Categoría: Opinión

  • Quien quita el riesgo, quita la caída

    Quien quita el riesgo, quita la caída

    A estas alturas existenciales no es fácil resistirlo todo, nadie está graduado en la cátedra viviente, pues la sorpresa siempre está ahí, con su aluvión de aguijones e impidiéndonos alzar el vuelo sin vacíos ni vicios. Los venenos nos acosan, en cualquier esquina, a la espera de nuestra debilidad. Por tanto, es fácil correr riesgos siguiendo los criterios del mundo, sustentados en el apego a las cosas, la desconfianza y la sed de poder mundano. Quizás deberíamos mirar con otros ojos, aquello que nos circunda; para ser más del cielo que de la tierra, aunque transitemos ahora por ella. Realmente, lo que nos embellece es la comunión de pulsos, el rehacernos a la métrica del verso, que es lo que nos injerta compañía y esperanza, jamás soledad, ni tampoco desesperación.

    A mi juicio, es muy importante trabajar las miradas, fomentar las escuchas, propagar la cultura del abrazo y reservarse de los peligros e inseguridades, que suelen dividirnos y enfrentarnos. Por eso, es trascendental tener tiempo para uno; y, así, poder reflexionar sobre nuestras propias huellas. Es el único modo de evitar las caídas, reforzando los innatos latidos que cada mortal lleva en su interior, como seres creativos que somos.  Si no eres consciente de los trances y las inseguridades, puedes causar estragos. Sea como fuere, me parece muy oportuno que se reclame a gobiernos y a empresas, el establecimiento urgente de protecciones para evitar que la tecnología profundice la desigualdad, amplifique las simulaciones y genere daños en el corazón de las gentes.

    Salvaguardar nuestras místicas entretelas, es un modo de avivar el sentimiento cerebral y de intensificar el orbe del discernimiento, para vencer la oleada de tormentos que nos bañan a diario, a través del mar de los deseos. Hay que poner límites, comenzando por uno mismo. El camino de la dominación nos enfurece, en lugar de calmarnos; hemos venido a servir y no a ser servidos. El amor auténtico es lo único que nos salva. Nadie es más que nadie, ni menos que ninguno. Cada cual es un pulso necesario e imprescindible; pero, para ello, es menester trabajarlo todo con humilde creatividad y no utilizarlo para los oportunos intereses, para la propia gloria y el particular éxito. Vivir sin meditar es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno debe sentirse libre para crear y recrearse.

    Los ojos del espíritu son los que nos hacen resplandecer en este persistente valle de lágrimas; no permitamos que nos los corrompan. Las pruebas a las que la sociedad actual somete a los individuos de corazón y vida, son muchas y tocan la vida personal y social. Ciertamente, no es fácil oponerse públicamente a opciones que muchos consideran obvias, pero cuando se pierde el sentido místico se agranda la deriva, socavando no sólo el bienestar individual, sino también la cohesión social y el avance humano, deshumanizándonos por completo, lo que convierte la salud mental en una cuestión que afecta a todas las dimensiones de la vida. Indudablemente, para hacer frente a este reto, también ser requiere una voluntad colectiva.

    Quitemos el riesgo de las divisiones, destronemos las inhumanidades que a diario nos atrapan, para que el porvenir sea nuestro, que va a depender mucho de que la dicha anímica sea verdaderamente universal. Explorarnos internamente, no supone que debamos dejarnos invadir por los espejismos, las apariencias o las cosas materiales, lo que significa hacer espacio para bregar conjuntamente, que será de este modo como nos reencontraremos para poder modificar nuestro combate incorpóreo, renovando las promesas del verso que soy en el etéreo verbo. No olvidemos que estamos llamados a caminar por las sendas de la concordia, renovando la nítida inspiración celeste que somos, sabiendo que no hay mal que por bien no venga.

  • Los «therians» y la crisis de identidad en casa

    Los «therians» y la crisis de identidad en casa

    Como criminólogo, mi trabajo en esta columna suele centrarse en el análisis de conductas que transgreden la ley, de organizaciones criminales o balances de seguridad. Sin embargo, la criminología sociológica también estudia la «desviación»: aquellos comportamientos que, sin ser delitos, rompen radicalmente con las normas sociales establecidas. En la actualidad las redes sociales y los parques en varios continentes son escenario de una de estas desviaciones modernas que ha saltado de las redes sociales a la realidad: el fenómeno de los therians.

    Para quienes no estén familiarizados, los therians son personas, en su abrumadora mayoría adolescentes, que se identifican integralmente como animales no humanos. Esto no se limita a que les guste un perro, lobo, gato, un zorro u otro animal; se manifiesta en el uso de máscaras, colas, la práctica de caminar o correr a cuatro patas y la adopción de comportamientos puramente instintivos. Estos adolescentes y jóvenes conocen y saben perfectamente que son humanos, saben discernir entre el bien el y el mal, si cometen una falta o delito no serán inimputables.

    A simple vista, podría desestimarse como un juego excéntrico como una situación de los adolescentes o ya les va a pasar. Pero bajo el análisis conductual, esta imitación extrema es un síntoma de una crisis mucho más profunda: un vacío abismal de identidad.

    La adolescencia es, por definición, la etapa donde el ser humano busca responder a la pregunta ¿quién soy?. Cuando esta búsqueda se realiza en un entorno carente de anclajes sólidos, el adolescente queda a merced del contagio social, de la imitación del grupo. En plataformas como TikTok y Youtube, estas subculturas ofrecen lo que todo joven anhela: una comunidad, un sentido de pertenencia y unas reglas claras. Pero ¿A dónde quedan los padres de familia en esta ecuación?

    En el estudio de la conducta desviada, la familia es considerada la principal institución de socialización y control social. Es el ancla que nos une a la realidad. Lamentablemente, estamos viendo una generación de padres que, ya sea por agotamiento, ausencia física y emocional, negligencia, desinterés o por un miedo paralizante a confrontar a sus hijos que se conoce como la trampa de la hiper-permisividad, han fallado gravemente de su rol como constructores de identidad en sus hijos e hijas.

    Cuando los padres no proporcionan un marco de valores, expectativas claras y, sobre todo, una conexión humana real, el adolescente buscará llenar ese vacío. Si el mundo real se siente solitario, incomprensible o demasiado exigente, la fantasía de renunciar a la complejidad humana para adoptar la simplicidad instintiva de una animal resulta un escape perfecto.

    El rol de los padres no debe ser el de un carcelero, sino el de un guía. La solución no es arrancarles la máscara con ira, y golpearlos, sino entender qué están intentando ocultar tras ella. Debemos ser francos: validar las emociones y la confusión de nuestros hijos no significa validar cualquier comportamiento desconectado de la realidad.

    Es urgente que los padres retomen su papel. Esto implica desconectar los dispositivos, establecer límites saludables, fomentar pasatiempos en el mundo tangible y sentarse a escuchar, sobre todo. Si no les proporcionamos a nuestros jóvenes una identidad humana en la que se sientan seguros, valorados y escuchados, la redes sociales y grandes oportunistas que observamos como están apareciendo seguirán encargándose de conducirles a problemas y no descarto que al cometimiento de delitos. Y recordemos como inicio, normalizo y desarrollaron las pandillas en nuestro país, estamos a tiempo de salvar y rescatar nuestras familias.

    Sobre la criminología y toda ciencia para mí, está mi fe y convicción en Jesucristo, la palabra de Dios, la biblia, mi manual de comportamiento y donde está la hoja de ruta de mi proyecto de vida en el primer libro en el Génesis se encuentra el diseño original de Dios, fuimos creados a «imagen y semejanza de Dios»

    A los padres de familia les hago un llamado muy atento y respetuoso asuman su rol, ya no deleguen o pretendas que los docentes, pastores o sacerdotes lo hagan, apliquen el principio de escucha activa y el amor incondicional. En todo tiempo hay oportunidad de restauración familiar.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología / @jricardososa

     

     

     

  • Vivimos mas seguros… ¿pero más libres?

    Vivimos mas seguros… ¿pero más libres?

    “‘Me encanta mi país’, me decía un miembro de la diáspora. ‘Recuerdo cuando antes me avergonzaba de ser salvadoreño. Hoy, cada vez que me preguntan, lo digo con orgullo: soy salvadoreño, del país más seguro del continente’. En redes sociales, turistas —sobre todo centroamericanos— alaban también los progresos en seguridad que ha logrado El Salvador. La mayoría de esas voces, sin embargo, hablan desde lejos: no viven aquí, no hacen fila en el hospital, no toman el bus al amanecer, no miran por encima del hombro cuando comentan de política en una mesa cercana.

    El problema con la percepción de turistas o compatriotas que residen en el extranjero —muchos de ellos en el país del norte— no es el sentimiento de seguridad que experimentan al visitar El Salvador. El problema es distinto: tiene que ver con cómo se vive y se experimenta esa seguridad por quienes habitamos y trabajamos aquí. Vivimos más seguros… ¿pero también más libres?

    La seguridad y el orden que sentimos quienes residimos en este país son el resultado de una férrea militarización de la vida cotidiana y de la pérdida progresiva, durante casi cuatro años, de nuestros derechos constitucionales. A ello se suma un miedo constante que nos desgasta. Somos, al final, un país cansado. En El Salvador hemos dejado de temer a las pandillas en la calle, pero hemos aprendido a tener miedo a otra cosa: a hablar, a criticar, a disentir. Y esa nueva forma de miedo también marca, silenciosamente, nuestra vida cotidiana.

    Hace apenas unos años, El Salvador se situaba entre los países más violentos del mundo, incluso por encima de algunos en guerra. Las tasas de homicidios estaban en la estratósfera. En muchos barrios de las grandes ciudades, tomar la ruta equivocada podía costar la vida, y más de la mitad de los negocios pequeños reportaban haber sufrido algún tipo de extorsión en algún momento.

    Hoy, las cifras hablan de reducciones históricas en los homicidios y de miles de capturas asociadas al régimen de excepción. El CECOT se ha convertido en uno de los símbolos más representativos de esta nueva seguridad y, para algunos, en motivo de orgullo. En 2025, El Salvador se ubicó como el país con la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, con alrededor de 1,600–1,800 personas privadas de libertad por cada 100,000 habitantes: más del 2% de nuestra población adulta está tras las rejas.

    Bajo el régimen de excepción se han denunciado miles de casos de personas detenidas sin antecedentes penales, incluyendo estudiantes, trabajadores informales y empleados públicos. Encontrarse, de pronto, sin derechos constitucionales limita nuestras libertades para expresarnos e infunde miedo y temor. Este miedo se encuentra omnipresente para aquellos que, si vivimos y trabajamos en este país, pero invisible para aquellos que solo nos visitan.

    La vida en contextos de alta presión permanente —económica, emocional, simbólica— deja huellas físicas. Cuando la incertidumbre es constante, el cuerpo no descansa. Se mantiene en alerta, como si la amenaza fuera inminente, aunque no siempre sea visible. Ese estado prolongado tiene efectos reales: hipertensión, trastornos del sueño, depresión, enfermedades autoinmunes exacerbadas. La biología no es ajena a la política.

    En El Salvador, el discurso público reciente enfatiza la fortaleza, la disciplina, la resistencia. Se celebra la dureza como virtud cívica. Pero poco se habla del costo humano de vivir en tensión sostenida. La narrativa del “aguante” invisibiliza el desgaste. Quien se cansa parece débil; quien se detiene, sospechoso. Así, el malestar se medicaliza en silencio, sin cuestionar sus causas estructurales. Vivimos mas seguros, por supuesto, ¿pero a que costo?

    En una democracia sana, la seguridad no se mide solo por cuantos homicidios se evitan, sino también por cuantas palabras se pueden pronunciar sin temor a castigo. Según Freedom House, El Salvador es hoy un país ‘parcialmente libre’, con apenas 47 de 100 puntos en su Índice de Libertad; y Reporteros Sin Fronteras nos sitúa en la posición 135 de 180 en su ranking mundial de libertad de prensa, tras perder 61 puestos desde 2020. Si, estamos mas seguros… ¿pero más libres?

    Nos repiten que nunca habíamos estado tan seguros, y tal vez sea cierto en las calles. Nadie quiere volver al pasado, pero sí ansiamos un futuro donde la verdadera democracia coexista con la seguridad, un futuro donde no tengamos miedo de hablar, de discutir, o de discernir.

  • Estados Unidos y los riesgos de enfangarse en Venezuela

    Estados Unidos y los riesgos de enfangarse en Venezuela

    Hay muchas maneras de enfangarse en territorio extranjero. EE UU tiene una larga historia de complicaciones internacionales, casi todas militares, por no haber aprendido la que quizá es la lección más importante en esta materia: si desconoces su idiosincrasia, ignoras los valores que la edificaron y careces de una vía segura de salida, ¡evita intervenir en una nación!

    Desde el ilegal apoyo de infantes de marina al derrocamiento de la reina de Hawái en 1893 –acción por la que se vio obligado a pedir disculpas el presidente Grover Cleveland– hasta la controvertida participación de alrededor de 1.000 soldados americanos en Níger, África occidental, en 2013, o la desastrosa retirada de tropas de Afganistán, hace menos de cinco años, Estados Unidos ha protagonizado demasiadas operaciones militares calamitosas fuera de sus fronteras, en las que además de experimentar pérdidas humanas y económicas terminó incumpliendo los objetivos que originalmente planteaba la concreta intervención.

    Filipinas (1899-1902), México (1916-1917), Corea (1950-1953), Vietnam (1964-1975), Laos (1964-1973), Irán (1980), Irak (2003-2011) y Siria (2014) son algunos de los nombres de países que, con sus respectivas fechas, no figuran en la lista de acciones guerreras que EE UU desearía recordar, pues tanto políticos como historiadores –y muchos ciudadanos informados– siguen deplorando las justificaciones y los resultados de aquellas incursiones. La Administración de Donald Trump, en consecuencia, debería evitar a toda costa sumar Venezuela a esa penosa lista.

    Nada tendría que complicarse demasiado en la tierra de Bolívar si el Gobierno estadounidense entendiera, luego de remover a Nicolás Maduro, el compromiso que ha adquirido delante del mundo. Como se ha explicado en esta columna, Trump, lo quiera o no, solo puede exhibir una campaña exitosa en Venezuela si el trance desemboca en un proceso democrático. Ningún otro objetivo le otorgaría credenciales de triunfo al presidente, a ojos de la comunidad internacional y –¡muy importante!– de los votantes de su partido en noviembre, si la caída del dictador chavista no se traduce, más pronto que tarde, en un retorno de la libertad y el rescate de la institucionalidad.

    Ciertamente, es un mal necesario contar con cuadros del chavismo para cubrir la primera etapa de la transición; sin embargo, como todo mal, lo “necesario” se empieza a volver relativo conforme pasan los días. Delcy Rodríguez está obligada a manejar un doble discurso y eso es muy entendible: su situación política –y hasta quizá su seguridad personal– depende del fino equilibrio con que logre aplacar a los extremistas bolivarianos mientras cumple las órdenes de la Casa Blanca. Pero Donald Trump no puede seguir comportándose como lo está haciendo. En este momento tiene que apretar las tuercas del régimen para que el proceso gane ritmo, hondura e intensidad.

    Contrario a las de Oriente Medio, Venezuela es una nación cultural y étnicamente uniforme. Apenas en septiembre pasado, una encuesta seria expuso que siete de cada diez venezolanos rechaza sin paliativos la dictadura chavista. Edmundo González Urrutia y sobre todo María Corina Machado son reconocidos como los líderes de la oposición que triunfó en las elecciones de julio de 2024. Esto es fundamental: existe una alternativa política que goza de credibilidad y apoyo.

    Sin embargo, como ocurre cuando se descabeza a un cartel criminal, la estructura tiende a adaptarse al nuevo entorno; las lealtades se vuelven transaccionales, de mera sobrevivencia; y si además son muchos los que pueden perder sus privilegios e ir directo a la cárcel, la cuestión se complica. El aparato ya no responde a idealismos revolucionarios trasnochados, sino a la necesidad de permanecer lo más posible y evadir la rendición de cuentas.

    Como ha escrito la académica Colette Capriles, de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, “incluso sin Maduro el Estado sigue siendo un laberinto, compuesto por una extensa red de servicios de inteligencia superpuestos, grupos paramilitares conocidos como colectivos y jefes regionales que compiten por sobornos. Esta fragmentación (…) ha contribuido a garantizar que ningún general o ministro tuviera suficiente poder unificado para liderar un golpe de Estado, al tiempo que mantenía a todos los funcionarios vinculados al centro por la necesidad compartida de protección y ganancia”. En otras palabras, un sistema mafioso en toda regla.

    Para domar un pulpo así, Trump y Marco Rubio deben exigir mayores muestras de compromiso por parte del grupo que gobierna. Aparte de las excarcelaciones –que se han venido dando a cuentagotas–, el interinato de  Rodríguez debe empezar a liberalizar la economía y restaurar los incentivos que hacen de la propiedad privada una garantía de dignidad humana. No se olvide que la inflación provocada en Venezuela confiscó el fruto del trabajo de varias generaciones; se imprimió billetes, agregándoles ceros, tratando de cubrir los agujeros heredados del gasto incontrolable de Hugo Chávez.

    La moneda de la libertad, ya se sabe, tiene una cara política y otra económica: ambas subsisten solo si van juntas. Pero, ¿quién está a la cabeza de ese esfuerzo paralelo? Desde luego no serán los remanentes del chavismo, que entienden de libre intercambio lo que un chimpancé entiende de trigonometría. Y tampoco puede hacerlo a control remoto la Casa Blanca, porque toda intervención extranjera en otra nación, si no culmina en democracia, apenas es hinchazón gubernamental extendida en un mapa.

    Mientras más tiempo le lleve asegurar la libertad en Venezuela, por mucho que rehúya enfangarse en territorios extraños, peores consecuencias habrá para Trump y su legado.

  • ¿Protectorado en Venezuela?

    ¿Protectorado en Venezuela?

    La nota sería para sentir vergüenza, o quizás tristeza. En todo caso no es una premonición sino una certeza, por ello nos sacudimos más el alma y hasta el ego. Ese sentido de superioridad moral o histórica o como se quiera llamar. Imagínense la tierra que vio nacer, crecer y realizar a un Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco.
    El único aristócrata que en realidad que hemos tenido. Un soñador con título heredado en un tierra de mestizos por la Gracia de Dios. Por ello ese sentido de superioridad, o de satisfacción moral posiblemente. Tamaña herencia nos dejó, una que no hemos podido administrar, por el contrario nos hemos dedicado a desmantelarla para deshacernos de la carga.

    No éramos en aquél entonces un país, tal como hoy conceptualizamos. Fuimos un territorio de ultramar, una Provincia y, con el tiempo, una Capitanía General, un cuartel como la definió Bolívar en su premonitoria Carta de Jamaica. Lo que no pudo visualizar es que llegaría ser una colonia de una cercana isla que alguna vez hizo planes de independizar de España.

    Pero en fin, Lo hizo décadas después su entregado admirador José Martí. Hasta que llegó Fidel y mandó a parar.
    ¿Y quien lo iba a pensar? Ni Julio Verne en su futurista visión plasmada en innumerables libros, podría haber imaginado que el país del Soberbio Orinoco, se diluiría en el deliro de un militar felón nacido en los llanos de Barinas, que entregaría la patria, su territorio, riquezas y futuro a un amoral Fidel.

    A Don Gaspar Rodríguez de Francia (1776-1840)  Dictador Perpetuo del Paraguay, la historia no ha terminado de agradecerle que tomó la decisión correcta, al aislarse, cerrar sus fronteras ante las pretensiones anexionistas de Brasil, su poderoso y extenso vecino y las de la Provincia de Buenos Aires con iguales pretensiones.

    Solo sobrevivió un cuarto de la población. Y ese cuarto logró repoblarse y seguir adelante, para luego tener que enfrentar la llamada Guerra del Chaco (1932-1935) desatada por Bolivia y las empresas mineras extranjeras en sus pretensiones de incorporar al altiplano, una extensa región paraguaya. Y la perdieron, perdieron la guerra y perdieron su pretendido negocio.

    Ventiseis años, solo 26 años les bastó a los comandantes civiles y militares del Socialismo del Siglo XXI (marxismo puro, estatismo obsoleto, con su toques tropicales) para desarticular, diluir empobrecer a la nación venezolana, fragmentarla, entregarla a culturas e historias diferentes de Asia y el Medio Oriente a las más atrasadas por supuesto, para dividirnos, saquearnos, borrar nuestra historia o intentarlo, porque se ha resistido con valor hasta la agonía.

    Y cuando ya el asco existencial se tornó insoportable, se produjo el milagro de la ”Operación Determinación Absoluta” (Absolute Resolve) la madrugada del 3 de enero del venturoso 2026.

    Cuando ya el sol encandilaba los ojos de los caraqueños, se conoció que los truenos nocturnos no era la celebración del Año Nuevo ni de una boda encopetada. Fue la captura y extracción del tirano Nicolás Maduro Moros y la de su esposa, la fatal Cilia Flores.

    Y Caracas fue una fiesta, Venezuela fue una fiesta, como la narraría el singular escritor Ernest Heminghay.

    Y allí, en ese instante comienza de nuevo la historia de Venezuela, coincidiendo con el cambio epocal que experimenta actualmente la humanidad. Cambio de perspectiva, cambios de paradigmas como nunca jamás había conocido el hombre desde que comenzó a caminar erguido; dejar atrás el pasado, enfrentar una nueva civilización lanzada al espacio y a la inmediatez.

    Qué maravilla, cuánto privilegio ser testigo de este cambio civilizatorio en todos los aspectos, científicos, culturales, existenciales. Creíamos que los sesenta eran insuperables. Pero cuanto temeridad, esos solo fueron los minúsculos cambios que el hombre comenzó a presenciar en una breve generación.

    No fue el wifi, ni el celular cósmico, ni la creación de la ONU, o el viaje a la luna. Son prólogos de libros incunables al lado de lo que a partir de la IA, se nos presenta  en este nuevo amanecer tecnológico y conceptual.

    El estado-nación, tal como lo conocemos, es reciente. Se materializó en los Tratados de Westfalia de 1648 que, entre otros conceptos nuevos civilizatorios nació el de soberanía, Estado-Nación, separación del Estado de la religión, y así se fue decantando hasta la Revolución Francesa, los Derechos del hombre y los ciudadanos, pasando por la Carta de la Naciones Unidas, hasta el presente.

    En esta expectativa creada en Venezuela desde el mismo tres de enero, y la relación que surgió de ese hecho entre la potencia liberadora, el estamento cívico-militar e internacional que controlaba  el poder público y el económico en nuestro país, y los ciudadanos que aspiramos el retorno pacifico a la democracia representativa, se nos presenta la incógnita de cuál será la relación entre los Estados Unidos como país liberador, la peligrosa tiranía trasnacional venezolana aún existente, y los ciudadanos comunes aspirantes a reorganizar su país con transparencia, libertad dentro del más estricto Estado de Derecho democrático.

    De hecho, aún asumiendo la necesaria presencia del opresor, para garantizar la gobernabilidad en tanto se normaliza la relación entre los ciudadanos, me topo con un magnífico y conciso ensayo de la politóloga e intelectual Beatrice Rangel Mantilla, exministra de la Secretaría de la Presidencia del gobierno de Carlos Andrés Pérez y ensayista de múltiples trabajos acerca de las relaciones internacionales y el comercio exterior, titulado El Protectorado como eje del nuevo orden internacional.

    En ella relata el drama que vive Venezuela, no como un hecho contrario, avasallador, de imposición imperialista para gestionar el gobierno, el territorio y su economía, más acorde con la realidad de los tiempos. ¡Claro que sorprende¡ porque esta figura está relacionada con el colonialismo pasado.

    Lo que plantea Beatrice es que si un pueblo, una nación, un estado no está en capacidad de gobernarse en libertad y al propio tiempo representa un peligro para el resto de las naciones por sus implicaciones con el crimen organizado, tal como se constató en el caso Venezuela y, dada su posición estratégica y económica potencial, es obvio que los Estados Unidos gobernarán como si fuere un estado tutelar a la manera del antiguo alcance jurídico, con el fin de  garantizar la paz regional y el equilibrio geopolítico internacional.

    Situación que como bien nos recuerda la autora, no había conocido Venezuela desde 1811 cuando nos independizamos de España. Y la pregunta válida que se hace es, si nuestros intelectuales, políticos, empresarios y trabajadores serán capaces de asumir esta realidad y, como el ex Canciller alemán Conrad Adenauer, al fin de la Segunda Guerra Mundial, asumir con paciencia e inteligencia la reconstrucción de Alemania bajo el amparo de los Estados Unidos.

    Recomiendo la lectura de este conciso ensayo publicado en Los Papeles del CREM, el pasado 19 de enero.

    * Juan José Monsant Aristimuño, diplomático venezolano, fue embajador de Venezuela en El Salvador.
     

     

  • La IA aparece en un momento complicado

    La IA aparece en un momento complicado

    “A perro flaco, todo son pulgas”, dice el refrán, que quiere significar que cuando los problemas abundan, siempre aparecen más. El mundo intelectual ya estaba enredado y, para colmo, irrupción la inteligencia artificial. No estoy en contra del desarrollo tecnológico, pero pienso que no podemos ser ingenuos ante su potencial.

    En la historia de la filosofía se considera que estamos en la postmodernidad, época descrita por Gianni Vattimo como la época del “pensamiento débil”. Llevamos algunos años en los que se ha buscado debilitar los fundamentos absolutos y violentos de la modernidad. Desde los años ochenta, esta idea se volvió clave para entender la fragmentación y la falta de certezas en el mundo contemporáneo. Según Vattimo, vivimos en una especie de “Babel informativa” donde los medios y la comunicación ocupan un lugar central.

    No llegamos de la noche a la mañana a este ambiente intelectual y cultural. Con el ocaso de la metafísica —ese largo intento de encontrar fundamentos sólidos y universales— la modernidad abrió paso a la sospecha como método.

    En el siglo XVII, René Descartes (1596 -1650) considerado el padre de la filosofía moderna, fue el primero en utilizar la duda como punto de partida. Frente a la inseguridad del conocimiento heredado, propuso poner en duda todo lo que pudiera ser falso o incierto, hasta encontrar una verdad indudable: el famoso “pienso, luego existo”. Con este giro, la razón humana se convirtió en el nuevo fundamento del saber, inaugurando una época que busca certezas individuales.

    Por su parte, Nietzsche (1844-1900) proclamó la “muerte de Dios” y la disolución de los valores absolutos. Heidegger (1889-1976) habló del “fin de la metafísica” y de la necesidad de pensar el ser no como fundamento, sino como apertura e historicidad. La filosofía del lenguaje subrayó que todo conocimiento es interpretación situada en un horizonte histórico.

    En este marco, Vattimo sostiene que la posmodernidad no es simplemente “lo que viene después” de la modernidad, sino una época marcada por la desaparición de la pretensión de una verdad única y universal. La realidad ya no se concibe como un bloque sólido, sino como una red de interpretaciones y discursos.

    Este ha sido el caldo de cultivo para un ambiente relativista, agnóstico, nihilista… que Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) en una homilía memorable del 18 de abril de 2005, lo describe de la siguiente manera: “Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos con frecuencia ha quedado agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo (…). Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar zarandeado por cualquier viento de doctrina, parece ser la única actitud que está de moda. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas”.

    Es justamente en este ambiente intelectual, que renuncia voluntariamente a fundamentos fuertes, donde aparece la inteligencia artificial. No creo que sea una consecuencia lógica, sino una coincidencia inquietante. Primero, nos hemos desprovisto de las herramientas intelectuales o instrumentos lógicos para conocer la realidad y poder interactuar con ella. Una vez desarmados de cualquier confianza en el conocimiento, surge un instrumento tecnológico que crea aparentes verdades en dónde es evidente que no existen, pero que convencen hasta los más versados. En otras palabras: mientras el pensamiento humano se ha debilitado, las máquinas se han fortalecido para crear una supuesta realidad.

    Es tiempo de regresar a los clásicos, de apoyarnos en fundamentos firmes, de recuperar la confianza en la razón y en el Ser como base de todo conocimiento. Poder decir con Aristóteles: “Decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero; y decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso.” (Metafísica: Libro IV, 7, 1011b25-27).

    * Fernando Armas Faris, Sacerdote y Doctor en Filosofía 

     

     

  • La guagua se quedó sin combustible: la crisis de Cuba (I)

    La guagua se quedó sin combustible: la crisis de Cuba (I)

    En el año 2024 publiqué en este prestigioso periódico tres escritos con el nombre “Los cubanos y su dura realidad”. Nuevamente, entrevisté al youtubero cubano Jorge Luis Llanes (The Spartang Vlog), quien ha publicado cientos de videos sobre la situación caótica que vive la mayoría de cubanos. En la actualidad, el contexto ha cambiado, especialmente desde que Trump mandó capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. Los cubanos se están quedando sin combustible, y eso, arrecía más la precariedad en la isla.

    Cuba fue uno de los países más prósperos de América Latina; pero cuando llegó el comunismo liderado por Fidel Castro, todo cambió. Cuba ha tenido a muchos héroes históricos como José Martí, deportistas, literatos, músicos, cineastas, cantantes, etc. Cuba es una isla a la que muchos quieren ir; sin embargo, el turista que la visita se viene con los sentimientos cruzados, en una parte disfrutó y en la otra vio la realidad, la miseria en la que viven muchos cubanos. Se dieron cuenta de que las guaguas han dejado de circular por la falta de combustible; además, los hospitales están teniendo problemas con los apagones de luz, los cuales son frecuentes.

    Mientras tanto, el tablero de ajedrez, el cual está controlado por el gobierno de Estados Unidos con respecto a la geopolítica, ha hecho que los cubanos tengan una crisis más pronunciada; ya que, dio la orden de que ya no llegase petróleo de Venezuela a la isla.

    A la falta de combustible se le suman: la crisis energética y la peor: la crisis socioeconómica de millones de cubanos. Los cubanos, según noticias y videos de youtubers, evidencian que están viviendo su peor tormenta, parecida a la de 1991, cuando fue el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El gobierno comunista de Castro y allegados se quedó sin su padrino.

    Llanes tuvo que emigrar para España; también quería un cambio en su vida. Igual que él, muchos están a la expectativa de lo que podrá suceder muy pronto en Cuba.

    ¿Cómo analiza la situación de los cubanos con respecto a la escasez de dinero y la falta de oportunidades? —Yo pienso que el dinero es importante para que las personas puedan acceder a lo más básico, a tener una buena alimentación, a tener un buen esparcimiento —. Yo pienso que, tener un salario digno es muy importante, no solo en Cuba, sino en el mundo entero. En países como Cuba, se les controla precisamente a través de la economía, porque las personas mientras más pobres, son más dependientes del Estado. Una persona que tiene una buena economía no depende de un servicio público, no depende de un gobierno que le dé una vivienda, que le dé salud gratuita, etc. Una persona con buena economía, se puede pagar todo eso en el sector privado y si le da la gana, se puede ir hasta el país a buscar nuevos horizontes.  Entonces, en Cuba siempre se ha controlado la economía, precisamente para eso. Imagínese usted, ¿quién puede emigrar de Cuba teniendo un salario de 25 dólares al mes?, ¿cuánto hay que estar reuniendo para comprar un pasaje de avión? Y, lo otro; es el pasaporte cubano, en donde el cubano tiene muy pocas opciones; ya que, ya no somos bien recibidos en ningún país; siempre somos posibles migrantes.

    ¿Cree que haya una intervención de Estados Unidos igual a la que realizó en Venezuela? Hay muchos cubanos que estarían contentos de que en este momento hubiera una intervención en Cuba. Si bien; otra parte no lo está, los comentarios que yo leo en redes sociales, en las publicaciones de medios independientes, en los videos que se publican de creadores de contenido que tienen un discurso más duro contra el gobierno. Lo que ahí se comenta es que muchos cubanos, tanto de dentro como de fuera, están de acuerdo con una intervención. Los cubanos lo que quieren realmente es una operación quirúrgica como la que se hizo en Venezuela.

    En conclusión, Jorge Luis Llanes manifiesta: —El gobierno cubano lo único que ha hecho es robar, está endeudado con todo el mundo, no paga sus deudas, hace “corralitos financieros” a quienes invierten en el país y espanta la inversión—.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • “Shakyreando”

    “Shakyreando”

    “A las dictaduras les pasa lo que a las bicicletas; si se paran, se caen”. Esta frase es de Antonio Maura, político español; luego fue retomada por la escritora y periodista de la misma nacionalidad conocida como Maruja Torres. También se asegura que la citó Camilo Torres, el “cura guerrillero” muerto en combate hace 60 años. Para traducir la mentada expresión a lo concreto, tenemos que los sistemas despóticos deben mantenerse en movilidad constante a fin de prolongar el proceso autoritario de sometimiento de sus pueblos. Pero la fuerza bruta no posee la exclusividad dentro de dicha dinámica; además puede concretarse ‒entre otros malabares‒ mediante la extrema publicidad alrededor de un “líder fuerte y carismático”, el montaje de obras monumentales y el espectáculo oficialista pagado o gratuito. Esto se ha visto a lo largo de la historia de la humanidad y también es parte de la salvadoreña.

    La creación del Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda le sirvió a Hitler para manipular la opinión del pueblo alemán y consumar el Holocausto. Entre los proyectos arquitectónicos más destacados erigidos durante la terrible época del nacionalsocialismo están el Estadio Olímpico de Berlín, originalmente capaz de albergar a más de cien mil personas, y el complejo turístico conocido como el “Coloso de Prora” que fue edificado en la Isla de Rügen y en el que perfectamente se podían acomodar veinte mil huéspedes; súmese a lo anterior los pomposos conciertos organizado para festejar los cumpleaños del Führer, entre otros motivos, no obstante la digna negativa del excelso Pablo Casals cuando fue invitado a dirigir para este en 1933 y en 1943.

    “La propaganda en el fascismo ‒sostiene la costarricense Lidia Salas Chavarría‒ se constituyó en un instrumento de poder y alcanzó penetrar en los sentimientos de las masas. La combinación del arte, la estrategia, el lenguaje, la retórica, fue fundamental para el sometimiento y doblegación de las personas y masas en el desarrollo del fascismo italiano. Cada detalle fue dirigido conscientemente con el fin de impactar a la población y convertirla en la estructura ideal para ejercer el dominio y el poder del Duce en el desarrollo del fascismo italiano”. ¿Y qué decir del culto a la personalidad en la China de Mao, en la Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas de Stalin y en la Corea del Norte de la dinastía Kim.

    Acá también hay historias relacionadas que contar y considerar. El dictador del siglo pasado, general de brigada Maximiliano Hernández Martínez, hizo lo suyo. Mandó construir el Estadio “Flor Blanca”, que inauguró en 1935 con los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Las labores destinadas a contar con esta obra imponente en aquella época arrancaron en 1932, tras la matanza de población indígena y campesina perpetrada principalmente por el ejército en enero del mismo año. en medio de una propaganda ‒masiva y penetrante‒ lanzada por el entonces estrenado etnocida; la misma estaba centrada principalmente en la amenaza de un “peligroso” y “terrible” enemigo externo e interno: el comunismo.

    Héctor Lindo, reconocido historiador y apreciado amigo, comenta que Hernández Martínez impulsó aquel evento deportivo “para obtener el mayor provecho político posible”. “Los juegos ‒resaltó‒ sirvieron para distraer a la población y dar visibilidad internacional al régimen”. Además, dos de los artistas mexicanos más connotados de la época en América Latina –Agustín Lara y Pedro Vargas– se presentaron en el Teatro Principal cuyas instalaciones fueron abarrotadas. Y remata Héctor con este cierre: “Según decía la propaganda, los Juegos y los populares cantantes atrajeron turismo de toda Centroamérica”.

    Así, pues, con el paso del tiempo se cumplió casi el medio siglo exacto hasta que inició el conflicto armado interno en enero de 1981. En esos años, de la dictadura personalista de Hernández Martínez el país pasó a la sistémica plagada de golpes de Estado, regímenes cívico militares, elecciones amañadas y fraudes electorales para culminarla hasta 1982 ‒ya en plena guerra‒ con el final de la tercera Junta “revolucionaria” de Gobierno. Luego se terminó el conflicto armado. No es cierto que los acuerdos firmados para ello eran malos; malos y hasta maletas fueron quienes los firmaron y no los cumplieron a cabalidad. Por eso ahora tenemos la incesante propaganda sobre “el país más seguro del hemisferio occidental”, el miedo a hablar mal ‒en voz alta‒ sobre el Gobierno que la promueve y el “agradecimiento” al que lo encabeza.

    Con el paso reciente de la famosa artista colombiana tras su “residencia” acá ‒temporal y obviamente muy, muy redituable‒ junto a todo lo que eso implica, militarización de su entorno incluida, propondré que “shakyrear” se registre como un nuevo verbo… al menos en El Salvador. Y cuidado: deberá seguir pedaleando la bicicleta hasta donde pueda para no caerse.

  • Un camino compartido de asistencia y existencia

    Un camino compartido de asistencia y existencia

    La vida, por sí misma, es un itinerario de apego a compartir con todo lo que nos rodea y hacia todo. Ojalá recobremos este impulso donante, sin interés alguno, con docilidad y sentimiento auténtico. Lo sustancial es sustraerse de lo maligno para volver al espacio del verso que somos; si en verdad queremos retornar al torno de la quietud y crecer corazón a corazón, acrecentando los vínculos místicos, que son realmente los que nos dan aliento y alimento para poder subsistir, dejándonos entrar en relación lírica con nuestros semejantes. Esto supone reorientarnos continuamente, creando una mano de obra tan veraz como tenaz y una sociedad tan equitativa como humana. De lo contrario, nos hundiremos en la inhumanidad permanente y en el desorden deshumanizante continuo.

    El cambio al llamamiento siempre está ahí, lo importante es la escucha y el discernimiento. Hacerlo con pasión es ya un gran avance, máxime en un tiempo en el que multitud de niños están obligados a vivir bajo tierra para sobrevivir a la guerra, o la afluencia de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que se enfrentan continuamente a violaciones sistemáticas y generalizadas de derechos humanos, originando incesantes desórdenes y violencias. Prestarle apoyo al clamor de los miles de oprimidos, aparte de ser una necesidad, es un deber; para dar comienzo a una historia de liberación, que no es un privilegio, sino un hábito que ha de lograrse. Ningún humano puede amar sus cadenas, aunque sean de oro puro, precisamos no ser esclavos y ser poesía; nunca poder, sino siervos.

    La pasividad es mal fundamento vital. Quien no ha compartido la disputa, compartirá la derrota. En efecto, somos caminantes de afectos, cultivados con níveo pulso. Proteger los andares y restaurarse de los tropiezos, requiere estar siempre en guardia, como un poeta, para no confundirnos de ritmos. Lo capital es dar prelación, tanto a las personas como al planeta. Las gentes que participan y expresan sus sentimientos se adaptan mejor al deseo de ser autónomos, sabiendo ser justos. Ahora bien, debido a esa comunión de latidos, nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.  Unirse y reunirse, por consiguiente, es fundamental; ya no sólo para reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, también para que no se quede sin respuesta su llamada.

    ¡Triste época la nuestra! Es más fácil descomponerlo todo que componer bríos armónicos, quizás porque no activamos la caridad en nuestra propia casa y la justicia en la puerta de al lado. Personalmente creo, que nunca es tarde para reconstruirnos; empecemos por despojarnos de mundo, por abstenernos de utilizar vocablos o verter miradas que lastimen a nuestro prójimo. Tampoco hagamos juicios, cultivemos el abrazo como caricia y el acompañamiento como misión, sobre todo ante tantos modelos explotadores, que nos dejan sin aire. Situar la justicia social en el epicentro de las agendas políticas internacionales, nacionales y regionales; es un buen hacer para rehacerse como sociedad, ya que donde hay poca justicia es un peligro tener razón y adquirir recta conciencia.

    En suma, que todo parte de la estima y tiende al aprecio celeste, no a este coqueteo mundano que todo lo corrompe de falsedades y de comerciales prácticas, que nos amortajan hasta la ilusión de vivir y de injertarnos savia entre sí, incapacitándonos para entendernos y atendernos mutuamente. No olvidemos que auxiliando a los demás, descubrimos nuestra propia compasión. Este es un proceso que siempre está en camino: el amor de amar amor, jamás se da por concluido y completado. De aquí deriva, para toda la humanidad, el deseo de cooperar entre sí y de no caer en la desolación, que suele originar la indiferencia y el abandono a quererse de verdad. Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia al análogo, que enamorarnos de la existencia correspondida.

  • En algún lugar sobre el horizonte 

    En algún lugar sobre el horizonte 

    Los medios seguros, para los fines de seguridad, se enlazan en la consolidación de una superpotencia: las operaciones over-the-horizon, las cuales se sustentan en el ataque aéreo, el uso de drones y el despliegue de fuerzas especiales, hoy representan las acciones preferidas de Estados Unidos.

    Todo dentro del concepto estratégico de offshore balancing, con el cual la talasocracia norteamericana pretende usar como escudo a sus aliados para que ninguna potencia rival desarrolle un dominio regional. De este modo, las fuerzas armadas estadounidenses solo intervienen directamente cuando es estrictamente necesario y con el menor coste posible.

    En este marco, las campañas antiterroristas, los ataques quirúrgicos y la presión militar sostenida en el mar se han intensificado durante el 2025: tras un año en que se bombardeó Somalia, Irak, Yemen, Siria, Irán y Nigeria, el evento estelar de esta Administración llega en 2026: la extirpación del jefe de Estado de Venezuela, Nicolás Maduro, dentro de una operación militar relámpago precedida por una gran concentración naval.

    Maduro, unas pocas horas antes del ataque, había sido visitado por el representante especial de la República Popular China para América Latina y el Caribe. Queda claro el mensaje.

    Dentro de la lógica de no intentar suplantar repentinamente un régimen de más de 25 años, lo más curioso es que, entre espionaje, traiciones, hartazgo, desgaste y penuria, una Venezuela conmocionada mantiene una especie de sistema zombi, en donde la retórica bolivariana antiimperialista apenas intenta ocultar un vasallaje vergonzante: el chavismo se pudre en su propia salsa. Las banderas del desconcierto ondean tímidamente en un reclamo hacia el vacío, tanto como las del manido anhelo de una transición a la española.

    La sofisticación, estratégica, militar y de inteligencia, se abraza con el tosco pragmatismo político de la hipocresía disimulada a desgana o de lo explícitamente oprobioso: regalos que se reciclan y objetivos brutalmente transparentes.

    La situación de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) es una metáfora de lo difícil que es hacer brotar a este país; extraer a su dictadorzuelo es mucho más sencillo que extraer su riqueza y su democracia.

    Estados Unidos había descuidado, hasta cierto punto, a América Latina porque, después del derrumbamiento de la Unión Soviética y su propuesta ideológica, ningún país en la región podía significar una amenaza considerable, más allá del puñado de rivales y del vaivén del discurso según el color de los partidos políticos gobernantes.

    La penetración china, además de otras cuestiones como el narcotráfico, la inmigración o la presencia rusa, obliga a enfocar la influencia aquí, subrayando los motivos de la Doctrina Monroe; el canal de Panamá es el mejor ejemplo.  En este contexto, la diplomacia se encarna en un rostro de nítidas intenciones: de Pompeyo a Marco Antonio. Sin embargo, Latinoamérica, así como Groenlandia y el Ártico,  es simplemente un reflejo del punto clave del planeta en relación a la rivalidad de Estados Unidos con China.

    Ese sitio no es Oriente Próximo, en donde la fragmentación de poder, la delegación en aliados y el debilitamiento de enemigos acomodan por fin su papel secundario. Tampoco es esta Europa que busca cohesionarse más ante la amenaza rusa, el robustecimiento de la OTAN y los reclamos estadounidenses con forma de desdén. Washington también necesita descansar aquí, dejando a los europeos bloqueando la presión rusa sin descuidar el flanco sur, dado que el yihadismo encontró en la inestabilidad y debilidad estatal del Sahel su ambiente más adecuado para sobrevivir.

    El incesante seguimiento de lo que emite la Casa Blanca ha conseguido que incluso ahora la Estrategia de Seguridad Nacional genere interés: naturalmente en esta sigue siendo el Indo-Pacífico “el teatro decisivo de la competición económica y geopolítica del siglo XXI”. De esta manera, se deja claro que las fuerzas estadounidenses deben prestar especial atención a la Primera Cadena de Islas, una línea estratégica que pasa por Japón y Filipinas, y en la que Taiwán representa un “punto de estrangulamiento geográfico vital”, puesto que su control es fundamental para la estabilidad regional. He aquí el espacio para merodear por aguas reclamadas por China y ponerle una barrera al Pacífico.

    Esta contención marítima posee más capas de profundidad defensiva, y justamente en la Segunda Cadena de Islas se observa un ejemplo reciente de la relevancia de cada rincón en esta zona; Estados Unidos planea la modernización del principal puerto de Palaos, con el objetivo de facilitar el acceso de sus buques de guerra, lo cual está pensado para incrementar la capacidad de despliegue militar en el Pacífico occidental. Todo mientras sacude los nexos de este pequeño país con el gigante asiático. Por el otro lado también la partida se juega desde lo minúsculo: Diego García, plataforma panorámica vital, pasa de manos para quedarse en el mismo puño.

    China se mueve: sus tentáculos comerciales se solapan con inversión en infraestructuras y el cultivo de la trampa de la deuda, así se enroscan en los puertos; la observa desde cada choke point un inquieto Estados Unidos que se ondea a través de su enorme superioridad en cuanto a portaaviones y bases. Entretanto, la Pax Americana se proyecta como un díscolo espectáculo que aturde.

    A pesar de las contorciones del presente, mientras la situación en el Atlántico-Pacífico no esté tan enrarecida como en el Indo-Pacífico, en el horizonte hay más tierras raras que una tierra rara.

    • Augusto Manzanal Ciancaglini es politólogo