Categoría: Opinión

  • Entre la “libertad para Venezuela” y el fantasma de Londres: lo que Pinochet le recuerda a El Salvador

    Entre la “libertad para Venezuela” y el fantasma de Londres: lo que Pinochet le recuerda a El Salvador

    ¡Feliz año nuevo!, les decía a mis amigos. Mucha salud y tranquilidad, agregaba, porque a nuestra edad el dinero y el amor ya no cuentan. Como me dijo uno de ellos, el amor y el sexo, a estas alturas, ya entran en la categoría de los milagros.

    Y así llegó el sábado 3 de enero del nuevo año. La paz y la tranquilidad se volvieron remotas, distantes y, de cierta forma, angustiosamente inalcanzables. El gobierno de los Estados Unidos, mediante una operación militar-judicial, procedía a la captura extraterritorial de un jefe de Estado en funciones. Nicolás Maduro, líder venezolano, era detenido junto con su esposa por fuerzas especiales del vecino del norte y trasladado a una prisión en el estado de Nueva York.

    Pura coincidencia —o no—, el gobierno de George H. W. Bush había invadido Panamá y capturado a su jefe de Estado, Manuel Noriega, el 3 de enero de 1990. Tanto Noriega como Maduro fueron acusados por Estados Unidos de narcotráfico y ambos desataron fuertes controversias internacionales. Podríamos agregar en este recuento el caso hondureño de Juan Orlando Hernández que, aunque fue condenado por narcotráfico por un tribunal de Nueva York, terminó siendo indultado hace muy poco por el propio gobierno de Trump.

    A estos dos casos se suma el arresto de Augusto Pinochet en Londres, en 1998, un evento que marcó un punto de inflexión: por primera vez, un exjefe de Estado era detenido en un tercer país por crímenes de lesa humanidad, invocando el principio de jurisdicción universal. No hubo invasión ni captura militar. Hubo jueces.

    A diferencia de otros casos latinoamericanos, como las capturas de Noriega y Maduro, el caso Pinochet estableció un límite distinto: la soberanía nacional no podía convertirse en refugio permanente frente a crímenes considerados intolerables por la comunidad internacional. La detención en Londres no fue un acto de fuerza, sino un proceso judicial impulsado desde España y validado por los tribunales británicos.

    Un profundo silencio se cierne sobre muchos gobiernos de la región. Con excepción de Cuba, la mayoría de los líderes latinoamericanos, incluido El Salvador, han optado por el mutismo, quizás temerosos al constatar que la mal llamada soberanía no protege frente a los dueños del mundo. México, Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y España emitieron un comunicado conjunto rechazando la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, por considerar que violan el derecho internacional y la soberanía de los Estados. Otros gobiernos que se han alineado con el discurso de “libertad para Venezuela” y el apoyo a la acción estadounidense incluyen Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador, El Salvador y Panamá, según los recuentos regionales iniciales.

    El Salvador no se siente amenazado por una acción militar de una potencia extranjera, pero la figura de Pinochet sí le incomoda. La historia reciente del país, marcada por una suspensión prolongada de derechos ciudadanos desde marzo de 2022 y por una larga cultura de impunidad, hace que la justicia internacional sea vista con ambivalencia: esperanza para las víctimas, incomodidad para las élites políticas y militares.

    El gobierno salvadoreño actual goza de una legitimidad electoral indiscutible y de un respaldo popular significativo, particularmente en materia de seguridad. Sin embargo, el precedente Pinochet introduce una idea que trasciende coyunturas: la legitimidad democrática no extingue la responsabilidad jurídica futura. Estados de excepción prolongados, concentración de poder y uso intensivo de la fuerza pueden ser defendidos políticamente en el presente, pero quedan registrados históricamente. En un mundo donde los estándares internacionales de derechos humanos siguen operando, las decisiones excepcionales tienden a ser evaluadas con el paso del tiempo, no solo por tribunales nacionales, sino también por instancias externas.

    Es cierto que las medidas actuales en materia de seguridad han tenido una eficacia inmediata, pero el horizonte ético no las mide por su efectividad, sino por su compatibilidad con estándares universales. De ahí las limitaciones extremas que este gobierno ha instalado para obstaculizar la documentación y preservación de la memoria, tan importantes hoy para la sociedad civil y para el futuro de nuestra democracia.

    El caso de Pinochet nos enseña que, por más esfuerzos que se hagan para silenciar la realidad, el tiempo y la historia no siempre absuelven. Soberanía con responsabilidad o soberanía con impunidad: ese es el dilema salvadoreño actual. Como mencioné en un artículo anterior, estamos viviendo la era de la posverdad. Todo se vale hoy; está por verse si mañana seguirá siendo válido.

  • Equilibrando la brújula para el presente año

    Equilibrando la brújula para el presente año

    Un nuevo año inició y es importante que se analice el rumbo de la geopolítica, de los acontecimientos internacionales que de una forma u otra afectan a la humanidad. Como salvadoreños tenemos en nuestras manos la responsabilidad para que la brújula nos lleve a la bonanza.

    A nivel internacional, tal parece que Maduro tiene pesadillas, ya que, Donald Trump, le quiere sacar del poder por las buenas o por la fuerza. Todos sabemos que su gobierno es ilegítimo. El premio Nobel de la Paz ganado por María Corina Machado es un ejemplo para la humanidad y principalmente para los que anhelan la democracia en Venezuela.

    Este año será el Mundial de fútbol, un acontecimiento que se convertirá en una cortina de humo para paliar por un instante los problemas globales. El 2025 nos dejó la noticia sobre el cese del conflicto entre Israel y Palestina. Mientras tanto, los tambores de guerra entre Ucrania y Rusia siguen cobrando vidas inocentes.

    Con respecto a los movimientos políticos, en América Latina, la derecha es la que está liderando. Poco a poco nos acercamos a la agenda 2030, en donde algunos indicadores manifiestan que algunas cosas han mejorado; aunque, las desigualdades siempre se manifiestan, especialmente en países tercermundistas.

    En El Salvador, al finalizar el año 2025, en plena víspera de la Navidad, miles de empleados del sector salud fueron despedidos. Fue desgarrador ver los lamentos. Ahora, es de esperar la reapertura del nuevo hospital Rosales. De una forma u otra, esos cambios afectan especialmente a los pacientes. La medicina amarga ha tenido sus consecuencias.

    Con respecto al régimen de excepción, en todo el territorio se respira seguridad. Es el logro más grande realizado por el presidente Bukele. Según encuestas, la población es lo que más aplaude.

    En El Salvador podrá haber aún techos de cartón, pero los salvadoreños somos de hierro. La situación no es fácil en el ámbito económico, muchas personas comen solo dos tiempos. Se espera que la economía sea mejor para este año.

    En nuestro país, se espera que en educación se logre implementar paso a paso el modelo educativo finlandés. Todo lo que sea para mejorar un rubro como el educativo, bienvenido sea. En otro contexto, El Salvador se ha proyectado internacionalmente como un polo turístico, un rubro que ayuda mucho a la economía.

    Lo que debe mejorar es en la agricultura; ya que, hay déficit en los granos básicos. Lástima que ya no somos un país autosuficiente. La agricultura ya no es rentable por los altos costos de los insumos. No, no es fácil gobernar un país que sufrió un conflicto armado, catástrofes naturales y pandillas.

    Lo que todos los ciudadanos esperan es que la economía mejore, que haya oportunidades laborales para que haya prosperidad en los hogares. Con respecto a lo anterior, la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM), la pobreza aumentó. Problema que aqueja a muchos. Lo contrario a ese dato es el crecimiento de las remesas; ello dinamiza la economía. Sin embargo, esperemos, que Trump no obstaculice el giro de esas remesas por parte de los salvadoreños indocumentados, los cuales son muchos.

    Para este año, según indicadores, el rubro de la construcción va en ascenso, eso es un aliciente para muchos trabajadores; ya que genera un empleo directo. Por lo tanto, una ayuda directa a cada familia. Todo lo que sea para prosperar se debe de tomar en cuenta y no quitar el dedo del renglón.

    Todos debemos equilibrar la brújula para poder tener una mejor planificación y así obtener las metas propuestas. En cada hogar se deben reunir para conversar, para poder tener un año lleno de bendiciones. Esperando no se apaguen las voces de la opinión pública para mantener una verdadera democracia. Les deseo a todos un excelente año 2026. Un consejo, nunca pierdan la fe y que Dios guíe vuestros pasos.

    * Fidel López Eguizábal. Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

     

     

     

  • 2025: negativo

    2025: negativo

    En nuestra Constitución aún se contempla el principio de la pronta y cumplida justicia. No lo han tocado, por ahora, ni para reformarlo ni para suprimirlo. Quién sabe más adelante; pero, al día de hoy, no lo han manoseado. A, permanece como la quinta atribución de la Corte Suprema de Justicia. Su texto dice que esta vigilará que se administre de tal manera, “para lo cual adoptará las medidas que estime necesarias”. Acá surge el necesidad de distinguir entre administración e impartición de la misma.

    El primero de estos términos tiene que ver con la organización del sistema, para lo cual debe contar con infraestructura adecuada y el personal calificado necesario; el segundo con su materialización práctica de manera objetiva e imparcial, para hacer realidad esa repetida pero no siempre enaltecida frase: “La justicia es ciega”.

    Lo que se pretende al impartirla es satisfacer las exigencias respectivas de la población, observando a cabalidad lo contemplado en el artículo 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Por ejemplo, que toda persona señalada por su participación en el cometimiento de un delito debe ser “oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley”; también cuando se trate de determinar los derechos y obligaciones de alguien en materia “civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter”.

    Además están otras garantías judiciales para laspersonas, como la presunción de inocencia; el conocimiento previo y detallado de los delitos que lesimputan; la disposición del tiempo y los recursos requeridos para preparar su defensa, que deberá ser ejercida por las mismas o por “un defensor de su elección” con el cual deberá existir comunicación libre y confidencial; a ser asistidas, de ser necesario, por un defensor público; a que no las obliguen a declarar en su contra ni a declararse culpables y a apelar ante una autoridad judicial superior cuando no estén satisfecha con el fallo emitido. Se prohíbe, asimismo, el doble juzgamiento y el proceso penal siempre deberá ser público “salvo« cuando “sea necesario para preservar los intereses de la justicia”.

    Enterados de lo anterior, acá vienen algunos “peros”. En un primer momento debo referirme a cuatro capturas emblemáticas realizadas durante el 2025, en el marco de un régimen de excepción que –tras casi cuatro años de vigencia– ya se convirtió en algo normal; de excepcional ya no tiene nada. La primera es la de Ruth López, abogada defensora de derechos humanos detenida el 18 de mayo; la segunda: la de Enrique Anaya, también abogado especializado en la rama del constitucionalismo y acérrimo crítico del “bukelato”, quien permanece privado de su libertad desde el 7 de junio. A este par de juristas se sumaron el pastor José Ángel Pérez, de la Misión Cristiana Elim, y Alejandro Henríquez, también abogado y defensor de derechos humanos; ambos ingresaron a prisión el 12 y el 13 de mayo, respectivamente. 

    Ruth López ha permanecido confinada en una celda durante más de siete meses y “Quique” Anaya ya superó el medio año en la misma condición. ¿Es ese un “plazo razonable”? ¡Claro que no!, como tampoco son imparciales quienes están procesando a estas personas. De haberlo sido, debieron considerar que en el artículo 7 de la mencionada Convención Americana se indica que alguien puede ser encausado fuera de prisión, garantizando siempre las condiciones para asegurar “su comparecencia en el juicio”. Pero como ocurre en los cuarteles: en toda la “institucionalidad” actual salvadoreña las órdenes se obedecen, no se discuten.

    En cuanto a Pérez y Enríquez, en la práctica se vieron obligados a aceptar recientemente una culpabilidad inexistente para recuperar su libertad restringida de forma flagrantemente arbitraria durante un plazo también nada ecuánime; eso ocurrió mediante un proceso abreviado propuesto por la representación fiscal, que funciona de la misma forma que la señalada al final del párrafo anterior. 

    A lo anterior deben sumarse otras injusticias provocadas por ambiciones desmedidas relacionadas con el poder político y económico, la egolatría y e endiosamiento. Despidos masivos en la víspera de la recién pasada Navidad, persecución de quienes no tienen otra más que el ambulantaje para sobrevivir y tantos otros atropellos. Es esa la dura realidad de nuestras mayorías populares. Por ello, al pretender hacer un balance del 2025 bastan solo cuatropalabras: dolorosamente negativo para estas. En ese entorno de arbitrariedades, debería brillar con luz propia la procuradora de derechos humanos. Pero no tenemos; lo que existe es una “preocupadora”, por ser más bien “defensora del puesto”. Cuánta razón tiene León XIV al deciren el Ángelus del penúltimo domingo de dicho año que “el mundo, por desgracia, siempre tiene sus Herodes”.

  • Feliz y próspero 2026

    Feliz y próspero 2026

    Este 2025 habrá sido un buen o mal año, dependiendo de nuestras perspectivas y resumida en la evaluación de nuestros logros y fracasos, en todo caso cada año nuevo debemos albergar nuevas esperanzas y fortalecernos en la fe. Debemos confiar en un Ser Superior, en su voluntad y en nuestras capacidades y esperar que 20026 sea un mejor año.

    Algunos recibirán el 2026 sin trabajo, enfermos, en soledad, sin algún ser querido, con deudas y con ansiedades propias de los azares negativos de la vida, otros lo recibirán ilusiones, con anhelos y con deseos de consolidar sus metas y objetivos rumbo al éxito suyo y de quienes los rodean. Como sea, 2026 será un año de mucha esperanza.

    Los salvadoreños debemos priorizar objetivos y enrumbar nuestra vida hacia el bien común, siendo ciudadanos con un aporte positivo para nuestras familias y para la sociedad en general. Si este 2025 nos ha ido mal es posible que a nuestro alcance está que 2026 nos vaya mejor, que logremos superación personal y que eso se vea reflejado en nuestro entorno. Si mejorar nuestras condiciones no está en nuestras manos, debemos pedir iluminación para aquellos que tienen la posibilidad de tomar decisiones por los demás. Que Dios haga su voluntad.

    Dios bendice al dador alegre y al que recibe. En 2026 demos lo mejor de cada uno de nosotros y procuremos que la prosperidad sea espiritual con alcances en lo material. Feliz es aquel ser humano que disfruta lo que tiene en suficiencia y no aquel que anhela bienes que no requiere o que le sobran para su existencia.

    Pidamos a Dios que se generen fuentes de trabajo y un abanico de oportunidades para todos. Que la zozobra se diluya y que surge la certidumbre en las familias, en los puestos laborales, en las relaciones sociales, en la convivencia cotidiana, en las comunidades, que el país se enrumbe por el camino correcto.

    2026 debe ser un año en el que brille e ilumine nuestro futuro. Necesitamos salvadoreños sanos en salud y en mentalidad. Compatriotas dispuestos a dar lo mejor de sí, para que la patria sea mejor, para que reine la paz y la armonía y para que cada día a día florezca la tolerancia, la empatía, el respeto y la responsabilidad.

    En este año nuevo no nos soltemos de la mano de Jesús, que nuestra fortaleza espiritual se anteponga a lo negativo y no perdamos nunca la fe. Si nos ha ido mal este y los años pasados, algo deberá ocurrir para que nuestra suerte mejore. Si pedimos con fe y la plena convicción de la existencia divina seguramente el desempleado logrará un empleo, el enfermo sanará o mejorará en su salud, el que vive en soledad encontrará compañía, el que vive en deplorables condiciones encontrará a seres altruistas que le extenderán su mano amiga salvadora, el que sufre en indigencia hallará consuelo y el que hace el bien será premiado con paz.

    Amigos salvadoreños no perdamos la fe, 2026 por obra y gracia de Nuestro Señor Jesucristo, será un mejor año si cada quien se lo propone. Como ciudadanos rechacemos las mentiras, las injusticias y exijamos buenas obras, acciones y decisiones a nuestros gobernantes. Como personas seamos más humanos, más espirituales y mejores ciudadanos aportando para el desarrollo nacional. Feliz año nuevo y muchas bendiciones para todos.

    * Jaime Ulises Marinero/Periodista

     

     

  • Tiempo para la reflexión y los buenos deseos

    Tiempo para la reflexión y los buenos deseos

    En una época marcada por la multitud de conflictos que nos circundan, sumado al aluvión de enfermedades mentales y a los diferentes estilos de vida, ponernos a ejercitar el ojo del alma será como tomar aliento y generar esperanza, para conocerse y reconocerse activo en el tajo de la savia. Realmente, somos un continuo vivir compartiendo en un mundo globalizado. Nada se atiende, ni tampoco nadie se entiende, por sí mismo. La realidad es una viviente exposición reconcentrada de existencias, donde el acompañamiento es vital, sobre todo para gestar un concurrido futuro, de buen hacer y mejor obrar. Sin duda, el objetivo pasa por hermanarnos. Es cuestión de implicarse y de aplicarse en su consecución. El deber, pues, es colectivo.

    Hoy, como en tiempos pasados, en el que la Navidad está ya con nosotros con las mejores aspiraciones, para llevar amor donde habita el desamor, reconciliación donde hay fragmentación de vínculos, alegría donde hay tristeza y verdad donde hay error, se requiere por parte de toda la ciudadanía un momento de encuentro, para intercambiar una felicitación fraterna, dejando atrás los conflictos que dividen y redescubriendo más bien lo que nos une. Quizás lo más saludable sea hacer una pausa, un alto en el camino, para reponer fuerzas y nutrirse de lo que es realmente esencial: ¡Redescubrimos y hallarnos! Este natural recogimiento nos injertará un bienestar personal, incentivándonos el cuidado de nosotros mismos y será cuando nos demos cuenta de lo acoplados que estamos.

    A todo ser humano le es concedido escucharse a sí mismo y meditar internamente. Desde luego, el momento es vital para prepararnos y poder repararnos de nuestras miserias y debilidades. Reflexionar es la sublime toma de conciencia calmada y el glorioso arte de amar, al menos para abrir nuestro corazón al mundo de manera profunda, desenredando todos los nudos, lo que nos impulsa a repensar las sendas tomadas y a vivir con certeza, justicia y amor. Celebrar el nacimiento de Jesús en Belén, después de tantos años recapitulándolo y solemnizándolo, nos invita a transformar nuestra altanería en sencillez y en humildad, a reconocer al prójimo siempre próximo a nosotros y a vivir con espíritu donante, que es como se recupera el sentido de lo armónico.

    Por eso, la estrella está en el cielo, para encauzarnos y darnos luz inspiradora. El sueño de la mística es lo que nos transforma y nos eleva; hasta el extremo de volvernos poema sin pena y poesía sin poder. Además, cuánto bien nos hace llegar a ese soplo contemplativo, que nada tienen que ver con las luces mundanas cada vez más poderosas, que lo único que nos hacen es cegarnos, para estar menos dispuestos a entendernos, aceptarnos y a reencontrarnos en su diversidad. Déjennos seguir a los signos celestes, que son los que nos indican el viaje interior para encontrar plenamente el gozo y la alegría del verso; abierto siempre en la acogida, para que nadie quede excluido y todos participen en la trascendental poética.

    Indudablemente, caminar juntos es un gesto típico de quienes buscan rehacerse en la hondura de la vida, más allá de este océano tormentoso; lo que requiere estar vigilante, laborando y meditando todas las cosas, para que acrecienten su brío sistémico, a menudo con un costo social, ambiental y económico significativo. Los moradores no deben dar por sentado este desprendimiento generoso,  hemos de cultivarlo cada día otorgando el apoyo financiero y político necesario; puesto que sería un desastre absoluto, que los recursos para la ayuda humanitaria, lejos de crecer se aminorasen. Al fin y al cabo, sólo hay una fuerza propulsora: el buen deseo de darse, cuyos eslabones son los anhelos, con sus enlaces de curación, sustentados y sostenidos en la unión y en la unidad.

  • La importancia de desentrañar y admirar

    La importancia de desentrañar y admirar

    Recién leí en una página de opinión y crítica del arte y cine, que no sabe más de películas  quien ha visto muchas sino, quien sepa apreciar, admirar y desentrañar el misterio que existe en cada una de las producciones cinematográficas. Y es que todo lo que vemos y escuchamos debería de llevar una reflexión, para no dejar que la ligereza de razonamiento nos conduzca a sentarnos en la banca de la vacuidad.

    Al estar en un momento de auge tecnológico, las diversas opiniones que genera una producción audiovisual, zigzaguean el espacio cibernético en segundos, dando como resultado en varios criterios que son proclives a asimilar sesgos ajenos, estas opiniones o aseveraciones las cuales van cimentándose, quedando así para algunos y por influencia de otros una valoración determinada. Para el caso encontramos en este arte del cine, a la Academia que nomina, premia o ignora a producciones según  sean sus valoraciones  sobre lo que a estas puedan otorgársele   o no merecimiento.

    Ante esto, como en varios  ámbitos de la vida, me pregunto: ¿quién lo dijo? ¿En que marco conceptual o de interés se dijo? Y, ¿en qué momento coyuntural se dice? No todas seguramente, las estimaciones  que se generalizan sobre producciones de la pantalla grande o también de la pantalla chica y  de diversas plataformas visuales, han sido un reflejo de aquello que nos llenó los ojos de lágrimas, que nos hizo admirar a alguien no por su aspecto físico  sino su determinación o por todo aquello que nadie nombra pero que le movió algo por dentro. Seguro que no, por lo tanto en la línea individual de pensamiento, cuestionar apoya un poco ante los sesgos prefabricados o influenciados.

    El apreciar, admirar o desentrañar, lo sabremos si y solo si hay  ese interés en nosotros. A veces vemos lo que queremos ver, cometiendo el error de simplificar una trama que quizás tiene mucho que desentrañar y que obliga a enfrentar puntos de vista sobre humanidad, pero que emocionalmente nos increpa, dejándonos en el piso quebradizo de la vulnerabilidad existencial.

    El cine es arte y uno de sus componentes para que lo que se presenta pueda conectar con el público debe ser la realidad. En este sentido, leí que en referencia al cine latinoamericano existe una apatía a apoyarlo, dicen algunos que puede ser  que se evite ver reflejadas ciertas realidades en estas producciones, cuando su corte es de esta temática, pero ¿acaso al hacer cine en estas tierras puede obviarse la eterna crisis económica, política y social con la que por décadas hemos vivido? La respuesta es no, pero al ser una sociedad con una identidad cultural  hibrida y a la vez  expuesta mayormente a cine anglosajón es lógico hasta cierto punto, exista rechazo o apatía a producciones locales; sin embargo, es labor individual analizar y valorar lo que parte de nuestra historia pueda mostrarse en los muchos filmes que se realizan en nuestro país específicamente.

    No hay mejor película, solo se toma una muestra de todo el universo de producciones que se realizan. De las cuales podemos y debemos ver, dicen también que la belleza del mundo es la imperfección. Si fuera lo contrario, no habría más belleza que la que se nos indica; no habría esa libertad de poder apreciar y admirar lo que es doloroso, diferente, incluso raro, si  es que las aseveraciones convencionales así lo determinan. Lo extraño pero bello, lo real, lo  agridulce de la misma vida en su dualidad inmanente es lo que nos puede conectar ante la fabulosa experiencia del cine.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Ivette María Fuentes

    Abogada

     

    29/Diciembre/2025

  • Más allá de las redes sociales: la digitalización que las MYPES necesitan para crecer

    Más allá de las redes sociales: la digitalización que las MYPES necesitan para crecer

    La digitalización se ha convertido en un factor decisivo para el crecimiento y la competitividad de las micro y pequeñas empresas (MYPES). En un entorno económico marcado por la incertidumbre, los cambios tecnológicos acelerados y mercados cada vez más exigentes, incorporar tecnología no se limita a vender por redes sociales, sino que supone mejorar la gestión interna, profesionalizar las finanzas, ampliar mercados y fortalecer la capacidad de adaptación de los negocios. Sin embargo, el proceso de digitalización de las MYPES salvadoreñas dista de ser integral. Este artículo, basado en el Informe sobre el Estado de la MYPE 2025: La otra cara de la economía, elaborado por el Observatorio MYPE de la Escuela LID de FUSAI y FLACSO El Salvador, muestra que los avances existen, pero siguen siendo desiguales y excesivamente concentrados en los canales comerciales.

    En términos generales, la digitalización de las MYPES avanza, pero de forma fragmentada. Aunque en los últimos años se ha ampliado el acceso a herramientas digitales, su adopción no ha derivado en una transformación profunda de los modelos de gestión ni de los procesos productivos. El resultado es un uso tecnológico que mejora la visibilidad de los negocios y facilita la relación con los clientes, pero que deja intactos muchos de los factores que limitan la productividad y el crecimiento empresarial.

    La mayoría de las MYPES ya cuenta con acceso a internet, lo que representa un avance relevante. No obstante, este acceso está condicionado por el costo y, sobre todo, por la calidad del servicio. El internet móvil se ha convertido en la principal vía de conexión para negocios pequeños, informales o ubicados en zonas con menor infraestructura, gracias a su flexibilidad y menor costo. Sin embargo, su baja velocidad y capacidad restringen el uso de aplicaciones más complejas y limitan la incorporación de herramientas orientadas a la gestión, el análisis de información o la automatización. En contraste, la banda ancha fija —más frecuente entre empresas de mayor tamaño y formalización— ofrece mejores condiciones para integrar sistemas de gestión y plataformas digitales más avanzadas, ampliando de manera significativa el potencial de uso tecnológico.

    En cuanto a la adopción de herramientas, la digitalización se concentra casi exclusivamente en la relación con el cliente. WhatsApp y Facebook son la principal puerta de entrada al mundo digital: la mayoría de empresarios las utiliza para comunicarse con clientes, coordinar pedidos y promocionar productos. Estas plataformas cumplen una función clave para sostener las ventas y mantener la cercanía con el mercado, pero su uso suele ser intuitivo y poco estratégico. Otras herramientas, como sitios web propios, Instagram o TikTok, tienen una presencia más limitada, mientras que recursos básicos como el correo electrónico o los programas de oficina siguen siendo utilizados por una minoría. El uso de sistemas especializados, como la gestión de relaciones con clientes, soluciones de ciberseguridad o aplicaciones basadas en inteligencia artificial, continúa siendo marginal y se concentra en un segmento reducido del tejido empresarial.

    La adopción de pagos digitales constituye otro de los grandes rezagos. A pesar de la existencia de soluciones accesibles y gratuitas, una proporción significativa de MYPES continúa operando principalmente con efectivo. Entre quienes han incorporado medios digitales, Transfer365 destaca como la herramienta más utilizada, lo que sugiere que las barreras no son exclusivamente tecnológicas. La preferencia por el efectivo limita la trazabilidad financiera, dificulta el registro sistemático de operaciones y restringe el acceso a clientes institucionales, plataformas de comercio electrónico y modelos de negocio más sofisticados. Además, refuerza la desconexión entre las ventas y la gestión financiera, reduciendo la capacidad de planificación y crecimiento.

    La mayor brecha de la digitalización se encuentra en los procesos internos. Una parte importante de las MYPES no ha digitalizado ninguna función administrativa y, entre las que lo han hecho, predominan aplicaciones orientadas a tareas operativas puntuales, como la coordinación de entregas. La gestión financiera, el control de inventarios, la administración del personal y el manejo de información estratégica continúan realizándose mayoritariamente de forma manual. Esta situación limita la eficiencia, eleva costos ocultos y reduce la capacidad de tomar decisiones basadas en información oportuna y confiable. A ello se suma la escasa formación digital, que frena la adquisición de nuevas competencias y la apropiación de herramientas más sofisticadas.

    Las diferencias en los niveles de digitalización responden a factores estructurales bien definidos. El tamaño del negocio, el nivel educativo del empresario, el grado de formalización y el sector económico condicionan el tipo y la intensidad del uso tecnológico. Las MYPES formales, de mayor tamaño y con mayor nivel educativo muestran avances más consistentes, aunque algunos negocios semiformales destacan en la adopción exploratoria de tecnologías emergentes. Por sector, producción y servicios presentan un patrón de uso más diversificado, mientras que comercio y agro se concentran en funciones básicas asociadas a la coordinación de ventas.

    Las percepciones del empresariado confirman este panorama. La principal oportunidad que identifican en la digitalización es el aumento de la visibilidad y el acceso a nuevos mercados, mientras que beneficios como la mejora de la productividad, la reducción de costos o la capacitación aparecen con menor peso. Entre las principales barreras destacan el alto costo, la falta de conocimientos, la baja calidad del internet y la dificultad para encontrar proveedores confiables.

    Más que confirmar un rezago, los hallazgos del estudio apuntan a una hoja de ruta clara. La digitalización de las MYPES requiere dejar atrás enfoques parciales y avanzar hacia estrategias integrales que combinen conectividad de calidad, alfabetización digital y acompañamiento técnico continuo. No se trata solo de vender más, sino de incorporar tecnología en la gestión financiera, la administración del personal, el control de inventarios y la capacitación, vinculando el uso digital con objetivos concretos de negocio. Para ello, resulta clave ampliar el acceso a banda ancha fija y soluciones alternativas en zonas rurales, promover de forma decidida los pagos digitales interoperables, cerrar brechas de conocimiento con programas adaptados al tamaño y sector de cada empresa y facilitar el uso práctico de herramientas emergentes como la inteligencia artificial. Este esfuerzo exige políticas diferenciadas y el fortalecimiento de alianzas público-privadas que integren a universidades, cooperativas, proveedores tecnológicos y organizaciones de desarrollo. Solo así la digitalización podrá convertirse en un verdadero motor de productividad, competitividad y crecimiento sostenible para las MYPES salvadoreñas, y no quedarse únicamente en una vitrina digital.Principio del formulario

     

    *William Pleites, director de FLACSO El Salvador

  • 2025: Entre orden, silencio y esperanza

    2025: Entre orden, silencio y esperanza

    En El Salvador no se termina un año: se sobrevive a él. Aquí el calendario no avanza, da brincos; el reloj no marca horas, marca acontecimientos; y el salvadoreño no pregunta “¿cómo te fue este año?”, sino “¿todavía estás vivo?”. Porque cerrar un año en este país es como bajarse de una montaña rusa sin cinturón: despeinado, confundido, agradecido de estar entero y con la firme sospecha de que el próximo viaje será igual… o peor, pero jamás aburrido. Este ha sido uno de esos años que no se cuentan en meses, sino en episodios. Un año donde el país parecía vivir en “modo intenso”

    Donde cada semana traía tema nuevo y cada día parecía querer entrar a la historia nacional, aunque fuera por insistencia. Un año que dejó a algunos celebrando, a otros reflexionando, y a la mayoría simplemente tratando de llegar a diciembre con salud, empleo y sin haber discutido con medio país por redes sociales. Hay cosas buenas que no se pueden negar. La seguridad se ha convertido, para muchos, en el punto de partida de la vida cotidiana. No como consigna, sino como experiencia real. La percepción de mayor control ha devuelto al país algo que durante años parecía extraviado.

    Es decir, la posibilidad de planificar la vida. Cuando una persona puede desplazarse, trabajar y regresar a casa con menor temor, recupera algo esencial: la confianza en el mañana. Y cuando hay confianza, suceden cosas extraordinariamente normales: la gente vuelve a hacer planes. A partir de ahí, el salvadoreño vuelve a pensar en estudiar, en emprender, en invertir y en abrir un negocio sin asumir —como dogma nacional no escrito— que cerrará antes de terminar de pagar el rótulo. Ya no se parte necesariamente de la idea de “esto no va a durar”, sino de “probemos”.

    En un país donde durante años el miedo fue la variable dominante, este cambio no es pequeño; es profundo y se siente en la vida diaria. Esa misma sensación de orden también ha modificado la forma en que El Salvador se proyecta hacia afuera. Hoy el país aparece en conversaciones internacionales no solo como advertencia, sino como caso de estudio. Nos observan, nos analizan y nos discuten. A veces con aplausos, a veces con reservas, pero ya no con indiferencia. Eso no garantiza reconocimientos permanentes, pero sí obliga a elevar la conversación sobre quiénes somos, qué estamos construyendo y hacia dónde queremos ir.

    Sin embargo, no todo avanza al mismo ritmo. La economía cotidiana sigue siendo el gran desafío. El dinero llega puntual, pero se va temprano. El salario hace su esfuerzo, pero el costo de la vida corre maratones. Ir al supermercado se ha convertido en una experiencia existencial: uno entra con lista y sale con preguntas profundas sobre la vida, el universo y en qué momento los productos básicos decidieron vivir en otra categoría. El salvadoreño no ahorra: administra con creatividad. Ajusta, prioriza y posterga con una habilidad que no se aprende en libros, sino en la vida.

    La estabilidad social es importante, pero cuando no va acompañada de oportunidades económicas reales para la mayoría, genera una presión silenciosa que no se manifiesta en protestas estruendosas, sino en preocupación diaria. Y luego está lo que más duele, lo que incomoda y lo que se habla en voz baja. Hay un ambiente donde opinar se vuelve un ejercicio de cálculo. Donde se piensa una cosa, se dice otra y muchas veces se guarda silencio. No por falta de criterio, sino por prudencia. El salvadoreño, con memoria histórica, sabe que sobrevivir también implica saber cuándo hablar y cuándo observar.

    En ese mismo espacio aparecen realidades que merecen ser tratadas con extrema sensibilidad. Por un lado, los despidos en el sector salud, que no solo alcanzaron a médicos, sino también a enfermeras y a otro personal sanitario, personas que durante años sostuvieron hospitales, clínicas y turnos imposibles, y que hoy se ven obligadas a rehacer su vida laboral, muchas veces sin notificaciones claras ni procesos humanos de transición. No se trata de juzgar decisiones administrativas, sino de recordar que detrás de cada uniforme hay una familia, una vocación y una historia de servicio.

    Pero hay una herida aún más profunda para muchas familias: la de personas detenidas que aseguran no tener vínculo alguno con estructuras criminales, pero que fueron privadas de libertad por parecer sospechosas, por vivir en una zona estigmatizada, por tener tatuajes, por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, o incluso —según relatan familiares— por llamadas malintencionadas de personas de mal corazón, que señalaron sin pruebas, con ligereza o por venganza personal. No se trata de negar la necesidad del Estado de actuar con firmeza frente al crimen, ni de desconocer el derecho de la sociedad a vivir segura.

    Pero también es legítimo —y necesario— reconocer que existen casos donde la justicia tarda en escuchar, donde la presunción de inocencia parece diluirse y donde hogares enteros quedan suspendidos en la angustia, esperando que alguien revise con detenimiento, con humanidad y con verdad su caso. El Salvador conoce demasiado bien el valor de la libertad como para tratar estos casos como simples daños colaterales. Detrás de cada detenido injustamente hay madres que esperan, hijos que preguntan, esposas que resisten y familias que cargan el peso de una acusación que, en algunos casos, nunca debió formularse.

    A pesar de todo, hay algo que no se ha perdido: la capacidad del salvadoreño para adaptarse y seguir adelante. Aquí la creatividad no es lujo, es supervivencia. Cuando no hay recursos, hay ideas. Cuando no hay certezas, hay iniciativa. El salvadoreño inventa, ajusta y continúa. Incluso el humor —usado con respeto— sigue siendo una válvula de escape, no para burlarse del dolor, sino para no ser vencido por él. El año que viene plantea un desafío claro: consolidar lo que funciona, corregir lo que duele y no normalizar aquello que hiere la dignidad humana.

    La seguridad debe sostenerse con legalidad y humanidad; la economía necesita incluir a más; y la justicia debe ser firme, pero también justa en el sentido más profundo de la palabra. Y aquí resulta inevitable recordar un principio bíblico que trasciende ideologías y coyunturas: “Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” (Miqueas 6:8) Justicia para sostener el orden, misericordia para no perder la humanidad y humildad para corregir cuando sea necesario.

    Si El Salvador camina en ese equilibrio, el 2026 puede ser más que un cambio de número: puede ser un año de madurez colectiva. Que el nuevo año nos encuentre más conscientes, más humanos y más responsables unos con otros. Y con respeto, esperanza y fe, decimos: el Señor Jesucristo te bendiga en este nuevo año que viene.

  • Cuba: La Impotencia médica

    Cuba: La Impotencia médica

    El totalitarismo castrista ha incurrido en numerosos crímenes a través de toda su historia siendo uno de los mayores el ejecutado en el sector de la salud, aunque no es el único. La dictadura cubana ha usado a los profesionales de la salud como instrumento de influencia política y mercancía humana, una estrategia derivada de la propuesta de una “medicina revolucionaria” dictada en 1960 por el asesino en serie Ernesto “Che” Guevara, otro gran fraude del absolutismo que impera en Cuba.

    La población bajo el totalitarismo nunca ha podido acceder libremente a la compra de productos de aseo personal y menos adquirir desinfectantes o cualquier producto de limpieza.

    Los insecticidas han faltado siempre, causando plagas de parásitos como las chinches que obligan a botar los deteriorados colchones y las escasas ropas de cama, aun mas, en estos días hable con un familiar quien me dijo que cuando se despertaba en las noches, tenía la sensación de que el repugnante animalito le salía por la boca.

    Las autoridades no recogen la basura de manera sistemática. Los barrios populares se han convertido en verdaderos basureros y puntos fundamentales en la formación de focos infecciosos mientras las fosas sépticas en los domicilios se revientan, afectando la vida y contaminando el suelo y las aguas subterráneas, un crimen ambiental que se repite hasta en el sistema de alcantarillado que presenta grandes salideros por falta de mantenimiento.

    La situación sanitaria en la Isla, a menos de 7 días de cumplir 67 años en el poder, es catastrófica. La farsa de unos excelentes servicios médicos se ha desmontado por si sola, la mentira ha sido descubierta.

    En el 2015 el realizador cinematográfico Wenceslao Cruz dirigió un documental del Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo titulado “Mito y Realidad de la Medicina en Cuba”, bajo la asesoría de los doctores en medicina Santiago Cárdenas y Omar Vento, en el que se recogen testimonios que muestran que los servicios médicos bajo el castrismo han dado mas prioridad a la gestión política, dentro y fuera la Isla, que a la salud de los ciudadanos.

    Entre otros testimonios está el del médico, Darsi Ferrer, quien fuera un notable activista a favor de la democracia en Cuba, dijo, “en el servicio médico hay una amplia y profunda corrupción como consecuencia de las injusticias del sistema. Los pacientes no cuentan con derechos ante una mala práctica y el denominado Medico de la Familia es uno de los fracasos más grande del régimen, además, el llamado internacionalismo no tiene nada que ver con el humanismo, la dictadura cumple un objetivo político, mientras, recibe miles de millones de dólares por la explotación que padecen los profesionales de la salud”.

    Esa denuncia grafica de hace diez años se reafirma con la trágica situación de salud que impera en la Isla de los generales y doctores del castrismo.

    La situación de los hospitales cubanos son más que deplorables. Falta de todo, médicos, medicinas, equipos, reactivos y todo lo que se pueda imaginar a lo que debemos sumar la pésima alimentación a los enfermos, cortes de electricidad y falta de agua. Los pacientes internados para sobrevivir requieren que sus familiares le hagan llegar desde el exterior lo que la cacareada potencia medica debía suministrarle.

    La desidia criminal no cesa de producir tragedias como las que están sucediendo en estos momentos con la epidemia de varios virus transmitidos por los mosquitos que proliferan en la Isla, más la falta de insecticidas y la negligencia de los funcionarios públicos que no eliminan focos infecciosos como los vertederos y la acumulación de desechos en los barrios durante meses.

    Las enfermedades infecciosas en la Isla llenan un diccionario. El siempre presente dengue, la Chikunguña y el oropouche han causado la muerte al menos de decenas de personas, una cifra alta en un país donde las autoridades mienten sistemáticamente en todo los que les afecta.

    Es apropiado denunciar que, aunque el castrismo es el principal culpable de tantas dolencias, no le han faltado cómplices extranjeros en la comisión de estos crímenes, entre ellos, la Organización Panamericana de la Salud que ha sido demandada por trata de persona por médicos cubanos que participaron en las llamadas misiones, un subterfugio del totalitarismo y sus aliados para disfrazar el tráfico de esclavos.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • El Salvador 2025: Aproximación al cierre del Balance de Seguridad Pública

    El Salvador 2025: Aproximación al cierre del Balance de Seguridad Pública

    A menos de 72 horas para que finalice el año 2025, El Salvador no solo cierra un año calendario, sino que consolida una estrategia de seguridad por un año más, que hace apenas un lustro parecía una utopía de ficción. San Salvador, que alguna vez encabezó las listas de las ciudades más peligrosas del mundo, despide el año con una atmósfera de normalidad que, para el salvadoreño promedio, es una de acciones de gracia, principalmente si vivía en zonas controladas y asediadas por los pandilleros criminales.

    Las cifras oficiales al cierre de diciembre son categóricas y contundentes.Con tres días completos pendientes de cifras, mi proyección del uno de abril del 2025 la mantengo y sostengo, y es que el año finalizará con un dato de entre 75 y 85 homicidios intencionales, con una tasa de homicidios situada entre el 1.2 y 1.4 por cada 100,000 habitantes, una cifra que no solo pulveriza el registro de 1.9 alcanzado en 2024, sino que sitúa a la nación como un referente en la menor tasa de violencia homicida del continente americano. Con más de 290 días sin homicidios intencionales acumulados a lo largo del año, el Plan Control Territorial y la herramienta constitucional del Régimen de Excepción han logrado lo que décadas de «Mano Dura» «Treguas» “Mano amiga” no pudieron:desarticular el control territorial de las pandillas.

    Más allá de las estadísticas y gráficos, el beneficio para la población se traduce en menos familias en luto y drama por el asesinato de un familiar,Este 2025 ha sido el año de la recuperación de la cotidianidad:

    * Libertad de movilidad: El fin de las «fronteras invisibles» ha permitido que miles de familias se reúnan sin miedo en colonias que antes eran zonas de guerra.

    * Dinamismo comercial: La reducción drástica de la extorsión ha dado un respiro a los microempresarios. Ya no es el «impuesto de guerra» el que dicta si una tienda de barrio abre o cierra, sino la oferta y la demanda. Y miles de emprendimientos.

    * Turismo y economía: El crecimiento económico, que alcanzó picos del 5.1% en el tercer trimestre, y un promedio cercano al 4% está íntimamente ligado a la percepción de seguridad. El Salvador se ha convertido en un imán de eventos internacionales y turismo de hermanos que viven en el exterior, muchos de ellos expulsados por la violencia y las pandillas, con un aumento significativo en los ingresos por vía terrestre.

    El Salvador termina el 2025 con la frente en alto en materia de seguridadpública y ciudadana, en la cima de los países del continente, un año más.La población ha pasado de discutir sobre masacres a debatir sobre el costo de la vida y la calidad de la educación; un cambio de narrativa que, en sí mismo, es un triunfo. El país ya no es el enfermo de la región, sino un referente para ser estudiado y que cada Nación después de un análisis profundo e interno decida tomar decisiones sobre qué aspectos pueden replicar e implementar en su país. La próxima semana dispondremos de las evidencias y datos oficiales para confirmar mis proyecciones de inicio del presente año. La criminología es una ciencia y permite desarrollar estudios prospectivos con la ciencia de datos.

    Dios es bueno y misericordioso. Que Dios les bendiga, les guarde y les siga prosperando, que el 2026 sea un año lleno de bendiciones y éxitos estimados lectores. Declaro 2026 año favorable de Dios para mi vida, familia, a nuestros lectores, para Diario El Mundo y para El Salvador.

    *Por Ricardo Sosa, Doctor y máster en Criminología

    @jricardososa