en alguna o varias de sus manifestaciones, irremediablemente nos ubica ante un drama de incalculables y dolorosos alcances. Por la persistencia de la injusticia estructural, dicha movilidad humana existe y seguirá existiendo sin que la frene el trayecto inseguro y traumático hacia un imaginario y soñado “mejor sitio donde vivir”, pese a la desintegración familiar y las enormes dificultades para reconstruir espacios vitales en medio de realidades que –por lo general– resultan ser diferentes y adversas. Súmense además las indignas condiciones de trabajo en las que se desenvuelven cantidades de personas que arriban a un país extraño y no cuentan con documentos migratorios que les amparen; añádase también el maltrato, la discriminación y la permanente amenaza de la deportación o la denigrante consumación de la misma.

    Así las cosas, es sabido que con la llegada de Donald Trump de nuevo a la Casa Blanca el 20 de enero del 2025 la situación de mucha de la población que emigró a dicho país se volvió aún más dura. El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas –conocido como ICE por sus siglas en inglés– arreció la cacería de personas en el desempeño frenético de su rol “policial”. En el marco de ese accionar, la llamada “migra” ha cometido atropellos brutales sin mayor contención;  ha habido, incluso, consecuencias fatales. Al temor de nuestra “paisanada” en ese entorno, súmese la preocupación actual por la renovación de los permisos de trabajo de quienes los poseen y la extensión del Estatus de Protección Temporal, más conocido como el “TPS”, para la gente que está bajo su amparo. A la fecha, no se sabe qué ocurrirá.

    Guardando la distancia y las proporciones, vuelven a mi mente situaciones conflictivas que generaron una considerable movilidad humana de retorno a El Salvador y de salida del mismo. La primera impuesta por los hechos de violencia ocurridos en Honduras antes de que se desatara la guerra con el país vecino en julio de 1969; muchísimas familias se vieron obligadas entonces a volver al suelo patrio, que habían abandonado buscando oportunidades para sobrevivir. Eso podría repetirse, producto de las decisiones de Trump. La otra está relacionada con lo acontecido en los tensos años previos al conflicto armado interno y durante los que duró este, principalmente a lo largo de la década de 1980; por la violencia política desatada y los combates militares, el desplazamiento forzado interno de buena parte de la población y la búsqueda de seguridad en territorios del norte de América fueron sobresalientes.

    Del segundo escenario, pecando de realista, no me atrevería a asegurar que la convulsiva historia regional es imposible que se repita. En Nicaragua la familia dictatorial suspende las elecciones; a Honduras regresa “triunfante” un expresidente narco, indultado por el inquilino actual de la Casa Blanca; en El Salvador, el autócrata “digital” está a punto de reelegirse por segunda vez para permanecer en el “trono” hasta ‒al menos‒ el 2033; en Costa Rica a este lo consideran ejemplo; en Guatemala, de su presidente se dice que no perdió el norte pues “nunca lo tuvo”. A ese panorama, agréguele la extendida pobreza y el crimen organizado transnacional. Por ello, cabe preguntarnos si nuevamente Centroamérica es o no una “bomba de tiempo”.