Categoría: Opinión

  • La IA aparece en un momento complicado

    La IA aparece en un momento complicado

    “A perro flaco, todo son pulgas”, dice el refrán, que quiere significar que cuando los problemas abundan, siempre aparecen más. El mundo intelectual ya estaba enredado y, para colmo, irrupción la inteligencia artificial. No estoy en contra del desarrollo tecnológico, pero pienso que no podemos ser ingenuos ante su potencial.

    En la historia de la filosofía se considera que estamos en la postmodernidad, época descrita por Gianni Vattimo como la época del “pensamiento débil”. Llevamos algunos años en los que se ha buscado debilitar los fundamentos absolutos y violentos de la modernidad. Desde los años ochenta, esta idea se volvió clave para entender la fragmentación y la falta de certezas en el mundo contemporáneo. Según Vattimo, vivimos en una especie de “Babel informativa” donde los medios y la comunicación ocupan un lugar central.

    No llegamos de la noche a la mañana a este ambiente intelectual y cultural. Con el ocaso de la metafísica —ese largo intento de encontrar fundamentos sólidos y universales— la modernidad abrió paso a la sospecha como método.

    En el siglo XVII, René Descartes (1596 -1650) considerado el padre de la filosofía moderna, fue el primero en utilizar la duda como punto de partida. Frente a la inseguridad del conocimiento heredado, propuso poner en duda todo lo que pudiera ser falso o incierto, hasta encontrar una verdad indudable: el famoso “pienso, luego existo”. Con este giro, la razón humana se convirtió en el nuevo fundamento del saber, inaugurando una época que busca certezas individuales.

    Por su parte, Nietzsche (1844-1900) proclamó la “muerte de Dios” y la disolución de los valores absolutos. Heidegger (1889-1976) habló del “fin de la metafísica” y de la necesidad de pensar el ser no como fundamento, sino como apertura e historicidad. La filosofía del lenguaje subrayó que todo conocimiento es interpretación situada en un horizonte histórico.

    En este marco, Vattimo sostiene que la posmodernidad no es simplemente “lo que viene después” de la modernidad, sino una época marcada por la desaparición de la pretensión de una verdad única y universal. La realidad ya no se concibe como un bloque sólido, sino como una red de interpretaciones y discursos.

    Este ha sido el caldo de cultivo para un ambiente relativista, agnóstico, nihilista… que Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) en una homilía memorable del 18 de abril de 2005, lo describe de la siguiente manera: “Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas del pensamiento… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos con frecuencia ha quedado agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo (…). Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar zarandeado por cualquier viento de doctrina, parece ser la única actitud que está de moda. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas”.

    Es justamente en este ambiente intelectual, que renuncia voluntariamente a fundamentos fuertes, donde aparece la inteligencia artificial. No creo que sea una consecuencia lógica, sino una coincidencia inquietante. Primero, nos hemos desprovisto de las herramientas intelectuales o instrumentos lógicos para conocer la realidad y poder interactuar con ella. Una vez desarmados de cualquier confianza en el conocimiento, surge un instrumento tecnológico que crea aparentes verdades en dónde es evidente que no existen, pero que convencen hasta los más versados. En otras palabras: mientras el pensamiento humano se ha debilitado, las máquinas se han fortalecido para crear una supuesta realidad.

    Es tiempo de regresar a los clásicos, de apoyarnos en fundamentos firmes, de recuperar la confianza en la razón y en el Ser como base de todo conocimiento. Poder decir con Aristóteles: “Decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero; y decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso.” (Metafísica: Libro IV, 7, 1011b25-27).

    * Fernando Armas Faris, Sacerdote y Doctor en Filosofía 

     

     

  • La guagua se quedó sin combustible: la crisis de Cuba (I)

    La guagua se quedó sin combustible: la crisis de Cuba (I)

    En el año 2024 publiqué en este prestigioso periódico tres escritos con el nombre “Los cubanos y su dura realidad”. Nuevamente, entrevisté al youtubero cubano Jorge Luis Llanes (The Spartang Vlog), quien ha publicado cientos de videos sobre la situación caótica que vive la mayoría de cubanos. En la actualidad, el contexto ha cambiado, especialmente desde que Trump mandó capturar a Nicolás Maduro y a su esposa. Los cubanos se están quedando sin combustible, y eso, arrecía más la precariedad en la isla.

    Cuba fue uno de los países más prósperos de América Latina; pero cuando llegó el comunismo liderado por Fidel Castro, todo cambió. Cuba ha tenido a muchos héroes históricos como José Martí, deportistas, literatos, músicos, cineastas, cantantes, etc. Cuba es una isla a la que muchos quieren ir; sin embargo, el turista que la visita se viene con los sentimientos cruzados, en una parte disfrutó y en la otra vio la realidad, la miseria en la que viven muchos cubanos. Se dieron cuenta de que las guaguas han dejado de circular por la falta de combustible; además, los hospitales están teniendo problemas con los apagones de luz, los cuales son frecuentes.

    Mientras tanto, el tablero de ajedrez, el cual está controlado por el gobierno de Estados Unidos con respecto a la geopolítica, ha hecho que los cubanos tengan una crisis más pronunciada; ya que, dio la orden de que ya no llegase petróleo de Venezuela a la isla.

    A la falta de combustible se le suman: la crisis energética y la peor: la crisis socioeconómica de millones de cubanos. Los cubanos, según noticias y videos de youtubers, evidencian que están viviendo su peor tormenta, parecida a la de 1991, cuando fue el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El gobierno comunista de Castro y allegados se quedó sin su padrino.

    Llanes tuvo que emigrar para España; también quería un cambio en su vida. Igual que él, muchos están a la expectativa de lo que podrá suceder muy pronto en Cuba.

    ¿Cómo analiza la situación de los cubanos con respecto a la escasez de dinero y la falta de oportunidades? —Yo pienso que el dinero es importante para que las personas puedan acceder a lo más básico, a tener una buena alimentación, a tener un buen esparcimiento —. Yo pienso que, tener un salario digno es muy importante, no solo en Cuba, sino en el mundo entero. En países como Cuba, se les controla precisamente a través de la economía, porque las personas mientras más pobres, son más dependientes del Estado. Una persona que tiene una buena economía no depende de un servicio público, no depende de un gobierno que le dé una vivienda, que le dé salud gratuita, etc. Una persona con buena economía, se puede pagar todo eso en el sector privado y si le da la gana, se puede ir hasta el país a buscar nuevos horizontes.  Entonces, en Cuba siempre se ha controlado la economía, precisamente para eso. Imagínese usted, ¿quién puede emigrar de Cuba teniendo un salario de 25 dólares al mes?, ¿cuánto hay que estar reuniendo para comprar un pasaje de avión? Y, lo otro; es el pasaporte cubano, en donde el cubano tiene muy pocas opciones; ya que, ya no somos bien recibidos en ningún país; siempre somos posibles migrantes.

    ¿Cree que haya una intervención de Estados Unidos igual a la que realizó en Venezuela? Hay muchos cubanos que estarían contentos de que en este momento hubiera una intervención en Cuba. Si bien; otra parte no lo está, los comentarios que yo leo en redes sociales, en las publicaciones de medios independientes, en los videos que se publican de creadores de contenido que tienen un discurso más duro contra el gobierno. Lo que ahí se comenta es que muchos cubanos, tanto de dentro como de fuera, están de acuerdo con una intervención. Los cubanos lo que quieren realmente es una operación quirúrgica como la que se hizo en Venezuela.

    En conclusión, Jorge Luis Llanes manifiesta: —El gobierno cubano lo único que ha hecho es robar, está endeudado con todo el mundo, no paga sus deudas, hace “corralitos financieros” a quienes invierten en el país y espanta la inversión—.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • “Shakyreando”

    “Shakyreando”

    “A las dictaduras les pasa lo que a las bicicletas; si se paran, se caen”. Esta frase es de Antonio Maura, político español; luego fue retomada por la escritora y periodista de la misma nacionalidad conocida como Maruja Torres. También se asegura que la citó Camilo Torres, el “cura guerrillero” muerto en combate hace 60 años. Para traducir la mentada expresión a lo concreto, tenemos que los sistemas despóticos deben mantenerse en movilidad constante a fin de prolongar el proceso autoritario de sometimiento de sus pueblos. Pero la fuerza bruta no posee la exclusividad dentro de dicha dinámica; además puede concretarse ‒entre otros malabares‒ mediante la extrema publicidad alrededor de un “líder fuerte y carismático”, el montaje de obras monumentales y el espectáculo oficialista pagado o gratuito. Esto se ha visto a lo largo de la historia de la humanidad y también es parte de la salvadoreña.

    La creación del Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda le sirvió a Hitler para manipular la opinión del pueblo alemán y consumar el Holocausto. Entre los proyectos arquitectónicos más destacados erigidos durante la terrible época del nacionalsocialismo están el Estadio Olímpico de Berlín, originalmente capaz de albergar a más de cien mil personas, y el complejo turístico conocido como el “Coloso de Prora” que fue edificado en la Isla de Rügen y en el que perfectamente se podían acomodar veinte mil huéspedes; súmese a lo anterior los pomposos conciertos organizado para festejar los cumpleaños del Führer, entre otros motivos, no obstante la digna negativa del excelso Pablo Casals cuando fue invitado a dirigir para este en 1933 y en 1943.

    “La propaganda en el fascismo ‒sostiene la costarricense Lidia Salas Chavarría‒ se constituyó en un instrumento de poder y alcanzó penetrar en los sentimientos de las masas. La combinación del arte, la estrategia, el lenguaje, la retórica, fue fundamental para el sometimiento y doblegación de las personas y masas en el desarrollo del fascismo italiano. Cada detalle fue dirigido conscientemente con el fin de impactar a la población y convertirla en la estructura ideal para ejercer el dominio y el poder del Duce en el desarrollo del fascismo italiano”. ¿Y qué decir del culto a la personalidad en la China de Mao, en la Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas de Stalin y en la Corea del Norte de la dinastía Kim.

    Acá también hay historias relacionadas que contar y considerar. El dictador del siglo pasado, general de brigada Maximiliano Hernández Martínez, hizo lo suyo. Mandó construir el Estadio “Flor Blanca”, que inauguró en 1935 con los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Las labores destinadas a contar con esta obra imponente en aquella época arrancaron en 1932, tras la matanza de población indígena y campesina perpetrada principalmente por el ejército en enero del mismo año. en medio de una propaganda ‒masiva y penetrante‒ lanzada por el entonces estrenado etnocida; la misma estaba centrada principalmente en la amenaza de un “peligroso” y “terrible” enemigo externo e interno: el comunismo.

    Héctor Lindo, reconocido historiador y apreciado amigo, comenta que Hernández Martínez impulsó aquel evento deportivo “para obtener el mayor provecho político posible”. “Los juegos ‒resaltó‒ sirvieron para distraer a la población y dar visibilidad internacional al régimen”. Además, dos de los artistas mexicanos más connotados de la época en América Latina –Agustín Lara y Pedro Vargas– se presentaron en el Teatro Principal cuyas instalaciones fueron abarrotadas. Y remata Héctor con este cierre: “Según decía la propaganda, los Juegos y los populares cantantes atrajeron turismo de toda Centroamérica”.

    Así, pues, con el paso del tiempo se cumplió casi el medio siglo exacto hasta que inició el conflicto armado interno en enero de 1981. En esos años, de la dictadura personalista de Hernández Martínez el país pasó a la sistémica plagada de golpes de Estado, regímenes cívico militares, elecciones amañadas y fraudes electorales para culminarla hasta 1982 ‒ya en plena guerra‒ con el final de la tercera Junta “revolucionaria” de Gobierno. Luego se terminó el conflicto armado. No es cierto que los acuerdos firmados para ello eran malos; malos y hasta maletas fueron quienes los firmaron y no los cumplieron a cabalidad. Por eso ahora tenemos la incesante propaganda sobre “el país más seguro del hemisferio occidental”, el miedo a hablar mal ‒en voz alta‒ sobre el Gobierno que la promueve y el “agradecimiento” al que lo encabeza.

    Con el paso reciente de la famosa artista colombiana tras su “residencia” acá ‒temporal y obviamente muy, muy redituable‒ junto a todo lo que eso implica, militarización de su entorno incluida, propondré que “shakyrear” se registre como un nuevo verbo… al menos en El Salvador. Y cuidado: deberá seguir pedaleando la bicicleta hasta donde pueda para no caerse.

  • Un camino compartido de asistencia y existencia

    Un camino compartido de asistencia y existencia

    La vida, por sí misma, es un itinerario de apego a compartir con todo lo que nos rodea y hacia todo. Ojalá recobremos este impulso donante, sin interés alguno, con docilidad y sentimiento auténtico. Lo sustancial es sustraerse de lo maligno para volver al espacio del verso que somos; si en verdad queremos retornar al torno de la quietud y crecer corazón a corazón, acrecentando los vínculos místicos, que son realmente los que nos dan aliento y alimento para poder subsistir, dejándonos entrar en relación lírica con nuestros semejantes. Esto supone reorientarnos continuamente, creando una mano de obra tan veraz como tenaz y una sociedad tan equitativa como humana. De lo contrario, nos hundiremos en la inhumanidad permanente y en el desorden deshumanizante continuo.

    El cambio al llamamiento siempre está ahí, lo importante es la escucha y el discernimiento. Hacerlo con pasión es ya un gran avance, máxime en un tiempo en el que multitud de niños están obligados a vivir bajo tierra para sobrevivir a la guerra, o la afluencia de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que se enfrentan continuamente a violaciones sistemáticas y generalizadas de derechos humanos, originando incesantes desórdenes y violencias. Prestarle apoyo al clamor de los miles de oprimidos, aparte de ser una necesidad, es un deber; para dar comienzo a una historia de liberación, que no es un privilegio, sino un hábito que ha de lograrse. Ningún humano puede amar sus cadenas, aunque sean de oro puro, precisamos no ser esclavos y ser poesía; nunca poder, sino siervos.

    La pasividad es mal fundamento vital. Quien no ha compartido la disputa, compartirá la derrota. En efecto, somos caminantes de afectos, cultivados con níveo pulso. Proteger los andares y restaurarse de los tropiezos, requiere estar siempre en guardia, como un poeta, para no confundirnos de ritmos. Lo capital es dar prelación, tanto a las personas como al planeta. Las gentes que participan y expresan sus sentimientos se adaptan mejor al deseo de ser autónomos, sabiendo ser justos. Ahora bien, debido a esa comunión de latidos, nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.  Unirse y reunirse, por consiguiente, es fundamental; ya no sólo para reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, también para que no se quede sin respuesta su llamada.

    ¡Triste época la nuestra! Es más fácil descomponerlo todo que componer bríos armónicos, quizás porque no activamos la caridad en nuestra propia casa y la justicia en la puerta de al lado. Personalmente creo, que nunca es tarde para reconstruirnos; empecemos por despojarnos de mundo, por abstenernos de utilizar vocablos o verter miradas que lastimen a nuestro prójimo. Tampoco hagamos juicios, cultivemos el abrazo como caricia y el acompañamiento como misión, sobre todo ante tantos modelos explotadores, que nos dejan sin aire. Situar la justicia social en el epicentro de las agendas políticas internacionales, nacionales y regionales; es un buen hacer para rehacerse como sociedad, ya que donde hay poca justicia es un peligro tener razón y adquirir recta conciencia.

    En suma, que todo parte de la estima y tiende al aprecio celeste, no a este coqueteo mundano que todo lo corrompe de falsedades y de comerciales prácticas, que nos amortajan hasta la ilusión de vivir y de injertarnos savia entre sí, incapacitándonos para entendernos y atendernos mutuamente. No olvidemos que auxiliando a los demás, descubrimos nuestra propia compasión. Este es un proceso que siempre está en camino: el amor de amar amor, jamás se da por concluido y completado. De aquí deriva, para toda la humanidad, el deseo de cooperar entre sí y de no caer en la desolación, que suele originar la indiferencia y el abandono a quererse de verdad. Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia al análogo, que enamorarnos de la existencia correspondida.

  • En algún lugar sobre el horizonte 

    En algún lugar sobre el horizonte 

    Los medios seguros, para los fines de seguridad, se enlazan en la consolidación de una superpotencia: las operaciones over-the-horizon, las cuales se sustentan en el ataque aéreo, el uso de drones y el despliegue de fuerzas especiales, hoy representan las acciones preferidas de Estados Unidos.

    Todo dentro del concepto estratégico de offshore balancing, con el cual la talasocracia norteamericana pretende usar como escudo a sus aliados para que ninguna potencia rival desarrolle un dominio regional. De este modo, las fuerzas armadas estadounidenses solo intervienen directamente cuando es estrictamente necesario y con el menor coste posible.

    En este marco, las campañas antiterroristas, los ataques quirúrgicos y la presión militar sostenida en el mar se han intensificado durante el 2025: tras un año en que se bombardeó Somalia, Irak, Yemen, Siria, Irán y Nigeria, el evento estelar de esta Administración llega en 2026: la extirpación del jefe de Estado de Venezuela, Nicolás Maduro, dentro de una operación militar relámpago precedida por una gran concentración naval.

    Maduro, unas pocas horas antes del ataque, había sido visitado por el representante especial de la República Popular China para América Latina y el Caribe. Queda claro el mensaje.

    Dentro de la lógica de no intentar suplantar repentinamente un régimen de más de 25 años, lo más curioso es que, entre espionaje, traiciones, hartazgo, desgaste y penuria, una Venezuela conmocionada mantiene una especie de sistema zombi, en donde la retórica bolivariana antiimperialista apenas intenta ocultar un vasallaje vergonzante: el chavismo se pudre en su propia salsa. Las banderas del desconcierto ondean tímidamente en un reclamo hacia el vacío, tanto como las del manido anhelo de una transición a la española.

    La sofisticación, estratégica, militar y de inteligencia, se abraza con el tosco pragmatismo político de la hipocresía disimulada a desgana o de lo explícitamente oprobioso: regalos que se reciclan y objetivos brutalmente transparentes.

    La situación de la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) es una metáfora de lo difícil que es hacer brotar a este país; extraer a su dictadorzuelo es mucho más sencillo que extraer su riqueza y su democracia.

    Estados Unidos había descuidado, hasta cierto punto, a América Latina porque, después del derrumbamiento de la Unión Soviética y su propuesta ideológica, ningún país en la región podía significar una amenaza considerable, más allá del puñado de rivales y del vaivén del discurso según el color de los partidos políticos gobernantes.

    La penetración china, además de otras cuestiones como el narcotráfico, la inmigración o la presencia rusa, obliga a enfocar la influencia aquí, subrayando los motivos de la Doctrina Monroe; el canal de Panamá es el mejor ejemplo.  En este contexto, la diplomacia se encarna en un rostro de nítidas intenciones: de Pompeyo a Marco Antonio. Sin embargo, Latinoamérica, así como Groenlandia y el Ártico,  es simplemente un reflejo del punto clave del planeta en relación a la rivalidad de Estados Unidos con China.

    Ese sitio no es Oriente Próximo, en donde la fragmentación de poder, la delegación en aliados y el debilitamiento de enemigos acomodan por fin su papel secundario. Tampoco es esta Europa que busca cohesionarse más ante la amenaza rusa, el robustecimiento de la OTAN y los reclamos estadounidenses con forma de desdén. Washington también necesita descansar aquí, dejando a los europeos bloqueando la presión rusa sin descuidar el flanco sur, dado que el yihadismo encontró en la inestabilidad y debilidad estatal del Sahel su ambiente más adecuado para sobrevivir.

    El incesante seguimiento de lo que emite la Casa Blanca ha conseguido que incluso ahora la Estrategia de Seguridad Nacional genere interés: naturalmente en esta sigue siendo el Indo-Pacífico “el teatro decisivo de la competición económica y geopolítica del siglo XXI”. De esta manera, se deja claro que las fuerzas estadounidenses deben prestar especial atención a la Primera Cadena de Islas, una línea estratégica que pasa por Japón y Filipinas, y en la que Taiwán representa un “punto de estrangulamiento geográfico vital”, puesto que su control es fundamental para la estabilidad regional. He aquí el espacio para merodear por aguas reclamadas por China y ponerle una barrera al Pacífico.

    Esta contención marítima posee más capas de profundidad defensiva, y justamente en la Segunda Cadena de Islas se observa un ejemplo reciente de la relevancia de cada rincón en esta zona; Estados Unidos planea la modernización del principal puerto de Palaos, con el objetivo de facilitar el acceso de sus buques de guerra, lo cual está pensado para incrementar la capacidad de despliegue militar en el Pacífico occidental. Todo mientras sacude los nexos de este pequeño país con el gigante asiático. Por el otro lado también la partida se juega desde lo minúsculo: Diego García, plataforma panorámica vital, pasa de manos para quedarse en el mismo puño.

    China se mueve: sus tentáculos comerciales se solapan con inversión en infraestructuras y el cultivo de la trampa de la deuda, así se enroscan en los puertos; la observa desde cada choke point un inquieto Estados Unidos que se ondea a través de su enorme superioridad en cuanto a portaaviones y bases. Entretanto, la Pax Americana se proyecta como un díscolo espectáculo que aturde.

    A pesar de las contorciones del presente, mientras la situación en el Atlántico-Pacífico no esté tan enrarecida como en el Indo-Pacífico, en el horizonte hay más tierras raras que una tierra rara.

    • Augusto Manzanal Ciancaglini es politólogo 
     

     

     

  • Agnotología: la fábrica de la ignorancia

    Agnotología: la fábrica de la ignorancia

    Vivimos en la época de mayor información conviviendo con la mayor ignorancia! Pero no es culpa del pueblo;  Nunca antes habíamos tenido tanto acceso a la información, y sin embargo, la confusión y la desinformación campan a sus anchas. Pero más allá de las clásicas «noticias falsas», existe un fenómeno más sutil y peligroso: la producción deliberada de ignorancia. Los filósofos Robert Proctor y Londa Schiebinger acuñaron un término para esto: “agnotología”. No es solo la ausencia de conocimiento como ignorancia tradicional, sino la creación cultural y política de la duda; una ignorancia por diseño. Es el arte de enterrar la realidad bajo un alud de eufemismos, medias verdades y silencios estratégicos.

    En el debate público salvadoreño, somos testigos de cómo ciertos términos se convierten en armas para empobrecer la discusión. Palabras que antes servían para construir ciudadanía, hoy se vacían de contenido o se satanizan. El ejemplo más claro es el de los derechos humanos. En el discurso oficialista, la frase «derechos humanos» ha sido secuestrada y se le ha añadido un adjetivo que lo invalida: «derechos humanos para pandilleros». Este giro lingüístico es una pieza maestra de agnotología.

    Al etiquetarlos como un privilegio exclusivo de los criminales, se logra un triple objetivo. Primero, se deshumaniza al delincuente, allanando el camino para cualquier política, por dura que sea, sin que genere empatía. Segundo, y más importante, se siembra la confusión en la ciudadanía sobre qué son realmente los derechos humanos. Se oculta que estos son universales, inalienables e indivisibles. No son un favor que el Estado concede a los «buenos», sino un límite al poder estatal para proteger la dignidad de todas las personas, incluyendo las que han cometido los peores crímenes. Cuando se aplaude la vulneración de los derechos de un presunto pandillero, sin saberlo, se está debilitando el escudo que nos protege a todos de un posible abuso de poder.

    El problema no termina ahí. La agnotología también se manifiesta en la desaparición de otras palabras de nuestro vocabulario. Conceptos como «presunción de inocencia», «debido proceso» o «proporcionalidad de la pena» son sistemáticamente omitidos del relato oficial. En su lugar, se instala una narrativa binaria y maniquea: «nosotros» contra «ellos», «los de bien» contra «los malhechores». Esta simplificación es funcional, porque una sociedad que no conoce o no reclama el «debido proceso» es una sociedad que no notará cuando ese proceso se le es aplicado a ella misma de forma arbitraria.

    Se nos vende la idea de que la seguridad es un fin que justifica cualquier medio, ignorando que los medios que utilizamos definen el tipo de sociedad que construimos. Al esconder la complejidad del fenómeno criminal —sus raíces sociales, la falta de oportunidades, el abandono estatal que precedió a la violencia—, se nos condena a repetir los errores. Se fomenta la creencia de que la solución es únicamente punitiva, ocultando los fracasos de las políticas de reinserción que nunca se implementaron a profundidad o la necesidad de un sistema de justicia robusto que no dependa de la excepcionalidad.

    El problema de fondo no es solo lo que se dice, sino lo que se silencia. No es solo el término «pandillero» el que se usa, sino el término «ciudadano» el que se deja de lado. Cuando reducimos a una persona a un solo error o a un estigma, dejamos de verlo como un sujeto de derechos. Esa despersonalización es el caldo de cultivo para la tiranía.

    Frente a esta fábrica de ignorancia, el ejercicio periodístico y la opinión pública tienen una tarea titánica: reapropiarse de las palabras. Nombrar las cosas por su nombre es un acto de resistencia. Llamar a las cosas por su nombre no es defender delincuentes; es defender la claridad conceptual que evita que, en un futuro, se nos juzgue a nosotros sin las mínimas garantías. Porque al final, una sociedad que desprecia el derecho de uno, termina perdiendo el derecho de todos.

     

  • Un sueño para realizar

    Un sueño para realizar

    Las ultimas semanas han sido muy alentadoras para quienes nos conducimos como exiliados, hemos vuelto a tener fe en la caída de los regímenes que oprimen a Cuba, Nicaragua y Venezuela, una esperanza aletargada que confiamos se concrete en una realidad en la que todos tengamos parte, aunque siempre padeceremos la ausencia de los que han partido.

    La captura del autócrata Nicolas Maduro, fue una especie de obertura operática que sumada a la crítica situación de los regímenes castro chavistas permite imaginar la irrupción de ciudadanos de a pie en procura de sus derechos, paralelo al soñado regreso de quienes, aunque agradecidos eternamente a las tierras que nos dieron un generoso refugio, anhelamos volver a transitar las calles de nuestra infancia.

    Hace unos días le decía a mi esposa que por dorado que sea el exilio o el éxodo, no hay estancia que supere la de la tierra natal, no es que la vida en esos lares sea perfecta, pero tiene un sentido de pertenencia insustituible, personalmente tengo una profunda deuda de gratitud con Venezuela y Estados Unidos, la generosidad de ambos países al recibirme nunca podré compensarla, pero no hay valor que sustituya a Cuba y en particular la ciudad de Santa Clara, en mi memoria.

    Sin dudas, que el retorno, de concretarse, será muy complejo y tal vez en ocasiones desalentador, familias y amigos que no se han visto por décadas compartirán un diluvio de cuentos y experiencias, la alegría y la felicidad harán presa de todos, sin embargo, en probable, que, en algunos encuentros, se presenten amargos recuerdos y pasadas diferencias.

    Nuestros pueblos con independencia de las orillas en las que se encuentren han sufrido bajo la tutela castro chavista traumas significativos, algunos muy difícil de erradicar de la memoria individual y colectiva, en consecuencia, no espero un borrón y cuenta nueva, aunque debemos esforzarnos todos por encontrar la manera de convivir sana y justamente.

    Tanto los hermanos Fidel y Raul Castro, Hugo Chavez, Nicolas Maduro y el mortífero matrimonio compuesto por Daniel Ortega y la señora Murillo han contado con el respaldo de importantes sectores de la población que en nombre de sus caudillos incurrieron en numerosas arbitrariedades, además de crímenes, sucesos que no podrán ser borrados y que claman justicia, sin embargo, todos estamos obligados, víctimas y victimarios a actuar con ecuanimidad y a respetar el derecho de todos y como escribiera Jose Marti, «De la justicia no tiene nada que temer los pueblos, sino a los que se resisten a ejercerla».

    Ahora, permítanme compartir mis anhelos, aclarando que nunca he sido optimista en relación con un cambio en Cuba, sin embargo, en estos días me he permitido delirar con el regreso, por suerte no soy el único, muchos de mis amigos también están soñando, así que les ruego sean comprensivos cuando confiese mis fantasías que ansió se conviertan en realidad.

    Cargo 82 años y contrario al dictador Miguel Diaz Canel sigo siendo un idealista, estoy convencido que podremos ser mejores ciudadanos y construir un país “con todos y para el bien de todos” porque como dijeran cuatro ilustres cubanos de la oposición “la patria es de todos” y no de los jenízaros que han servido al totalitarismo.

    Mi regreso seria en compañía del recuerdo de muchas personas, de las cuales solo mencionare a mi padre, Pedro Martin Corzo Alemán y dos hermanos de lucha Gustavo Rodríguez Pulido y Amado Rodríguez, exprisioneros políticos todos que siempre tuvieron a Cuba y lo cubano en su corazón.

    En los 45 años que llevo físicamente lejos de Cuba no he cantado el himno de Perucho Figueredo. Guardo silencio cuando mis compatriotas lo corean, así que será lo primero a hacer si llegara a pisar la tierra que tanto amo, de inmediato viajaría a Santa Clara, mi primera visita seria a las ruinas del cementerio local buscaría la tumba de mi madre y de tantos familiares que partieron en mi prolongada ausencia.

    Más tarde partiría para el parque Leoncio Vidal, me subiría a su magnífica glorieta, visitaría el monumento a doña Marta Abreu para terminar sentándome en el banco más aislado del lugar que hace 67 años el escritor Jose Antonio Albertini le puso el banco de los poetas, allí, liberaría todas mis emociones y me sentiría libre de cuerpo y alma que el castrismo nunca venció.
    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Sembrar lectores, construir futuro: la esperanza nace en un libro

    Sembrar lectores, construir futuro: la esperanza nace en un libro

    Un país no se mide solo por sus carreteras, sus edificios o sus estadísticas económicas. Se mide también por lo que lee, por cómo piensa y por cuánto ama la palabra escrita. La lectura no es un lujo ni un adorno cultural: es una forma silenciosa de formar ciudadanos libres, críticos y esperanzados.
    Lo he pensado muchas veces, y lo he dicho más de una vez en voz alta: sembrar lectores es sembrar futuro. Y todo futuro necesita tierra fértil.

    La escuela: donde nace la curiosidad

    La escuela debería ser el primer lugar donde un niño descubre que leer puede ser un acto gozoso. No solo un requisito para aprobar exámenes, sino una puerta abierta a otros mundos, otras vidas y otras preguntas.

    Cuando un maestro enseña con pasión, el libro deja de ser un objeto pesado y se convierte en una invitación. Una clase de literatura no debería oler a aburrimiento, sino a curiosidad. Debería ser un espacio donde se conversa, se imagina, se discrepa y se crece.

    Yo, Alfredo, recuerdo a algunos docentes que no solo explicaban un texto, sino que lo sentían al explicarlo. Su entusiasmo era contagioso. Y esa chispa, aunque uno no lo note en el momento, queda guardada. La lectura sembrada en la escuela puede tardar años en florecer, pero florece.

    Me sentí invitado a estudiar Literatura en la universidad al ver cómo varios de mis maestros de secundaria y bachillerato disfrutaban el placer de la lectura y cómo nos la exponían, mostrándonos distintos géneros y autores por épocas, que me hacían vibrar y llenaban mi mente. Por eso tuve un desempeño fecundo como director Creativo publicitario durante 20 años y, luego, como docente y posteriormente catedrático universitario; me deleitaba enseñando literatura con verdadera pasión.

    Y también soy escritor; no solo escribo narrativa de ficción, sino textos empresariales, artículos para revistas, memorias de labores, contenidos para LinkedIn e incluso discursos para líderes empresariales dentro y fuera de mi país. Escribo con verdadera pasión.

    El hogar: la primera biblioteca

    Pero la escuela no camina sola. El hogar es la primera biblioteca, aunque no tenga grandes estantes ni colecciones completas. Basta con que un padre lea con atención un libro o un escrito edificante e incluso religioso, como lectura de reflexión cristiana diaria, o que una madre comparta un tema interesante, o que la familia converse en la mesa sobre una noticia de su comunidad. Esos pequeños momentos también forman lectores.

    No se trata de tener muchos libros, sino de dar ejemplo. Cuando los jóvenes ven que leer forma parte de la vida diaria, entienden que no es castigo ni obligación, sino hábito natural.

    En mi experiencia como escritor y consultor en redacción estratégica, he comprobado algo sencillo: las familias que conversan sobre lo que leen desarrollan hijos más reflexivos y seguros. Leer en casa es también una forma de escucharse. Y escuchar es el primer paso para comprender.

    El maestro inspira, no impone

    Un buen maestro no solo enseña a leer: inspira a leer mejor. Recomienda libros que dialogan con la realidad del estudiante, propone preguntas abiertas, anima a escribir y a pensar con libertad.

    Cuando la lectura se convierte en pura rutina, pierde su magia. Pero cuando un docente la transforma en descubrimiento, el libro se vuelve compañero de viaje. La educación no consiste solo en transmitir datos, sino en despertar el deseo de aprender. Y la literatura, bien presentada, despierta ese deseo.

    Comunidad, fe y lectura

    En un país como El Salvador, donde la comunidad y la fe tienen un peso profundo, los líderes comunitarios y religiosos también pueden ser promotores de lectura. Recomendar un libro, contar una historia con valores, abrir espacios de reflexión… todo eso forma lectores.

    La fe y los libros no compiten; se acompañan. La palabra escrita ayuda a pensar, a discernir y a fortalecer la identidad. Leer puede ser también un acto de crecimiento espiritual.

    He visto cómo en pequeños grupos de lectura se generan conversaciones profundas, más acercamiento en las relaciones interpersonales y nuevas perspectivas de vida. Cuando una comunidad lee, también se transforma.

    Un ejemplo cercano: Cuentos de barro

    Nuestra propia literatura nos ofrece ejemplos poderosos. Cuentos de barro, de Salarrué, no es un libro complicado ni distante. Es una colección de relatos breves que retratan la vida rural salvadoreña, con su pobreza, sus supersticiones, su ternura y su dolor.

    En esas páginas encontramos personajes humildes, campesinos, niños, madres, hombres marcados por la injusticia y la esperanza. Salarrué utiliza un lenguaje sencillo, cercano al habla popular. Y allí está su grandeza: convierte lo cotidiano en literatura.

    Cuando un joven lee Cuentos de barro, no solo aprende vocabulario. Aprende a mirar su propio país con otros ojos. Aprende que detrás de cada rostro hay una historia. Aprende a respetar la dignidad humana.

    Ese tipo de lectura forma sensibilidad. Y una sociedad sensible es menos violenta, más consciente y más justa.

    La lectura es un derecho

    Leer no debe ser privilegio de pocos. Es un derecho. Necesitamos más bibliotecas, más ferias del libro, más espacios culturales vivos. Pero también necesitamos voluntad.

    El verdadero problema no es solo la falta de libros, sino la indiferencia hacia ellos. Leer nos enseña a pensar, a cuestionar, a no dejarnos engañar con facilidad. Educar para leer es educar para vivir mejor.

    Sembrar lectores hoy es cosechar ciudadanos conscientes mañana.

    Epílogo: una semilla pequeña

    Quizá alguien piense que leer no cambia nada. Pero sí cambia. Cambia a la persona que abre el libro. Y esa persona puede cambiar su entorno.

    A veces todo comienza con una historia breve, con un cuento leído en voz alta, con un maestro que recomienda una novela, con un padre que dedica diez minutos a leer junto a su hijo la meditación religiosa del día.

    Como dice el libro de Proverbios: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Sembrar lectores es sembrar esperanza. Y toda esperanza comienza con una página abierta.

    •Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. 

    alfredocaballero.consultor@gmail.com

  • Incapaz de admitir su propia muerte, el castrismo solo retrasa lo inevitable

    Incapaz de admitir su propia muerte, el castrismo solo retrasa lo inevitable

    Ante el colapso energético de Cuba y sus previsibles consecuencias sociales, la práctica totalidad de los análisis sobre la situación de la Isla coinciden en tres puntos muy concretos: que el castrismo se enfrenta a una crisis sin precedentes; que jamás debe menospreciarse, a pesar de todo, la capacidad del régimen para resistir y reinventarse, y que, finalmente, resulta imposible predecir lo que sucederá después de 67 años de dictadura.

    Aun coincidiendo en buena medida con estas deducciones provisionales, vale la pena arriesgar algunas hipótesis que permitan sumar criterios e ideas al debate público sobre Cuba y su futuro. Porque el dilema de fondo no estriba en poner una fecha exacta para la muerte y entierro del castrismo —cuyo modelo político y económico, de facto, hace varios años expiró, luego de larga agonía—, sino tratar de apostar a una alternativa de transición que viabilice la construcción democrática y reduzca al mínimo los imaginables impactos humanitarios.

    Cuba, para empezar, no es Venezuela. En Caracas no había suficientes compatriotas dispuestos a morir al lado de Nicolás Maduro: la gran mayoría de los muertos fueron cubanos. En la Isla sí hay suficientes soldados prestos a inmolarse, así como lo hicieron quienes cayeron por defender —o, de haber sido necesario, ejecutar a última hora— a Maduro, porque ellos no ofrendaban sus vidas por el dictador chavista, sino por una ideología que les fue inculcada desde niños.

    Estas convicciones de naturaleza cuasi religiosa han sido fundamentales para el sostenimiento del castrismo, y es conveniente analizarlas antes de emprender cualquier tipo de incursión militar en Cuba. Estados Unidos, por otra parte, aun suponiendo que lograra hacer coincidir la implosión del régimen (filtraciones y negociaciones de por medio) con un levantamiento popular, tendría que apresurarse a limitar la capacidad operativa del aparato represivo oficial. Y eso, siendo imprescindible, es bastante complicado.

    Si bien es verdad que el carisma narrativo del castrismo se fue a la tumba con Fidel, la cohesión de la cúpula política y militar ha permitido un ejercicio de control y vigilancia que carece de parangón en Hispanoamérica. Desmantelar esa estructura requiere altas dosis de letalidad a un ritmo ágil y preciso. Es indudable que EE UU tiene esas capacidades, pero ejercitarlas en una isla con las características de Cuba podría retrasar indefinidamente la toma de decisiones. Mientras tanto, dramáticamente, los ciudadanos a esas alturas estarían preguntándose qué diferencia habría entre morir de hambre y salir a la calle a recibir un tiro. Imposible escribirlo con menos temblor en los dedos.

    En cuanto a la transición hacia la libertad y la democracia, la Casa Blanca debería resistir la tentación de emprender en solitario esa faena. A lo largo del siglo XX, los cubanos de a pie no hablaban de la ayuda que Estados Unidos les había prestado en 1898 para lograr su independencia; lo que recordaban era la ocupación yanqui y las humillantes condiciones impuestas desde Washington por ocurrencia del senador Orville Platt –de ahí el nombre de la famosa enmienda a la Constitución cubana de 1901– que limitaban las relaciones comerciales de la Isla, la obligaban a ceder porciones de territorio (como Guantánamo) y la exponían a nuevas intervenciones en el futuro.

    El presidente Trump seguramente no conoce esta historia, pero su secretario de Estado sí. Marco Rubio sabe de la propensión cubana a ver con desconfianza a su gran vecino, por mucho que ahora lo necesite para sacudirse la tiranía. A Washington, por tanto, le convendría ponerse a la cabeza de una alianza hemisférica de naciones que acepten coadyuvar, sobre todo logística e intelectualmente, al arduo proceso de transición, en un país que ha visto muertos, detenidos o exiliados a quienes habrían sido claves en la presente coyuntura. Chile, Argentina, El Salvador y Paraguay, por mencionar algunos, son países que han pasado exitosamente de la dictadura o de la guerra a la democracia. Pedir su colaboración sería una alentadora muestra de sabiduría.

    Mientras tanto, claro, el presidente impuesto Miguel Díaz-Canel ha pedido a los cubanos que, aunque ya lo sufrieron todo, se preparen a sufrir más. ¿Qué son dos horitas de nuevos llamados al sacrificio para un tipo que no deja de comer exquisito y alumbrarse con bombillo eléctrico?

    Jorge Dalton, documentalista de prestigio y fundador de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, escribió recientemente en sus redes sociales: “Veo a los funcionarios en arengas y discursos estériles, proyectando un falso orgullo que me recuerda aquel cuento de un hombre que se está ahogando en el mar y, ya con el agua entrándole por la boca, en lugar de pedir auxilio grita: ¡Qué bello mar del Caribe me estoy tragando!”.

    Al castrismo, en todo caso, ya se lo tragó la historia. No hubo ni habrá absolución para quienes hicieron derramar sangre cubana —¡y a borbotones!— por un modelo que fue incapaz de reconocer su propia muerte.

  • En el ISSS: Cuando un formulario vale más que los lazos de sangre, y la falta de empatía colectiva

    En el ISSS: Cuando un formulario vale más que los lazos de sangre, y la falta de empatía colectiva

    Las últimas dos semanas han sido de las más lamentables experiencias de las que he podido ser testigo. Al encontrarse ingresado  un familiar en un hospital del Instituto Salvadoreño del Seguro Social ISSS Lamatepec.

    En una situación dolorosa y extremadamente frustrante la que les describo a continuación. Cuando un ser querido está hospitalizado, la familia entra en un estado de vulnerabilidad y angustia. En esos momentos, la información no es un lujo, es una necesidad vital para poder procesar la situación y tomar decisiones.

    Al menos en esa sede del ISSS existe un denominado protocolo de autorización de responsable, enlace y único contacto que busca el beneficio del ISSS y sus empleados, liberarlos de responsabilidad y posibles demandas, así comono complicarse para brindar información de cualquier tipo.

    La política de restringir la información médica exclusivamente a la persona que firmó como “responsable” al momento del ingreso, excluyendo activamente al cónyuge, compañera de vida o a los hijos, es un ejemplo clásico de cómo un protocolo administrativo, diseñado para el “orden”, puede convertirse en una herramienta de crueldad involuntaria cuando se aplica sin criterio humano y sin el elemental sentido común.

    En la lógica de las autoridades del ISSS que aprobaron, tomaron el acuerdo y firmaron la brillante recomendación de otros empleados que me imagino fueron médicos, las familias en El Salvador son conformadas por mamá, papá e hijos; olvidan que existen una cantidad de separaciones y divorcios por lo que los padres establecen otra u otras relaciones de pareja hasta llegar a una tercera o cuarta edad, por consiguiente, existen hijos e hijas de otras relaciones por lo tanto entregar dos tarjetas para las dos visitas diarias que existen cuanto una persona pueden tener varios hijos de otras relaciones es absurdo. Y a quien le entregan las dos tarjetas que usualmente es quien ingresa al paciente queda de responsable y único contacto.

    Para entender el problema, primero debemos intentar entender la perspectiva de la institución, hare una aproximación. El hospital necesita una certeza jurídica de que está entregando información a alguien autorizado. Al tener una sola firma, se “blindan” legalmente contra reclamos por fuga de información a personas no deseadas, aunque esto ignore la realidad de una familia o de otros hijos e hijas. En un entorno de emergencia o cuidados intensivos, el personal médico está saturado. Si un médico tiene que dar el mismo parte médico a la esposa, luego al hijo mayor, luego a la hija que acaba de llegar de viaje, el tiempo de atención al paciente se reduce drásticamente. La teoría administrativa dice: “Informamos a uno, y ese uno informa a los demás”. El hospital necesita un interlocutor claro para autorizar procedimientos o tomar decisiones urgentes.

    Aunque la lógica anterior tiene sentido en el papel, y beneficia al ISSS sin ninguna duda, fracasa estrepitosamente en la realidad humana de una crisis de salud. La aplicación rígida de este protocolo genera los siguientes problemas graves en el derecho y acceso a la información de hijos e hijas, y probable compañera de vida. A menudo, quien firma el ingreso no es el familiar más cercano o el tomador de decisiones principal. Puede ser el hijo que manejaba el carro, un vecino que ayudó, o el familiar que estaba menos nervioso para llenar papeles. Es absurdo que, si el hijo menor firmó el ingreso porque llegó primero, la esposa de hace 40 años del paciente no tenga derecho a saber cómo está su marido, porque no es la mamá del hijo menor del paciente. Eso desafía el sentido común básico de las jerarquías familiares.

    Además de ser una carga injusta para el representante a quien se le impone al firmante una responsabilidad inmensa. No solo debe lidiar con su propio dolor, sino que se convierte en el traductor de términos médicos complejos para el resto de la familia angustiada o no traslada la información a otros hijos del paciente. Si esa persona se quiebra emocionalmente o no entiende bien, toda la familiaprimaria queda a oscuras.

    Negarle información sobre la situación médica de su papá o mamá a un hijo, hija o a una esposa presentes en las afueras del ISSS Lamatepec crea una hostilidad inmediata hacia la institución. La familia siente que “les ocultan algo” a lo cual tienen todo el derecho. La ansiedad aumenta exponencialmente cuando ves entrar y salir médicos y nadie te dice nada porque “tú no firmaste el papelito”. Esto es profundamente inhumano.

    El protocolo trata a la familia como un ente administrativo homogéneo, no como un grupo de seres humanos sufrientes con vínculos directos con el paciente. El protocolo actual del ISSS,  prioriza la comodidad administrativa y la seguridad jurídica de la institución por encima de la necesidad emocional y humana de las familias de los derechohabientes.Es una política que carece de flexibilidad y empatía.

    Efectuar los cambios y modificaciones a un sistema más humano no eliminaría el orden, pero incorporaría el sentido común, por lo anterior sugiero y propongo lo siguiente a las autoridades del ISSS:

    –      Designación de familiares: Al ingreso, se debería permitir designar un responsable principal que siga siendo el enlace en lo administrativo y de comunicación, pero todo hijo, hija, compañera de vida que se presente a registrarse deben tener derecho a recibir el informe si están presentessobre la situación médica y los procedimientos a efectuarse,así como de los posibles riesgos que comprometan la vida. Si la persona que lo ingreso no sabe o no quiere facilitar los nombres debe de permitirse el registro.

    –             Informes conjuntos: En casos críticos, la trabajadora social o el médico deberían permitir que el núcleo familiar inmediato reciba el informe médico al mismo tiempo en una sala, en lugar de jugar al “teléfono descompuesto” con un solo representante.

    –            Criterio profesional: El personal de salud (enfermería, trabajo social, médicos) debería tener la autorización de usar su criterio. Si es evidente que la señora llorando en el pasillo es la esposa de toda la vida, negarle el estado de su marido por un tecnicismo burocrático es un acto de crueldad institucional. No nos permitieron ingresar a trabajo social porque no teníamos autorización, ni las tarjetas.

    – Las famosas dos tarjetas: entregan dos tarjetas para el representante que firma, si esa persona no puede llegar de 1100 a 1300 y de 1700 a 1800 no permiten el ingreso de los hijos e hijas que no tienen las tarjetas, y el paciente no recibe visita, ni sabe nada de sus familiares. Es cuestión de voluntad entregar la tarjeta a hijos, hijas, compañera de vida. Durante estas semanas he podido encontrar afuera en la acera a la par mía mujeres que tienen años de ser compañeras de vida, pero no se les permite el acceso por que el paciente tiene de beneficiaria a su esposa de quien nunca se divorció y aparece registrada. De lo más absurdo e injusto que se da.
    Debo reconocer y honrar a los señores conserjes del ISSS Lamatepec que durante estas semanas se portaron como mucha empatía, respeto y colaboración en brindar la información. Pero reconozco que estas son decisiones superiores. Y lamento mucho la atención del personal médico y de las estaciones del área de hombres cuarto nivel, por su falta de empatía, indiferencia y hasta crueldad. La médico responsable hablo a la caseta prohibiendo el acceso de los familiares sin las famosas dos tarjetas.

    Espero Dios me permita la vida para que el ISSS pase a la red médica pública donde hay una excelente atención y gran empatía con los pacientes, en esta ocasión mi historia es como visitante pero también soy cotizante.

    Mi indignación es porque muy poco sirve un sistema de salud que cura el cuerpo, pero maltrata el alma de la red de apoyo del paciente, es un sistema que está fallando en su misión fundamental de cuidado humano. Mi familiar falleció ayer en la madrugada ahora duerme en la presencia del Señor luego de dos semanas de malas atenciones.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología