Categoría: Opinión

  • El camino

    El camino

    El Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) fue fundado en 1986 por Ignacio Martín-Baró, víctima martirial de la masacre consumada tres años después en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA); está cumpliendo, entonces, cuatro décadas de una valiosa labor. Como parte de la Vicerrectoría de Proyección Social de la citada casa de estudios, según se lee en su portal oficial, desde entonces se ha dedicado al “seguimiento sistemático y científico” del sentir de nuestra población acerca de su “situación social, política, económica y cultural”. A lo largo de su trajinar, ha producido casi doscientos documentos relevantes que incluyen balances anuales y evaluaciones gubernamentales; también pesquisaspreelectorales y poselectorales nacionales y municipales, tanteos a boca de urna, indagacionessobre temas especializados –incluyendo los acuerdos de paz y la minería metálica– y relacionadas con la coyuntura nacional.

    Iniciando los siete años que Nayib Bukele ya permaneció en Casa Presidencial, publicó una exploración sobre las expectativas de la gente antes de que este se instalara constitucionalmente en el Ejecutivo y otra a los primeros cien días en el cargo; además, divulgó un sondeo sobre la epidemia del COVID. Ni como alcalde municipal de Nuevo Cuscatlán ni de San Salvador fue sometido a estos escrutinios; pero del 2019 en adelante, sentado en la silla presidencial por las buenas o por las malas, el IUDOP le ha contado las costillas año tras año.

    Este breve recorrido por la historia de la casa encuestadora jesuita, pretende destacar la solidez de su labor y desmontar los argumentos de quienes en algún momento se les ha ocurrido expresar que la UCA traicionó el legado de “los Ignacios” –Ellacuría y Martín-Baró– junto al de la defensa de los derechos humanos de nuestras mayorías populares desde la trinchera de Segundo Montes. El resultado aprobatorio sobre la gestión de Bukele no responde a tan retorcido juicio; es la opinión de la gente. El cuestionamiento que debemos hacernos tiene que apuntar, más bien, al por qué de ese sentir.

    Yo observo cuatro cosas destacadas. Primera: el hartazgo mayoritario de la población tras los períodos gubernamentales de los partidos Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), revelado por el IUDOP en junio del 2017: el 68.1 % no quería que el primero regresara y el 63.4 prefería que el otro no continuara. Segunda: la gratitud extendida hacia Bukele por haber neutralizado ‒sin importar cómo‒ el accionar criminal pandilleril; cuando le preguntaron a alguien si no se daba cuenta que así estaba comprando su voluntad, la respuesta contundente fue esta: “mientras esté bien, para qué la quiero”.

    Tercera: el temor a hablar mal del Gobierno o de su único líder, lo cual aparece reflejado en la más reciente encuesta universitaria: arriba del 55 % afirmó que era muy probable y algo probable sufrir “consecuencias negativas” al hacerlo. Antes, en junio del 2025, el IUDOP señaló que el 60% de las personas abordadas confesaron tener más cuidado al compartir con otras su opinión sobre política. Y cuarta: la publicidad oficialista extrema y engañosa, que escomprobable. A las anteriores, agréguese la falta de liderazgos y opciones que innoven con creatividadcierta y capacidad real para generar un proyecto fundado en el respeto de la dignidad humana.

    “Mientras los pueblos no cuenten con poder social, sus necesidades serán ignoradas y su voz silenciada”. Eso aseguró Martín-Baró, considerado el padre de la psicología social de la liberación. Tras la guerra y hasta la actualidad no existió ni existe dicho poder social. Y por eso ni “los mismos de siempre” ‒ARENA y FMLN‒ ni el que sigue haciendo siempre lo mismode forma recargada con nuevas y perniciosas ideas, pueden considerarse alternativas para nuestras mayorías populares. Mucho menos en el marco de unas viciadas elecciones.

    Es, pues, un asunto de poder. Por lógica, un poderoso egoísta no negociará con un débil;  mucho menos acordará cambios estructurales en favor del bien común. La guerrilla salvadoreña ‒con la fuerza política y militar que tuvo‒ se sentó en una mesa de negociación y logró acuerdos que pudieron haber comenzado a cambiar el rumbo de nuestra historia. Pero además de entregar las armas entregó ideales,para sumergirse en el estercolero electorero. Más allá de algunos “programas sociales” de los cuales la gente nunca se apropió, sino hubiera luchado para no perderlos, como partido prefirió tomar distancia delpueblo. Entonces, ¿qué nos queda? Desde mi modesta opinión, aprender de las lecciones pasadas y construir ese poder social desde abajo y desde adentro. Únicamente así podremos pasar de la indignación atomizada a la acción colectiva organizada.

  • Los abominables delitos contra la libertad sexual

    Los abominables delitos contra la libertad sexual

    Uno de los casos más repudiables que he conocido hasta ahora ocurrió en el área rural de la zona oriental, donde en 2012  un sujeto de 40 años de edad violaba sistemáticamente a sus tres hijas, cuyas edades oscilaban entre los diez y trece años. Todo fue del conocimiento público cuando embarazó a la niña mayor y fue detenido y procesado. Durante el proceso se conoció que la madre de las niñas había fallecido y que las pequeñas habían quedado bajo la custodia parental del imputado, quien comenzó a abusar de ellas bajo el criterio que él las mantenía y tenía derechos sexuales sobre ellas. Al final del juicio el juez le impuso 56 años de cárcel y las menores quedaron  con ayuda psicológica y bajo custodia de parientes maternos.

    Otro caso abominable, siempre en la zona oriental, en 2019 un sujeto de 50 y pico de años fue capturado porque bajo los efectos del alcohol golpeó y violó a su madre que ya superaba los 80 años. La Fiscalía General de la República (FGR) logró demostrar con pruebas irrefutables en el tribunal que cada vez que el sujeto se emborrachaba golpeaba a su madre hasta que la abusó sexualmente. Tras la vista pública el juez lo encontró culpable y le impuso 26 años y seis meses de cárcel.

    Las violaciones sexuales están a la orden del día. Es raro el día en que no ocurra un caso en El Salvador. La mayor cantidad de víctimas son menores de edad, especialmente niñas. En un 90 por ciento de los casos el agresor sexual es alguien conocido por la víctima y hasta por la familia. El violador es alguien del entorno con problemas psicosexuales y que se aprovecha de la vulnerabilidad de las víctimas para cometer su agresión sexual, a veces de manera reiterativa y bajo amenazas. En muchos casos el violador está en casa.

    Datos de la FGR indican que entre enero y mayo del presente año hubo 1,198 acusaciones por delitos relacionados con la libertad sexual de las personas, de esos ilícitos uno de los que más prevaleció fue el de violaciones contra menores o incapaces, ya que se dio 183 acusaciones. En ese mismo período, el año pasado, se habían dado 178 casos, es decir, la tendencia se mantiene.

    En el rubro de agresiones a la libertad sexual, el que más prevaleció fue el acoso sexual ya que la FGR presentó 196 acusaciones. Casi un 100 por ciento de las violaciones contra menore o incapaces y de los acosos sexuales fueron cometidos por hombres.

    A los casos de violaciones contra menores o incapaces hay que agregarle los 159 procesos abiertos por agresión sexual en menor e incapaz más 79 imputaciones por otras agresiones sexuales y 40 casos de estupro, 88 por agresión sexual en menor o incapaz continuada, 79 de otras agresiones sexuales más 58 casos de violación agravada en menor y otros delitos.

    Los menores de edad son vulnerables a las malas intenciones y acciones de personas desquiciadas y perturbadas, por eso en el núcleo familiar los padres tenemos la obligación de educar y orientar debidamente a nuestros niños (as). Los menores de edad  tienen que saber cuidarse y saber cuándo y a qué adulto contarle cuando sientan peligros o se perciban incomodados. En ningún lugar nuestros niños (as) están a salvo, pueden ser agredidos en caso, en el parque, en casas ajenas, en la escuela, en la iglesia, en la calle o en cualquier sitio, por eso debemos saberlos orientar y controlar su entorno.

    Sobre sexualidad deben hablarles personas especializadas en las instituciones y centros escolares , así como los padres de familia responsables. El Estado, transversalmente, está obligado a brindar una sistemática campaña de prevención y orientación.

    El violador puede ser cualquiera. No está enquistado en la pobreza ni en la incultura, igual puede ser violador un pudiente o una persona culta. Todos tenemos ocultamente una personalidad desconocida y tras alguien que socialmente pasa como honorable puede existir una persona deplorable e inmoral.

    Un delito de moda es el acoso sexual. Per sé es el delito contra la libertad sexual con más casos en los primeros cinco meses de este 2026. Generalmente los hombres envalentonados por un poder ocasional o por su conciencia desviada de ser superior por ser ente masculino, acosa a las mujeres sin motivo alguno, más que por el placer de exteriorizar sus complejos. Las mujeres, como los hombres, merecen todo el respeto posible, para movilizarse por donde quieran sin que alguien les haga acoso sexual.  Obviamente movilizarse libremente no implica exhibirse sexualmente o perturbar la tranquilidad de otros.

    Un fin de semana quedamos con un amigo de vernos en el Parque Libertad del Centro Histórico capitalino, para ir a un restaurante del sector. En media hora que lo esperé pude ver fácilmente diez casos de acoso sexual y hasta uno de exhibicionismo sexual, lo que muchos han normalizado sin percatarse que es la antesala de una agresión o violación sexual posterior. No debemos normalizar el acoso, tener poder no faculta acosar ni ser hombre tolera esa conducta. Las mujeres (y los hombres) que sientan acoso debe denunciar. Eso sí, con pruebas.

    Los abominables casos violaciones sexuales y los otros delitos contra la libertad sexual en general, sea contra quien sea, deben castigarse con dureza. Los padres de familia debemos educar y orientar adecuadamente a nuestros hijos (as) y cuidarlos. Somos los primeros responsables en llenarlo de valores y  de cuidar a nuestros hijos y garantizarles una felicidad plena por su calidad de niños (as).

    *Jaime Ulises Marinero es periodista  

  • Sociología y vida cotidiana

    Sociología y vida cotidiana

    Por fin, mi buen amigo, Daniel Portocarrero, me ha escrito ‘desde algún lugar de la USA’. Me alegro de tener noticias de él, por un momento creí que lo habían capturado y lo tenían incomunicado y que lo iban a deportar.

    Pero no es así ―me respondió sin que yo le preguntara eso―. Hasta hoy la he librado, porque vivo escondido y ya llevo diez ciudades en las que he vivido desde que empezó esta persecución feroz. Aquí siempre han perseguido a los inmigrantes irregulares, pero ahora se trata de una cosa desquiciante. Vivo oculto y me disfrazo, no sé de qué, pero me disfrazo, rehúyo lugares populosos, donde andan capturando, trabajo solo uno o dos meses en un lugar y cambio. Hace como un mes casi caigo en una redada, todo por culpa de la pinche nostalgia. Caminaba por un parque y me llegó el olor inconfundible de pupusas de chicharrón y no pude contenerme y me fui a meter a ese avispero. Esperé un rato hasta que fue mi turno. Y en el momento en que me dieron el paquete de cuatro pupusas de chicharrón y pagué, alguien grito: ¡la migra, la migra, la migra! Y el desparpajo se armó, yo salí con rumbo desconocido y corrí todo lo que pude sin soltar en ningún momento mis pupusas. Nadie se imagina lo que aquí estamos pasando. Me las fui a comer como a dos kilómetros de allí. ¿Qué sensación experimenté? Sé que me vas a acusar de ñoño, pero fue una delicia enorme comerme esas pupusas en medio de esa aflicción.

    A veces vuelvo la vista atrás y veo el colosal cambio que he experimentado en un par de años ―Daniel ha pasado a otro tema, y decido no contestar hasta que termine su chorro de recuerdos―. Yo tenía mi trabajo estable, era  director de una institución en la que se me respetaba y trataba con cierta consideración. Diecisiete años iba a cumplir de estar allí cuando me lancé a esta aventura. Todo parecía seguro. ¿Por qué lo hice? Ahora sé que por ambicioso. Nunca imaginé que hasta iban a revisar las nacionalizaciones, yo me viene porque me amparé a una seguridad que ahora es incierta. Y si revisan la nacionalización de quien me facilita su sombrilla, cómo no me van fregar a mí. Un día, cuando vi que esto iba en serio, le dije a mi mujer, me largo, prefiero ser un indigente aquí, pero libre. No voy a regresar allá, porque quemé las naves, me hiciste quemar las naves. Y me fui sin decir a donde. Así están las cosas.

    A escribirle iba, cuando un nuevo texto de Daniel emergió: Llevo casi un año de vivir a salto de mata y mi mentalidad ha mutado. Me he dicho que no regresaré al terruño. ¿A qué? Lo vendí todo, todo. No tengo adonde llegar, mi madre está muy anciana para irla a atormentar allá a Candelaria de la Frontera. Goza de buena salud y sé que mi presencia la aterraría. ¿Mis hijos? Están dispersos por el mundo, pero no me arrimaré a ellos. No les estorbaré. ¿Mi mujer? Ha quedado atrás. Como ves, estoy ab-suelto, como vos decís. Sé que en algún momento estaré cercado y mis opciones laborales se reducirán a la mínima expresión. No creás, he pensado en hacerme mendigo, sí, mendigo, y caminar y caminar hasta salir del radio de acción de esta gente. Así que cuando ya no pueda más aquí, buscaré la manera de ‘saltar’ a México, y como el escritor que tanto te gusta, Ambrose Bierce, me perderé en la tierra mexica, donde no me perseguirán.

    Esperé unos segundos y como vi que ya no iba a seguir, pues comencé a responder, pero de nuevo, Daniel soltó otro chorro: Aquí se vive una situación difícil, para varios sectores, pero ustedes también deben prepararse, porque se les puede poner color de hormiga la cosa. Tengo noticias ciertas (de una vecina que cuida a mi mamá y con quien me comunico para saber cómo está ella) de que poco a poco el torniquete económico comenzará a apretar.

    Te lo voy a ilustrar con tres ejemplos. El primero es el del ‘la economía política del huevo’ (¿te acordás de Aquiles que todo lo remitía a la economía política?), ahorita sé que venden en las tiendas cinco huevos por un dólar, eso lleva ratos, pero la vecina de mi mamá dice que, en Candelaria de la Frontera, en Ahuachapán y en Chalchuapa, ya el huevo se está vendiendo en algunas tiendas a cuatro por el dólar. Uy, eso es peligroso, porque toca el estómago de la marabunta laburante. Si llega a tres huevos por un dólar, la verdad, no sé qué pueda pasar. El otro ejemplo es el de la comunicación instantánea que se ha vendido como necesidad vital. Dice la vecina de mi mamá que hace un par de meses el paquete TIGO más barato pasó de un dólar a uno veinticinco y hace un par de días trepó a uno cincuenta. Uf, un cuchillo en el costado ¿Sabías que TIGO es de los chinos? Y el tercero, que aún no ocurre, es que el transporte público en las ciudades puede hacer aguas y quizá comiencen las presiones para subir las tarifas. Bueno, ya voy terminando, no me escribás a este número porque es un móvil descartable, yo lo haré no sé cuándo.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Toy Story 5 y algunas lecciones criminológicas relevantes 

    Toy Story 5 y algunas lecciones criminológicas relevantes 

    La semana pasada se estrenó a nivel mundial la quinta entrega de la película infantil «Toy Story» recibí la invitación de mi esposa que la acompañara ya que ella no se ha perdido ninguna entrega, y mientras nos trasladamos al cine me hacia un resumen de cada entrega, sus personajes y varios detalles de gran orientación, sin faltar su sonrisa y emoción que entusiasma. Con la mejor actitud me senté a esperar el inicio, pero no pensé que la película me dejaría tantas enseñanzas y aplicaciones para el diario vivir. Desde la perspectiva de la criminología ambiental, la teoría del aprendizaje social, de las oportunidades y del control social, la trama de la tecnología desplazando a los juguetes tradicionales, nos proporciona varias lecciones fundamentales sobre el delito moderno y la vulnerabilidad social, así como del papel crucial que juegan los padres de familia en este nuevo escenario digital. Comparto algunos de los principios de la criminología que puedo aplicar con relación a la película.

    El abandono del «guardián capaz»: La pantalla como niñera digital

    En la teoría criminológica de las actividades rutinarias, para que ocurra una situación de riesgo se necesita una víctima propicia (niñas y niños), la ausencia de un guardián capaz (padres de familia) y un delincuente motivado. En la película, cuando los niños se sumergen por completo en los dispositivos electrónicos, los padres a menudo asumen un rol pasivo, utilizando la tecnología como una «niñera automatizada».

    La lección: Los padres no pueden delegar la crianza ni la supervisión a un algoritmo. La falta de un guardián digital activo expone a los menores a dinámicas de vulnerabilidad (ciberacoso, acceso a contenido inapropiado) que los juguetes físicos jamás propiciaban.

    El secuestro de la atención y el aislamiento social

    Los juguetes tradicionales fomentan la interacción, la empatía y la resolución de conflictos en el mundo real. La tecnología de última generación mostrada en la película está diseñada bajo la ingeniería del comportamiento para generar dependencia.

    La lección: Los padres deben gestionar el «costo de oportunidad» del tiempo de pantalla. El aislamiento tecnológico debilita la socialización primaria del niño. El rol de la familia es poner límites firmes para evitar que el aislamiento digital se convierta, a largo plazo, en un factor de riesgo para conductas antisociales o depresivas.

    La pérdida del control de datos frente a las corporaciones

    A diferencia de los juguetes físicos, de plástico o acrílico, los dispositivos tecnológicos modernos recolectan datos, graban voces, analizan patrones de juego y predicen conductas mediante inteligencia artificial.

    La lección: La ingenuidad parental es un riesgo de seguridad. Los padres deben actuar como los primeros «oficiales de ciberseguridad» de sus hijos, configurando la privacidad de los dispositivos y entendiendo que un juguete conectado a internet ya no es solo un objeto de entretenimiento, sino una terminal de datos bidireccional.

    La caída programada de aplicación de los valores y la empatía

    El conflicto de los juguetes tradicionales en esta entrega es el olvido absoluto frente a la novedad tecnológica instantánea. Esto refleja la cultura del desecho y la gratificación inmediata.

    La lección: Al permitir que la tecnología desplace por completo el juego clásico, se corre el alto riesgo de normalizar la falta de frustración y la desconexión emocional. Los padres tienen la responsabilidad de rescatar el valor de lo tangible, la paciencia y el cuidado de los objetos y las relaciones humanas, conceptos que los juguetes tradicionales como Woody o Buzz representaban.

    La paradoja de la hiperconectividad y la soledad infantil

    La película ilustra de forma brillante cómo los niños pueden estar «conectados» con miles de usuarios en un videojuego o red social, pero profundamente solos en sus habitaciones y con muchos sentimientos encontrados.

    La lección: La tecnología ofrece la ilusión de compañía, pero carece de soporte emocional real. El rol fundamental de los padres es entender que ninguna tableta o visor de realidad virtual puede sustituir el apego seguro y el tiempo de juego compartido en familia. La prevención del vacío emocional infantil empieza en el suelo de la sala, jugando, no en la tienda de aplicaciones.

    La verdadera amenaza del presente y del mañana no son los juguetes que cobran vida en el anonimato de una habitación, sino la transferencia ciega de nuestra confianza colectiva a dispositivos que recopilan datos sin control ético. Woody nos enseña a cuidar lo que amamos; la criminología actual nos exige proteger el espacio donde nuestros hijos juegan e impulsar el control social informal por medio de la familia, en especial en la labor como padres. La solución preventiva, desde la criminología social, nunca ha sido la prohibición total, sino el fortalecimiento de los lazos. Nuestro deber es asegurar que, al igual que los leales juguetes de Bonnie (personaje principal), siempre haya una red de contención real, cálida y presente esperando, para recordarles a las nuevas generaciones que hay un mundo vital y tangible fuera de las pantallas digitales.

    Agradezco mucho a mi amada esposa por su gran invitación y haberme ilustrado para poder comprender el contexto, y sin duda la acompañaré en la sexta entrega.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología / @jricardososa 

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Dios y la desmitificación del mundo

    Dios y la desmitificación del mundo

    En el artículo anterior, El infinito y Dios, mencioné de pasada una idea que merece una reflexión más detenida. Se refiere a algunas convicciones intelectuales que hicieron posible el nacimiento mismo de la ciencia moderna, y que, dependen de otro tipo de conocimiento.

    Aunque parezca trivial una de las ideas que influyó para poder desarrollar la ciencia como ahora la entendemos es la comprensión cristiana de Dios. Para los cristianos, Dios es un ser personal, distinto de la naturaleza y la creación.

    Existen indicios de que prácticamente todos los pueblos han reconocido alguna forma de realidad trascendente. Culturas separadas por enormes distancias geográficas y temporales desarrollaron creencias religiosas, ritos y mitos sobre el origen y el sentido del universo. Sin embargo, en muchas de estas cosmovisiones la naturaleza aparecía estrechamente vinculada a lo divino.

    No es posible comprender la civilización maya sin referencias a Hunab Ku, considerado el dios supremo, a Itzamná, señor del cielo, o a Chaac, dios de la lluvia. Tampoco se puede entender la cosmovisión mexica sin Huitzilopochtli, asociado al sol y a la guerra, o sin Quetzalcóatl, protagonista de los relatos sobre la creación y renovación del mundo. Los fenómenos naturales, los ciclos agrícolas, las estaciones e incluso la supervivencia de la humanidad estaban profundamente relacionados con la acción de los dioses.

    Algo semejante ocurría en el mundo grecorromano. Zeus —Júpiter para los romanos— gobernaba los cielos y lanzaba los rayos. Poseidón —Neptuno— dominaba los mares y los terremotos. Deméter protegía las cosechas. Apolo estaba vinculado al sol y a la armonía del cosmos. El universo aparecía poblado por fuerzas divinas que intervenían constantemente en la vida humana y en los procesos naturales.

    Esta visión religiosa poseía una enorme riqueza simbólica y cultural. Inspiró obras de arte, epopeyas, tragedias y sistemas filosóficos. Sin embargo, también tendía a identificar estrechamente la naturaleza con lo sagrado.

    La propuesta cristiana introdujo una novedad decisiva.

    El cristianismo afirma que Dios creó el mundo libremente y no se identifica con él. El universo no es una parte de Dios, ni Dios es una fuerza impersonal difundida en la materia. El Creador y la creación son realidades distintas. La naturaleza dejó de ser un poder divino al que hubiera que temer o aplacar mediante sacrificios. El mundo pasó a entenderse como una creación ordenada, distinta de su Autor, y Dios dejó de ser concebido como un ser caprichoso, iracundo o vengativo. Las consecuencias intelectuales de esta idea fueron inmensas.

    Si el Sol no es un dios, puede ser estudiado. Su estructura, su composición química y sus propiedades pueden ser conocidas mediante la observación y la razón. Si los rayos, las tormentas o el movimiento de los astros no son manifestaciones caprichosas de poderes sobrenaturales, es posible investigarlos y descubrir las leyes que los gobiernan. En otras palabras, la naturaleza deja de ser una realidad divinizada e inaccesible para convertirse en un cosmos ordenado, inteligible y abierto a la exploración humana.

    Algunos historiadores han descrito este proceso como una auténtica desmitificación del mundo. No significa que el universo pierda su valor religioso. Al contrario. La creación sigue remitiendo a Dios, pero ya no es Dios.

    Además, la fe cristiana introdujo otra convicción fundamental: el mundo ha sido creado por una Inteligencia racional. La naturaleza no es un caos arbitrario ni el resultado de fuerzas imprevisibles. Posee un orden interno que puede ser comprendido.

    Esta confianza en la racionalidad del universo fue decisiva para muchos de los fundadores de la ciencia moderna. Kepler buscaba las leyes matemáticas del movimiento de los planetas porque estaba convencido de que el cosmos reflejaba una sabiduría divina. Galileo sostenía que el libro de la naturaleza estaba escrito en lenguaje matemático. Newton veía en las leyes físicas la expresión del orden establecido por el Creador.

    No estudiaban la naturaleza a pesar de su fe, sino precisamente la fe los llevó a estudiar la naturaleza. Por supuesto, sería un error afirmar que la ciencia moderna nació exclusivamente del cristianismo. La herencia griega, las aportaciones del mundo islámico, el desarrollo de las matemáticas y numerosos factores culturales, políticos y económicos desempeñaron también un papel decisivo. La historia siempre es más compleja que cualquier explicación monocausal.

    Es innegable que la visión del Dios cristiano contribuyó a crear un marco intelectual en el que la investigación científica podía desarrollarse con naturalidad. Dios nos dejó una creación profundamente ordenada y nos dio la capacidad de conocer ese orden: esto es ciencia.

    * Fernando Armas Faris, Sacerdote católico y doctor en Filosofía 

     

     

     

     

  • El legado sangriento de un verdugo

    El legado sangriento de un verdugo

    Murió Ramiro Valdés Menéndez, el sujeto que engrasaba la macabra máquina del totalitarismo castrista con la sangre de los miles de hombres que fusiló y los cientos de miles que encarceló.

    Participó con los Castro en el fracasado ataque al Cuartel Moncada y en la expedición en la que naufragó el yate Granma. En la Sierra Maestra cumplió la misión de espiar a compañeros y enemigos, la misma tarea que asumió en México entre sus compañeros expedicionarios. Tenía vocación de espía, en lenguaje cubano, era el chivato por excelencia.

    Ocupó posiciones muy importantes bajo el totalitarismo castrista. Miembro del ejecutivo nacional de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), dos veces ministro del Interior, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro del Buró Político, viceministro Primero de las FAR, ministro de la Informática y de las Comunicaciones, estuvo al frente de los sectores de la Construcción y la Industria Básica, junto a otras responsabilidades gubernamentales.

    De 1961 a 1969 comandó el Ministerio del Interior, cargo que retomó en 1978-1985, siendo sustituido por el viceministro, general José Abrantes, muerto en prisión.

    El comandante Jaime Costa, quien fuera amigo de la infancia de Ramiro Valdés, afirma que los primeros especialistas de la KGB en ingresar a Cuba que hablaban español, abril del 59, lo hicieron por gestiones de Valdés.

    Fue el fundador del Ministerio del Interior, estableciendo una estrecha colaboración con sus pares del extinto bloque soviético que duró hasta la caída del Muro de Berlín y en algunos casos por varios años más. Documentos archivados en la Stasi, policía política de la RDA, testimonian la estrecha cooperación entre las fuerzas represivas y los suministros de diferentes clases que la entidad represiva germana enviaba a sus homólogos de La Habana. Igual relación existía con la KGB, soviética.

    Valdés instituyó en Cuba la vigilancia contra el ciudadano común, pero también contra los altos jerarcas del régimen. No había diplomático, funcionario, empresario o personalidad extranjera, que no fuera espiado en la isla. Otro aspecto importante en los predios de Valdés fue al alto nivel de corrupción, siendo “Ramirito” el más corrupto.

    Es importante destacar que quien fuera viceprimer ministro del gobierno de Cuba y miembro del Buró Político, fue uno de los principales brazos ejecutores de la subversión castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución cubana en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Colombia y el resto de los países del continente, contaron con la asesoría de Valdés.

    Valdés, fue el primer jefe militar de Las Villas bajo el castrismo, posteriormente asumió la dirección del Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), represores por excelencia y primera cantera de la Seguridad del Estado e instructores en la subversión.

    La Seguridad del Estado, creada por Valdés es un organismo que ha encarcelado a más de medio millón de hombres y mujeres, ejecutado aproximadamente a seis mil personas y varios cientos de desaparecidos. Ellos cuentan con licencia para arrestar y matar, condenar sin juicios y fusilar sin pruebas, el legado más importante de Ramiro.

    El comandante de la Sierra Maestra, Huber Matos, declaró que Ramiro tenía la triste fama de ser represivo, aún antes del triunfo de la insurrección. Matos cuenta que, durante su arresto en Camagüey, Valdés le apuntó con una pistola constantemente y fue quien lo condujo preso a la capital.

    Las redadas, condenas y ejecuciones estaban a cargo de los «Ramiritos» como los calificaba Dariel Alarcón. Ricardo Boffill, afirmaba que viejos comunistas con un historial de violencia y asesinatos como Isidoro Malmierca y Osvaldo Sánchez, se incorporaron al Minint a través de Valdés, entregándole las informaciones sobre actividades políticas de ciudadanos de interés que había acumulado el Partido Socialista Popular durante años.

    Los agentes de Ramiro actuaron con plena impunidad, desconociendo los más elementales derechos ciudadanos. Ejecutaban redadas de miles de personas sin que mediara actuación judicial. Se estima que en los días de Playa Girón fueron arrestados y confinados en campos deportivos, escuelas y clubes sociales, más de 250,000 personas.

    Entre 1960 a 1975, Ramiro Valdés dispuso el desplazamiento forzoso de miles de campesinos de diferentes zonas rurales de Cuba, particularmente de la región montañosa del Escambray, creando los tristemente famosos “Pueblos Cautivos”.

    No faltaron masacres como la de “La Ceiba”, Escambray, donde fueron ejecutados con una ametralladora calibre 30, 19 hombres. Para el ministro y sus discípulos, la convicción de que un indiciado era culpable hacía posible cualquier condena. Fundó campos de concentración en todo el país, “La Sierrita”, “Arroyo Blanco”, “El Condado”, y muchas más, siendo los campesinos los que más la padecieron.

    Ulteriormente, colaboró estrechamente con el Ministerio de las Fuerzas Armadas para poner en función las sádicas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde miles de jóvenes fueron maltratados brutalmente.

    Valdés introdujo en los interrogatorios torturas muy sofisticadas. La aplicación del pentotal sódico (conocido como el suero de la verdad), cambios de temperaturas, aislamiento prolongado y métodos sicológicos muy agresivos para desestabilizar al preso, entre ellos el electroshock, sin dejar de proporcionar golpizas brutales. Numerosos presos recluidos en el hospital de Topes de Collantes, transformado en cárcel, fueron atados y lanzados desde helicópteros a una laguna situada cerca del antiguo centro hospitalario. Estas torturas se realizaron en otros lagos y pantanos de la isla.

    Manuel de Beunza, dice que aparte de asesino, Ramiro era un sádico. Gustaba visitar las prisiones, en particular las menos conocidas, como unas que estaban a disposición exclusiva del Departamento Técnico de Investigaciones, en las que el detenido podía permanecer por tiempo indefinido sin ser presentado ante autoridad judicial.

    Las condiciones carcelarias bajo la dirección de Valdés no solo eran difíciles, sino que podían generar un genocidio, si en el país se producía alguna circunstancia que pusiera en peligro la permanencia del sistema. Cumpliendo órdenes de Fidel, colocó en los túneles de las cuatro circulares y en el comedor, del Reclusorio Nacional para Varones de Isla de Pinos, miles de libras de TNT, con la orden de detonar los explosivos si se producía una sublevación o un ataque del exterior. Durante más de 20 meses 5.000 presos políticos durmieron sobre un virtual colchón de explosivos.

    Valdés fue el asesor estrella del castrismo en lo que respecta a represión, en la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, previamente lo había sido de Daniel Ortega y Humberto Ortega, en la sufrida Nicaragua. Sus conocimientos sobre prácticas violentas eran invaluables.

    Los funcionarios del Minint y Seguridad del Estado, G-2, han sido una élite dentro del régimen. Disfrutan de prerrogativas y privilegios que jerarcas de otras estructuras gubernamentales no disponen. Un oficial de esos cuerpos es mucho más importante que su par de las Fuerzas Armadas, su condición de sacerdotes del totalitarismo les permite intimidar, detener y eliminar a cualquier hereje sin mayores consecuencias, siendo, ese, el verdadero poder en un régimen como el castrismo. Ramiro lo detentó hasta su muerte.

    *Pedro Corzo es periodista cubano.

  • Venezuela: Ejercer el tutelaje     

    Venezuela: Ejercer el tutelaje     

    Recuerdo perfectamente el terremoto de Caracas de 1967, eso fue el 29 de julio a las 08:05 de la noche, de una intensidad de 6.5 grados; que igualmente, como el del pasado miércoles 25  en la noche tuvo su origen en el Litoral central, pero que afectó mayormente la zona este de Caracas de Altamira, Los Palos Grandes, Petare, la California y alrededores.

    Me preparaba a esa hora para asistir a la boda de la hermana de una compañera de estudios. Sentí el temblor en mi casa de La Florida, a un costado del ya inexistente cine la Florida. Ya, vestido de oscuro, al salir observé una grieta que concluía, vertical, en el marco superior de la puerta. Luego, alguien, (un ingeniero seguramente), me explicó que las grietas horizontales o transversales eran las peligrosas para las estructuras.

    De modo que salí como si nada a mi recepción, pero antes, me detuve en la casa de mi hermana en El Pedregal, esa cuña habitacional situada entre Chapellín y el Country Club, cercana al lugar donde emboscaron y asesinaron  al pariente el General Carlos Delgado Chalbaud.

    Al llegar, vi a mis sobrinos y a sus padres afuera, en el garaje, colocando unos colchones en el piso y me quedé consternado; así que en un tono entre extrañado y burlón les preguntó por qué hacían eso. Molestos, me observaron con curiosidad y me preguntaron sino sabía lo que había pasado. Entonces me enteré de la profundidad del temblor que había sentido, y el significado de la grieta sobre la puerta de salida de mi casa.

    Suspendí la recepción en Los Palos Grandes, y nos enfrascamos a buscar información sobre lo acontecido. Recuerdo al otro día, ver las primeras imágenes de aquel espectáculo de amasijo de pedazos de concreto, cabillas retorcidas amontonadas unos sobre otras, como si fuera el Guernica de Picasso.

    Allí perdimos un amigo, en el edificio Mijagual; mayor que nosotros, pero el muy respetado y apreciado Julio González, quien junto con Néstor Coll y Rodolfo José Cárdenas, había fundado la librería Nuevo Orden, ubicada frente a la antigua sede de la Universidad Católica, especializada en autores como Jacques Maritain, Ingnacio Lepp, Tehilard de Chardin, encíclicas papales, que nos sirvieron de base para un compromiso político originado en la Rerum Novarum de León XIII.

    Al día siguiente la televisión mostraba al periodista Oscar Yanez, micrófono en mano, recorriendo los escombros, detallando lo sucedido, preguntando e informando a bomberos, ingenieros, socorristas y sobrevivientes.

    Cincuenta y ocho años después de ese año y ese mes terrible, se repitió en el mismo lugar, en el mismo mes y hora un nuevo terremoto originado en el Litoral central, ensañado con la misma zona caraqueña pero con mayor destrucción y dolor humano en el Litoral central, hoy conocido Estado Vargas.

    Los reportes oficiales indican al momento de escribir estas líneas, 164 muertos y 900 heridos. Las imágenes me conducen a presentir con mucho dolor, que deben ser decenas de miles, muchos más. Aparte de los costos materiales causados en viviendas, instalaciones oficiales, hospitales, escuelas, comercios, y vías de comunicación.

    Esta tragedia humana y material me llena de tristeza y dolor, no solo por las victimas humanas inmediatas, sino por las pérdidas materiales, y la impotencia evidente de un estado, de un gobierno, de un régimen incapaz de enfrentar con eficiencia, honestidad y profesionalidad la tragedia humana y material que acaba de acontecer.

    El sistema sanitario venezolano, público y privado deja mucho que desear en los actuales momentos. Hospitales cerrados, profesionales de la medicina, médicos, auxiliares y enfermeros casi inexistentes, mal dotados, mal mantenidos, mal pagados; fuga de médicos, migración de personal de enfermería, ausencia de instrumentos y medicinas, instrumentos caducos o mal reparados. Defensa Civil desmantelada, Cuerpo de bomberos mal dotados, mal pagados, vehículos en desuso, maquinarias obsoletas.

    No tiene el actual régimen de los hermanos Rodríguez, ni sus ministros, ni lo tuvo el presidiario Nicolás Maduro, ni el fallecido Hugo Chávez, la capacidad ni la intención de generar un gran país, con toda la riqueza acumulada, pero sin control, empeñados como estuvieron en hacer la revolución mundial, en detrimento de su propia población y territorio.

    El primer año de gobierno de Hugo Chávez, el 15 de diciembre de 1999 se produjo el mal recordado Deslave del  Ávila en su cara norte, la que mira justamente hacia el litoral, hacia el mar. Ese día el agua bajó a lo plano y arrastró, enterró y destruyó edificio, casas, calles,  hospitales, escuelas, hoteles, árboles hacia el mar. Nunca se dio una cifra oficial de fallecidos, pero se estima que fueron entre 2,000 y 50 mil seres humanos. Al régimen que se iniciaba no le convino ofrecer la verdad.

    En ese momento, el Ministro de la Defensa de aquel entonces, el General Raúl Salazar, aceptó la ayuda ofrecida por la armada estadounidense para la evaluación, asistencia y reconstrucción del litoral  afectado. Y el tirano ignaro, Hugo Chávez, lo destituyó del cargo. De igual forma la Universidad Metropolitana, dirigida en ese momento por José Ignacio Moreno León, elaboró conjuntamente con la Embajada de Estados Unidos en Venezuela un proyecto de rescate, modernización y funcionalidad del litoral central, e igualmente el acomplejado tiranuelo Hugo Chávez, lo impidió.

    En esta oportunidad, ejerciendo como ejerce Estados Unidos un tutelaje sobre los restos de una tiranía en Venezuela, a través de los hermanos Rodríguez y el mismísimo Diosdado Cabello, espero, aspiro confío en que Estados Unidos asuma directamente, sin intermediarios de dudosa conducta, el rescate y  puesta al día de nuestras instituciones hospitalarias y de la Defensa Civil.

    Ni un dólar se le debe entregar a los hermanos Rodríguez, porque se quedarán con ese dólar, de alguna manera. Es la oportunidad que darle a Defensa Civil, hoy inexistente, desde que el General Rivero Muñoz se asiló cuando constató la presencia de oficiales cubanos dirigiendo el Alto Mando militar. Esta tragedia que nos acoge y duele, no puede ser dejada a los saqueadores inmorales que hoy ejercen la conducción del mismo país que ayudaron a destruir.

    No me queda nada por dentro, a pesar de mis reservas sobre el tutelaje, esperar, solicitar como venezolano, que en este momento, ante la dimensión del daño causado por los dos terremotos, sea Estados Unidos y sus autoridades quienes se encarguen directamente de dirigir y administrar la ayuda material de la reconstrucción  de nuestro  sistema de salud y de protección civil, con parte del dinero proveniente de la comercialización de nuestro petróleo que hoy fiscalizan.

    *Juan José Monsant es diplomático venezolano, fue embajador en El Salvador.

  • Claves para empoderar el turismo (I)

    Claves para empoderar el turismo (I)

    Sin duda alguna, el Pulgarcito de América, El Salvador, está cambiando vertiginosamente, eso gracias a la seguridad que impera en todo el territorio. Esa ansiada seguridad, la cual fue gracias a Nayib Bukele, ha hecho que vengan, poco a poco, inversionistas. Por esa razón, el turismo es clave para empoderar a un país y a una región. No es necesario hablar de estadísticas; todos sabemos que El Salvador, poco a poco, ha ido construyendo más hoteles, resorts, zonas de ocio, etc. Por eso, se deben aprovechar los recursos que tenemos. Somos pequeños, pero tenemos lagos, volcanes y, por ende, las diferentes rutas turísticas, las cuales son administradas por el Ministerio de Turismo.

    Hace poco estuvimos con mi esposa en diferentes países europeos, cada uno con su potencial que se aprovecha al máximo. En Sevilla, una ciudad que eminentemente se alimenta del turista, eso la hace ser uno de los destinos más visitados de España. De esos lugares se toma ejemplo.  El turismo la hace ser una ciudad empoderada. No solo por su historia, sino por su ubicación geográfica y gastronomía. Cuando aterrizamos en el aeropuerto internacional “San Óscar Arnulfo Romero y Galdámez”, tuvimos el placer de conocer la nueva terminal de pasajeros, la cual fue hace poco inaugurada por el presidente Bukele. Por lo tanto, mientras más grande sea el aeropuerto, se tendrá más capacidad para el arribo de más turistas.

    En ocasiones, las personas se aprovechan de una oportunidad o saben realizar negocios turísticos; por ejemplo, hay un pequeño restaurante ubicado enfrente de la Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona, cobra 40 euros por dos bebidas. Lógicamente, lo que en verdad cobran, es la experiencia de sentarse y contemplar la Sagrada Familia. El arquitecto modernista catalán Antoni Gaudí, es el que empoderó esa ciudad. Sus magníficas obras arquitectónicas lo constatan. El turista busca experiencias, busca lugares que le hagan sentir bien.

    En el contexto salvadoreño, hablaré sobre emprendedores que le apostaron al turismo rural. Según Massimo Tinetti, Licenciado en Administración de Empresas Turísticas, propietario del Hostal y Museo del Juguete Da Massimo (Dove Massimo), el turismo es de resilientes.    Tinetti exhorta que es importante hacer un FODA para aventurarse al negocio turístico, ver la ubicación del lugar, ser resiliente, resistir. El mercado en Apaneca necesita perseverancia, voluntad, una misión en donde hizo su plan de negocios para cinco años. Es relevante tener fe, la solvencia para desenvolverse, ponerle alma, corazón y vida. Además, manifiesta que no se trata de ser clarividente; no se sabe lo que se viene. La empatía es muy importante también. Tener un hostal y restaurante implica tener una excelente atención al cliente. En la red social Facebook de Tinetti está la leyenda: “Si quieres tener algo que jamás has tenido, debes hacer algo que nunca has hecho”. No ha sido fácil; sin embargo, su lucha constante, junto con su familia, ha hecho que su hostal sea visitado por muchos turistas locales y extranjeros.

    En otro caso similar, el touroperador Karlos Doratt, quien es Licenciado en Ciencias Jurídicas, especifica que las claves para empoderar el turismo son: “Como emprendedor he aprovechado el turismo valiéndome de la herramienta de Lean Canvas desarrollando un modelo de negocios, detectando las necesidades de los turistas nacionales y extranjeros, diseñando rutas en atractivos locales. Esto incluye diseñar experiencias al aire libre con la naturaleza, crear soluciones medioambientales para que sea un turismo sostenible. El objetivo es transformar el patrimonio cultural o natural en un negocio rentable mientras se genera empleo y desarrollo local con lo que llamo economía circular. Doratt hace tour de cascadas, de café, tour Ruta de las Flores (historia, patrimonio religioso y cultural y pilar económico en el caso del café)”. En las redes sociales se evidencia que hace tour por San José La Majada con turistas de todo el mundo.

    Ambos, Tinetti y Doratt, tienen cosas en común. Las claves para empoderar el turismo son muchas; en el turismo rural, debe haber actores que lo empoderen.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

  • Elígete una y mil veces…

    Elígete una y mil veces…

    ¿Cuántas veces has pospuesto una cita médica por una reunión? ¿Cuántas veces has dicho «después descanso» o «cuando tenga tiempo me ocupo de mí»? Vivimos respondiendo a las necesidades de los demás: clientes, colaboradores, familia, amigos y compromisos. Nos convertimos en expertos en cumplir expectativas, pero muchas veces olvidamos atender a la persona con la que conviviremos toda la vida: nosotros mismos.

    Durante mucho tiempo creí que elegirme era un acto egoísta. Pensaba que el éxito se construía trabajando más horas,  sumiendo más responsabilidades y estando disponible para todo y para todos. Con los años entendí algo diferente: cuando dejamos de elegirnos, tarde o temprano nuestra energía, nuestra salud y nuestra capacidad de liderar comienzan a pasar factura.

    Existe una idea equivocada sobre la imagen personal: pensar que comienza frente al espejo. Desde mi experiencia, he descubierto que comienza mucho antes, en la forma en que nos tratamos, en los hábitos que cultivamos y en el bienestar que decidimos priorizar.

    Durante años he visto cómo asociamos el éxito profesional con la preparación académica, la experiencia o la capacidad técnica. Sin embargo, estoy convencida de que hoy existe un factor que cada vez cobra mayor relevancia y que, muchas veces, pasa desapercibido: el bienestar personal.

    Podemos perfeccionar un discurso, vestir impecablemente o construir una estrategia de marca personal en redes sociales. Pero he aprendido que ninguna de estas herramientas logra sostenerse si detrás hay una persona agotada, desconectada de sí misma o que ha dejado de cuidar su salud física y emocional. La autenticidad no se fabrica; se proyecta.

    He comprobado que las personas que generan mayor confianza no siempre son las más extrovertidas ni las que buscan llamar la atención. Son aquellas cuya presencia transmite equilibrio, claridad y seguridad. Personas que inspiran antes de hablar y que lideran desde la coherencia entre lo que piensan, dicen y hacen.En un entorno donde la confianza y el liderazgo son activos clave, considero que el bienestar se ha convertido en una verdadera ventaja competitiva. Ya no basta con ser competente; también es necesario contar con la energía para innovar, la inteligencia emocional para gestionar equipos, la resiliencia para adaptarse a los cambios y la serenidad para tomar decisiones bajo presión. Todo eso comunica.

    Todo eso también construye reputación.

    Para mí, la marca personal no consiste en crear un personaje para agradar a los demás. Consiste en fortalecer a la persona que existe detrás de la marca. Cuando aprendemos a gestionar nuestras emociones, respetamos nuestros tiempos de descanso, cuidamos nuestra salud y desarrollamos una mentalidad de crecimiento, comenzamos a proyectar una imagen mucho más poderosa que cualquier tendencia o estrategia de comunicación.

    A lo largo de mi experiencia también he aprendido que las personas no recuerdan únicamente cómo te veías. Recuerdan cómo las hiciste sentir, la confianza que inspiraste y la energía que llevabas contigo. Esa percepción es la que abre puertas, fortalece relaciones y deja una huella profesional duradera.

    Cada encuentro, cada conversación y cada oportunidad representan una ocasión para fortalecer nuestra reputación. Por eso, construir una marca personal sólida no comienza con una sesión de fotos, un cambio de imagen o una publicación en redes sociales. Comienza con una decisión mucho más profunda: convertir nuestro bienestar en una prioridad.

    Si algo he confirmado en este camino, es que la mejor inversión para fortalecer tu marca personal no siempre está en tu guardarropa, en una estrategia digital o en una agenda llena de compromisos. Muchas veces comienza en aquello que nadie ve: la paz con la que enfrentas cada día, los hábitos que sostienen tu bienestar y la relación que construyes contigo mismo.

    Estoy convencida de que la reputación más valiosa no nace de la perfección. Nace de una presencia auténtica, saludable y coherente. Porque cuando una persona aprende a elegirse una vez, y luego otra, y otra más, comienza a construir algo mucho más importante que una imagen: construye confianza.

    La confianza no se viste; se cultiva. Y la mejor imagen que podemos proyectar siempre nace del bienestar con el que elegimos vivir.

    * Ale Costa es empresaria y estratega digital

  • El fútbol: ¿arma propagandística?

    El fútbol: ¿arma propagandística?

    Durante la Copa del Mundo de 1954 realizada en Suiza, comenzaron a transmitirse partidos “en blanco y negro” dentro de Europa; en la de Suecia de 1958, también. Del campeonato realizado en Chile cuatro años después, solo pudieron disfrutarse parcialmente dentro de sus fronteras. El siguiente fue en Inglaterra y contando ya con tecnología satelital pudo ser visto en tiempo real por aficiones del Viejo Continente y la estadounidense, pese a no ser su deporte nacional; en la América restante, los encuentros solo fueron contemplados después de finalizados. Esta edición, aunque diferida, fue la primera que vi; apenas tenía diez años. Tres recuerdos guardo de la misma. Menciono dos: la indebida expulsión de Antonio Rattín, capitán del seleccionado argentino, decretada por un árbitro alemán en el juego contra el equipo anfitrión y el falso “gol” inglés en la final contra Alemania.

    En el de “México 70” ya era yo un adolescente que pudo admirar la vistosidad de los brasileños, en cuyo plantel de ensueño brillaba con luz propia su estrella máxima: Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé. Su salida del campo de juego molido a patadas, cargado por el masajista Mario Américo y alguien más, es el tercer recuerdo que me quedó del Mundial de 1966. Pero fue desde el primer torneo realizado en la tierra de Juárez que me clavé con “la Verdeamarela”, para convertirme en uno de sus fervientes seguidores. Ya pasaron seis décadas de la mencionada final escenificada en Londres, dentro del antiguo Estadio de Wembley, y muchas cosas cambiaron en el fútbol profesional. Eso sí, bastantes para mal lastimosamente.

    Previo al último encuentro mencionado, en 1964 fue derrocado el mandatario  brasileño Joao Goulart. El tercer militar al frente de la dictadura iniciada con su caída, Emilio Garrastazu Médici, metió mano para que ‒tras lo ocurrido en 1966‒ Pelé cambiara de parecer y retornara a la selección carioca para jugar el torneo mundialista de 1970 realizado en el país donde se había perpetrado una masacre el 2 de octubre de 1968 y otra el 10 junio de 1970. La primera tuvo lugar días antes de la inauguración de las Olimpiadas; la segunda, días después de que Gustavo Díaz Ordaz, presidente mexicano y principal responsable de ambas atrocidades, inaugurara el torneo mundialista celebrado con la participación de apenas dieciséis equipos entre los cuales figuró el salvadoreño ocupando la última posición.

    Durante la etapa clasificatoria, los nuestros enfrentaron a los hondureños tres veces. Primero ganaron los catrachos y luego los salvadoreños, lo que obligó a un tercer partido del cual saldrían victoriosos los nuestros para avanzar a la última fase, de cara la justa en el país norteamericano. Este último se realizó el 27 de junio de 1969 y del 14 al 18 de julio inició entre ambos países un corto pero cruento conflicto bélico conocido como “la guerra del fútbol”; así la bautizó alguien y esa etiqueta fue ampliamente difundida cuando en realidad sus causas reales tuvieron que ver con disputas sociales, económicas y políticas entre las clases dominantes de estos países vecinos.

    En 1974 la sede del evento futbolero fue Alemania y en 1978 la Argentina sometida bajo la dictadura encabezada, desde el 24 de marzo de 1976, por el general Jorge Rafael Videla. Este creó el “Ente Autárquico Mundial 1978”. Su primer presidente, el general Omar Actis, fue asesinado en agosto de 1976 en medio de la pugna entre militares por el manejo de los millonarios fondos destinados a organizar y desarrollar el evento que “por fin” ‒en palabras del corrupto Joao Havelange, entonces máximo dirigente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA)‒ permitiría al mundo conocer “la verdadera imagen de Argentina”, que para él no era aquella que el régimen despótico pretendía ocultar: la del terrorismo estatal que sumó más de 30 000 víctimas asesinadas o desaparecidas.

    Tras coronarse campeona la “Albiceleste” por primera vez, el tirano Videla afirmó frente a sus integrantes que el pueblo argentino no renegaba de su presente y vivía “con heroica alegría, la posibilidad de un futuro promisorio”. Pero según Jorge Valdano, mundialista en “México 86”, César Luis Menotti les dijo antes a sus futbolistas que ellos eran “el pueblo”; que pertenecían “a las clases perjudicadas”, que eran las víctimas y representaban “lo único legítimo” en el país: el fútbol.

    “Nosotros ‒les aseguró el aclamado seleccionador‒ no jugamos para las tribunas oficiales llenas de militares sino que jugamos para la gente. Nosotros no defendemos la dictadura sino la libertad”. Pero “nos usaron como arma propagandística”, expresó el volante Osvaldo Ardiles. Y 48 años después, aunque bastante malo, el fútbol salvadoreño ya comenzó a ser eso de nuevo.