Categoría: Opinión

  • Nada justifica cometer un delito

    Nada justifica cometer un delito

    Allá por 2015 un Tribunal de Sentencia de San Salvador encontró culpable del delito de extorsión agravada al pandillero Marco Tulio Renderos Cárcamo y le impuso 20 años de prisión. El tipo al escuchar la sentencia solo sonrió irónicamente, volvió su mirada hacia su madre y le dijo “perdóneme madre, pero soy inocente”.

    Al pandillero se le llevaron esposado y su madre, con su cabeza cubierta por una mantilla blanca, no paraba de llorar, cuando los agentes de seguridad le pidieron que abandonara la sala de audiencias se negaba, por lo que tuve que pedirle que saliera y acompañarla a la salida. Ella me dijo que era injusto que condenaran a su hijo, porque él era inocente, “Imagínese que él me daba $15 diarios, es cierto que le pedía a los comerciantes (que ingresaban a la Comunidad 22 de Abril de Soyapango), pero lo hacía porque otros lo obligaban. Dígame quien me dará los $15, los muchachos (otros pandilleros) me advirtieron que si lo condenaban ya no me iban a ayudar”.

    Ese mismo año otro Tribunal de Sentencia de San Salvador condenó a 26 años de cárcel a un “disque” pastor evangélico acusado de violar y embarazar a una adolescente de 13 años. El pastor Omar Ernesto A. abusó de la menor de edad durante más de un año, en una casa que funcionaba como iglesia evangélica en la zona rural de Ciudad Delgado. Al final de la audiencia el juez le concedió la palabra al imputado, que ante la contundencia de las pruebas pidió perdón y culpó al “diablo” porque lo había tentado a cometer el delito continuado. Al conocer el fallo, la esposa del condenado sostuvo que su marido era inocente y que todo era obra del mal.

    En 2019 Carlos A. Moreno, en el oriente del país, fue condenado a 30 años de cárcel porque en estado de ebriedad mató a  golpes a su hijo de un año de edad, porque en la madrugada el niño no paraba de llorar. En su última palabra ante el juez, el imputado culpó a su alcoholismo y a su mujer, porque “ella sabía que cuando él andaba borracho no le gustaba la buya” y esa vez adrede hizo que el niño llorara.

    Siempre en 2019, en la zona occidental, José Ernesto M., un adulto mayor de 73 años fue condenado a 20 años de prisión por haber violado en reiteradas ocasiones a su nieta de 9 años. En su defensa aceptó los cargos, pero culpó a la pequeña víctima porque cuando “estaban solos le coqueteaba”.

    En la  mayoría de los juicios, cuando el imputado se ve acorralado por la fortaleza y contundencia de las pruebas, aceptan los cargos, piden perdón (casi siempre de manera hipócrita) y buscan justificar, culpando a otros o a las circunstancias, sus delitos.

    Recuerdo el caso de Eduardo Henríquez, alias “Gigio” quien era un secuestrador que en 2001 participó en el secuestro y asesinado del niño Gerardo Villeda Katan, de solo nueve años. Fue él quien mató a balazos al pequeño y ante los medios de comunicación justificó que lo hizo porque se vio acosado por miembros de la Policía Nacional Civil (PNC) que lo tenían rodeado tras una intensa búsqueda. “Gigio” fue asesinado en junio de 2001 en el centro penal de San Francisco Gotera, un día después de haber sido trasladado. Supuestamente lo mataron otros secuestradores en venganza porque se había quedado con el dinero de rescates pagados por familiares de otras víctimas.

    El delincuente siempre busca y encuentra una justificación para su accionar, pero rara vez sus argumentos son razonables. Salvo cuando se actúa en legítima defensa o con problemas mentales, no hay justificación para argumentar la comisión de un ilícito, ni siquiera la pobreza es motivo para validar un delito, mucho menos el estado de ebriedad o la conducta bajo efectos de una droga.

    Obviamente cuando un imputado se enfrenta a un juicio o vista pública, constitucionalmente  es inocente hasta que es vencido con pruebas irrefutables y contundentes que no dan pie a dudas ni a equívocos, porque dan la certeza de la culpabilidad. Justificar o culpar a otros no vale, pues todos los seres humanos normales tenemos libre albedrío y conciencia para identificar y separar lo bueno de lo malo y viceversa.

    Nada justifica el cometimiento de un delito, salvo los casos apuntados (defensa propia y producto de una conducta derivada de una enfermedad o deficiencia mental). Todo criminal debe pagar por sus fechorías, aunque eso le duela o ingratamente afecte a sus seres queridos. Nadie está o debe estar al margen de la ley o de las normativas y reglas específicas que nos rigen. Los delitos hay que pagarlos tarde o temprano, toda vez que en un debido proceso se compruebe la culpabilidad del imputado con pruebas contundentes e irrefutables.

    * Jaime Ulises Marinero es periodista

     

     

     

     

     

     

  • Miguel Ángel, el niño del milagro: una historia de fe, talento y esperanza

    Miguel Ángel, el niño del milagro: una historia de fe, talento y esperanza

    A veces los libros llegan a nuestras manos en el momento preciso. Buscando historias de salvadoreños que aportan algo valioso a nuestro país, encontré el libro “Miguel Ángel, el niño del milagro”, escrito por Mayra de Mungia, auditora de profesión y autora de una obra profundamente humana que me sorprendió desde las primeras páginas.

    Confieso que comencé a leerlo con curiosidad, pero terminé leyéndolo con admiración. No porque narre hazañas extraordinarias en el sentido tradicional de la palabra, sino porque cuenta una historia real que invita a reflexionar sobre la familia, la educación, la fe y los talentos que muchas veces pasan desapercibidos en la vida cotidiana.

    Un hijo esperado contra todo pronóstico

    Mayra narra su historia en primera persona, con una sinceridad que conmueve. Desde el inicio deja claro que considera a Miguel Ángel un milagro. Y no es para menos.

    Su hijo nació cuando ella tenía 46 años de edad, cuando años atrás médicamente le habían dicho que ya no podría tener más hijos, y es una etapa de la vida en la que muchas personas consideran cerrada la posibilidad de una nueva maternidad. Pero para ella, aquel nacimiento fue una muestra de la fidelidad de Dios y una experiencia que transformó por completo su existencia.

    Lo interesante es que el libro no se queda únicamente en el relato del nacimiento. Muy pronto el lector descubre que la verdadera historia apenas comienza.

    Un niño diferente

    A medida que avanzan los capítulos, conocemos a Miguel Ángel, un niño con altas capacidades intelectuales, una creatividad sorprendente y una curiosidad prácticamente inagotable.

    Lo que más me llamó la atención es que Mayra no lo presenta como un pequeño prodigio para impresionar a los demás. Lo presenta como hijo. Y eso hace toda la diferencia.

    Nos muestra sus talentos, sus ocurrencias, sus preguntas, sus descubrimientos y también los desafíos que implica educar a un niño que aprende de manera distinta.

    Porque tener un hijo con capacidades excepcionales no significa tener una vida más fácil. En muchos casos significa exactamente lo contrario.

    Exige paciencia, comprensión y una enorme capacidad para acompañar sin presionar.

    La educación comienza en casa

    Uno de los mensajes más valiosos del libro es el papel de la familia en el desarrollo de los talentos. Miguel Ángel posee capacidades extraordinarias, pero el libro deja claro que detrás de cada avance existe una familia que escucha, orienta y acompaña.

    Mientras leía, pensaba en algo que he repetido muchas veces como Alfredo: la educación más importante no siempre ocurre en el aula. Ocurre en la mesa familiar. En las conversaciones cotidianas. En las preguntas que los padres responden con paciencia. En el tiempo que se dedica a escuchar.

    Mayra muestra precisamente ese proceso. El esfuerzo constante por encontrar el equilibrio entre estimular el talento y permitir que un niño siga siendo niño.

    Más que inteligencia

    Uno de los aspectos que más me gustó de la obra es que no se obsesiona con los logros académicos. Por supuesto, Miguel Ángel destaca por su capacidad intelectual. Es un autodidacta, desde temprana edad sabe matemáticas, astronomía, geografía, ajedrez por su propia cuenta, aprende con rapidez y muestra una facilidad notable para comprender temas complejos.

    Pero el libro insiste en algo más importante. La inteligencia, por sí sola, no basta. La autora expresa repetidamente su deseo de que su hijo conserve la humildad, la sensibilidad humana y la conciencia de que sus talentos tienen un propósito mayor.

    Esa reflexión me pareció especialmente valiosa en una época donde muchas veces medimos el éxito únicamente por resultados, calificaciones o reconocimientos.

    Un libro que inspira a cualquier familia

    Aunque la historia gira alrededor de un niño con altas capacidades, creo que sería un error pensar que este libro está dirigido únicamente a padres en circunstancias similares.

    En realidad, es una lectura para cualquier persona que crea en el poder transformador de la educación y del amor familiar. Cada capítulo transmite optimismo. Cada experiencia invita a reflexionar.

    Cada anécdota nos recuerda que los hijos son mucho más que sus calificaciones, sus talentos o sus habilidades. Son personas que necesitan ser guiadas, comprendidas y amadas.

    Cuando los libros nos permiten creer

    Como escritor, he aprendido que algunos libros informan y otros inspiran. Este pertenece claramente al segundo grupo. A medida que avanzaba en la lectura, comprendí que la obra de la salvadoreña Mayra de Mungia no intenta demostrar nada. No busca convencer al lector de una teoría específica.

    Más bien comparte una experiencia. Y la comparte con honestidad. Quizá por eso resulta tan cercana. Porque habla de alegrías, preocupaciones, sueños y desafíos que cualquier familia puede reconocer.

    Una lectura diferente

    Vivimos rodeados de información. Cada día aparecen miles de publicaciones en redes sociales que consumimos en pocos segundos y olvidamos casi de inmediato.

    Los buenos libros son diferentes. Nos obligan a detenernos. Nos invitan a pensar. Nos ayudan a mirar la vida desde otra perspectiva.

    Por eso recomiendo esta obra. No porque cuente la historia de un niño excepcional, sino porque nos recuerda algo que todos necesitamos escuchar: cada persona tiene dones que merecen ser descubiertos y cultivados.

    Epílogo: el verdadero milagro

    Al terminar el libro me quedó una sensación agradable. No la sensación de haber leído la biografía de un niño extraordinario, sino la de haber acompañado a una familia que aprendió a descubrir el valor de los dones que Dios coloca en cada vida.

    Quizá el verdadero milagro no sea únicamente el nacimiento de Miguel Ángel. Quizá el verdadero milagro sea el amor paciente que lo rodea, la dedicación de quienes creen en él y la convicción de que cada talento debe ponerse al servicio del bien.

    Ese es el mensaje que permanece mucho después de cerrar la última página. Y por eso vale la pena leer este libro. Como dice el libro de Proverbios: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

    La educación, el amor y la fe son semillas que tardan en crecer, pero cuando florecen, pueden iluminar generaciones enteras. Y esa es, precisamente, una de las enseñanzas más hermosas que deja “Miguel Ángel, el niño del milagro”.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com 

  • El infinito y Dios

    El infinito y Dios

    En un artículo anterior señalé que la existencia de Dios no debe entenderse como una explicación provisional destinada a rellenar los vacíos de nuestro conocimiento científico. La imagen del llamado «Dios de los agujeros» resulta insuficiente porque supone que, a medida que la ciencia avanza, Dios retrocede. Pienso que este planteamiento no le hace ningún favor a la ciencia y menos a la teología.

    La cuestión filosófica más profunda no es qué fenómenos concretos puede explicar la ciencia, sino por qué existe un universo inteligible que puede ser explicado por la ciencia.

    Existe, además, otro aspecto menos conocido de la relación entre fe y ciencia que merece atención. No se refiere a aquello que la ciencia todavía desconoce, sino a algunas de las ideas que hicieron posible su nacimiento. Entre ellas destaca una especialmente sorprendente: la idea de infinito.

    Hoy estamos tan acostumbrados a ella que apenas advertimos su extrañeza. Hablamos de distancias infinitas, de series infinitas o de infinitos matemáticos con relativa naturalidad. Sin embargo, durante siglos el infinito constituyó uno de los mayores problemas intelectuales de la humanidad.

    Los griegos fueron plenamente conscientes de esta dificultad. Basta recordar las célebres paradojas de Zenón, diseñadas para mostrar que el movimiento parecía imposible si el espacio podía dividirse indefinidamente. Aquiles nunca alcanzaría a la tortuga. Una flecha en vuelo nunca llegaría a su destino. El infinito aparecía como una amenaza para la comprensión racional del mundo. Lo ilimitado parecía escapar al orden, a la medida y a la inteligibilidad que caracterizaban al cosmos. Sin embargo, la historia intelectual de Occidente siguió otro camino.

    Mientras la filosofía griega tendía a considerar problemático el infinito, la tradición cristiana lo incorporó desde muy temprano a su reflexión sobre Dios. La infinitud dejó de ser vista únicamente como una amenaza para la razón y comenzó a entenderse como uno de los atributos propios de la divinidad. Dios era infinito en poder, en conocimiento y en perfección.

    Durante siglos, teólogos y filósofos medievales reflexionaron sobre las implicaciones de esta idea. Naturalmente, no estaban desarrollando física matemática ni cálculo infinitesimal (Newton y Leibniz). Su objetivo era comprender mejor la naturaleza de Dios. Sin embargo, al hacerlo contribuyeron a familiarizar a la cultura occidental con un concepto que más tarde resultaría indispensable para la ciencia.

    Cuando llegó la revolución científica de los siglos XVI y XVII, el infinito ya no era un territorio completamente hostil.

    La nueva física necesitaba pensar en magnitudes continuas, divisiones indefinidas y procesos matemáticos cada vez más complejos. Sin la idea de infinito resultaría difícil comprender el desarrollo de la geometría analítica de Descartes, los estudios de Galileo sobre la inercia, las intuiciones astronómicas de Kepler o, de manera muy especial, la obra de Newton.

    Todos creyentes convencidos. Para ellos, estudiar la naturaleza significaba estudiar la obra de Dios. El universo no era un caos irracional, sino una creación ordenada que podía ser comprendida mediante las matemáticas porque procedía de una Inteligencia racional.

    La historia ofrece todavía un ejemplo más llamativo.

    A finales del siglo XIX, el matemático alemán Georg Cantor revolucionó las matemáticas al desarrollar la teoría de conjuntos y formular una rigurosa teoría de los infinitos. Cantor mostró algo que parecía imposible: que existen distintos tamaños de infinito.

    Sus descubrimientos transformaron para siempre la matemática moderna. Sin embargo, para él el infinito matemático no agotaba el significado de la infinitud. Distinguía cuidadosamente entre los infinitos que estudian las matemáticas y el Infinito Absoluto, que identificaba con Dios. En una formulación que se hizo célebre, sostuvo que el infinito matemático es tan solo una participación o un reflejo del Infinito Absoluto.

    Naturalmente, estas observaciones no constituyen una demostración de la existencia de Dios. Tampoco pretenden sostener que la ciencia moderna sea una consecuencia directa y exclusiva de la teología medieval. La historia siempre es más compleja y rica que cualquier explicación simplista. Sin embargo, sí invitan a replantear la idea de que la fe y la razón son adversarias irreconciliables. Quizá, más bien, sean —como afirmó Juan Pablo II— las dos alas con las que el espíritu humano se eleva hacia la contemplación y el conocimiento de la verdad.

    *El padre Fernando Armas Faris es sacerdote católico y Doctor en Filosofía 

  • Rompiendo las cadenas

    Rompiendo las cadenas

    Los cubanos, a los 67 años y seis meses de opresión totalitaria no tienen más opciones que intensificar y extender las protestas. La situación en el país ha llegado a extremos que no tienen más alternativas. Es muy controvertido escribir sobre esto en la distancia, pero no vislumbro otra salida que ponga fin al espanto que ha sumido a Cuba en una abyecta miseria.

    El padre Félix Varela, testigo de la opresión colonial, escribió: “los pueblos cuando no tienen medios para pensar se familiarizan con la idea de su incapacidad… deja a otros el cuidado de discutir, y se constituye en masa inerte”.
    El totalitarismo castrista, más eficiente que la corona española en el control social, ha inducido y formado a muchos compatriotas en la dependencia del estado, a ser la masa inerte de la que escribió este ilustre compatriota.

    El no pensar, no hacer y solo padecer de parte de la población sin importar donde se encuentren, no es por falta de coraje, sino que el método de instituir la subordinación ha sido parcialmente exitoso, aunque no todo lo que la dictadura hubiera querido, pues la resistencia no ha desaparecido.

    El sistema impuesto en Cuba por los Castro ha reprimido cruelmente el libre pensamiento. La inaccesibilidad a otras fuentes de conocimientos y la represión, incitan a la sumisión, lo que motiva que el sujeto se sienta incapaz de actuar por su propia cuenta, dando origen a que no pocos arguyan que son los otros los que deben correr los riesgos, ignorando, que sus hijos también padecen los males de los cuales también es responsable, por apatía o complicidad.

    La miseria es absoluta. La población vive en condiciones mas miseras que los esclavos en los barracones en los tiempos del padre Varela. No hay probabilidades de conciliación entre el pueblo cubano y el totalitarismo que le oprime. La situación ha llegado a extremos insospechados, desgraciadamente, el país y su gente han arribado a niveles de sobrevivencia por lo que me dicen numerosos amigos que se encuentran en la Isla y quienes viajan a ella.

    La desdicha lo ensombrece todo. Se conoce desde el momento del nacimiento y se sufre hasta en la hora de la muerte. No faltarán quienes ríen de la desgracia que soportan, pero la mayoría padece una penuria que los agobia.

    He escuchado a más de un cubano expresar que enfrentar el totalitarismo es muy difícil y demanda correr grandes riesgos, una verdad mas que rotunda. El castrismo mata o encarcela, pero también se muere por indefensión, por sumisión.

    El enemigo es cruel, despiadado, jamás reconoce sus culpas y menos admitirá ser responsable de los desastres del país. El poder castrista es capaz de engañarse a si mismo, hacer promesas de cambio para que todo siga igual como ha expresado el dictador designado, Miguel Diaz Canel en su más reciente alocución en la que anuncia reformas que nunca aliviarán las penurias de la ciudadanía. Simple y llanamente porque el sistema es ineficiente y se niega a reconocer los más elementales derechos ciudadanos, fundamento de todo progreso material y espiritual.

    Es el propio castrismo el que ha conducido a la población a asumir posiciones extremas. Terminar con la farsa de Fidel, Raúl Castro, de Diaz Canel y del resto de los sicarios que le sirven. Efectuar una protesta nacional que conduzca al fin de la tiranía, o haga imperativa una acción solidaria internacional que tendría ese mismo resultado.

    Protestar contra los abusos es un derecho y deber de toda persona con pundonor. La protesta ha de ser un compromiso de todos, mientras más se sumen, la victoria estará garantizada.

    La mayor parte de los exiliados, aquellos que siguen comprometidos en sus obligaciones con la Patria, se sumarian a cualquier demanda popular que nuestro pueblo protagonice. No es fácil escribir sobre esto. Sé muy bien, por experiencia propia y familiar, la maldad del sistema castrista, pero aprecio con profundo pesar el deterioro de la población, y cuando la miseria te hace miserable, la recuperación es imposible.

    Termino con otra frase del padre Varela que corrobora lo anterior, “Recupera la libertad de que tú misma te has despojado por una sumisión hija más de la timidez que de la necesidad; vive libre e independiente; y prepara asilo a los libres de todos los países”.

  • Señores de la guerra

    Señores de la guerra

    Desde el principio estaba claro (menos para Trump y sus Halcones), que Irán no sería otra Venezuela. Y, sin embargo, el poderío militar norteamericano se fue a la guerra contra Irán.

    ¿Qué significa entonces la firma del Memorando de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán?

    Para el gobierno norteamericano firmar ese acuerdo es un poco bochornoso después de las amenazas de destrucción total de la antigua Persia, propaladas por ese personaje vendedor de humo que se sienta al frente del Salón Oval de la Casa Blanca.

    Al parecer no hay ninguna duda acerca de que la guerra la ganaron las fuerzas militares norteamericanas. Sí, por supuesto, pero el Memorando de Entendimiento no parece reflejar eso.

    Quien ha iniciado los ataques es Estados Unidos, y en el documento que han acordado queda registrado que los norteamericanos dejarán de atacar a Irán. Este es el punto central del asunto, y establecido esto es posible pensar en los demás temas.

    Irán, en respuesta a los ataques militares de Estados Unidos respondió con su cohetería, pero dirigida a los aliados regionales de su adversario. Hecho que puso en jaque al dispositivo de guerra diseñado por Estados Unidos, y dado que la potencia militar más importante del mundo no puede garantizar la seguridad de sus aliados, pues ha tenido que echar marcha atrás en sus pretensiones de aniquilamiento contra Irán.

    Y esta conclusión es la que de algún modo lleva al Memorando de Entendimiento.

    Que en el documento quede claro el cese de las hostilidades contra el Líbano (sin mencionar a las milicias de Hezbolá, aliadas de Irán, y tampoco sin mencionar a Israel, aliado de Estados Unidos), es un reconocimiento tácito de que las fuerzas militares israelíes no están sueltas, sino que están atadas a la estrategia norteamericana en esa zona del mundo.

    Como esa guerra contra Irán fue pensada por un grupo de orates que no pudieron prever los efectos secundarios graves (cierre del estrecho de Ormuz por Irán, ataques iraníes a los países del golfo Pérsico, postura de ‘convidado de piedra’ de China al ser atacado su mayor y cercano proveedor de petróleo, distorsión económica mundial por la guerra…), pues no le ha quedado más remedio a Trump que buscar una salida rápida al asunto.

    La guerra no ha terminado, se ha generado un interregno que podría permitir arribar a un nuevo escenario en ese segmento de Medio Oriente. Pero también todo podría fracasar si ambas partes se salen del libreto del Memorando.

    Todo es frágil. Venezuela firmó el 28 de septiembre de 2023 un Memorando de Entendimiento con Estados Unidos, y sin embargo en enero de 2026, cuando Trump consideró que el Memorando ya no tenía sentido, entonces atacó y eyectó a Maduro, dejó que el relevo de este (Delcy Rodríguez) tomara las riendas y le impuso su ‘agenda petrolera’.

    La rueda del tiempo está triturando a Trump, porque se jugó ese albur de la guerra contra Irán y no le salió bien. De hecho, la única concesión de Irán es que desmantelará el dispositivo de uranio enriquecido, que a saber si es algo significativo.

    El peso fundamental del Memorando recae en Estados Unidos. Irán no atacará si no es atacado, ergo, Estados Unidos se compromete a no atacar.

    Hay cosas que no salen a la luz pública, pero es obvio que el reciente viaje de Trump a China ayudó a darle un giro a la situación de la guerra contra Irán. China no tiene interés en entrar en guerra, esa no es su estrategia global para ‘avanzar’ en el mundo.

    Lo de China es la expansión económica y el mantener libres los accesos a las fuentes de materias primas en todo el planeta. Esa guerra contra Irán, y cualquier guerra hacen ‘ruido’ a su estrategia.

    Se acercan las elecciones de noviembre en Estados Unidos, y las políticas (inmigración, aranceles, guerra contra Irán) de la administración Trump han golpeado a diversos sectores de la sociedad norteamericana y esto es probable que quede registrado en los resultados electorales.

    Trump imagina (¿sueña?) con que, al cesar la guerra, en el corto plazo los efectos perversos que ha provocado en la economía norteamericana desaparezcan. Y todo volverá a ‘la normalidad’.

    Sin embargo, no hay que llamarse a engaños, para los Señores de la Guerra los efectos de las acciones bélicas son un asunto irrelevante. Para ellos las guerras son combustible para el enriquecimiento y punto. Quienes pierden o ganen con las guerras, es lo de menos. Lo que importa para los Señores de la Guerra es que la ‘economía de guerra’ esté siempre a la mano para aterrorizar al mundo.

    * Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

  • El escudo comunitario frente a la Violencia

    El escudo comunitario frente a la Violencia

    Cuando debatimos sobre estrategias de seguridad pública y ciudadana, las conversaciones suelen gravitar hacia el aumento de la fuerza policial, el endurecimiento de las penas o la modernización del sistema penitenciario y del sector de justicia, los esquemas tradicionales. Sin embargo, desde la criminología moderna y crítica sabemos que el verdadero éxito en la reducción de la violencia no radica únicamente en reaccionar y combatir el delito, sino en desactivarlo antes de que ocurra, anticiparse, prevenirlo y esta propuesta significa participación relevante y activa de la comunidad.

    Bajo este enfoque, el reciente inicio del proceso formativo en «Cohesión social y técnicas de facilitación» para 90 facilitadores judiciales que forman parte de las tres grandes zonas geográficas del pais, de diversos distritos,especialmente lugares alejados de la zona metropolitana lo hace diferente, impulsado por la Corte Suprema de Justicia a través del Servicio Nacional de Facilitadores Judiciales (SNFJ) y el apoyo invaluable y decidido de Catholic ReliefServices (CRS), organización de gran trayectoria a nivel mundial y en El Salvador, representa una victoria táctica y estratégica fundamental para nuestro tejido social y por ende para nuestra sociedad.

    Como investigador académico y analista de la dinámica de violencia social, criminalidad y delictiva, considero que este esfuerzo no es una formación académica adicional o parte de una programación; es la construcción de una infraestructura de prevención primaria. A continuación, detallo por qué este enfoque es indispensable para la seguridad y la paz social del país:

    1. La resolución alterna de conflictos como herramienta de desescalada

    En la dinámica comunitaria, los delitos graves rara vez surgen del vacío. Un alto porcentaje de casos de violencia tienen su génesis en disputas vecinales menores no resueltas y que nos las advierten las teorías criminológicas.

    • Prevención temprana: La cohesión social otorga a los facilitadores las herramientas necesarias para identificar y gestionar conflictos de forma temprana.
    • Desescalada táctica: El objetivo es asegurar que los conflictos no escalen y que las personas encuentren vías para resolver sus diferencias mediante el diálogo y la comunicación apoyándose y con el liderazgo de los grandes ciudadanos que son los «facilitadores judiciales». En el argot de la seguridad, competencias como la comprensión de las emociones, la comunicación efectiva y la empatía no son debilidades románticas; son herramientas de desescalada verbal que neutralizan la hostilidad antes de que mute en violencia.

    2. Reconstrucción de la eficacia colectiva y el tejido social

    Las teorías de desorganización social nos enseñan que las comunidades con alta cohesión social son intrínsecamente más resistentes a la infiltración de problemas mayores entre ellos la delincuencia, disputas, discusiones, peleas, amenazas, lesiones, entre otros.

    • El puente ciudadano: Los facilitadores judiciales cumplen un rol esencial al ser el primer puente y apoyo comunicativo entre el sistema de justicia y la vida cotidiana de las personas en El Salvador.
    • Cultura de paz: Al servir como vías de diálogo y entendimiento, promueven el respeto y la cooperación pacífica entre vecinos, entre los más próximos, ayudando a construir sociedades más pacíficas, cohesionadas y justas.

    3. Sinergia del ecosistema de Justicia

    Un aspecto sumamente destacable de esta iniciativa es su visión sistémica e institucional de la Corte Suprema de Justicia en la visión de corte plena y ejecutada a nivel nacional por el Servicio Nacional de Facilitadores Judiciales (SNFJ) y en esta oportunidad la alta y significativa contribución de una organización como Catholic ReliefServices (CRS) gestores, formadores y capacitadores técnicos especializados

    • Alineación estratégica: Este proceso formativo guarda relación directa y da continuidad a una etapa previa que concluyó exitosamente con la capacitación de 84 juezas y jueces de paz a nivel nacional. Que siguen formándose y fortaleciendo sus capacidades, pero sobre todo su corazón y su mente sensibles que han sido alcanzados por este extraordinario proyecto.

    • Articulación de esfuerzos: Mantener una comunicación constante entre facilitadores y jueces fortalece el modelo de trabajo y permite una mejor articulación institucional. Para que la seguridad funcione, la justicia formal y la justicia comunitaria deben hablar el mismo idioma, permitiendo que el Estado concentre sus recursos en delitos de alto impacto mientras la comunidad resuelve sus tensiones cotidianas.

    La represión del delito es una herramienta necesaria y apegada a un sistema constitucional y legal, pero es el fortalecimiento de las relaciones humanas lo que garantiza la paz a largo plazo. Como bien se destacó en la inauguración de este evento el pasado lunes por la magistrada de la Sala de lo Constitucional máster Elsy Dueñas Lovos y coordinadora de la Comisión de seguimiento del SNFJ efectuó énfasis en su ponencia «Más allá del conocimiento técnico, buscamos fortalecer competencias basadas en la comunicación efectiva y la empatía para construir una cultura de paz en las comunidades».

    Invertir en la formación de estas grandes personas es apostar por mejorar las decisiones que tomamos y construir comunidades más fuertes, porque al final, lo que hace fuertes a los sistemas son las personas que los operan.

    Cada conflicto vecinal que uno de estos 90 facilitadores logre mediar con éxito es un expediente penal menos, una víctima menos y un paso firme hacia la pacificación real de nuestro país. Las verdaderas batallas por la seguridad se ganan en la capacidad de los ciudadanos para entenderse y convivir.

    Muchas gracias y bendiciones a Catholic Relief Services (CRS) por su alta sensibilidad y ayuda a nuestro país con todo su equipo especializados y sensibilizado de trabajo. Y continúen avanzando en esta alianza estratégica con la Corte Suprema de Justicia.

    *Por Ricardo Sosa /Doctor en Criminología /Egresado doctorado en Justicia Criminal / @jricardososa

     

     

  • Una vez al año

    Una vez al año

    Ojalá y el bus llegue pronto, que ganas tengo de salir de este pueblo de mierda. Que largo se me ha hecho este año. Encierro, miseria, angustia. Di que sí, sin este alivio moriría sumida en una depresión profunda. Y así fluían los pensamientos rumiantes de Lola, la que tuvo y nunca fue del pueblo. Hija del doctor Jacinto Toledo, renombrado dermatólogo, originario de Andújar, España. Niña bien, altiva y prepotente, había tenido todas las oportunidades en la vida, educada en las mejores escuelas de Madrid, creció en un entorno sobreprotector, que la aislaba en una burbuja, brindándole un mundo ficticio, perfecto, pero ajeno a las piedras y espinas, que rodean las vidas de los simples mortales.

    Lola, era la segunda de cuatro hijos, nacida en la década de los 50, fue una de las víctimas de la epidemia de poliomielitis de la década de 1950, una de las crisis de salud publica mas temidas del siglo XX. La vacuna desarrollada por Jonas Salk en 1955 tenia una efectividad protectora contra la polio superior al 80-90%, pero a su padre, el renombrado dermatólogo, muy ensimismado en sus “pieles”, por alguna que otra razón obvio aplicarla a sus hijos. El amor profundo que este médico profesaba por su hija incluía componentes de culpa y lastima cuyo producto fue la sobreprotección con que Lola creció en su entorno.

    El virus de la polio produjo una parálisis espinal (parálisis flácida aguda) en la pierna derecha de Lola. Creció renqueando por pérdida muscular, más ausencia de reflejos. Una mujer hermosa, de cabello oscuro, abundante y ondulado. De piel que el sol ha dorado ligeramente, ojos oscuros y expresivos, y un hablar cálido, rápido y musical. De conversación fácil, fumadora empedernida que le había producido una voz áspera, hablaba con energía, acompañando cada frase con gestos vivos. Su acento andaluz les daba musicalidad a las palabras, y transmitía una mezcla de alegría, cercanía y orgullo por su tierra. En fin, una mujer hermosa y atractiva, pero con un renqueo muy evidente al caminar.

    Trataba arduamente de disimularlo, pero era inútil, y a medida que pasaban los años el renqueo se hacía más notorio y paralizante. Al principio, enfrentó la discapacidad con la resiliencia propia de la juventud, pero a medida que crecía comenzó a percibir las diferencias entre ella y sus compañeros. Las limitaciones físicas, las miradas de curiosidad, la dependencia ocasional de otras personas y las dificultades para participar en ciertas actividades fueron erosionando lentamente su confianza. Poco a poco, dejó de verse como una persona capaz y empezó a definirse por sus limitaciones. La inseguridad sustituyó a la espontaneidad; la vergüenza, al orgullo. Con el paso de los años, la autoestima se fue debilitando, no por la parálisis en sí, sino por el impacto emocional y social que esta tuvo sobre la imagen que construyó de sí misma.

    Lola, a sus 67 años, vivía sola en un apartamento heredado de su padre. Había estudiado medicina en Sevilla, pero nunca terminó. Una mujer inteligente pero acostumbrada por su entorno familiar ha vivir sin el requerido esfuerzo, cedió pronto ante los requerimientos y exigencias de una educación médica. Al final terminó siendo un técnico dental, profesión que ejercía desde su casa pero que también la obligaba a vivir una vida con limitaciones económicas profundas, que acentuaban su pobre autoestima al moverse dentro de un circulo de amigos de la alta sociedad de Andújar.

    Una vez al año y a finales de este, Lola salía de su pueblo, invitada por su amiga de infancia y juventud, que, si se había titulado de médico, a venir a los Estados Unidos. Durante un mes o más, gozaba de una vida libre de cualquier precariedad económica y material. Durante ese mes, Lola vivía la vida que hubiese querido tener. Cuando por fin apareció el autobús, Lola apagó el cigarrillo con impaciencia y se incorporó con dificultad. El conductor bajó el compartimiento de equipaje y ella, como cada año, sintió una mezcla de alivio y euforia. Durante las próximas semanas no habría facturas atrasadas, ni comparaciones dolorosas, ni recuerdos de lo que pudo haber sido. En Estados Unidos sería la invitada querida de su amiga, la compañera de juventud que había alcanzado todo aquello que ella alguna vez soñó. Subió al autobús y ocupó su asiento junto a la ventana. Mientras el pueblo se alejaba lentamente, contempló las calles donde había pasado toda una vida intentando escapar de sí misma. De pronto comprendió algo que nunca había querido admitir: no era aquel pueblo el que la mantenía prisionera. Ni la pierna afectada por la polio. Ni siquiera la falta de dinero.

    La cárcel más difícil de abandonar había viajado siempre con ella.

    Apoyó la frente contra el cristal. El paisaje comenzó a desfilar bajo la luz gris de la tarde. Sonrió apenas, una sonrisa cansada pero sincera. Tal vez aquel viaje sería igual que los anteriores y, al regresar, la rutina seguiría esperándola. Pero por primera vez en muchos años entendió que la vida que había añorado no estaba en otro país, ni en otra profesión, ni en otra versión de sí misma.

    Estaba en la paz de aceptar a la mujer que era.

    El autobús tomó la carretera principal y desapareció en el horizonte. Lola cerró los ojos. El viaje apenas comenzaba.

  • La migración y el derecho a la existencia

    La migración y el derecho a la existencia

    Su Santidad el Papa León XIV realizó su primer viaje apostólico a España el pasado seis de junio  que extendió hasta el pasado viernes 12. Casi pudo haber sido hasta el sábado 13, de no haber intercedido de inmediato el Rey Felipe VI, cuando al momento de partir de regreso a Roma desde Tenerife, el avión Airbus A320 de Iberia que lo transportaba desde el inicio de su periplo oficial, sufrió una avería en uno de sus motores.

    Por supuesto, el Rey Felipe VI quien le acompañó en toda su gira, y se encontraba aún en el aeropuerto, puso a su disposición el Falcon 900 del Ejercito del Aire y del Espacio que le fuere asignado al momento de su investidura real, para garantizarle a su Santidad el Papa León XIV, su regreso a Roma ese mismo día, tal como se tenía planificado.

    Como ya lo habíamos analizado, esa gira que se inició el seis de junio en Madrid, y que concluía justamente en Tenerife, luego de haber transmitido la postura oficial de El Vaticano, valga decir, del ser cristiano, dado que hablaba “Urbi et orbi”, sobre la lacerante cuestión migratoria, sus orígenes, causas, efectos y, de la condición humana de quien emigra y del estado que lo recibe.

    El primero de ellos fue en Las Palmas, ya en la conclusión de su viaje apostólico, en el mismo puerto de Arguineguín, por donde han arribado, naufragado, rescatados en el bravío Atlántico norte, centenares, miles de africanos huyendo de las hambrunas y violencia de sus respectivos países. O ha sido víctimas de traficantes de personas, de mujeres, para prostituirlas o esclavizarlas hasta la muerte.

    Fue un llamado a la piedad humana y un agradecimiento al pueblo e instituciones españolas por haberlos acogido, a pesar del significado que ello conlleva para la seguridad, planificación y organización del propio reino de España. Donde se presentan conflictos interculturales inevitables, y de planificación de las instituciones públicas, incluyendo las sanitarias y de seguridad.

    Pero igualmente, fue un llamado al inmigrante para que se integre obligándose a respetar las costumbres del país que les recibe, aprender su lengua y respetar sus normas sociales y sus leyes, para su total integración, en paz y sin contradicciones de convivencia.

    Por extensión, o contraparte a esta disposición del país receptor, y al llamado del Papa León XIV de acoger al inmigrante que huye de su propia tierra,  cualesquiera fuere la causa, se encuentra la responsabilidad, la disposición del inmigrante a integrarse a una cultura que no le es la propia con respeto y agradecimiento; e igualmente, determinar las causas existenciales que obligan a esa emigración o diáspora, que de alguna manera nos son comunes a los salvadoreños y venezolanos.

    Es decir, no solo es el mandato a la solidaridad cristiana con el otro, sino determinar para que la comunidad internacional intervenga para crear las condiciones elementales para que el ciudadano no se vea obligado a emigrar, sea por razones políticas o económicas, ambas en realidad por razones de inseguridad en su propio espacio natural de convivencia.

    Dictaduras, rebeliones, bandas criminales, ausencia de oportunidades laborales y desarrollo, o todas ellas en conjunto, deben igualmente ser objeto de estudio y decisiones de la Comunidad Internacional organizada, para que un ciudadano, una familia, un joven no tenga que emigrar para subsistir.

    Los o el modelo económico de libre empresa, ni el Estado de Derecho democrático, debe ajustarse para su propia seguridad a esta realidad, a fin de evitar futuras confrontaciones interestatales dado que, al final, el hombre es uno en cualquier parte, y la inseguridad de un país o región no puede convertirse en la inseguridad de otra región o país.

    Pensar, desear o imponer el predominio de un país, y su sistema económico y defensivo sobre el resto de la humanidad, solo traerá como consecuencia la inseguridad total como respuesta. Lo acabamos de ver con lo acontecido en el Medio Oriente y el frágil acuerdo alcanzado en la región.

    El mensaje cristiano sobre la migración es complejo pero inevitable, por lo que hay que enfrentarlo asumiéndolo en toda su dimensión. Es obligante para el cristiano y para los judíos, porque los judeocristianos, nacimos o tenemos un origen sostenido en la libertad humana, en la huida de la esclavitud.

    Moisés y Jesús fueron el punto de inflexión de esta condición, por ello somos tan sensibles los occidentales, por ello en algún momento de la historia se debió separar la religión del Estado (Tratados de Westfalia, 1648). Eso es otra historia. Hoy nos enfrentamos a un problema existencial muy grave, de la cual la Iglesia, El Vaticano, habla poco por razones obvias.

    Se trata de la persecución a los cristianos que actualmente se produce en Africa, con creciente intensidad. Situación que el Vaticano registra  con exactitud y guarda en sus archivos, mientras reza por ellos. Exteriorizar esta matanza inmisericorde que se esta realizando en este instante en Africa, podría desencadenar una respuesta defensiva armada que no llevaría a parte alguna, y sería retrotraernos  a siglos anteriores al siglo XVII.

    Actualmente al menos 15 países realizan sistemáticamente persecución a los cristianos. Según informes oficiales más de 300 millones de cristianos enfrentan niveles altos de persecución en Corea del Norte, Somalia, Yemen, Libia, Sudán, Eritrea, Nigeria, Pakistán, Irán, Afganistán, Eritrea, Camerún más de 50.000 cristianos han sido asesinados entre 2024 y 2025; a ello debemos agregar el rapto y violaciones a mujeres e infantas, extraídas de sus escuelas, esclavizadas, violadas, asesinadas.

    Es obvio que El Vaticano conoce estos datos en profundidad, mayor que los presentados. El caso es que se trata de manejar esta realidad lacerante con prudencia, sin escándalo, a fin de evitar mayores daños o respuestas violentas que no traería una solución de fondo. Recemos por ellos, y apelemos a las organizaciones internacionales para encontrar y detener esta situación fuera de tiempo y completamente fuera de control.

    * Juan José Monsant Aristimuño, diplomático venezolano, fue embajador en El Salvador

     

     

  • El mundial de fútbol y un viaje maravilloso

    El mundial de fútbol y un viaje maravilloso

    En dónde esté siempre escribiré mi columna para este prestigioso periódico. Con mi esposa continuamos con el viaje de nuestros sueños. En algunos países europeos verificamos que muchos visten camisetas alusivas a su selección. Se siente por doquier la pasión del mundial que tiene tres sedes. Mi esposa y yo lucimos durante el viaje camisas que identificaron que somos salvadoreños.

    Es interesante conversar con extranjeros sobre el tema del mundial. En este conversatorio quiero comentarles que viví la experiencia de observar en algunos países europeos cómo se vive la pasión del fútbol. Ejemplo, en Madrid, observé la pasión de este deporte, confirmando una buena afición mexicana, quienes departían en un restaurante el encuentro deportivo. Justo a tiempo vimos la inauguración del Mundial enfrente de la Puerta de Alcalá.

    El Mundial  de fútbol es un enganche para olvidarse de la cruda realidad, para algunos. Por ejemplo, Haití, a pesar de ser un país paupérrimo logró clasificar. Clasificar representa para el pueblo una gran alegría. Sin embargo, los salvadoreños nunca olvidamos los 10 goles que nos metió Hungría en 1982. La dulzura de la victoria y la amargura de la derrota esperan.

    En Frankfurt, Alemania, específicamente en un hotel, los aficionados disfrutaban del encuentro entre Inglaterra y Croacia. No era su selección; sin embargo, la calidad de ambas selecciones es lo que se aprecia. Mientras tanto, nos fuimos con mi esposa a terminar de ver el partido en el cuarto de hotel. Siempre sucede lo mismo, el cambio de horario afecta. Medios despiertos vimos ganar a Inglaterra.

    En otras conversaciones con taxistas, regentes de hoteles y otros, nos preguntaban sobre Nayib Bukele, lógicamente a muchos les agrada qué hay seguridad. Se evidencia que el tema de seguridad les agrada a muchos. Tal es el caso, una señora nos dijo: “Fuese bueno tener a un hermano de Bukele acá. Sánchez nos ha fallado”. Cuando hay un lapso de tiempo de descanso, uno quisiese evitar hablar sobre política.

    A quienes no les gustó que su selección no fuese al mundial fue a los italianos. Exhortaban que no era posible ver que no estuviesen en ese campeonato. Cuando les dijimos que éramos de El Salvador, un joven taxista nos comentó que conocía la vida futbolística de Jorge “Mágico” González. Yo le dije que hasta el mismo Maradona comentó en una ocasión que el Mágico era un gran jugador. Con gusto lucí mi camiseta color azul. En la parte trasera se lee “Mágico González”. Y, así cada italiano con quienes entablamos conversación manifestaron  que no era posible ver a la “azzurra” jugar. No se sientan mal, les dijimos, El Salvador desde 1982 no se clasifica.

    En cada lugar se percibe que disfrutan cada partido, claro, a los que les gusta el deporte rey. Los comercios, especialmente los bares. Fotos, videos y recuerdos de este maravilloso viaje. Lo que más nos gustó, aparte de la gastronomía, arquitectura, la calidez de la gente, etc., fue cuando visitamos la tumba del papa Francisco.

    Ambos sentimos paz, lloramos y nos arrodillamos. Mientras otras tumbas eran majestuosas, la de Francisco denotaba humildad. Una cruz elaborada de repujado le acompaña. La Capilla Sixtina, la Catedral de Sevilla, la Sagrada Familia, las visitas a los estadios del Real Madrid y Barcelona, museos, entre otros, nunca lo olvidaremos.

    Recién llegados a Paris unos señores argelinos, quienes son seguridad del aeropuerto, nos dijeron que los argentinos les ganaron 3 a 0. Los goles fueron de Messi.

    Mis selecciones favoritas para que ganen el Mundial son España y Argentina; empero, que gane el mejor. Nosotros seguimos disfrutando el viaje. Cuando se viaja se educa la mente. Un consejo es importante saber inglés para que lo timen. Claro, algunas personas hasta ocuparon traductores para brindarnos información.

     

    * Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador
    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv 

     

  • Protejámonos dignamente unidos o nos sepultamos solos

    Protejámonos dignamente unidos o nos sepultamos solos

    Latido a latido es como se consigue todo. No existe el hundimiento, salvo cuando dejamos de batallar juntos y nos desalentamos separándonos entre sí; máxime en un momento en el que nos hemos globalizado, lo que nos demanda poner a prueba la gran promesa de seguridad para todas las personas, se hallen donde se hallen. Setenta y cinco años después de la adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, tras la Segunda Guerra Mundial, esa promesa continúa estando vigente y es uno de los compromisos más claros de la comunidad internacional: Que aquellas personas que se han visto forzadas a huir no sean devueltas a una situación de riesgo y puedan vivir con dignidad, aunque estén desplazadas.

    En un orbe plagado de conflictos, hasta que todo el mundo esté a salvo, sin que le falte la justa comprensión y la básica asistencia, no habremos conseguido el objetivo humanitario. Comencemos, pues, porque las instituciones, con sus gobiernos al frente, sean ejemplarizantes a la hora de mantener el apoyo vital y defender sistemas de asilo justos y accesibles. Desde luego, la seguridad no debe vivir a cuenta de la nacionalidad, la riqueza, la raza, la religión, el género, la opinión política o la situación migratoria. Hay protección únicamente cuando los ciudadanos desplazados puedan vivir sin temor y reconstruir sus existencias, sin exclusiones; para ello, es preciso universalizar y salvaguardar el derecho a solicitar refugio, con oportunidades reales para alcanzar la autosuficiencia.

    Ojalá aprendamos a caminar hermanados; la cuestión no es fácil, pero tampoco imposible. Es cierto que la ciudadanía atraviesa una profunda crisis anímica y cultural, que se exterioriza en múltiples hechos de violencia, polarización y desconfianza recíproca. Quizás tengamos que aprender a querernos a nosotros mismos, para poder querer a los demás. Esta experiencia de cercanía, nos recuerda también el valor de la concordia y del paciente esfuerzo de cada ser, por acoplar siempre la firmeza de las convicciones con la benevolencia del diálogo y la grandeza del servicio. Con el paso de los años, yo mismo he comprendido que el bienestar es real, cuando reconozco la avenencia con todas las gentes del mundo, sin excepción alguna.

    Sea como fuere, es público y notorio, que la unión genera vínculos que nos fortalecen, sobre todo en las cosas necesarias, en cuanto comunión íntima de vida y amor que somos, como familia natural, mientras la discordia todo lo debilita. Así, cuando estalla una pugna, se reaviva un trance latente o se desata una catástrofe. Los individuos se ven forzados a abandonar sus hogares y pertenencias. La labor benefactora, es estar a su lado y asegurarse de que reciben la protección y la asistencia que solicitan. Urge, por consiguiente, hacer frente a esta cuestión de manera eficaz; lo que nos exige actuar de común acuerdo, con espíritu solidario, sin excesos ni despilfarros. Al fin y al cabo, lo trascendente no radica sólo en mantenerse vivo, sino en sustentarse vivencialmente compasivo.

    La humanidad tiene que humanizarse, por deber. Su genética está radicada en el deseo del bien y la bondad, en el cultivo de la verdad y de la virtud, ya que no concurre para destruirse. Perseverar con la mirada limpia facilita el reencuentro, saber estar juntos, haciendo culto a la cultura del abrazo y a los cuidados ineludibles. Levantarse de las caídas, salir de los espacios que fragmentan, es viable. Ahora bien, la honestidad requiere vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación universal contra los traficantes, amparo afectivo y efectivo a las víctimas, procesos leales y fieles de acogida e integración y políticas más poéticas, que permitan a cada persona morar con decencia en su propia tierra. Seamos todos, entonces, noble calor de hogar; al menos, para no temblar de innoble frío.