Categoría: Opinión

  • Desigualdad, migración y envejecimiento: el nuevo desafío salvadoreño

    Desigualdad, migración y envejecimiento: el nuevo desafío salvadoreño

    Dejo a Madrid dormida con una triste alegría. Doha me espera seis horas después para llevarme a Nairobi. Hace unos 20 años esta fue mi entrada al África salvaje, no más salvaje que mi tierra, luego entere. Recuerdo aquella mi primera vez, el temor ansioso de enfrentar un territorio desconocido, algo como tu primera vez, donde nunca sabes que esperar, nunca sabes si lo estás haciendo bien o mal. En aquellos días África me brindaba un sinnúmero de oportunidades para progresar en mi profesión. África me llevo de la mano por los caminos básicos de salud pública, África me mostró la otra cara de la humanidad y sus desigualdades profundas.

    Hoy, esperando en la terminal 4S de Barajas, ahora como investigador en un estudio sobre barreras y soluciones en el acceso a los servicios de inmunización. Aquí voy Nairobi, y conmigo ustedes. Y de regreso voy caminando por la calle del amor de dios, en dirección a la calle de las Huertas, que se abre a un constante bullicio de numerosas lenguas y dialectos, recordándome de lo colectivo de nuestro mundo. Un mundo cada vez más colectivo y diverso, un mundo cuya desigualdad se profundiza cada vez más.

    La tendencia mundial de la migración internacional durante los últimos 20 años muestra un aumento importante y sostenido, pero también un cambio en los destinos, los corredores migratorios y las causas. Los datos más recientes y comparables de Naciones Unidas llegan a 2024. Entre 2000 y 2024 el número de personas viviendo fuera de su país de nacimiento aumentó aproximadamente 131 millones, un incremento de alrededor del 76 %. Persiste la concentración alrededor de grandes polos económicos (Europa, Norteamérica y los países petroleros de Oriente Medio), El envejecimiento de los países ricos está convirtiéndose en un fator estructural, países envejecidos necesitaran trabajadores mientras países jóvenes tendrán grandes contingentes de población en edad laboral.

    Por eso, la migración del siglo XXI no puede entenderse únicamente como un problema de «personas pobres que intentan llegar a países ricos». Es también un fenómeno demográfico y económico mundial que conecta países jóvenes con países envejecidos, países con exceso relativo de mano de obra con países con escasez de trabajadores, y regiones afectadas por conflictos con regiones receptoras.

    El caso de El Salvador es especialmente interesante porque reúne casi todas las dimensiones de la transformación migratoria mundial: emigración histórica, tránsito, retorno, dependencia de las remesas y, al mismo tiempo, una transición demográfica que puede convertir la migración en una cuestión económica todavía más importante durante los próximos 20 años. El Salvador sigue siendo, ante todo, un país de emigración. Aproximadamente una cuarta parte de salvadoreños viven fuera del país. El destino principal continúa siendo Estados Unidos.

    La emigración ha estado impulsada por una combinación de factores económicos, familiares, sociales y de seguridad, además de la existencia de redes familiares ya establecidas en Estados Unidos. La paradoja es que El Salvador pierde población en edad productiva precisamente cuando comienza a necesitarla más. Y aquí aparece el vínculo con el envejecimiento. La ONU ha identificado específicamente a El Salvador como uno de los países donde la emigración está reduciendo el tamaño de la población en edad de trabajar. Según sus proyecciones, en 2054 la población salvadoreña en edad laboral sería más de 11 % mayor si no hubiese existido la migración internacional. Y esos cambios ya comienzan a ser observados.

    Aquí en el oriente del país la disponibilidad de trabajadores de la construcción y agrícolas cada ves es mas dependiente de personas extranjeras (Honduras y Nicaragua) en edad productiva. El Salvador podría pasar de ser exclusivamente un país que exporta trabajadores a necesitar también atraer trabajadores.

    En cuanto a la variable de desigualdad, en El Salvador presenta una paradoja: aunque el país ha logrado reducirla significativamente en las últimas dos décadas, sigue existiendo una profunda diferencia en las oportunidades y condiciones de vida entre distintos grupos de la población.

    El coeficiente de Gini pasó de 51.5 en 2000 a 39.8 en 2023, colocando a El Salvador entre los países con menor desigualdad de ingresos de América Latina. Sin embargo, esta mejora se ha detenido e incluso revertido ligeramente después de la pandemia. Entre 2019 y 2023, la pobreza aumentó de 22.8% a 27.2%, mientras que los ingresos de los hogares de menores recursos permanecieron por debajo de los niveles de 2019.

    El problema, por tanto, ya no puede medirse únicamente por el promedio nacional: persisten grandes diferencias según territorio, educación, empleo y acceso a oportunidades. Las remesas han contribuido a sostener el consumo de numerosos hogares pobres, pero no sustituyen la generación de empleos productivos ni la inversión en capital humano. En un país que además envejece y pierde población joven por la emigración, reducir las desigualdades de oportunidades será fundamental para evitar que el crecimiento económico beneficie principalmente a quienes ya están mejor posicionados. El África salvaje, no es más salvaje que mi tierra.

  • Huelga de Hambre, acción soberana de los sin derechos

    Huelga de Hambre, acción soberana de los sin derechos

    La huelga de hambre ha sido un recurso usado por numerosas personas en todos los rincones del mundo para reclamar derechos, o simplemente para llamar la atención sobre una situación que se considera injusta.

    Es una decisión sumamente peligrosa en la que se pone en riesgo la propia vida o se corre el peligro de padecer consecuencias muy lastimosas. Es una acción que se aproxima al suicidio, con la particularidad, de que el deceso puede convertirse en una larga y agotadora agonía.

    No pongo en dudas, que si se realizara una investigación sobre cuáles han sido los países donde sus ciudadanos han realizado más huelga de hambre en los últimos sesenta años, Cuba esté situada en unos de los tres primeros lugares, a pesar de que exigen numerosas pruebas de que al totalitarismo castrista los huelguistas de hambre y lo que les resulte las protestas le es indiferente.

    Llevo muchos años tratando de llamar la atención sobre los huelguistas de hambre. He abordado este tema en numerosas ocasiones, porque aún, cuando las demandas sean cumplidas, el huelguista sobrevivirá con secuelas que afectaran duramente sus condiciones de vida.

    El primer muerto en huelga de hambre en Cuba fue el líder estudiantil Pedro Luis Boitel, 25 de mayo de 1972. Su angustia fue larga, 52 días. Él ya había realizado numerosas huelgas de hambre con anterioridad, razón por la cual sus condiciones físicas no eran las mejores.

    Boitel, como el resto de los huelguistas de hambre en cualquier lugar del mundo, demostró una entereza moral, un coraje para asumir lentamente una muerte inevitable, que aun quienes rechazan esa forma de demandar sus derechos o demandar respeto a su dignidad, sienten admiración por la capacidad de entrega de esas personas a la causa que defienden.

    La tiranía castrista ha sido responsable de la muerte de al menos 14 prisioneros políticos durante estos 67 año de opresión y es de esperar, ojalá no sea así, que esa dolorosa relación aumente porque no faltan cubanos que, parafraseando a Jose Martí, aunque haya muchos hombres sin decoro hay otros que lo tienen para repartir, como ha hecho el periodista y director de la agencia independiente de noticias “Santa Clara Visión” Guillermo del Sol Pérez, en huelga de hambre desde el 13 de agosto del año en curso.

    El periodista independiente en huelga de hambre no reclama nada para él. Su sacrificio voluntario requiere que 18 prisioneros políticos sean liberados y reprocha al régimen  la revocación de la libertad de Leonel Tristá, manifestante de las masivas protestas antigubernamentales del 11 de julio de 2021, condenado a 8 años de prisión y quien, a finales de junio, realizó otra huelga de hambre en la Tercera Unidad de la PNR de Santa Clara.

    Sol Pérez, padece de dos enfermedades crónicas, hipertensión y diabetes, a lo que debemos agregar su edad, más de cincuenta años y su participación en otras huelgas como una que realizo, más de 40 días, en el 2019, en la que fue expulsado del hospital Arnaldo Millian Castro de la ciudad de Santa Clara.

    El hijo del huelguista, Adrián, hizo saber, según reseña de la publicación cubana libre 14ymedio que su padre “Tiene dificultad para hablar, se ve medio desorientado. Presenta dolores en algunas articulaciones y dolores en los riñones. Tampoco ha podido orinar hoy y es preocupante ya la situación debido al paso de los días y que el reloj biológico no perdona”, agrega su hijo.

    Leyendo estas declaraciones de la publicación cubana sentí un profundo escalofrío al recordar el testimonio de Osvaldo Figueroa Vázquez, compañero de presidio que asumió la responsabilidad histórica de llevar un diario de la huelga de hambre de Pedro Luis Boitel.

    “Maqueca” como le decimos a Figueroa, escribió en el diario publicado por Ángel de Fana, lo que reitero en el documental “Boitel, Muriendo a Plazos” del realizador Daniel Urdanivia y producido por el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el totalitarismo, algo muy parecido a lo dicho por Adrián, el hijo de Guillermo del Sol Pérez, “Se enjuagó la boca porque la botó. No tomó ayer ni orinó en todo el día. Hoy tampoco lo ha hecho”. Pedro, falleció dos días después.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

     

  • Serie: Los grandes de la Criminología. El paradigma de David Canter: hacia una cuantificación empírica del perfil criminal

    Serie: Los grandes de la Criminología. El paradigma de David Canter: hacia una cuantificación empírica del perfil criminal

    Para un profesional, estudiante, lector o espectador promedio, la elaboración de perfiles criminales está ligada a la imagen del «perfilador de Hollywood o de series»: un agente atormentado que, tras pisar la escena del crimen y cerrar los ojos, experimenta una revelación que le revela el rostro del asesino. Como criminólogo, siempre he visto esta romantización con profundo escepticismo, pues el análisis del comportamiento criminal no es un acto de clarividencia. Es, y debe ser, una ciencia. Es aquí donde honro la figura de David quien nació el 5 de enero de 1944 en Londres, Reino Unido. Reconocido psicólogo británico, considerado el pionero y principal desarrollador de la psicología investigativa y el perfilamiento geográfico criminal, disciplinas aplicadas en la criminología y la resolución de delitos complejos.

    Se erige como un pilar fundamental, siendo el artífice de una revolución que despojó a la perfilación de su aura esotérica para dotarla de un rigor estadístico irrefutable.

    David Canter ha dejado un extraordinario legado a la criminología y a las ciencias de la conducta criminal, en mi opinión su mayor aporte a la criminología no provino de la psiquiatría forense tradicional, sino de un campo aparentemente inconexo: la psicología ambiental. Antes de sumergirse en las mentes de los asesinos o violadores en serie, Canter estudiaba cómo las personas interactuaban con su entorno, los edificios y los espacios físicos. Su genialidad radicó en aplicar esta misma premisa a los agresores. Para Canter, el criminal no es un «monstruo» errático y ajeno a las leyes de la sociedad; es un individuo que se mueve, habita y opera dentro de una zona de confort espacial. Esta perspectiva desmitificadora cambió para siempre las reglas del juego.

    La cristalización de su teoría ocurrió en 1986, con el tristemente célebre caso del «Violador del Ferrocarril» en Londres. Mientras Scotland Yard se encontraba en un callejón sin salida procedimental, Canter no recurrió a la intuición, sino a los datos. Mapeó geográfica y temporalmente la distribución de los ataques. Su análisis espacial concluyó que el agresor debía residir en una zona específica, tener conocimientos avanzados del sistema ferroviario y poseer un historial personal particular. Cuando John Duffy fue capturado, el informe de Canter coincidió en trece de los diecisiete rasgos predictivos. No hubo magia; hubo cartografía del comportamiento.

    Este hito fundó lo que hoy conocemos como «Psicología Investigativa». La aportación teórica central de Canter fue transformar el análisis criminal en una disciplina eminentemente cuantitativa y contrastable. Mientras que el modelo tradicional del FBI (la Unidad de Ciencias del Comportamiento) se basaba en gran medida en la experiencia cualitativa de sus agentes y en entrevistas a reclusos, Canter introdujo el uso sistemático de bases de datos, análisis estadístico y la validación de hipótesis.

    Canter postuló el principio de «consistencia del comportamiento»: la premisa de que la forma en que un delincuente comete un crimen es un reflejo directo de sus interacciones cotidianas no criminales. Es decir, las acciones de un sujeto en la escena del crimen son un eco de su personalidad en la vida diaria, y sus áreas de ataque están ancladas a sus mapas mentales rutinarios (sus rutas al trabajo, su hogar o sus zonas de ocio).

    Desde una perspectiva criminológica, el legado de David Canter es incalculable. Nos enseñó que el análisis de la conducta criminal exige el mismo rigor metodológico que la recolección de evidencia de ADN. Nos legó las bases del «perfilamiento geográfico», una herramienta técnica que hoy es indispensable en las agencias de inteligencia y seguridad de todo el mundo para acotar zonas de búsqueda y optimizar recursos policiales.

    David Canter sacó a la perfilación criminal de las sombras de la especulación subjetiva y la llevó a la luz de la ciencia empírica. Hoy, en la era del Big Data, inteligencia artificial, y los algoritmos predictivos aplicados a la seguridad pública, su enfoque pionero es más relevante que nunca. Nos recuerda cada día, con contundencia científica, por medio de evidencia, que los criminales dejan un rastro mucho más revelador que una huella dactilar: dejan la huella indeleble de su propia cotidianidad plasmada en el espacio que vulneran. El doctor Canter continúa siendo en agosto del 2026 una figura muy activa y respetada en el ámbito académico y de la criminología, ostentando el título de Profesor Emérito de Psicología en la Universidad de Liverpool. Además, continúa dirigiendo el Centro Internacional de Investigación en Psicología Investigativa en la Universidad de Huddersfield. Es de alta relevancia trabajar a diario con los investigadores, policías, fiscales y criminólogos el desarrollo del sentido común y habilidades blandas.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa / www.ricardososa.net

  • Hacia una humanización de la educación (I)

    Hacia una humanización de la educación (I)

    Necesitamos a más docentes que lleguen al aula a humanizar a sus alumnos, que les hagan conciencia de todo lo que los rodea. Los docentes, en todos los niveles, tienen el compromiso de educar a los estudiantes en muchos sentidos.

    Un consejo para padres de familia y docentes, especialmente a los que cuidan y educan a los niños. No permitan que los niños pasen todo el día frente a una tablet. No permitan que las tecnologías los deshumanicen.

    Me molesta ver videos o escritos en donde mencionan que los padres de familia tienen la culpa, en gran medida, de que sus hijos sean una generación que ya ni respeta a los maestros o semejantes. Los mismos padres de familia están permitiendo que la escuela vaya transformándose.

    Los centros escolares no son lugares únicamente para corregir conductas, son lugares para transformar a los seres humanos. Los estudiantes aprenden valores, civismo, urbanidad y todo lo que contribuye a formar seres humanos excepcionales. Lástima que los padres de familia, según investigaciones, no estén ejerciendo el papel indicado. Tal parece que el celular es la niñera de sus hijos.

    Por lo tanto, la escuela no es tampoco una clínica psicológica o emocional; sin embargo, los maestros hacen el papel de psicólogos. Tienen que aconsejar a sus discentes. Se ven en la tarea de escuchar tantas historias, las cuales son problemas que tienen que ver con la separación de los padres u hogares disfuncionales, problemas económicos, ansiedad, etc.

    En el ensayo que escribí, La escuela transformadora que queremos en El Salvador, analizo lo siguiente: “Otro factor que también se debe tomar en cuenta es la salud mental; este es un tema que poco se aborda en la escuela que queremos y la clase social o el tipo de centro escolar. Aunque muchos colegios privados cuentan con psicólogos, las escuelas públicas adolecen de programas de salud mental. Es importante que los estudiantes se encuentren mentalmente bien para poder desarrollar sus habilidades”.

    En El Salvador, hemos atravesado diferentes conflictos que afectan a la escuela, la guerra civil y las pandillas minaron la conciencia y la psiquis de muchos niños y jóvenes. Es importante colaborar en equipo: escuela, Ministerio de Educación, directivas de padres de familia y la sociedad, a que la educación ayude a las nuevas generaciones a transformar al ser humano y al país.

    Los docentes hemos tenido que escuchar tantas desgarradoras historias. Nos ha tocado prevenir incluso suicidios. Es acá en donde debe haber más charlas en las escuelas de padres. Se debe abordar temas que podrían ser complejos, sin embargo, son cruciales para poder tener a ciudadanos buenos.

    No debemos permitir que lo moderno venga a destruir la misión y visión de la escuela. Actualmente, la inteligencia artificial (IA), las redes sociales y el mismo celular han venido a cambiar hábitos fundamentales para el proceso educativo. Además, se lee y evidencia en redes sociales que los maestros deben adaptarse a las nuevas tecnologías y que deben estar atentos para que los estudiantes no pierdan el pensamiento crítico, la ética, la empatía y la socialización. Se está dando a entender que los maestros estaremos solo para ir adecuando la información.

    ¿Qué papel juega el maestro cuando ha ido perdiendo el respeto? Los tiempos han cambiado, las normativas y leyes han destruido el enfoque principal que acompañaba a un profesor. Adaptarse a los cambios, a la educación virtual, ha hecho perder el protagonismo de los docentes.

    Es crucial que los planes de estudio se adapten en la enseñanza del civismo, urbanidad y valores. Cuanto más se enseñen esos temas, tendremos a mejores ciudadanos. Hasta en las mismas universidades se ven a estudiantes enfocados en “su propio yo”. Ya no saludan. Además, es importante que se les enseñe a los estudiantes la realidad del país, tal como lo manifestó el educador cubano José Martí.

    Es fundamental que se haga conciencia en las escuelas sobre la importancia de los valores y del respeto y se incentive la enseñanza, con ejemplos, sobre normas de urbanidad. La escuela transforma a los seres humanos en muchos sentidos. Todo lo que se aprende es útil; sin embargo, es tarea de cada maestro enseñar a sus estudiantes a ser personas ejemplares y útiles a la sociedad.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • El Niño no es culpa del Gobierno; la respuesta sí

    El Niño no es culpa del Gobierno; la respuesta sí

    Esta mañana, mientras disfrutaba mi desayuno, escuché la entrevista que el programa Frente a Frente le hacía al licenciado Luis Treminio, presidente de la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO).

    Vivo en el oriente del país y estoy experimentando en carne propia los efectos del fenómeno de El Niño, que nos ha traído una sequía brutal, temperaturas exorbitantes y una grave afectación de cultivos tradicionales como el maíz y el frijol.

    Los fenómenos naturales, indudablemente, no son responsabilidad de los gobiernos; sí lo son, sin embargo, las respuestas destinadas a mitigar sus efectos. Nuestro Gobierno oculta información y mantiene a la población en la oscuridad frente a un problema cuya gravedad podría aumentar: la inseguridad alimentaria, que, según expertos internacionales, empeorará en 2027.

    Más calor, menos agua y menor producción agrícola: esa es la ecuación que amenaza el futuro alimentario del país.

    ¿Pero que es el fenómeno del niño? ¿Y está relacionado al calentamiento global?

    El fenómeno de El Niño fue identificado en los 1600 inicialmente por pescadores españoles del norte del Perú, quienes observaron que, cerca de Navidad, aparecía una corriente de aguas cálidas que reducía la pesca. Por esa razón la llamaron El Niño, en referencia al niño Jesús. Aunque el fenómeno era conocido desde mucho antes, su primera descripción científica formal se registró en Lima en 1892, aunque se sabe que el fenómeno ha existido por miles de años en nuestro planeta. Con el desarrollo de la climatología, se comprendió que no se trataba únicamente de una corriente local, sino de un calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial que altera las lluvias, las temperaturas y la actividad pesquera en diversas regiones del mundo.

    El Niño no es causado directamente por el calentamiento global. El Niño es un fenómeno natural y periódico del sistema océano-atmósfera, mientras que el calentamiento global se debe principalmente a la acumulación de gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana. Algunos científicos explican que podría existir una relación simbiótica entre ambos fenómenos. El Niño es como un impulso temporal de calor sobre una tendencia permanente de calentamiento global. Esa combinación puede explicar por qué una sequía asociada al fenómeno resulta más severa para la agricultura, el agua y la seguridad alimentaria.

    Las consecuencias para la salud publica y la sobrevivencia de civilizaciones han sido devastadoras históricamente. Entre 1876 y 1878 se produjo una sequía de alcance excepcional en regiones de Asia, África y Sudamérica. El episodio coincidió con un El Niño muy intenso, además de condiciones anómalas en el océano Índico y el Atlántico. La combinación provocó malas cosechas, hambrunas y epidemias en India, China, Brasil y otras zonas.

    Algunas investigaciones estiman que la crisis causó más de 50 millones de muertes, aunque la cifra es aproximada y existe incertidumbre en los cálculos históricos. Las muertes se debieron principalmente al hambre, la deshidratación, las enfermedades y la vulnerabilidad de las poblaciones afectadas, no directamente al calentamiento del océano.

    La magnitud de la tragedia estuvo relacionada con factores sociales y políticos, algunos que me recuerdan a El Salvador: sistemas agrícolas dependientes de las lluvias, escasas reservas de alimentos, respuestas gubernamentales insuficientes o tardías. Ese antecedente no significa que el episodio actual vaya a provocar una catástrofe semejante. Sí demuestra que un fenómeno climático severo puede convertirse en una tragedia humanitaria cuando coincide con pobreza, falta de información, baja producción agrícola y una respuesta institucional deficiente.

    Según las estimaciones disponibles de CAMPO, El Salvador enfrenta actualmente un faltante de maíz y frijol, en conjunto, de aproximadamente 3.29 millones de quintales para el ciclo agrícola 2026-2027. Estas cifras todavía son proyecciones, no un balance definitivo de cosecha. El déficit podría aumentar si continúa la sequía y se pierden más cultivos, especialmente en el oriente del país.

    Un especialista del CESTA ha planteado un escenario más grave: hasta 10 millones de quintales de déficit de maíz y cerca de 1.5 millones de quintales de frijol. Como es costumbre el gobierno se abstiene de comunicar a sus ciudadanos una cifra única oficial y consolidada que incorpore plenamente las pérdidas de la sequía en la cosecha 2026-2027.

    El déficit no significa automáticamente que el país vaya a quedarse sin alimentos. Puede cubrirse mediante importaciones, reservas estratégicas, apoyo a la producción, riego y ayuda focalizada. El problema aparece cuando esas medidas son tardías, insuficientes o poco transparentes. Como lo que actualmente observamos.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional.

  • “Izquierdas”

    “Izquierdas”

    La toma de posesión presidencial en Colombia el pasado viernes 7 de agosto, me revolvió el estómago por varias razones. Una tiene que ver con quien asumió el cargo: Abelardo De la Espriella, fundador y líder de Defensores de la Patria cuya bandera lo arropó para triunfar en las elecciones realizadas en primera y segunda vuelta el 31 de mayo y el 21 de junio. Le terminó ganando “por un pelito” a Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico: menos de un minúsculo punto porcentual. Así, Gustavo Petro ‒el mandatario  saliente‒ se sumó a sus colegas de una variopinta “izquierda” latinoamericana cuyos potenciales sucesores fueron derrotados en las urnas. Entre estas figuras, acompañan al colombiano la hondureña Xiomara Castro y Gustavo Boric en Chile, quienes finalizaron sus mandatos este año; antes, en diciembre del 2023, fue Alberto Fernández el sustituido en Argentina por el impresentable Javier Milei.

    De este último no hay mucho por decir; como sostienen en México, solito se balconea. Pero cabe señalar que es un ultraderechista lambiscón de Donald Trump, al igual que De la Espriella. Además, ambos personajes del sur continental se decantan por el mal llamado “modelo Bukele”.  ¿Qué más decir del recién “coronado”? Durante su campaña proselitista aseguró que “el enemigo más grande que tiene el cristianismo es el comunismo” y que él era “el enemigo más grande que tiene el comunismo”. Eso sostuvo en medio de un calenturiento ambiente preelectoral, dejando clara su postura polarizante frente al proyecto de Cepeda quien proponía “tres revoluciones”: la ética, primero, la social y económica luego, para sumar a estas la política.

    Más allá del insípido postulado enarbolado por De la Espriella y la oferta idealista de Cepeda, conviene escarbar un poco en la particular trayectoria del primero antes de lanzar su candidatura. De 48 años al día de hoy, es abogado y empresario. Su bufete jurídico defendió un tiempo a David Murcia Guzmán, su paisano procesado en Colombia y Estados Unidos de América por actividades ilegales relacionadas con captación masiva de dinero y lavado de activos; dicha defensa fue calificada como “férrea” mientras duró. Eso ocurrió en el 2008.

    Un año antes, fue parte del equipo jurídico que representó a integrantes de grupos paramilitares de extrema derecha conectados con gobiernos afines de su país. Asimismo, en el 2016 defendió a Jorge Pretelt; este, siendo magistrado de la Corte Constitucional, fue retirado del cargo y en el 2019 resultó condenado por la Corte Suprema de Justicia tras ser acusado por el delito de concusión, una variante de la corrupción ejercida por funcionarios públicos. Y del 2013 al 2019 el ahora presidente colombiano fue abogado de Alex Saab, compatriota suyo y oscuro personaje vinculado a Nicolás Maduro; actualmente, Saab también guarda prisión en territorio gringo.

    Además, es confeso seguidor de Trump de quien recibió abierto apoyo previo y rápidas felicitaciones tras el resultado a su favor; el estadounidense declaró que era un “honor” brindarle “su respaldo completo y total”. Asimismo, De la Espriella se entiende perfectamente con Milei ‒“el tigre” y “el león”, se autonombran‒ y admira a conservadores radicales de antes como Margaret Thatcher, Silvio Berlusconi y Ronald Reagan; también a su paisano Álvaro Uribe y la italiana Georgia Meloni.

    Un lugar especial en ese catálogo de derechistas extremos lo ocupa Nayib Bukele. Se habla de un cierto parecido físico; a ello hay que agregar otras similitudes. Cito cuatro: la mercadotecnia publicitaria de sus imágenes, los lazos comerciales entre sí ‒que comenzaron a cocinarse antes de la toma de posesión del colombiano‒ y la “mano dura” en materia de seguridad que incluye las llamadas “megacárceles”, de las cuales De la Espriella ofreció construir diez. Además, ambos abrazan al Israel de Netanyahu; por ello, sin importar el terremoto que impactó la patria de García Márquez, el recién estrenado presidente no tuvo empacho en anunciar que movería su embajada a Jerusalén y reconocer la “soberanía” israelí sobre los Altos del Golán.

    A diferencia de Colombia, donde el partido de “izquierda” únicamente administró el Ejecutivo durante cuatro años para perderlo por un escasísimo margen de votos, en El Salvador la exguerrilla lo controló una década; es decir, dos veces. Pero sus desaciertos le abrieron las puertas de dicho Órgano gubernamental a Bukele, quien luego se tomó todo el aparato estatal y parece que planea eternizarse al frente del  mismo. Considerando todo lo anterior, la parte dolorosa de nuestra memoria histórica nacional y regional debería también contemplar el análisis intenso y descarnado de las cagadas de las “izquierdas”, para intentar aprender a profundidad la esencia de sus lecciones. Una de estas es no confundir cambios de gobernantes con cambios estructurales.

  • Hambre

    Hambre

    En un extracto del poema Todos tenemos hambre, de Amado Nervo, nos dice: aprende a conocer el hambre del que te habla… en el concepto de que, fuera del hambre de pan, todas se esconden. Cuanto más inmensas, más escondidas…

    Compilado en el libro Plenitud del mismo autor, esta reflexión hecha poesía después de más de un siglo continúa mostrando lo existente pero invisible es la necesidad humana frente al entorno de estar vivos.

    ¿Cuánto habrá de cierto en lo que decimos o lo que entendemos?

    En ambos casos, hay un tejido mental que urdirá una conclusión con la que estaremos o no conformes, esta podrá llegar a ser vistosa de colores y adornos de manera que se asemeje a lo que es una respuesta o siga siendo una interrogante. Pero, la difícil trama que existe para poder expresar claramente lo que sentimos y pensamos sobre algo determinado, casi siempre tiende a enredarse en ese mismo tejido mental, porque en los colores hay corazas que nos defienden de vernos débiles, con necesidad de saber, con hambre  y en los  adornos un vaivén de  máscaras que terminan por ocultar nuestras interrogantes y miedos. De allí el aprender a reconocer que en ocasiones cuando histriónicamente, alguien se decanta por algo en específico, es porque desea que así fuera y no porque lo tenga.

    Seguramente la mayor parte de nuestras vidas pasamos con hambre y nos resulta difícil comprender el hambre diferente a la de nosotros, porque somos distintos pese a iguales necesidades humanas; existen diferentes añoranzas de afecto, de saber, el hambre de por fin encontrar una manera en la vida que de paz. Esta necesidad podría entenderse, al menos así lo pienso, como la búsqueda eterna que permanece  dentro de nosotros mismos, por lo cual se vuelve extenso y estropeado el camino en donde aprendimos a esconder lo que llevamos en el interior, pero que permanece una interrogante hacia algo que faltó o falta en nuestras vidas.

    Alguien me dijo que la resiliencia como tal no tiene ningún significado ante lo que sucede, que no puede aplicarse ante la huella permanente que se graba en el alma. Pienso igual, talvez esa palabra pretende mermar un dolor, un faltante  y a su vez dar un color esperanza entregando una máscara que oculte el llanto, la mirada tibia y las arrugas que la amiga tristeza deja en la piel. Y si no, es que a través de ella, muy profunda se oculta aquella hambre que no fue saciada.

    De niños empezamos a esconder nuestras carencias, pero así mismo las observamos desde nuestro pequeño mundo y vamos entendiendo lo confusos que resultan los  adultos. Muestran alegría para encontrar verdad, tolerancia por permanencia, pero lo que  realmente hay en un trasfondo inevitable es hambre por saciar el miedo al fracaso, a la soledad y a lo infortunada que puede llegar a ser la vida.

    La misma hambre que empuja a ser saciada o ser ocultada con placebos, es la que nos mantiene en constancia, buscando entender. Pero a la vista de nadie no es agradable ver a un hambriento, a un famélico que se desborde totalmente.

    Pero si un poco, solo un poco escuchamos a los demás y a nosotros mismos, podremos escuchar como a intervalos hay silencios que se disfrazan de risas, guardando composturas porque las cosas son como son al tiempo que un suspiro nos hace más tibia la mirada.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Las muertes en accidentes viales que pueden evitarse 

    Las muertes en accidentes viales que pueden evitarse 

    En marzo pasado a Luis Ernesto Delgado, de 27 años de edad, su esposa le dio la buena noticia que estaba embarazada, por lo que éste para celebrar se fue con sus amigos a disfrutar el orgullo de su próxima paternidad, a un rancho de playa  de la Costa del Sol. En el lugar se emborrachó y en horas de la madrugada abordó una motocicleta de uno de sus amigos y se le ocurrió regresar a su residencia en Soyapango, sin embargo, en la autopista perdió el control y se salió del carril chocando con unos arbustos. La moto quedó destrozada y él murió en el acto. La autopsia de Medicina Legal determinó que el joven, que no poseía licencia para conducir motocicleta, al momento de su muerte se encontraba en estado de ebriedad.

    Para la esposa de Luis, su muerte ha sido un duro golpe, su hijo nacerá y crecerá sin conocer a su padre, un joven contador público que tenía un buen empleo. Para la sociedad salvadoreña Luis es solo una estadística, que indica que desde el 1 de enero al 17 de agosto actual ya suman 913 las personas muertas en accidentes viales lo que da un promedio de cuatro fallecidos diarios. En este mismo período, el año pasado el promedio era de tres muertos diarios, pues se te tenían 746 muertes.

    El Observatorio Nacional de Seguridad Vial en su informe de Siniestralidad  Vial Anual da  a conocer que desde el 1 de enero anterior  hasta el lunes pasado en el país se habían registrado 14,196 accidentes viales que habían dejado 9,916  lesionados y 913 muertos, en promedio son 62 accidentes diarios, mientras que el año pasado en ese mismo periodo habían ocurrido 13,283, dando un promedio de 58 al día.

    Este año, hasta el 17 de agosto, 9,916 salvadoreños de todas las edades y condiciones sociales han resultado lesionados; mientras que en 2025 los lesionados sumaban 8,053. El promedio diario ha subido de 35 a 43.

    Llama la atención que de los 913 muertos en accidentes, 422 eran motociclistas y 308 peatones. La principal causa sigue siendo la distracción al volante y la invasión del carril contrario, lo que se resume en irresponsabilidad y falta de conciencia. Muchos conducían en estado de ebriedad o sin la pericia suficiente al no tener licencia autorizada para conducir. El informe del Observatorio señala que la mayoría de muertos y lesionados son personas en edad productiva que murieron en colisiones, choques o atropellamientos, principalmente.

    Un dato que no cuadra o más bien no es lógico, es el que indica que el promedio de conductores peligrosos detenidos es de siete diarios. El Observatorio señala que desde el 1 de enero hasta el lunes pasado en todo el territorio nacional habían sido arrestados 1,497 conductores peligrosos, 170 más que los detenidos en eses mismo lapso el año pasado, cuando el promedio era de seis.

    Si tomamos en cuenta el programa del Estado de Cero Alcohol al Volante los detenidos y multados deberían ser miles. Basta  que se pongan los controles o retenes en las carreteras que conducen a las playas para que sean cientos de detenidos a diario, especialmente los fines de semana.

    Las causas de los accidentes no indican cuantos fueron ocasionados por conductores en estado de ebriedad o bajo efectos de bebidas embriagantes o drogas, pero seguramente son la mayoría. Siete detenidos a diario me parece una cifra minúscula en comparación con los miles que andan conduciendo ebrios o dopados.

    Las autoridades tienen bien identificados los lugares donde se consume  bebidas embriagantes por lo que no es necesario que sea época de vacaciones o fin de semana para establecer los controles.  Hay playas o zona turísticas de donde salen cientos de ebrios conduciendo irresponsablemente.

    Igual, el informe no indica datos sobre los conductores que son detectados sin licencia.  La Ley manda a decomisar el vehículo, pero si el 40 por ciento más de motociclistas no posee licencia, por qué no se procede al decomiso de sus vehículos. El colmo es que hasta buseros y microbuseros conducen sin licencia autorizada.

    La misma Dirección General de Tránsito acepta oficialmente que el desconocimiento de las leyes de tránsito por parte de una gran parte de los conductores es un factor crítico que incrementa los siniestros viales, por lo que se hace necesario reforzar la educación vial y la exigencia de las normativas. En lo personal creo que quienes menos desconocen sobre las  leyes son los motociclistas que hacen carriles imaginarios, sobrepasan por donde se les da la gana, suben a las aceras, suben más de dos personas y conducen a la ofensiva a pesar de ser los más vulnerables. Igual quienes manejan transporte de público, algunos de los cuales manejan con soberbia irrespetando y poniendo en peligro al pasajero y al peatón.

    Siendo así, pues el Viceministerio de Transporte debe ser más rigorista a la hora de autorizar una licencia y de supervisar las escuelas de manejo, que alguna responsabilidad tienen. La División de Tránsito de la Policía Nacional Civil debe, de manera permanente, mantener controles en todo el país.

    Sacando de circulación a los conductores ebrios (y dopados) y a los que no tienen licencia para conducir todo tipo de vehículo seguramente la cantidad de lesionados y muertos por siniestros viales van a reducir considerablemente.

    * Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Veinte minutos con un libro: recuperar el placer de leer sin prisa

    Veinte minutos con un libro: recuperar el placer de leer sin prisa

    Hay una escena que se repite todos los días. Nos sentamos unos minutos a descansar, tomamos el teléfono y pensamos revisar solamente un mensaje. Después miramos una noticia.

    Luego aparece un video. Después otro. Contestamos un WhatsApp, revisamos Facebook o cualquier otra red social y, cuando volvemos a mirar el reloj, ha pasado casi una hora.

    No hicimos nada malo. Simplemente, el tiempo se fue. Entonces pensé en algo muy sencillo: ¿qué pasaría si cada día apartáramos solamente veinte minutos para leer un libro? No dos horas. Ni siquiera una hora. Veinte minutos.

    Volver a leer sin correr

    Vivimos de prisa. Comemos rápido, contestamos rápido, caminamos rápido y también queremos leer rápido. Las redes sociales nos acostumbraron a pasar de una cosa a otra en segundos.

    Una fotografía, una noticia, un comentario, un video. Si algo no llama nuestra atención inmediatamente, movemos el dedo y seguimos. Un libro funciona de otra manera. Nos pide quedarnos.

    Cuando comenzamos una novela quizá las primeras páginas solamente nos presentan a los personajes. Poco a poco conocemos sus problemas, sus sueños y sus secretos. Después ocurre algo maravilloso: dejamos de mirar el reloj.

    Ya estamos dentro de la historia. Ese tipo de lectura nos ayuda a recuperar algo que estamos perdiendo: la capacidad de prestar atención durante un tiempo prolongado.

     Veinte minutos pueden hacer la diferencia

    No creo que para convertirse en lector sea necesario proponerse terminar cincuenta libros al año. A veces esas metas terminan produciendo exactamente lo contrario: presión. Prefiero algo más sencillo.

    Busque un libro que realmente le interese y lea veinte minutos cada día. Puede hacerlo después del desayuno. Antes de dormir. Durante un descanso. Mientras espera una cita. Incluso mientras toma una taza de café.

    Si un día lee diez páginas, está bien. Si solamente lee cinco, también. La lectura no es una competencia. Lo importante es regresar mañana. Después de varias semanas ocurre algo curioso: el libro comienza a esperarnos.

    Queremos saber qué sucederá con aquel personaje. Deseamos terminar el capítulo. Una historia empieza a acompañarnos durante el día. Allí comienza a nacer el hábito.

    El teléfono no es el enemigo

    Quiero decirlo claramente: no estoy en contra de la tecnología. Sería absurdo. El teléfono nos permite trabajar, comunicarnos, estudiar, leer periódicos y hasta llevar una biblioteca completa en el bolsillo. Yo mismo disfruto muchas de esas posibilidades.

    El problema aparece cuando ya no decidimos nosotros cuánto tiempo dedicarle, sino que la pantalla parece decidir por nosotros. Por eso no propongo abandonar el celular. Sugiero recuperar veinte minutos.

    Yo, Alfredo, escritor y lector desde hace muchos años, sigo descubriendo algo cada vez que abre un libro: la mente cambia de velocidad. El ruido baja. La atención vuelve. Las palabras empiezan a producir imágenes. Y eso se siente bien.

    Leer también nos ayuda a conversar

    Hay otro beneficio que muchas veces olvidamos. Quien lee tiene más cosas de qué hablar. Una novela puede llevarnos a conversar sobre la familia, el amor, la justicia, el trabajo, la historia o las decisiones humanas.

    Una biografía puede enseñarnos cómo alguien enfrentó una dificultad. Un cuento puede mostrarnos, en apenas diez páginas, una realidad que nunca habíamos imaginado. También aprendemos palabras nuevas sin sentarnos a memorizarlas.

    Poco a poco mejoramos nuestra manera de expresarnos, escribir y ordenar las ideas. Y todo comenzó con veinte minutos.

    Comencemos por algo que nos guste

    A una persona que nunca ha desarrollado el hábito de lectura no le recomendaría comenzar por un libro de quinientas páginas que no le interesa. Comience por aquello que despierte su curiosidad.

    Puede ser una novela corta. Un libro de cuentos. Una biografía. Una historia de aventuras. Literatura salvadoreña. Poesía. Un libro sobre algún tema que siempre haya querido conocer.

    Incluso, si usted es cristiano, puede comenzar leyendo un capítulo diario de los Evangelios. Poco a poco habrá leído los cuatro y después podrá continuar con cualquier otro libro de la Biblia.

    No necesita correr. Lo importante es leer con atención, comprender y reflexionar sobre lo leído. Los beneficios que he mencionado también están allí: concentración, comprensión, riqueza de lenguaje y, en este caso, crecimiento espiritual

    No existe ninguna obligación de comenzar por los libros más difíciles. Lo relevante es encontrar esa primera lectura que provoque una sensación sencilla: “Quiero seguir”.

    Recuerdo haber experimentado muchas veces esa alegría. Uno cierra el libro porque tiene que hacer otra cosa, pero la historia se queda dando vueltas en la cabeza.

    Horas después regresamos a buscarlo. Ese pequeño deseo de volver es una de las señales más hermosas de que estamos convirtiéndonos en lectores.

    Una pequeña decisión

    Pensemos en lo que significaría recuperar esos veinte minutos en nuestros hogares. Un padre leyendo. Una madre con un libro. Un adolescente dejando por un momento el teléfono. Un niño preguntando qué estamos leyendo.

    No hace falta organizar una ceremonia alrededor de los libros. Basta con abrir uno. Los hábitos también se enseñan con el ejemplo. Y quizá un niño que vea hoy a sus padres leyendo recuerde esa escena dentro de treinta años.

    Epílogo: veinte minutos para nosotros

    No sabemos cuántas horas hemos pasado deslizando una pantalla durante los últimos años. Probablemente sean muchísimas. Pero no quiero quedarme lamentándolo. Prefiero comenzar hoy.

    Veinte minutos parecen poca cosa. Sin embargo, pueden convertirse en páginas, después en capítulos y finalmente en libros completos. Y los libros, cuando realmente entran en nuestra vida, dejan algo dentro de nosotros.

    Nos hacen compañía, nos enseñan palabras, nos presentan personas, nos llevan a lugares donde nunca hemos estado. Y algo más valioso: Nos ayudan a pensar.

    La Biblia expresa una idea hermosa: “Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia” (Proverbios 3:13). Quizá hoy podamos comenzar de una manera muy sencilla.

    Dejemos el teléfono a un lado durante veinte minutos. Abramos un libro. Sin correr, ni competir, sin preocuparnos por terminarlo. Solo leamos. Mañana podemos volver por otras páginas.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial.

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • La Geometría del Crimen: descifrando el mapa de la violencia y su evolución en El Salvador

    La Geometría del Crimen: descifrando el mapa de la violencia y su evolución en El Salvador

    Kim Rossmo nació en 1955 en Saskatoon, en la provincia canadiense de Saskatchewan. Se licenció en Sociología por la Universidad de Saskatchewan en 1978 y, en lugar de encaminarse sin más hacia la vida académica, hizo algo poco habitual para un joven graduado: se incorporó al Departamento de Policía de Vancouver, primero como empleado civil y, a partir de 1980, como agente de uniforme. Durante años compaginó el trabajo en la calle con una curiosidad intelectual que no terminaba de encajar en la cultura policial de la época.

    El criminólogo canadiense Kim Rossmo dedicó su carrera a demostrar lo contrario: que aquellos puntos esconden una geometría discreta y que, bien interpretada, esa geometría puede indicar la zona donde el autor tiene su base, casi siempre su propia casa. A esa disciplina se la conoce como perfilación geográfica, y Rossmo es quien le dio una fórmula, un método y un sitio en las salas de investigación de medio mundo

    El crimen no ocurre en el vacío, ni por coincidencias; obedece a patrones, rutinas y, sobre todo, a una geografía específica. Como analista y experto en criminología y formado en perfilación geográfica, la revisión del concepto expuesto en el trabajo del maestro Rossmo y que tengo veinte años de seguir su trayectoria y escuela, resuena de manera profunda con nuestra compleja realidad operativa. Rossmo, ex oficial de policía y pionero canadiense de la perfilación geográfica, nos demuestra científicamente que el comportamiento de un delincuente ya sea un asesino en serie o una estructura organizada, no es a la suerte o sin ninguna intención. Existe una matemática subyacente en sus movimientos, un mapa mental que inevitablemente revela su base de operaciones.

    La teoría matemática de Rossmo se fundamenta en principios de la criminología ambiental, destacando el «decaimiento de la distancia» y la «zona de amortiguamiento». En términos sencillos, los criminales prefieren operar cerca de su área de confort (donde conocen las rutas de escape y las dinámicas de la comunidad), pero evitan atacar tan cerca de sus hogares o escondites como para atraer la atención policial hacia su propia puerta. Operan, por tanto, en los márgenes de su espacio de actividad rutinaria. Este enfoque analítico transforma un mapa lleno de puntos aparentemente inconexos (escenas del crimen, abandono de vehículos, zonas de extorsión) en una matriz probabilística que señala el «punto de anclaje» del agresor.

    Al trasladar la brillante tesis de Rossmo a El Salvador, las implicaciones son fascinantes y nos ofrecen una lectura criminológica forense de nuestra historia reciente. Durante décadas, nuestro país fue el tablero de ajedrez de las pandillas criminales principalmente la MS-13 y el Barrio 18 y de otras denominaciones. Estas estructuras llevaron la «geometría del crimen» al extremo a través de sus «cliclas y canchas».

    Los delitos no eran aleatorios; estaban estrictamente delimitados por denominadas fronteras invisibles. Si aplicamos la fórmula de Rossmo de forma retrospectiva, vemos cómo las clicas y canchas establecían zonas de amortiguamiento precisas: los cementerios clandestinos y las zonas de ejecución casi siempre se ubicaban en la periferia de su actividad rutinaria para mantener la presión policial lejos de sus centros de extorsión, negocios producto del lavado de dinero y viviendas.

    En pleno año 2026 la geografía del crimen salvadoreño ha cambiado y se ha transformado drásticamente por la efectividad, eficiencia, técnicas especializadas de investigación, operatividad, inteligencia, contra inteligencia de nuestra Policía Nacional Civil-PNC y Fiscalía General de la República. El control territorial lo ejercen las fuerzas del orden, las autoridades por medio del control social formal.

    Los remanentes de las pandillas criminales se han visto obligados a alterar sus rutinas, desplazándose hacia zonas rurales o adoptando perfiles de alta movilidad. Es precisamente aquí donde la perfilación geográfica cobra una nueva y crítica vigencia para el Estado salvadoreño. Ya no buscamos fronteras de barrios evidentes; ahora debemos aplicar la matemática de Rossmo y sistemas algorítmicos avanzados como el software Rigel, diseñado por él, combinados con la actual inteligencia, software de primera generación, análisis de datos, utilización de toda las nuevas tecnologías de la información y comunicación, inteligencia artificial, entre otros, pero sobre todas esa experiencia y alta capacidad del talento humano en investigaciones, inteligencia, seguridad pública, áreas especializadas  que tiene nuestra PNC, que la hace grande y líder en el continente para capturar a delincuentes que intentan operar bajo el radar, prediciendo que es el gran desafío sus nuevas rutas logísticas y refugios ocultos.

    El trabajo de Kim Rossmo no es solo una lección de criminología teórica; es un manual de actuación estratégica. Como país, es deseable consolidar el avance paso del patrullaje tradicional, pasamos al patrullaje digital y trascender a la inteligencia geoespacial predictiva. La geometría del crimen nos advierte una verdad ineludible: por más astuto que se crea el delincuente al intentar evadir la justicia en el nuevo panorama salvadoreño de la actuación policial y fiscal, sus propios hábitos espaciales serán, invariablemente, la brújula que guíe a la autoridad hasta su guarida y sean presentados ante la justicia.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / @jricardososa / www.ricardososa.net