Categoría: Opinión

  • Obituario de un delincuente

    Obituario de un delincuente

    Hay quienes opinan que las personalidades nocivas de la historia, dimensión personal o colectiva, deben ser ignoradas, tal y como si no hubieran existido, consideración que no comparto porque mientras las consecuencias de sus obras se padezcan el causante de los males no debe ser olvidado.

    Hago esta reflexión porque esta semana el individuo más nefasto de la historia de Cuba habría llegado a los 100 años, aunque muchos de nosotros hubiéramos preferido que no hubiera nacido.

    Reconozco que he abordado este tema con anterioridad, pero el hecho que lo que resta del totalitarismo castrista esté conmemorando el centenario de Fidel Castro, junto a su sangriento y destructivo legado, me obliga a transitarlo nuevamente, porque como entendiera José Martí, la verdad no es un simple dato o concepto abstracto, sino un deber moral vivo.

    Por supuesto que considerar que Fidel Castro fue el único culpable de la tragedia cubana sería un craso error. Tuvo numerosos colaboradores entre los que destacan su hermano Raúl, el verdugo más eficiente del totalitarismo, Ramiro Valdés y los siempre recordados Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuego, sin olvidar a los criminales anónimos y no anónimos, que con su vileza construyeron un sistema de horrores de muy difícil repetición.

    A los 100 años del natalicio del tirano más despiadado que ha padecido América, de los cuales vivió 90 años y tiranizó a un pueblo personalmente por 49, es apropiado afirmar que ni un segundo de su larga existencia estuvo orientado o comprometido con hacer el bien. Fidel Castro vivió para satisfacer sus ambiciones más nefastas, sin importar, el precio que tuvieran que pagar sus seguidores y menos sus enemigos.

    Castro fue un encantador. Literalmente encantador de serpientes, porque de los muchos que sedujo, la mayoría, fueron viles reptiles que cumplían ciegamente sus órdenes. Su capacidad de seducción fue enorme, equivalente, a la ingenuidad de quienes les sirvieron ciegamente.

    Castro irrumpió en la política a través del pandillerismo universitario. No pudo acceder al liderazgo de la Federación Estudiantil Universitaria, y se asoció con los dos grupos más violentos que operaban en la década del 40 en la Universidad de La Habana.

    No estoy escribiendo algo nuevo. Lo anteriormente expresado se ha dicho y se repetirá por décadas. Las ruinas causadas son tan vastas y profundas que los ejemplos de su destrucción será muy complicado erradicarlos, e imposible olvidarlos.

    Los daños materiales han sido incontables, no obstante, hay profundos conocedores de la realidad cubana, como el profesor Dagoberto Valdés y el escritor José Antonio Albertini, quienes afirman que los mayores perjuicios, el legado más negativo de Fidel Castro y sus sicarios son los que no se pueden palpar ni ver, los daños intangibles al ser humano, entre los que destacan el miedo, una emoción que cuando empieza a recorrer tu columna vertebral nunca la abandona y la pérdida de la esperanza, una expectativa que cuando se marchita, jamás revive.

    No es que los cubanos hubieran vivido en una pecera inmune a esos sentimientos y emociones, en la Isla nunca dejaron de haber problemas y distaba de ser un paraíso, pero los que vivimos la República, con sus muchas imperfecciones, podemos atestiguar, ante cualquier corte, que la herencia negativa de esa familia a nuestra nación no tiene igual.

    Las acciones condenables del totalitarismo insular, como hemos referido en más de una oportunidad, han transcendido las fronteras, de no ser así, la dupla de criminales integrada por Daniel Ortega y Rosario Murillo no le hubiera construido un monumento al tirano difunto.

    Los regímenes de Nicaragua, Bolivia y Venezuela surgieron y fortalecieron a la sombra de los hermanos Castro. De no ser por Fidel y Raúl, Daniel Ortega y Evo Morales serían simples delincuentes, y Hugo Chávez un payaso que incursionó en el narcotráfico.

    No quiero cerrar este aciago aniversario sin afirmar que los Castro han sentido un profundo desprecio, mezclado con odio, contra el pueblo cubano. Lo afirmo, porque trabajaron arduamente para destruir la República y se empecinan en seguir en el poder como lo evidencian sus cachorros, verdaderas hienas como sus progenitores, que buscan sobrevivir y seguir en control para depredar por siempre.

  • El talento humano ante la IA

    El talento humano ante la IA

    Es crucial definir qué es talento humano; según la RAE, es la capacidad de entender lo que hacemos, aptitud o la capacidad para hacer bien una tarea u ocupación. Es el que tiene capacidad para un trabajo.

    En la Revolución Industrial las empresas tuvieron que adaptarse al cambio; en esos procesos se han aplicado diferentes maneras de simplificar el trabajo o de aplicar las tecnologías. Por lo tanto, es importante analizar hasta qué punto el talento humano y los mismos empresarios van adaptando su enfoque administrativo ante la inteligencia artificial (IA).

    Las máquinas han ido reemplazando a muchos trabajadores; no es motivo de preocupación hacia el talento humano. Las habilidades y capacidades siempre son las que se necesitan; lo que va cambiando es la aplicación de nuevas tecnologías. ¿Se están perdiendo plazas laborales debido a la IA? Se comprueba según publicaciones que sí. Eso depende más del tipo de trabajo.

    Según Deloitte, “Una de las conclusiones más contundentes es que la velocidad supera a la escala como principal ventaja competitiva. El 67% de los líderes empresariales afirma que su prioridad será la agilidad, frente a solo el 28% que sigue apostando por crecer en tamaño”.

    ¿Cuáles son las habilidades que debe tener un trabajador actualmente? ¿El talento humano debe adaptarse a los cambios? ¿Qué piensan los empleadores ante los usos de la IA? Las máquinas simplifican mucho; sin embargo, con la IA se hacen más fáciles algunas actividades. Por esa razón, hasta la misma hoja de vida, el que anhela una plaza laboral, debe incluir un apartado que mencione que ha recibido una capacitación o aplica la IA en su profesión. Es en donde se debe verificar que no se trata de reemplazar personal, sino de adaptarse a los tiempos modernos.

    Es indispensable adaptarse a los cambios, así como en la sinopsis del libro “¿Quién se llevó mi queso? En el ámbito laboral se identifican habilidades, la forma de administrar, la productividad y cuánto se hace en total de horas laboradas, más si es en un lugar en donde se necesita estrictamente la utilización de personas, como lo es en un campo agrícola. En Deutsche Welle observé cómo utilizan IA en una especie de tractor; con rayos láser se elimina nada más la maleza. Lógicamente, es un humano el que hace el programa utilizando IA. Acá se evidencia que se aplica en todos los sectores productivos.

    El informe de Tendencias Globales de Capital Humano 2026 de Deloitte identifica una transformación profunda: la tecnología ya no es la ventaja clave, sino la forma en que las empresas combinan lo humano con lo digital.

    En otro contexto, la IA en el ámbito educativo, si se usa para verificar un trabajo o buscar información, no hay problema. Lo preocupante es cuando se va perdiendo el pensamiento crítico y la creatividad. Los docentes deben de saber aplicar la IA.

    Los empresarios también consultan antes de tomar las decisiones. Los mercados son cambiantes y, por ende, el uso de la IA es crucial para saberla aprovechar. La inteligencia artificial ofrece numerosos beneficios, siendo uno de los más destacados la eficiencia y automatización, ya que la IA puede automatizar tareas repetitivas y laboriosas, liberando tiempo para actividades más creativas y estratégicas (Sharma, 2024).

    El talento humano es crucial para toda organización; actualmente, las empresas automatizan hasta los mensajes. Los bots, por ejemplo, son los que se comunican con los clientes. Un punto fundamental es la evaluación del desempeño de los trabajadores. La IA ha venido a revolucionar todos los procesos en las organizaciones. Por lo tanto, se necesita personal que pueda adaptarse a su utilización. En conclusión, una persona al utilizar la IA, debe analizar datos, ser capaz de automatizar tareas y liderar proyectos en la organización.

    *Fidel López Eguizábal es docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

     

  • El mundo recompensa a quienes se atreven

    El mundo recompensa a quienes se atreven

    Hay momentos en la vida en los que uno se detiene por un instante y piensa: “Si alguien me hubiera dicho hace algunos años que estaría aquí, probablemente no lo habría creído”. Eso fue exactamente lo que sentí al regresar de Budapest, después de haber tenido la oportunidad de participar en los Shell V-Power Games representando a El Salvador.

    Más allá del viaje, de conocer una ciudad increíble o de vivir una experiencia internacional, hubo algo que marcó mi corazón: comprender que los sueños nunca dejan de crecer.

    Durante mucho tiempo pensé que los sueños tenían un límite. Creía que, al alcanzar una meta, finalmente llegaba ese momento en el que uno podía decir: “Ya lo logré”. Sin embargo, la vida me ha enseñado que sucede todo lo contrario. Cada meta alcanzada abre la puerta a una nueva, y cada experiencia nos demuestra que somos capaces de llegar mucho más lejos de lo que alguna vez imaginamos.

    Mientras compartía con personas de distintos países, escuchaba sus historias y conocía otras formas de ver el mundo, también recordaba mi propio camino. Pensaba en todas esas pequeñas decisiones que, sin saberlo, fueron construyendo la oportunidad que estaba viviendo en ese momento.

    Muchas veces vemos el éxito de alguien y pensamos que ocurrió de la noche a la mañana. Pero casi nunca vemos las horas de trabajo, los errores, los aprendizajes, las dudas y la constancia que hubo detrás. Los sueños no se cumplen por casualidad; se construyen todos los días, incluso cuando parece que nada está pasando.

    Este viaje también me recordó la importancia de atrevernos a salir de nuestra zona de confort. Porque crecer no siempre significa hacer algo extraordinario; a veces significa aceptar una oportunidad, confiar en nuestras capacidades y decir “sí” a experiencias que nos desafían y nos ayudan a descubrir una versión de nosotros mismos que aún no conocíamos.

    Regresé con recuerdos que siempre llevaré conmigo, pero también con una nueva forma de ver el futuro. Entendí que los sueños evolucionan junto con nosotros. Lo que ayer parecía imposible, hoy puede convertirse en una realidad, y lo que hoy parece inalcanzable, quizá mañana sea el inicio de una nueva historia. Si algo me dejó esta experiencia, es la certeza de que nunca debemos dejar de soñar por miedo a que un objetivo parezca demasiado grande. A veces, el verdadero límite no está en las oportunidades, sino en aquello que creemos que somos capaces de alcanzar.

    Hoy miro hacia atrás con gratitud, pero también hacia adelante con ilusión. Porque entendí que los sueños no tienen un destino final; cambian de tamaño cada vez que nos atrevemos a creer un poco más en nosotros mismos.

    *Ale Costa, Empresaria y estratega digital

  • El Salvador envejece: ¿última llamada para aprovechar el bono?

    El Salvador envejece: ¿última llamada para aprovechar el bono?

    Hoy llamé a mi hermana, que vive en Berkeley, California. Nos hablamos muy de vez en cuando, pero hoy es su cumpleaños y sentí la obligación moral de marcar el número. Ella es una mujer alegre y positiva; a pesar de haber vivido una trayectoria marcada por lo trágico —como la desaparición de su primer esposo durante la guerra civil—, nunca se ha dejado arrastrar a las profundidades oscuras de la tristeza o la depresión. Siempre ha resurgido más fuerte y decidida. Yo, por el contrario, me he decantado históricamente por el lado oscuro de esta poesía que es la vida. Y, fiel a esa tradición, le dije: “No sé si alegrarme y celebrar tu cumpleaños o ponerme a llorar, porque al final estamos hablando de un año menos de vida”. Mi hermana rompió en carcajadas que terminaron en un paroxismo de tos.

    “Es muy difícil evitar darse cuenta de que uno está envejeciendo”, escribió Simone de Beauvoir. Pero más difícil aún es percibir que el mundo entero está envejeciendo. El envejecimiento dejó de ser una posibilidad futura para convertirse en una realidad presente. En El Salvador y en el planeta, la estructura por edades cambia con rapidez, y ese cambio obligará a replantear políticas públicas, inversión social y la organización de los sistemas de salud.

    A escala global, Naciones Unidas proyecta que la población de 65 años o más seguirá aumentando de forma sostenida en las próximas décadas, mientras la edad media de la población mundial continúa subiendo. Esto no solo refleja que vivimos más tiempo, sino también que nacen menos niños en muchas regiones, un fenómeno que transforma la economía, el mercado laboral y la demanda de servicios públicos.

    En El Salvador, la transición es todavía más acelerada. Distintas proyecciones coinciden en que la población de 60 años y más alcanzará alrededor de una cuarta parte del total hacia 2050, mientras disminuye con fuerza la población infantil y juvenil. Eso significa menos reemplazo generacional y, al mismo tiempo, más presión sobre salud, pensiones y cuidados de larga duración.

    El país, por tanto, no enfrenta solo un reto demográfico: enfrenta una decisión de política pública. Si no se anticipa la transición, el envejecimiento puede profundizar desigualdades y tensionar servicios ya frágiles. Pero si se planifica a tiempo, también puede abrir la oportunidad de construir un sistema más preventivo, más integrado y humano para una sociedad que envejece antes de haber resuelto sus rezagos históricos.

    El país está en una etapa particularmente importante: el UNFPA señala que El Salvador entró alrededor de 2019 en el período óptimo de su bono demográfico, complementado por el “bono de género”. La proporción de población potencialmente productiva es elevada respecto de la población dependiente, y se complementa con un crecimiento adicional que podría producirse aumentando la participación laboral femenina, especialmente en empleos formales; el punto más favorable se proyecta alrededor de 2035. El Salvador actualmente tiene muchos jóvenes, y este factor, gestionado apropiadamente, podría ser un motor importante para el crecimiento económico del país.

    Y ahí aparece una debilidad importante. El Banco Mundial señala que el crecimiento salvadoreño ha estado limitado históricamente por baja productividad, deficiencias de capital humano y baja calidad del empleo. Entre 2000 y 2024 el crecimiento promedio fue solamente de 2.1% anual. Es decir, tener muchos jóvenes no constituye por sí mismo una ventaja económica. Si una gran parte de ellos termina en empleos informales, de baja productividad o emigra, el país pierde buena parte del beneficio potencial del bono demográfico.

    ¿Qué está haciendo actualmente el Gobierno?

    La estrategia económica de la administración Bukele se ha apoyado principalmente en inversión, infraestructura, construcción, turismo, logística, servicios y atracción de inversión privada. La iniciativa El Salvador Crece, desarrollada con el BID, tiene precisamente como objetivos promover inversión, aumentar productividad y generar empleo.

    La política económica de El Salvador está orientada a generar crecimiento y empleo, pero todavía no está suficientemente orientada a transformar el bono demográfico en capital humano y productividad. El problema no es que El Salvador tenga demasiados jóvenes. El problema sería llegar al momento en que esos jóvenes comiencen a convertirse en adultos mayores sin haber adquirido las capacidades productivas necesarias. Muy probablemente el país esté entrando en su último gran bono demográfico; ojalá y se aproveche.

    *El Dr. Alfonso Rosales es médico epidemiólogo y consultor internacional

  • El respeto y la tolerancia, valores de la sociedad

    El respeto y la tolerancia, valores de la sociedad

    “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” fue la frase pronunciada por el presidente y político mexicano Benito Juárez, el 15 de julio de 1869, tras la victoria de la Republica sobre el Segundo Imperio Mexicano. La frase encierra una gran connotación humanitaria y encierra una filosofía de vida basada en el respeto a las ideologías y formas de ser de los demás.

    Entre naciones hay que respetarse porque su soberanía y autonomía determina su forma de gobierno. Cada nación tiene el gobierno que quiere y no siempre el que merece. Pero cada pueblo es libre de decidir por si mismo a través de procesos democráticos convenidos en la dinámica de la sociedad.

    Entre individuos el respeto promueve la justicia, la libertad y los derechos individuales y colectivos de las personas, los cuales deben ser sagrados y parte cotidiana del buen vivir. Con mis derechos no puedo irrespetar los derechos de los demás ni  viceversa, pues en una sociedad donde impera la justicia con libertad, cada quien es libre de poseer su propia ideología y de manifestar una conducta  diferente siempre que no trasgreda los valores morales y éticos que la misma sociedad impone.

    El respeto al derecho ajeno es en síntesis la tolerancia en su máxima expresión. Ya en el siglo XVII el historiador, poeta, dramaturgo, escritor, abogado y filósofo francés Francois Voltaire (1694-1778) habría escrito en su “Tratado sobre la Tolerancia”:  “La tolerancia no han provocado  nunca ninguna guerra; la intolerancia ha cubierto la tierra de matanza”.

    Voltaire vivía afanado con la tolerancia, valor que él consideraba el padre de la paz, el respeto, la libertad y la justicia, porque los abarcaba a todos. En 1906, la británica Evelyn Hall al resumir la postura filosófica de Voltaire dijo;  «No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

    Voltaire y Juárez quienes vivieron en tiempos y sociedades diferentes, dictaron los valores de la sociedad para la sana convivencia, dándole al respecto y la tolerancia la ubicación y modo perfecto para una vida llena de paz y convivencia positiva enmarcada en la justicia y la libertad. Se dice que paz más tranquilidad y seguridad en todo sentido es igual a felicidad, fenómeno que es posible medir por el acceso a los servicios básicos, a la salud, a la educación, a las oportunidades laborales y a la participación ciudadana (democracia) en el sistema de Estado (y de gobierno),

    Cuando en una sociedad o una nación se comienza a perder el respeto entre sus individuos e instituciones o cuando la tolerancia es sobrepasada por la intolerancia, es cuando peligrosamente se va rumbo a la inseguridad e intranquilidad que rompe peligrosamente con lo establecido como paz y pone en peligro la sana convivencia y la relación justa entre sus individuos.

    Por eso los salvadoreños debemos siempre ser respetuosos, sin aceptar que nos violenten nuestros derechos, los que por su costo de sudor y sangre son sagrados. Tenemos la obligación moral y ética de aceptar a los que piensan diferentes, a los que sienten y conocen diferente. Es posible que la razón esté de nuestro lado, pero no es necesario imponerla, pues el tiempo y las causas y consecuencias estarán algún día de nuestro lado. A veces la razón no está con la mayoría, pues es la minoría la que cuentan con el favor de la lógica sapiencia, pero en un proceso democrático devenido de los acuerdos basados en el respecto y la tolerancia, siempre vamos a respetar la decisión mayoritaria, aunque respetuosamente escuchando los argumentos de las  minorías.

    Los salvadoreños debemos respetarnos los unos a los otros y practicar cotidianamente la tolerancia. No podemos ver como rivales o enemigos a los que difieren de nuestra ideología o forma de ser y pensar. Todos tenemos derecho a existir y ser escuchado, a ser tomados en cuenta y a construir criticas y propuestas de solución.

    En una sociedad donde el voto del empresario millonario vale lo mismo que el del pordiosero desempleado, cada  opinión cuenta o debe de contar. Igual toleramos al agradable que al desagradable, porque a lo mejor nosotros nos consideramos agradables, siendo en realidad los desagradables.

    No podemos andar por ahí siendo irrespetuosos e intolerantes.  Debemos actuar siempre con empatía y sentido de amistad. Como ciudadanos debemos ser útiles para la paz y la tolerancia. Mis necesidades son las mismas que las de los demás y puede ser que los objetivos y metas de mi vida sean similares a las de todos los que anhelamos vivir en un mundo de respeto repleto de paz y tolerancia.

    *Jaime Ulises Marinero, periodista

  • A tu ritmo, no al de los demás

    A tu ritmo, no al de los demás

    Vivimos con la sensación de que siempre vamos tarde. Tarde para alcanzar una meta, para cambiar de trabajo, para emprender, para formar una familia, para comprar una casa o simplemente para sentir que estamos donde deberíamos estar. Y muchas veces esa sensación no nace de nosotros, sino de compararnos con el ritmo de los demás.

    Las redes sociales han hecho esa comparación todavía más difícil. Vemos ascensos, viajes, negocios exitosos, relaciones perfectas y proyectos que parecen avanzar a una velocidad extraordinaria. Lo que no vemos son las dudas, los tropiezos, los años de esfuerzo o las decisiones que hubo detrás de cada resultado.

    Durante mucho tiempo también he pensado que ciertas cosas deberían suceder en determinados momentos. Como si existiera una especie de calendario invisible que nos dijera cuándo deberíamos lograr cada cosa. Con los años he entendido que la vida no funciona así.

    Cada persona tiene circunstancias diferentes, oportunidades distintas y también batallas que nadie más conoce. Por eso, comparar nuestro capítulo cinco con el capítulo quince de alguien más es una manera bastante injusta de medir nuestra propia historia.

    Hay procesos que necesitan tiempo. Hay decisiones que requieren madurez y sueños que necesitan varias oportunidades antes de encontrar el momento correcto. Que algo todavía no haya sucedido no significa que hayamos fracasado.

    También he aprendido que avanzar no siempre significa ir más rápido. A veces avanzar es detenerse, replantear una decisión, empezar de nuevo o aceptar que el camino que habíamos imaginado ya no es el que queremos recorrer.

    Nos hemos acostumbrado a celebrar únicamente los grandes resultados: el ascenso, el negocio, la casa, el reconocimiento. Pero hay pequeños avances que también merecen ser celebrados. Levantarse después de una etapa difícil, atreverse a comenzar algo nuevo o simplemente tener la valentía de elegir diferente también es progreso.

    No todos tenemos que correr la misma carrera. Incluso puede que ni siquiera estemos corriendo hacia el mismo lugar. Entonces, ¿por qué insistimos en utilizar el reloj de otra persona para medir nuestra vida?

    Creo que una de las formas más silenciosas de perder la tranquilidad es vivir intentando cumplir expectativas ajenas. Queremos demostrar que podemos, que avanzamos, que tenemos éxito. Y en medio de esa carrera podemos olvidar preguntarnos algo mucho más importante: ¿esto realmente es lo que yo quiero?Ir a nuestro ritmo también implica aprender a escucharnos. Reconocer cuándo necesitamos acelerar, cuándo debemos esperar y cuándo simplemente necesitamos descansar. No todo momento de pausa es un retroceso.

    Hay personas que encuentran su propósito muy jóvenes y otras que lo descubren después de muchos años. Algunas construyen una carrera rápidamente y otras necesitan cambiar varias veces de dirección. Ninguna historia es menos valiosa por haber tomado más tiempo.

    Quizás deberíamos dejar de preguntarnos por qué todavía no estamos donde está alguien más y empezar a preguntarnos cuánto hemos avanzado desde donde nosotros comenzamos.

    A veces somos mucho más duros con nosotros mismos de lo que seríamos con cualquier otra persona. Le damos a los demás permiso para equivocarse, comenzar de nuevo y tomarse su tiempo, pero a nosotros nos exigimos tener todas las respuestas.

    Hoy creo que no se trata de conformarnos ni de utilizar “cada quien tiene su ritmo” como una excusa para no avanzar. Se trata de trabajar por lo que queremos sin convertir la vida de los demás en una medida de nuestro propio valor.

    Porque sí, hay que tener metas, ambición y ganas de crecer. Pero también hay que tener paciencia con nuestra propia historia. Algunas cosas llegan cuando estamos preparados para recibirlas, no necesariamente cuando creemos que deberían llegar.

    Quizás la verdadera libertad está en dejar de correr para demostrar que vamos al mismo ritmo que los demás y empezar a caminar con la certeza de que nuestro camino, con sus pausas, cambios y aprendizajes, también tiene sentido. A tu ritmo. No al de los demás.

    *Amanda Rodas, emprendedora y consultora de reputación y marca

  • Retroceso Deportivo en Santo Domingo 2026

    Retroceso Deportivo en Santo Domingo 2026

    La participación de El Salvador en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en  Santo Domingo 2026 concluyó con un retroceso deportivo al cosechar únicamente 24 medallas (6 de oro, 4 de plata y 14 de bronce) y caer al décimo lugar del medallero, quedando por debajo de las 28 preseas logradas en San Salvador 2023 a pesar de haber enviado una delegación histórica de 239 atletas. Los resultados oficiales publicados exponen una preocupante falta de efectividad y rendimiento de alta competencia.

    El llevar la delegación más grande en dos décadas fuera de nuestras fronteras parecía una declaración de intenciones. Sin embargo, la presencia masiva de competidores no se tradujo en éxitos sobre el podio, fue un espejismo de la cantidad frente a la calidad

    Un total de 239 atletas participantes que fue la mayor cantidad de representantes salvadoreños en el extranjero en los últimos 20 años.

    Fue una baja en la obtención de medallas, solamente un pequeño porcentaje de la delegación logró subir al podio, lo que cuestiona los criterios de clasificación y preparación técnica, además de la dependencia extrema.

    Los logros dorados se concentraron de forma casi exclusiva en figuras individuales consolidadas, como la patinadora Ivonne Nóchez y el equipo de tiro con arco. Si comparamos los juegos anteriores celebrados en nuestro país en 2023 ocupamos el puesto número 9 en el medallero con 8 de oro, 3 de plata y 17 de medallas de bronce , mientras que en 2026 se logró el décimo lugar con 6 de oro 4 de plata y 14 de bronce

    El análisis de este certamen regional demuestra que el deporte salvadoreño padece de problemas estructurales profundos. Sin el aporte extraordinario de Ivonne Nóchez, quien sumó por sí sola dos oros y dos platas, el balance final habría sido catastrófico para el país.

    Disciplinas enteras que recibieron apoyo institucional no lograron figurar en las instancias definitivas frente a potencias del área como México, Colombia o Cuba. El retroceso en la obtención de medallas evidencia que el «efecto hogar» de la edición de 2023 maquilló deficiencias que la distancia geográfica en República Dominicana terminó por desnudar por completo. El Salvador no puede conformarse con «sostenerse en el top 10» cuando la inversión económica y la cantidad de atletas exigían una evolución cualitativa ascendente.

    Para revertir el retroceso deportivo y transformar la alta cantidad de atletas en una verdadera obtención de medallas, El Salvador necesita abandonar el enfoque asistencialista de «enviar volumen» y adoptar un modelo de gestión de alto rendimiento basado en resultados; Implementar auditorías técnicas donde cada federación reciba fondos según el cumplimiento de metas de rendimiento, además de establecer marcas de clasificación interna que exijan al atleta estar, al menos, entre los mejores cinco tiempos o puntajes del ranking regional y finalmente se debe priorizar el presupuesto en aquellos deportes que históricamente otorgan medallas.

  • Paralelismos políticos. Nadie nos impuso nuestros errores

    Paralelismos políticos. Nadie nos impuso nuestros errores

    El desarrollo económico, social e institucional de una nación no suele ser resultado de su extensión territorial, su integrismo religioso o su unicidad lingüística, por relevantes que sean estos aspectos. Al comparar los procesos fundacionales de Estados Unidos y cualquiera de los países de América Latina, saltan a la vista las causas por las que sus trayectorias de progreso son tan dispares y contrastantes. La distinción clave la hallamos en las ideas políticas y su implementación, más que en la divergencia idiosincrática.

    Me permito hacer aquí una oportuna aclaración. Por primera vez en esta columna tiraremos del muchas veces erróneo gentilicio “latinoamericano” (en lugar del más preciso “hispanoamericano”) con propósitos meramente ilustrativos. Dado que el artificioso constructo “Latinoamérica” alude a los países hablantes de una de las tres principales lenguas romances (todas de extracción latina) —español, francés y portugués—, hoy nos resulta útil porque demuestra que ni los idiomas ni las circunstancias históricas coloniales explican las enormes diferencias entre el norte y el sur del continente.

    Brasil, Haití y México, por ejemplo, con todo y sus asimetrías, exhiben ciclos de estancamiento económico similares. Ninguno de los tres, a partir de sus respectivas independencias, se ha convertido en potencia global, mientras que EE UU y Canadá sí. Profundizar en las razones de esta obviedad merece una nueva zambullida en los paralelismos políticos más significativos.

    La Declaración de Independencia estadounidense fue promulgada en 1776; la más temprana en América Latina (1804) fue la haitiana. El 5 de julio de 1811, Venezuela se convirtió en la primera antigua colonia española en proclamarse independiente; a ella seguirían, en el mismo año, las de Cartagena y de Quito. Perú, Centroamérica, México y Panamá (en ese orden) habrían de esperar hasta 1821 para decretar sus propias autonomías.

    Estados Unidos adoptó en 1823 la Doctrina Monroe, que prohibía cualquier tipo de injerencia europea en los asuntos del hemisferio norte del nuevo continente. En ese mismo período, por ofrecer un ejemplo, legisladores centroamericanos proponían la anexión del istmo a la efímera autocracia de Agustín de Iturbide en México (imperio abolido aquel año).

    Los patriotas fundadores de nuestras naciones no sabían muy bien qué hacer con la libertad conseguida. Brasil optó por una inédita monarquía constitucional. Panamá se unió a la Gran Colombia, igual que Venezuela y el futuro Ecuador. Uruguay fue incorporado a Brasil y República Dominicana anexionada a Haití. Aparte de quienes se resistieron a separarse de España, el rechazo poco informado de las reformas de Cádiz impidió que la herencia liberal hispana permeara en las grandes capas sociales iberoamericanas.

    Hasta 1861, por espacio de 85 años, EEUU mantuvo su territorio libre de grandes peleas internas. En cambio, la primera guerra civil en Colombia estalló en 1813, seguida de alrededor de treinta más durante los siguientes 100 años. (Únicamente la “Guerra de los Mil Días” produjo alrededor de 100.000 muertos). El primer conflicto civil centroamericano tuvo lugar entre 1826 y 1829, y a él se agregarían otros, hasta que en 1839 el istmo se dividió por fin en cinco pedazos.

    Los dos grandes partidos políticos de Estados Unidos, el Republicano y el Demócrata, nacieron en el siglo XIX y han gobernado alternativamente ese país en los últimos 172 años, brindándole al sistema una envidiable estabilidad. En contraste, todos los primigenios partidos políticos latinoamericanos se fragmentaron y desaparecieron incluso antes de alcanzar su madurez institucional, y las consecuentes luchas de facciones, hasta la llegada de regímenes militares manipuladores de elecciones, provocaron una constante perturbación social y económica que degeneró siempre en nuevos y empobrecedores enfrentamientos.

    Estados Unidos, en dos siglos y medio, ha tenido una sola Constitución, documento de cuatro páginas (en su tamaño original de pergamino) conformado por apenas siete artículos. Y en ese tiempo, solo 27 veces se ha enmendado. América Latina, como región, acumula cerca de 200 constituciones, a razón de diez textos por país en promedio. Los dominicanos han tenido más de 30; los venezolanos, unas 25; los haitianos, oficialmente, 22. Argentina, el que menos documentos constitucionales ha emitido, contó tres hasta 1853.

    Donald Trump está hoy a la cabeza del órgano ejecutivo federal número 47 de Estados Unidos, cuya forma republicana de gobierno no ha variado en 250 años. Haití, por su lado, fue primer imperio, reino, primera república, segundo imperio y de nuevo república, sumando a cerca de un centenar de personas que han ejercido el poder, sea en calidad de emperadores, reyes y presidentes, o formando parte de consejos de estado, triunviratos y gobiernos provisionales.

    Brasil, tras una monarquía de 74 años, se convirtió en república federativa independiente hasta 1889, pero desde entonces han gobernado el país más de cincuenta personas, incluyendo dictadores reincidentes (como Getulio Vargas) o miembros de juntas militares golpistas. El Salvador, el más pequeño país de la América continental y república independiente desde 1841, ya en 1948 (solo cien años) había rebasado el número de gobernantes que EE UU ha tenido en toda su historia.

    Si somos lo suficientemente honestos, veremos que el porcentaje de culpabilidad que endilgamos a factores externos para explicar nuestro atraso es bastante menor del que solemos admitir. Conviene reconocer que una nación próspera no es producto de sus justificaciones acomodaticias, sino resultado del trabajo que demanda la implementación de las ideas correctas.

  • La revolución silenciosa pero transformadora del CNJ en El Salvador

    La revolución silenciosa pero transformadora del CNJ en El Salvador

    Como columnista y analista especializado en criminología y justicia criminal, he observado durante años los complejos engranajes y dinámicas que mueven nuestros tribunales y el sector de Justicia. A menudo, la atención pública se centra exclusivamente en las sentencias y los jueces, en especial cuando hay absoluciones, con criticas muy fuertes y en la mayoría de los casos desconociendo las evidencias que no se convirtieron en prueba; pero muy rara vez dirigimos la mirada hacia la institución que cimenta las bases del sistema al proponer candidatos a magistraturas y juzgados: el Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ). Hoy, es fundamental analizar y exponer la transformación histórica que esta entidad ha experimentado desde mi punto de vista, durante el periodo evaluado desde enero de 2022 hasta julio de 2026.

    Cuando el actual Pleno del CNJ asumió sus funciones en septiembre de 2021 recibieron un panorama organizacional sumamente precario, lejano de los procesos de sus candidaturas. El CNJ padecía de una severa fragmentación de datos, una carencia absoluta de herramientas informáticas para la gestión interna y una profunda obsolescencia de equipos que obstaculizaba la labor de su talento humano. Ante este reto monumental, el presidente de la institución, Licdo. Miguel Ángel Calero Ángel, asumió el liderazgo con un enorme reto y desafío en conjunto con los consejeros y consejeras Verónica Lissette González Penado, Doris Deysi Castillo de Escobar, Carlos Wilfredo García Amaya, Alcides Salvador Funes Teos y Luis Alonso Rodríguez Meléndez, Santos Guerra Grijalva, quienes decidieron actuar, ponerse a trabajar y revertir dicho panorama. Como pleno formularon e implementaron el Plan Estratégico Institucional 2022-2026, apostando firmemente por la innovación, la búsqueda de la excelencia y la calidad.

    El resultado de esta gestión gerencial estratégica ha sido la modernización sin precedentes de la entidad. Para superar el rezago, el CNJ implementó el Sistema Integrado de Unidades Sustantivas, una plataforma centralizada que unifica los procesos de selección de candidatos, la evaluación del desempeño judicial y el control del historial de la Escuela de Capacitación Judicial. A la par, se instauró un Sistema de Gestión de Correspondencia Digital respaldado por firmas electrónicas y una política de «cero papel», logrando agilizar los trámites y reducir el impacto ecológico.

    Sin embargo, la tecnología debe ir siempre acompañada de integridad. En este sentido, un hito de la actual administración es la obtención de la Certificación Internacional Antisoborno bajo la estricta norma ISO 37001:2016. Este aval garantiza públicamente que el CNJ cuenta con controles financieros robustos y opera bajo una política de tolerancia cero a la corrupción. Estas prácticas de transparencia se tradujeron en un rotundo éxito financiero: al aplicar nuevas estrategias bajo la Ley de Compras Públicas, la institución logró reducir, en promedio, un 50% los precios de adquisición de bienes y servicios. Esto representa una maximización invaluable del dinero de los salvadoreños.

    En el ámbito formativo y de control judicial, la gestión también presenta logros innegables. Se diseñaron auditorías de seguimiento para verificar rigurosamente que jueces y magistrados acaten las recomendaciones de sus evaluaciones, dotando de mayor seguridad jurídica a las sedes judiciales. Adicionalmente, el CNJ fomentó las competencias de litigación organizando exitosamente el XVIII Concurso Interuniversitario en 2025, enfocado en cibercriminalidad contra las mujeres, y el XIX Concurso en 2026, centrado en el Derecho Civil y Mercantil. Asimismo, la reconocida nacional e internacionalmente, icónica, Escuela de Capacitación Judicial “Dr. Arturo Zeledón Castrillo” desplegó amplias jornadas para actualizar a los operadores de justicia sobre los nuevos cuerpos legales del país y de otras formaciones especializadas.

    A mediados de 2026, el CNJ cuenta con un Sistema de Información Gerencial donde sus módulos de planificación estratégica y ejecución presupuestaria operan al 100%, restando únicamente un 5% para finalizar el módulo de compras. La presidencia y los consejeros han demostrado que una gestión enfocada en la ética, la tecnología y el control presupuestario puede rescatar a una institución vital, garantizando así a El Salvador un sistema judicial más transparente, eficiente y preparado.

    Desde mi opinión, es altamente satisfactorio los altos resultados y estándares brindados por el pleno al sector de Justicia ya que el Consejo Nacional de la Judicatura es una institución fundamental dentro del sistema democrático y legal de El Salvador. Funciona como una entidad independiente de los tres órganos del Estado y juega un papel crucial en la calidad del sistema de justicia del país. La misión central del CNJ es contribuir a la independencia, eficiencia, eficacia y mejora continua de la administración de justicia en El Salvador. Y la actual administración además de cumplir con sus atribuciones constitucionales y legales ha marcado un antes y un después en dicha Institución, fortaleciendo el trabajo interinstitucional, desarrollando una clara ruta en la búsqueda de la excelencia y el apoyo dentro del sector de Justicia. Todo es posible con la voluntad de transformar y poniendo al servicio de la Justicia el talento y capacidad del equipo de consejeros y consejeras, y el gran talento humano especializado que la labora en el CNJ.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y Msc. en Criminología / Egresado doctorado en Justicia Criminal / @jricardososa 

  • La herencia lastimosa del castrochavismo

    La herencia lastimosa del castrochavismo

    Ignoro si estamos cerca del final de los regímenes inspirados por Fidel Castro y Hugo Chávez, léase Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, sin olvidar Ecuador, que pudo librarse gracias a la soberbia y fatuidad de Rafael Correa, uno de los payasos mas conspicuo que haya desgobernado una república latinoamericana, solo comparado con el cocalero de Evo Morales, aunque muy lejos del letal Daniel Ortega.

    No obstante, todos los sujetos mencionados se caracterizan por un populismo que lindaba con lo absurdo, una profunda y expandida corrupción, mas una ineptitud para gobernar sus respectivos países sumado a la habilidad para proclamar una visión nacionalista, mientras, le traspasaban la soberanía del país al aliado más prometedor.

    La propuesta castrochavista devino de la alianza Castro y Chávez. Previamente el tirano cubano había intentado a través de la violencia y una manipulación sistemática de la realidad, imponer gobiernos a su imagen y semejanza en el hemisferio, proyecto, en el cual solo cosechó fracasos, puesto que, aunque Daniel Ortega llegó al poder por medio  del terror, contó con la asistencia de algunos países vecinos y de otros no tan cercanos geográficamente como la Venezuela de Carlos Andrés Pérez, quien, según Sergio Ramírez, entregaba 100,000 dólares mensuales a los sandinistas y los Estados Unidos de Jimmy Carter, quien le retiró toda la ayuda al dictador Anastasio Somoza, lo mismo que hizo Eisenhower con Fulgencio Batista,

    Castro con treinta años ininterrumpidos en el poder fue testigo del arribo de Hugo Chávez a la primera magistratura de Venezuela, fatídica coexistencia que tuvo como resultado, fuese por acuerdo previo o entendimiento sobre la marcha, una coalición en la que se fundieron sus respectivos odios contra la democracia, la libertad y respeto a la dignidad humana junto a la rencorosa envidia que profesaban hacia Estados Unidos, forjando, la indecorosa propuesta que hoy llamamos castro chavismos, no sin antes haber proclamado que estaban a favor del Socialismo del Siglo XXI.

    La nueva alianza, es apropiado reconocerlo, fue exitosa. Los hermanos Castro proveyeron su capacidad subversiva, represiva y de tergiversación de la realidad, mientras Chávez y Nicolas Maduro aportaron toda la riqueza de Venezuela, que embolsada por Chávez y Maduro que como buenos tiburones salpicaron a sus crías, subsidiaron el totalitarismo castrista y compraron voluntades políticas con una diplomacia petrolera que condujo a la bancarrota al erario venezolano.

    Este programa captó rápidamente numerosos partidarios entre los que se destacaron el corrupto y farsante Luis Inacio Lula da Silva, el hipócrita mas aberrante entre todos los políticos latinoamericanos, y los no menos nefastos Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, aunque honrando a la verdad a estos canallas no le faltaron nunca aliados, tanto que hubo una corriente que se llamó la “marea rosa” que siempre estaban presta a respaldar sus propuestas, entre los que recuerdan al expresidente de República Dominicana, Leonel Fernández.

    Deslastrarse de los legados castro chavistas no es sencillo porque deja huellas tan profundas como lastimosas. Rafael Correa, dejo el poder en 2017 y todavía el país padece su herencia. La clientela que instrumentó bajo sus mandatos continua ansiosa por el retorno, fueron sacramentados por el correísmo y protegidos por su devoción.

    El ejemplo de Bolivia es todavía más desafiante. Evo Morales intentó perpetuarse en el poder de manera indefinida cubriéndose de una falsa legitimidad, sin embargo, el fraude fue descubierto y tuvo que renunciar, causando en el país un periodo de ingobernabilidad bien complejo hasta que llegó al gobierno uno de sus tiburones más preciado Luis Arce Catacora que como voraz piraña, clavo sus afilados dientes en Morales, su antiguo protector.

    Sin embargo, el país del altiplano sigue preñado del castrochavismo. El actual presidente Rodrigo Paz Pereira no ha podido encausar el país hacia una verdadera democracia, numerosos problemas siguen amenazando la libertad y la ruta hacia una sociedad libre.

    Venezuela es todavía mas obscuro. El dictador está preso, pero la dictadura continua. Hay numerosos presos políticos, los exiliados no disfrutan de garantías para su retorno y no se avizoran unas elecciones en la que estén garantizados los derechos de todos.

    De Cuba y Nicaragua, casi quedamos sin comentarios. La tierra de Ruben Darío padece una dictadura de dos que ensombrece a los gobiernos somocistas. Sus abusos son innumerables, presos políticos, destierros masivos, crímenes sin olvidar más el ultimátum de que no habrá elecciones en un país donde los comicios del yugo Ortega-Murillo, siempre han sido fraudulentos.

    Por último, Cuba está regida por el totalitarismo, bajo una ineptitud llevada al paroxismo y un pueblo, que, al parecer, está al borde de la aniquilación por sus propios gobernantes.

    *Pedro Corzo, Periodista cubano