Categoría: Opinión

  • Lo que la ciencia no puede responder

    Lo que la ciencia no puede responder

    Llevo algunos meses escribiendo sobre la relación entre la razón y la fe, la ciencia y la filosofía, Dios y el conocimiento científico. Estoy convencido de que hoy, más que nunca, es necesario volver sobre estas cuestiones. La irrupción de la inteligencia artificial promete acelerar el progreso científico y tecnológico a un ritmo difícil de imaginar hace apenas unos años. Los avances se verán exponencialmente multiplicados en prácticamente todos los campos del saber.

    Sin embargo, junto a este progreso emerge una pregunta inquietante: ¿puede el método científico —orientado a la comprobación empírica y a la objetividad— emitir juicios de valor acerca de lo que debería o no hacerse? Para iluminar este dilema resulta útil una vieja metáfora filosófica, poco conocida en nuestras latitudes, pero frecuentemente citada por diversos filósofos de la ciencia: la del Barón de Münchhausen.

    Este personaje, popularizado por Rudolf Erich Raspe en su obra Relato del barón Münchhausen sobre sus maravillosos viajes y campañas en Rusia (1785), encarna al aventurero fanfarrón que afronta situaciones imposibles con una confianza desmedida y soluciones extravagantes. Es un personaje entre extraordinario y antihéroe, cómico y bufón en algunas ocasiones y que inspiraba cierta pena en otras.

    Una de sus historias, el Barón narra con absoluta seriedad la siguiente hazaña: “Un día, galopando por los frondosos bosques de Münchhausen, traté de saltar con mi caballo sobre una ciénaga que encontré en mi camino. En medio del salto descubrí que ésta era más ancha de lo que yo pensaba, por lo que, suspendido en el aire, decidí volver atrás para saltar de nuevo, tomando mayor impulso. Así lo hice, pero también en el segundo intento el salto fue demasiado corto y no pude evitar caer con el caballo no lejos de la otra orilla, hundiéndome hasta el cuello en la ciénaga. Sin ningún árbol ni rama a la que asirme, caballo y yo hubiéramos muerto irremisiblemente de no haber sido porque, recurriendo a toda la fuerza de mi brazo, apreté con él mi coleta (cabellera) y tiré con toda mi energía hacia arriba, pudiendo de esta forma salir de la ciénaga con mi caballo, al que también conseguí sacar apretándolo fuertemente entre mis rodillas hasta alcanzar la otra orilla”.

    El relato, absurdo y cómico, se convirtió con el tiempo en una poderosa metáfora filosófica. ¿Puede alguien salir del pantano tirándose de su propio cabello? Evidentemente no. Pero eso es precisamente lo que algunos sistemas de pensamiento —y con frecuencia la ciencia— parecen intentar: sostenerse sin recurrir a ningún fundamento externo.

    El filósofo alemán Hans Albert retomó esta historia para formular el llamado trilema de Münchhausen, que describe la imposibilidad de justificar racionalmente cualquier sistema de conocimiento de manera absoluta.

    Según Albert, todo intento de justificar algo termina inevitablemente en una de tres opciones: la regresión infinita (cada razón necesita otra razón que la justifique, y así sin fin), el círculo vicioso (las conclusiones se apoyan en premisas que dependen de ellas mismas) o la detención dogmática (se asume algo como fundamento indiscutible). De una u otra manera, el conocimiento no puede “tirarse de los pelos” y sostenerse por sí solo. Siempre necesita un punto de apoyo, un contexto, una referencia extra-teórica.

    Si aplicamos esta imagen al contexto científico actual, el problema se hace visible. La ciencia moderna se ha construido sobre la base de un método que busca neutralidad, objetividad y evidencia empírica. Pero el método científico no puede justificar por sí mismo los fines hacia los cuales se dirige. Puede decirnos cómo lograr algo —cómo editar genes, cómo predecir comportamientos, cómo alterar el clima—, pero no si debemos hacerlo.

    El mito del Barón de Münchhausen nos recuerda que ningún sistema de conocimiento puede justificarse completamente a sí mismo. La ciencia necesita de la ética, la filosofía y la reflexión sobre el sentido. Preguntarse por los límites no es negar la ciencia, sino humanizarla. El verdadero progreso no consiste en saber cada vez más, sino en saber mejor para qué queremos ese saber. Porque, al final, no basta con salir del pantano: hay que preguntarse hacia qué orilla queremos llegar.

    *El padre Fernando Armas Faris es sacerdote católico y doctor en Filosofía 

     

     

  • La hotelería: la próxima frontera del boom inmobiliario salvadoreño

    La hotelería: la próxima frontera del boom inmobiliario salvadoreño

    El Salvador atraviesa uno de los momentos más dinámicos de su desarrollo inmobiliario reciente. Las nuevas torres residenciales, proyectos comerciales y desarrollos de uso mixto son probablemente su expresión más visible. Sin embargo, dentro de este ciclo existe un segmento del que todavía hablamos poco y que puede convertirse en una de las próximas grandes oportunidades de inversión: la hotelería.

    Hay razones para observarlo con atención. El país cerró 2025 con más de 4.12 millones de visitantes internacionales, de los cuales aproximadamente 3.44 millones fueron turistas que permanecieron al menos una noche. Para 2026, las autoridades proyectan superar nuevamente los cuatro millones de visitantes. Paralelamente, la construcción mantiene un importante dinamismo y continúa atrayendo capital hacia nuevos desarrollos.

    La hotelería se encuentra precisamente en la intersección de esos dos fenómenos: un país que está construyendo más y que, al mismo tiempo, está recibiendo más visitantes. La pregunta es si nuestra infraestructura hotelera crecerá con la misma velocidad.

    No necesitamos simplemente más hoteles

    Durante años, el mercado hotelero salvadoreño evolucionó a un ritmo relativamente moderado. La oferta de hoteles de mayor escala y marcas internacionales permaneció concentrada, mientras crecieron pequeños hoteles boutique y, posteriormente, plataformas de alojamiento de corto plazo. Hoy el escenario comienza a cambiar porque también está cambiando la demanda.

    El crecimiento turístico no proviene de un único segmento. Están quienes llegan por vacaciones, pero también los visitantes atraídos por grandes eventos, conciertos y actividades internacionales; los salvadoreños residentes en el exterior que están redescubriendo el país; el viajero corporativo y una demanda vinculada con las aerolíneas, desde tripulaciones hasta pasajeros que necesitan alojamiento ante contingencias operativas.

    Cada uno de estos públicos requiere productos diferentes. Por eso, El Salvador no necesita simplemente más hoteles; necesita desarrollar los hoteles que cada mercado demanda.

    Un hotel orientado al viajero corporativo tiene necesidades distintas a uno ubicado en playa. Un establecimiento cercano al aeropuerto responde a otra lógica. Un hotel de cinco estrellas exige determinadas condiciones de ubicación, infraestructura, servicios y talento. En otras zonas puede existir una oportunidad mayor para productos de dos, tres o cuatro estrellas orientados a viajeros que buscan una buena habitación, conectividad y servicios eficientes.

    Desde la experiencia acompañando este tipo de proyectos, una de las principales lecciones es que la inversión hotelera comienza mucho antes de colocar la primera piedra. El estudio de mercado y la ubicación son determinantes. Tener disponible un terreno no significa necesariamente tener una oportunidad hotelera. Antes hay que entender quién llegará, por qué viajará, cuánto tiempo permanecerá y qué servicios necesitará.

    Esto permite visualizar un mapa de oportunidades más amplio. San Salvador continuará concentrando buena parte de la demanda corporativa y de eventos, pero no es la única plaza. San Miguel presenta condiciones interesantes vinculadas con el desarrollo de la zona oriental. El entorno del aeropuerto tiene una dinámica propia y las zonas de playa pueden abrir otra etapa conforme maduren los destinos y la infraestructura turística.

    También debemos entender cómo funciona la inversión hotelera. La llegada de una cadena internacional no significa necesariamente que esa compañía comprará el terreno y construirá el hotel. En muchos casos, un inversionista desarrolla el activo y posteriormente establece acuerdos de franquicia y operación con una marca especializada. Esto amplía las posibilidades para desarrolladores y capitales interesados en activos inmobiliarios de largo plazo.

    Convertir el potencial en una industria

    El potencial, sin embargo, no garantiza la viabilidad. Un hotel exige analizar condiciones registrales y catastrales del terreno, factibilidades de servicios, zonificación, accesos, condiciones ambientales y características del suelo. Cada metro cuadrado adquirido responde a una proyección financiera y cualquier limitación descubierta tarde puede afectar la rentabilidad.

    A esto se suma un desafío determinante: los tiempos institucionales. En proyectos de esta naturaleza cada mes cuenta. El inversionista puede tener financiamiento contratado y períodos de gracia, pero los intereses continúan corriendo. Simplificar procesos, modernizar instituciones y eliminar trámites que no agregan valor también es una forma de competir por inversión.

    Existe otro desafío menos visible: el talento humano. Una industria hotelera más sofisticada demandará gerentes, operadores, chefs, personal bilingüe y profesionales capaces de trabajar bajo estándares internacionales. Construir hoteles será solamente una parte del reto; tendremos que desarrollar también las capacidades para operarlos.

    La inversión hotelera debe entenderse, además, con una visión de largo plazo. Su rentabilidad depende de ocupaciones sostenibles, una operación eficiente y destinos capaces de mantener un flujo constante de visitantes.

    Los próximos cinco o seis años pueden ser determinantes. El verdadero indicador de madurez no será únicamente romper récords de visitantes ni contar cuántas nuevas torres aparecen en el horizonte. Será nuestra capacidad de conectar ambos fenómenos.

    Si El Salvador logra convertir el crecimiento turístico en demanda sostenible y el dinamismo inmobiliario en infraestructura hotelera estratégicamente desarrollada, no estaremos simplemente construyendo más hoteles. Estaremos agregando una nueva dimensión al actual ciclo de inversión del país y desarrollando una industria que todavía tiene mucho espacio para crecer.

    *Roberto H. Valencia es abogado

  • Burlalandia

    Burlalandia

    “Landia” significa “sitio de», “lugar de”; por tanto, al hablar de Burlalandia me refiero al sitio o el lugar adonde prevalece la burla. En este caso, a un país; en concreto, al mío: El Salvador. Mirando hacia atrás y reflexionando al respecto, así deberíamos considerarlo al menos de 1992 en adelante. ¿Por qué? Pues porque se han reido en la cara de nuestro pueblo quienes ‒durante más de tres décadas‒ han tenido en sus manos las riendas del poder político y, tras este, del económico. Dirán que estoy siendo demasiado exquisito y exigente al pensar que de ese año en adelante, después de una cruenta y prolongada guerra en la que unos decían defender la democracia liberal y otros luchar por el triunfo de la revolución justiciera, estaríamos mejor que antes de que estallara la misma.

    Pero no. Para mi gusto hemos regresado a algo más parecido al quinquenio en el cual el gobernante, teniente coronel Julio Adalberto Rivera, llegó a serlo mediante unas elecciones en las cuales compitió contra él mismo siendo candidato único; así obtuvo el 100 % de los votos. Estamos instalados entonces, como país, en un momento histórico semejante a aquel en el que la dictadura militar sistémica comenzaba a moldearse corregida y aumentada con el surgimiento de la paramilitar Organización Democrática Nacionalista (ORDEN), para luego llegar ‒en tiempos del coronel Arturo Armando Molina‒ a combinar la comida escasa para las mayorías populares con su entretenimiento insustancial, la pretendida “modernización” con la represión abierta y descarada.

    Nos encontramos, pues, instalados en un escenario más cercano a ese y muy lejano al diseñado en los “acuerdos de paz”. Por ello ahora, con un deliberado y pretendido tono burlesco, le pegaré un breve repaso a lo ocurrido acá desde hace casi 35 años a la fecha; lo haré, cambiando los nombres de sus personajes por los de algunos referentes cómicos bastante conocidos. Veamos…

    En 1992, alguien semejante al arrogante “profesor Jirafales” era primer mandatario. Y por haber terminado el conflicto armado durante su mandato, fue conocido como el “presidente de la paz”. Pero, cubierto con esa “aura”,  desnacionalizó y saneó la banca nacional para luego privatizarla e instalarse como socio mayoritario de uno de sus principales entes: el “Cuscatlán”. Así, no obstante el discurso oficial de una “democratización del capital» con la participación del personal del sector, a este lo dejaron “chiflando en la loma”. Y lo sucedió en la silla un mandatario a quien llegaron a compararlo con “Porky” o con el comediante británico Benny Hill, por su físico y ‒por qué no decirlo‒ su figura bonachona; no obstante, este también le metió mano al tesoro público y se llevó su buen billete. De ambos, ninguno fue procesado.

    ¿Y se acuerdan de “Memín Pinguín” o “Zamorita”? Así apodó alguien al que les siguió. Este sí tuvo que enfrentar después la justicia por corrupto; pero mientras eso ocurría, se lo llevó la parca tras haber hecho de las suyas. Su reemplazo –cuyo físico tuvo, en cierto momento, algo de parecido con el “Ñoño”‒ sí terminó preso por lo mismo; pero está a punto de ser liberado sin devolver, por mucho, el monto completo de lo hueveado.

    Luego nos dijeron que nacía “la esperanza” y llegaba “el cambio”; a la primera la mataron rápidamente y el segundo fue, únicamente, de cancha. Sus responsables son comparables con el “Chómpiras” y el “Botijas”, porque a la par de los anteriores y de su recambio –que ya lleva más de siete años en el “negocio”– parecerían rateritos. Pero al igual que en la guerra no se justifica lo hecho por unos y por otros considerando la cantidad, tampoco pasa eso al robarle al pueblo el dinero que debería ser invertido en su beneficio.

    Ahora estamos en la prolongada etapa de las “chimultrofiadas”. A propósito de la corrupción se anunció, con bombo y platillo, la creación de una comisión internacional para investigarla y combatirla: la “CICIES”, nacida el 6 de septiembre de 2019. Nayib Bukele ofreció que la encabezaría alguien de la oposición, pero no fue así; no obstante, la disolvió el 4 de junio del 2021 cuando el comisionado designado ‒el guatemalteco Ronalth Ochaeta‒ remitió al ente fiscal doce avisos de “posibles ilícitos en carteras del Estado”.

    En palabras de la Chimoltrufia, “así como digo una cosa, digo otra”. Eso ya se hizo costumbre. Mientras, nuestro país es el más endeudado de Centroamérica y Bukele el cuarto presidente más acaudalado en América Latina, pese a que siempre ha sostenido que no cobra salario alguno. ¿Será ese el cacareado “milagro económico”? Y si dentro de seis meses o menos termina el estatus de protección temporal –el TPS– allá en el norte, ¿qué pasará acá? ¿Seguiremos aguantando más burlas?

  • La convocatoria del “Bolillo”… más de lo mismo

    La convocatoria del “Bolillo”… más de lo mismo

    El fútbol es pasión y  es capaz de unir en sueños a un pueblo entero al que libera de ideologías  y posiciones sociales, pero también es capaz de generar desencantos y frustraciones que duelen en el orgullo y nos defraudan a todos por igual hasta provocar ira y conformidad de inferioridad. Es el caso de la Selecta que nos apasiona a todos y nos duele hasta generarnos vergüenza individual y colectiva cuando pierde como siempre.

    Hay una frase popular atribuida erróneamente al científico alemán Albert Einstein, pero que no tiene un autor definido y es la siguiente: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

    Nuestros dirigentes quieren que el fútbol nacional y por ende la Selecta mejoren, pero se sigue haciendo lo mismo. No hay mejoras en nada, No hay procesos de formación de jugadores y seguimos con una liga nada competitiva, con escenarios malísimos, administraciones inoperantes, formatos inadecuados, aficiones malinchistas, empresa privada indolente con el deporte, periodistas deportivos “sabelotodos”, sistemas inocuos y decisiones que parecen caprichos personales. En fin, nuestro fútbol parece caminar hacia atrás en un terreno fangoso.

    Ya se conoció la convocatoria de jugadores para la selección nacional de fútbol de El Salvador, elaborada por el técnico colombiano  Darío “bolillo” Gómez. Y es una nómina repetida. Muchos de los que están en el listado ya demostraron que no merecen ser seleccionados y otros han actuado con un bajo nivel en lo que va del mediocre campeonato nacional. Desde luego en ese listado hay algunos que merecen ser convocados porque mantienen un buen ritmo, pero también es cierto que hay futbolistas que han hecho mejor su trabajo y que han sido ignorados o que por alguna razón nunca serán convocados.

    El “Bolillo” habla de proceso y hace uso de una retórica cargada de peroratas  que se fundamentan en sus logros del pasado para justificar que sabe lo que está haciendo. Lo evidente no requiere comprobación, es obvio que Gómez no ha hecho su trabajo de darle seguimiento a la liga nacional para escoger a los mejores y se ha limitado a repetir la plana de la tarea anterior y a hacer nada.

    Hay que reconocer que los logros personales de “Bolillo” son grandiosos, pues no cualquiera clasifica como técnico a tres mundiales y él ha asistido con Colombia (1998), Ecuador (2002) y  Panamá (2018), además de ser auxiliar técnico de Francisco Maturana en 1990 y 1994,   pero eso dista mucho de que automáticamente El Salvador vaya a un mundial. Ya lo vimos fracasar con Guatemala, Honduras y desgraciadamente hoy con El  Salvador.  Habla de procesos, sin definir un modo de operación o un sistema de desarrollo.

    En Colombia, Ecuador y Panamá, Gómez se encontró con otra infraestructura deportiva, con jugadores formados y con grandes potenciales, con la empresa privada echándole el hombro al fútbol, con condiciones que le facilitaron su trabajo, pero aquí en nuestro país no hay nada ideal para un técnico por lo que se hace necesario trabajar con más afán. El país es pequeño, las distancias son cortas, y se requiere ir a vez los juegos, para darle seguimiento a los seleccionados y al resto de jugadores que pueden estar en mejor nivel. Recordemos que la selección mayor no es para jóvenes o viejos sino para los mejores.

    Es demasiado sospechoso el listado de los convocados. Algunos de eses jugadores son suplentes en sus equipos o andan con muy bajo nivel. Algunos que no han sido convocados tienen mejor nivel y fácilmente se nota que son mejores que algunos de los llamados. Pareciera que es “copy page” o que Gómez ha permitido que otros le hagan o impongan la tarea.

    Lo peor es que esos jugadores convocados son los que desde el viernes 25 de este mes comenzarán a jugar la Liga de Naciones de la Concacaf, donde El Salvador se ubica en el grupo B de la Liga A junto a Honduras, Guatemala, Jamaica, Martinica y Surinam, aunque por ese raro criterio del “modelo suizo” solo jugará dos veces contra Martinica (ida  y vuelta) y una vez contra Guatemala y Jamaica. Menos mal que no se jugará contra Honduras y Surinam. La Selecta tendrá la misión de no descender de categoría y de clasificar a la Copa Oro.

    Descender sería una vergüenza horrenda y no clasificar a la Copa Oro 2027 será una decepción excesivamente dolorosa. No hay razón para no ser uno de los 16 clasificados la Copa Oro, si de doce selecciones en la Liga A pueden clasificar ocho. Ya Gómez ha “matado su chucho a tiempo” al decir que no garantiza nada y al pedir paciencia, recordando o echando en cara a los salvadoreños que desde 1981 no clasificamos a un mundial. Tiene razón “Bolillo”, ya son 45 años desde que una generación espontánea nos llevo por última vez a un mundial, pero da la sensación que él es un “vende humo” que pide paciencia, pero no hace nada más que vivir de su pasado y de su suculenta retórica. Le da lo mismo  que cuando al fin lo despidan El Salvador haya sumado uno o más años sin un Mundial de Fútbol.  Ya es costumbre y la costumbre es convivencia.

    Y mientras tanto, los salvadoreños hartos de los tremendos papelones de nuestros seleccionados, ya no creemos en técnicos que con sus “cantos  de sirena” pretenden conquistar nada haciendo siempre los mismo… Lo mismo o peor que lo mismo.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

     

  • Huellas sangrientas del castrismo

    Huellas sangrientas del castrismo

    Hay personas que le concedemos al pasado tanta importancia como al presente y es que consideramos, al menos en el ámbito político, que es el mejor nutriente para enfrentar los retos de cada día, criterio que en parte motivó la celebración en Miami de una conferencia sobre la subversión castrista en Centroamérica y el Caribe, en la que los ponentes muy bien versados expusieron conocimientos que numerosas personas han olvidado, o aún peor, nunca han querido conocer.

    La conferencia, organizada por varias instituciones del exilio y la cooperación de la Union Patriótica de Hispanoamérica, representada por su presidente el capitán del ejército de Guatemala en condición de retiro, Oscar Lucero, se efectuó en la Biblioteca Pública de la ciudad de Hialeah, un recinto que nunca cierra sus puertas a un acto cultural.

    El moderador del evento fue el doctor Daniel Pedreira, un académico con gran experiencia en esas funciones y con notable capacidad para conducir actividades en las que criterios divergentes pueden ir en detrimento de la calidad de los encuentros.

    La primera presentadora fue la escritora y periodista nicaragüense exiliada Georgina Lupiac, quien enfatizó el respaldo que el totalitarismo castrista dio a los insurgentes que se identificaron como sandinistas y cómo los Castro convirtieron a Cuba en santuario de los terroristas. La escritora expuso con lujos de detalles la descomposición de la sociedad y de la economía de su país a partir de la toma de los sandinistas del poder bajo la influencia de los hermanos Castro, factor que ha impulsado grandemente la corrupción en su país.

    Concluida su comparecencia, Pedreira llamó al estrado a Alexis Ortiz, periodista, escritor y político venezolano, quien recordó cómo el castrismo respaldó la insurgencia venezolana con todo tipo de armas y entrenamiento, para posteriormente aliarse con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, asociación que condujo al país más rico del hemisferio a la miseria más atroz, eliminando las libertades que había disfrutado en los 40 años de democracia.

    Cuando fui llamado al estrado dije que Fidel Castro fue un sujeto con una profunda vocación imperialista; que siempre consideró que Cuba era pequeña para su talento, razón por la cual en el mismo año 1959 organizó cuatro expediciones armadas, todas fracasadas, contra Panamá, Santo Domingo, Nicaragua y Haití, frustraciones que le estimularon a subvertir el orden en las Américas, dejando estelas de sangre y dolor en todos y cada uno de los países del hemisferio.

    La clausura del encuentro le correspondió a Oscar Lucero, quien agradeció profundamente a los organizadores de la actividad y a la biblioteca el haber sido invitado, explicando de inmediato la labor que realiza la Union Patriótica de Hispanoamérica, su compromiso con la libertad y la democracia, mientras, exponía la preocupación de la entidad que preside por las difíciles condiciones de vida que enfrentan numerosos militares del hemisferio que en su momento combatieron con firmeza a los grupos insurgentes que asociados con la delincuencia organizada, amenazaron gravemente nuestras libertades y derechos.

    Lucero describió con precisión y lucidez, mientras mostraba libros de su autoría sobre el tema, que el conflicto guatemalteco se extendió por décadas gracias al respaldo del totalitarismo castrista que desde 1960 apoyó con armas y explosivos la violencia de los insurgentes, enfatizando que Guatemala es el único país donde ha sido asesinado un embajador estadounidense, 1968, John Gordon Meir junto  al coronel John D. Webber, jefe de la misión militar en Guatemala y el teniente comandante Ernest A. Munro, agregado naval, adicionando que estos crímenes contaron con la anuencia de los hermanos Castro.

    El presidente la UPH señalo que en esos años mientras Estados Unidos combatía el comunismo en todo el sudeste asiático, las fuerzas armadas latinoamericanas enfrentaban, casi sin recursos, a las huestes castristas aliadas a delincuentes comunes vinculados a todo tipo de crimen, incluido el narcotráfico.

    Concluidas las exposiciones, el doctor Pedreira, otorgó un tiempo para preguntas y respuestas que evidenciaron el interés de los asistentes en los asuntos tratados y la necesidad de seguir abordando temas similares o, al menos ampliarlos, ya que la experiencia de El Salvador con las guerrillas, auspiciadas, también, por el sistema castrista, debería ser ventilado, teniendo en cuenta que ese conflicto al igual que el resto de los que se produjeron en Centroamérica y el Caribe fueron particularmente cruentos.

  • El nuevo consumidor salvadoreño: compra, compara y decide en digital

    El nuevo consumidor salvadoreño: compra, compara y decide en digital

    El consumidor salvadoreño está cambiando y, con él, también la estructura del mercado. La transformación digital no consiste únicamente en comprar por internet; consiste, sobre todo, en que una parte creciente de las decisiones económicas comienza frente a una pantalla. Antes de visitar un establecimiento, contratar un servicio o adquirir un producto, el consumidor investiga, compara y construye una opinión.

    El teléfono inteligente se ha convertido, en la práctica, en una pequeña plaza de mercado. Desde allí se revisan precios, ubicaciones, fotografías, comentarios, promociones y alternativas. Esto representa una transformación económica importante: la información que antes pertenecía principalmente al vendedor ahora está cada vez más disponible para el comprador, reduciendo parte de la histórica asimetría de información entre ambos.

    En economía, un consumidor con mayor información posee también mayor capacidad de negociación. Si puede comparar distintos establecimientos en pocos minutos, revisar sus precios y conocer la experiencia de otros clientes, su decisión deja de depender únicamente de la publicidad.

    Las empresas compiten entonces no solo por visibilidad, sino por reputación, transparencia, calidad y capacidad real de demostrar valor. Surge así un activo empresarial que muchas organizaciones todavía subestiman: la confianza digital. Una calificación negativa, una respuesta inadecuada, información desactualizada o una promesa incumplida pueden influir considerablemente en una compra. En sentido contrario, una empresa que responde oportunamente, comunica con claridad y cumple lo que promete acumula un verdadero capital reputacional.

    Esto tampoco significa que el consumidor salvadoreño haya abandonado los establecimientos físicos. Estamos frente a un consumidor híbrido. Puede descubrir un producto en una red social, investigarlo en Google, preguntar por WhatsApp, comparar precios en distintas plataformas y finalmente comprarlo presencialmente. Separar radicalmente comercio físico y comercio digital es, por tanto, una interpretación cada vez menos útil de la realidad económica.

    Existe además una nueva dimensión social del consumo. Durante décadas, la familia, los amigos y la publicidad tradicional fueron grandes formadores de opinión. Hoy se suman creadores de contenido, comunidades digitales, reseñas, comentarios y algoritmos capaces de mostrar repetidamente determinados productos. La decisión económica individual continúa siendo personal, pero se construye dentro de un entorno de influencia social mucho más amplio.

    También debemos observar este fenómeno desde el ingreso disponible de las familias. En economías donde los hogares administran cuidadosamente sus recursos, la posibilidad de comparar precios adquiere especial relevancia.

    El consumidor digital puede identificar descuentos, sustituir marcas, evaluar promociones y encontrar alternativas antes inaccesibles. La tecnología ha fortalecido así una conducta económica más comparativa y sensible al valor recibido.

    Pero el nuevo consumidor no compara únicamente precios. Compara tiempo, facilidad, seguridad, atención, entrega, garantías y experiencia. Un producto ligeramente más costoso puede resultar preferible cuando ofrece entrega inmediata, mejores referencias o mayor respaldo. Esto obliga a reconsiderar una idea tradicional: competir ya no significa necesariamente ser el más barato, sino construir la mejor relación posible entre precio, confianza y experiencia.

    Al mismo tiempo, los datos se han convertido en uno de los recursos más importantes de esta nueva economía.

    Cada búsqueda, interacción y preferencia permite a las empresas comprender mejor a sus consumidores. Bien utilizados, los datos pueden mejorar servicios y personalizar ofertas; mal utilizados, pueden deteriorar la confianza. Por ello, digitalización debe significar también responsabilidad, privacidad y un manejo ético de la información.

    Los medios de pago forman parte de esta evolución. Tarjetas, transferencias, enlaces de pago, aplicaciones financieras y otras herramientas reducen fricciones y hacen posible realizar operaciones en segundos. Sin embargo, facilidad no siempre equivale a una mejor decisión financiera. El desarrollo de una economía digital necesita avanzar acompañado de educación financiera para evitar que la rapidez del consumo supere la capacidad económica de los hogares.

    Para las pequeñas y medianas empresas salvadoreñas, este cambio representa una oportunidad extraordinaria. Nunca había sido posible competir por atención con una inversión relativamente accesible. Un emprendimiento puede construir comunidad, vender, atender clientes y posicionar su marca mediante herramientas digitales. Pero abrir una cuenta en redes sociales no significa haberse digitalizado: la transformación comienza cuando la tecnología modifica realmente los procesos del negocio.

    La competencia empresarial también se vuelve más exigente. El consumidor conectado espera respuestas rápidas, información clara y experiencias consistentes. Una empresa puede invertir considerablemente en publicidad y perder la venta por tardar horas en responder un mensaje. En esta economía, atención al cliente, logística, tecnología y mercadeo ya no funcionan como áreas aisladas; forman parte de una misma experiencia de consumo.

    Existe, sin embargo, un desafío que no debemos ignorar: la brecha digital. No todos los salvadoreños poseen el mismo nivel de conectividad, conocimiento tecnológico, acceso financiero o capacidad para identificar riesgos en internet. Modernizar el mercado significa ampliar oportunidades sin convertir la tecnología en una nueva fuente de exclusión. La alfabetización digital deberá ser, por ello, una política económica y social de creciente importancia.

    El Salvador está frente a una generación de consumidores más conectada, comparativa y exigente. Las empresas que comprendan este cambio no deberán preguntarse únicamente cómo vender más en internet, sino cómo generar confianza dentro de una sociedad que decide cada vez más informada. El nuevo consumidor salvadoreño compra en muchos lugares, pero investiga, compara y decide crecientemente en digital. Allí se está configurando buena parte del mercado del futuro.

    *Dr. Emanuel Delgado,  CEO de Rush Ecosystems

  • El valor del médico salvadoreño

    El valor del médico salvadoreño

    En mi familia siempre me recomendaron que no estudiara Medicina, ya que es una carrera muy sacrificada que exige demasiado, sin equiparar jamás el ingreso económico con el desgaste físico y mental que se sufre. De eso ya pasaron más de 30 años, y tenían mucha razón: es un recorrido largo de 8 años, con 4 de ellos en turnos cada tres días. Quizás sacábamos aguante de la juventud, ya que estudiábamos y trabajábamos al mismo tiempo. Te alejabas de tu familia durante esos últimos años de estudio; las Navidades y los feriados los pasabas encerrada en los hospitales. Cuatro años pesadísimos a los que, si decidías estudiar una especialidad, se les agregaban 3 años más; y con una subespecialidad, 2 o 3 años adicionales que, en la mayoría de los casos, debes cursar en el exterior y autofinanciar.

    En total, casi 15 años de estudio y desvelos, con altos costos económicos, familiares y sociales, ya que muchos desaparecemos del radar de nuestras familias durante mucho tiempo.

    Posteriormente, salir a buscar plazas en la red pública del país es otra proeza. No, no es fácil. Toca enfrentarse a la realidad de que muchos puestos de trabajo solo se obtienen por recomendaciones y amiguismo. Aun así, muchos no nos arrepentimos de esta profesión que brinda la satisfacción de saber que ayudaste a salvar y mejorar vidas. Aprendes en el ejercicio que no basta todo el conocimiento del mundo si no tienes empatía y compasión por un ser humano que sufre y pide ayuda. Tampoco faltan quienes nos cargan a los médicos todas las ineficiencias del sistema de salud, contagiándonos de su frustración y enojo.

    Aprendemos en la práctica que una escucha atenta es más valiosa que la pretensión de conocimiento y superioridad de algunos colegas.

    A esto hay que agregar que la cultura salvadoreña y su léxico propio pueden ser una barrera cuando se quiere establecer una comunicación cercana y efectiva con el paciente. Este obstáculo aumenta si se trata de un médico extranjero con un bagaje cultural distinto. Asimismo, cada zona geográfica cuenta con enfermedades endémicas propias que pueden pasar desapercibidas o ser desconocidas en la práctica de un profesional foráneo.

    Al evaluar la situación bajo la nueva ley de creación de la red de hospitales, se ha contratado a médicos extranjeros para laborar en el recientemente reinaugurado Hospital Rosales, con salarios competitivos y muy superiores a los que percibe un médico nacional con la misma capacidad y especialidad. Además, se les brindan beneficios adicionales de vivienda y viáticos, lo que genera un sentimiento de desvalorización en nuestros profesionales, quienes con mucho sacrificio logran culminar la carrera. Habría que analizar la relación costo-beneficio ante las recientes quejas por la incapacidad de cubrir la demanda, con los consiguientes retrasos en la atención.

    A ello se suma el despido de personal con muchos años de experiencia en el antiguo Hospital Rosales. En medicina, esto representa un atentado gravísimo para las nuevas generaciones de médicos nacionales y extranjeros, pues la experiencia clínica es lo más valioso a lo que se aspira. Para colmo, se contrata a personal recién egresado que carece de la guía y supervisión que solo los médicos más experimentados podrían brindar. Todo esto bajo la modalidad de servicios profesionales; es decir, sin prestación laboral alguna, sin cobertura de seguro social ni previsión social, asestando otro golpe al valor del médico formado en el país.

    Pretender, además, solucionar los déficits en la atención médica mediante una app —que brinda una consulta despersonalizada y con severas limitantes para una evaluación clínica precisa, un diagnóstico acertado y un tratamiento correcto— dista mucho de ser la solución que necesita el salvadoreño, quien ya empieza a adolecer de estas carencias bajo la fachada de la modernización.

    La gran mayoría de los colegas son buenos médicos que hacen mucho con lo poco que tienen a la mano, y que siempre alzarán la voz por sus hermanos que sufren carencias, que buscan auxilio y no cuentan con los recursos necesarios para subsistir, y mucho menos para curar los males que los aquejan.

    * Roxana Quintanilla es doctora en Medicina

  • Violencia situacional y máxima severidad punitiva: aproximación a la primera sentencia de pena de prisión perpetua revisable 

    Violencia situacional y máxima severidad punitiva: aproximación a la primera sentencia de pena de prisión perpetua revisable 

    El sistema de justicia penal salvadoreño acaba de cruzar una frontera histórica. El pasado viernes se informó de la condena dictada por el Juzgado Tercero de lo Criminal de San Salvador con sede en el distrito de Santa Tecla contra Carlos Arturo Herrera Castro, de 31 años, no es un fallo judicial como muchos que existieron a nivel nacional ese mismo día; es el primer caso de un nuevo paradigma punitivo en El Salvador que marca una ruptura dogmática y sistémica en la doctrina penológica salvadoreña. Por primera vez, en virtud de las reformas aprobadas por la Asamblea Legislativa en abril de 2026, un tribunal de nuestro país impone la «pena de prisión perpetua revisable».

    Como estudioso e investigador del fenómeno criminal en América Latina, resulta un gran resto académico y a la vez un profundo motivo de reflexión analizar la etiología de este caso fundacional. A menudo, cuando se legisla en el mundo para introducir penas de prisión perpetuas, el imaginario colectivo y el discurso político apuntan a las cúpulas de la delincuencia organizada, asesinos seriales, violadores en serie o a mentes criminales de alta sofisticación. Sin embargo, la realidad criminológica de esta primera sentencia nos muestra un iter criminis y un rostro distinto de la violencia: el crimen impulsivo, de oportunidad, de elección y situacional.

    Los hechos acreditados por la Fiscalía General de la República describen un escenario tristemente cotidiano en la criminología latinoamericana: el 18 de mayo de 2026, en el cantón Teosinte, distrito de Arcatao, Chalatenango Sur. dos hombres, que dicen ser amigos o cheros, ingieren bebidas alcohólicas. El consumo desinhibe los controles sociales y cognitivos del cerebro, surge una fuerte discusión en una vereda y la violencia estalla. Herrera Castro ataca a su víctima, Alexis López Córdova, utilizando armas de oportunidad como piedras de gran tamaño, le roba el dinero, cuenta el dinero junto al cuerpo y es observado y, en un intento torpe y desesperado por encubrir el hecho, ofrece apenas 10 dólares a un testigo para comprar su silencio.

    No hay planificación maestra, no hay ni por cerca un crimen planificado; hay violencia primitiva, machismo, alcohol y oportunidad. La teoría de la disuasión asume un cálculo racional de costos y beneficios por parte del potencial victimario; sin embargo, los ilícitos impulsivos y precipitados por alteraciones psicoactivas son inherentemente refractarios a la amenaza de la norma penal. Y es precisamente aquí donde radica el mayor impacto de esta sentencia para el país: El gobierno y el Estado salvadoreño ha enviado el mensaje inequívoco de que la máxima severidad del aparato punitivo ya no está reservada únicamente para la criminalidad compleja, sino que caerá con todo su peso sobre los delitos de extrema gravedad, sin importar su nivel de sofisticación, planificación u organización. Se sanciona con pena de prisión perpetua revisable.

    Desde la óptica de la política criminal, la aplicación del artículo 92-B del Código Penal nos obliga a replantearnos los fines de la pena en El Salvador. Clásicamente, nuestro sistema se ha sostenido sobre la premisa de la resocialización y crear hábitos de trabajo. No obstante, la prisión perpetua revisable consolida un giro hacia la prevención especial negativa: la neutralización absoluta del individuo, muy estudiada por la criminología por 150 años.

    Herrera Castro pasará las próximas cuatro décadas de su vida en una celda antes de tener el derecho a que un juez revise su expediente. Tendrá más de 71 años cuando el sistema se pregunte si es apto para una libertad controlada. Esto implica que, para el Estado, la protección de la sociedad mediante la incapacitación del ofensor ha superado definitivamente a la utopía de la rehabilitación a corto o mediano plazo.

    ¿Qué implicaciones tiene esto para El Salvador? A nivel de prevención general (el efecto disuasorio hacia el resto de la sociedad), el sistema, plenamente operativo con los nuevos Juzgados de lo Criminal y las reformas legales aprobadas por la Asamblea Legislativa en vigencia desde el 14 de mayo de 2026, busca infundir un temor insuperable en el potencial infractor. Sin embargo, la criminología empírica nos advierte de un límite: los crímenes en relaciones sentimentales, impulsivos o cometidos bajo los efectos de sustancias rara vez se detienen por el cálculo racional de la pena. Quien levanta una piedra en medio de una riña de ebrios no está pensando en el artículo 92-B, no le interesa, solo quiere saciar su violencia machista exacerbada por el consumo de alcohol

    Esta primera condena sienta un precedente. El Salvador ha decidido que ciertas conductas rompen el pacto social de forma tan violenta que el retorno a la comunidad queda, en la práctica, clausurado. Nos adentramos en una era de justicia implacable. El tiempo, las estadísticas penitenciarias, los delitos de alto impacto y la evolución de nuestra tasa de homicidios, feminicidios y delitos contra la liberta sexual serán la evidencia si esta monumental apuesta por el encierro perpetuo fue el antídoto definitivo contra la violencia y estos delitos de extrema gravedad.

    Una vez más el alcohol más el machismo es una combinación fatal y evidencia de como el alcohol quita los frenos en nuestro cerebro. Cuantos casos en este momento existen en los tribunales por que unos «amigos, compañeros de tragos» decidieron tomarse un par, siendo las ultimas de sus vidas, uno por haber sido asesinado y el otro por la sentencia a pena de prisión perpetua revisable. Proverbios 20:1: «El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio».

    *Por Ricardo Sosa / Doctor en Criminología / @jricardososa / www.ricardososa.net 

  • El ocaso de los Ruano: una dinastía cafetalera que terminó a balazos

    El ocaso de los Ruano: una dinastía cafetalera que terminó a balazos

    José Emeterio Ruano (1897–1930), nieto del patriarca de una dinastía de tres generaciones, era un personaje representativo de su época. Empresario y banquero, era nieto de Emeterio Ruano, fundador del desaparecido Banco Salvadoreño, y pertenecía a una de las familias más poderosas de la oligarquía salvadoreña. Conocido por su vida disoluta y su afición al juego, formaba parte de los círculos sociales y económicos de mayor influencia del país.

    A su abuelo se le vincula directamente con la expansión del latifundio cafetalero y con los procesos de desamortización de las tierras comunales y ejidales durante la segunda mitad del siglo XIX, procesos que contribuyeron a la concentración de la propiedad de la tierra en pocas manos. Un ejemplo de ello fue la Hacienda de Zapotitán, que pasó de unas pocas caballerías a convertirse en una extensa propiedad de miles de hectáreas, abarcando buena parte del valle y territorios de lo que hoy son Ciudad Arce, Opico, Colón, Sacacoyo, partes de Quezaltepeque, El Congo y Armenia.

    José Emeterio Ruano era además asiduo de las tertulias en los bares y cafés frecuentados por la élite de la época. La noche del 31 de diciembre de 1930 se encontraba en el Gran Café Nacional, despidiendo el año viejo junto con otros miembros de la élite salvadoreña.

    El Gran Café Nacional estaba situado sobre la actual 2.ª Avenida Sur, frente a la Plaza Barrios, en el corazón del centro de San Salvador. Era propiedad de don Ítalo Segnini y se encontraba contiguo al desaparecido Teatro Colón. El establecimiento era uno de los lugares donde se congregaban miembros de las élites económicas, políticas e intelectuales de la capital.

    Aquella noche se encontraba también allí el doctor José Damián Rosales y Rosales, reconocido abogado de la época. La noche transcurría en el ambiente propio de las celebraciones de fin de año. Entre copas y conversaciones, los miembros de aquella sociedad privilegiada se disponían a despedir 1930. En ese ambiente se encontraron José Emeterio Ruano y el doctor José Damián Rosales y Rosales.

    No sabemos, por la fuente disponible, cuál fue el motivo que desencadenó el altercado ni qué palabras precedieron al enfrentamiento. Julio C. Castro, al recordar la vida de los antiguos bares y cafés de San Salvador, se limita a señalar que fue allí, “al calor de los tragos”, donde se inició una memorable reyerta entre ambos personajes.

    El episodio resulta particularmente significativo por quienes eran sus protagonistas. Ruano pertenecía a una de las familias de mayor poder económico del país; Rosales y Rosales era un reconocido abogado. Ambos se movían en los mismos círculos sociales de la élite capitalina y el Gran Café Nacional constituía precisamente uno de aquellos espacios de encuentro.

    Lo que comenzó aquella noche como un altercado en uno de los lugares más concurridos de la vida social de San Salvador terminaría adquiriendo una dimensión mucho más seria. La reyerta quedaría registrada en la memoria del viejo San Salvador y, según la tradición recogida posteriormente por Castro, se convertiría en una de las anécdotas más recordadas de la vida bohemia del antiguo centro de la ciudad.

    Un grito furioso, seguido del sonido de una palmada seca y contundente produjeron un silencio incomodo en la habitación donde se encontraban Ruano Y Rosales. El golpe hizo que el rostro del abogado se desviara bruscamente hacia un lado. Mas que el sonido, fue la sorpresa y la tensión del momento lo que hizo que todos quedaran inmóviles. Sos un arrastrado, lameculo, abogadito de mierda, grito seguidamente Ruano, dirigiéndose a Rosales. El abogado se incorporó, llevándose la mano al hemisferio de su cara, y sin decir nada, se dio la media vuelta, permaneciendo inmóvil durante un instante como si luchara por dominar la violencia de su reacción, pero era imposible, su semblante mostraba que había perdido la serenidad. Salió del establecimiento.

    El ofendido regreso media hora después con una pistola. La atmosfera del lugar cambio radicalmente. Los que se encontraban cerca quedaron paralizados por la sorpresa, algunos retrocedieron instintivamente; otros se apartaron bruscamente buscando ponerse a salvo. Las conversaciones cesaron y un silencio tenso se apodero del lugar. Nadie parecía saber que hacer ni se atrevía a intervenir. Todas las miradas se dirigieron hacia el hombre armado, mientras crecía éntrelos presente la sensación de que la situación podía terminar en una tragedia.

    Sin mediar palabra, Ruano se incorporó y trató de desenfundar su arma que llevaba en el cinto de su pantalón, en ese momento dos disparos hicieron impacto en su abdomen. Esa noche, la dinastía oligarca de los Ruano termino. Todas las propiedades fueron embargadas por otras familias como deudas de juego y demás.

    *Este relato, aunque basado en hechos reales, ficciona lo ocurrido la noche del 31 de diciembre de 1930 en el Gran Café Nacional

     

     

  • Maoísmo, impostura y realidades (II)

    Maoísmo, impostura y realidades (II)

    Cuando Alejandro Rivas Mira se graduó de bachiller en el Liceo Salvadoreño, a finales de 1964, y según la leyenda de los que aún lo admiran, fue con honores, por su clara inteligencia, dicen, e ingresó también con excelentes notas a la Universidad de El Salvador para estudiar Economía. En 1967 consiguió una beca para estudiar Química en Alemania Federal en la Universidad de Tübingen (aunque de esto último no hay certeza plena) y se largó.

    Rivas Mira no terminó sus estudios universitarios (¿los inició?) y regresó a El Salvador, pero antes pasó por Cuba, donde fue presentado a Dalton. Eso debió haber sido a inicios de 1970. ¿Cómo logró ese enlace para Cuba y para Dalton? Todavía es un misterio.

    En febrero de 1971 ya había noticias de Alejandro Rivas Mira: encabezaba ‘El Grupo’, la estructura que había ejecutado el secuestro y posterior asesinato del empresario Ernesto Regalado Dueñas.

    Los nombres de los integrantes de la incipiente organización guerrillera fueron establecidos con rapidez por la Policía. Y, entonces, comenzó la persecución feroz sobre los integrantes de ‘El Grupo’.

    ‘Sebastián Urquilla’ en realidad no era maoísta, y como obcecado pragmático que se asumía, para salir del atolladero posterior al asesinato de Roque Dalton, simuló su adhesión a la ‘línea china’, como antes había simulado ser de la ‘línea cubana’. Y como era de rigor en esos años de la década de 1970, los chinos lo invitaron a que visitara China. En esa época, chilenos (De la Rhoka), argentinos (Ricardo Piglia), peruanos (Abimael Guzmán, en 1965 y 1967) también fueron invitados a China.

    Ese viaje a China realizado por Alejandro Rivas Mira solo al paso se menciona en la reconstrucción del itinerario del ERP, y cuando se hace aparece como un mero desplazamiento de viajero. Nunca se ha sabido qué pasó en ese viaje, qué le plantearon en China, cuál fue su valoración de lo que vio, qué compromisos tuvo que asumir puesto que esos periplos no son gratis ni turísticos. Por las pocas noticias que hay de eso, es claro que el viaje a China debió ocurrir después de mayo de 1975, quizás en agosto de 1975 y duró varios meses (¿cuatro o seis?). No fue solo, quienes quedaron teniéndole la peña a Rivas Mira en el ERP han comentado que iba acompañado de su lugarteniente ‘Humberto Portillo’ (Vladimir Rogel), uno de los dos asesinos materiales de Dalton y jefe de la estructura militar. De si iba en ese viaje Angélica Meardi (‘Gertrudis’, la esposa de Rivas Mira) y también militante del ERP, no se dice nada. Pero es probable que sí, porque la trastada de asesinar a Roque lo puso a ‘Sebastián Urquilla’ en una situación incómoda, y salirse de foco era un modo de resguardarse.
    Empero, hubo de soltar las amarras del ERP, que quedó en manos de Joaquín Villalobos, quien no venía del núcleo original, sino que se incorporó en agosto de 1973 junto a su red que operaba bajo el nombre de Comandos Organizadores del Pueblo. Cuando la Dirección Nacional del ERP (Alejandro Rivas Mira, Eduardo Sancho y Lil Milagro Ramírez) decidió que esa red organizada se incorporara pidieron que alguien de su conducción se integrara a la Dirección Nacional del ERP. El jefe real de ese grupo no era Villalobos, sino Rafael Arce Zablah, y este decidió que ‘subiera’ Villalobos. No estaban seguros del terreno que pisaban.

    Mientras se suponía que Rivas Mira se comprometía con el maoísmo, en El Salvador, Villalobos y su gente comenzaron a tomar todo el control del ERP. Así, al regreso de Rivas Mira y ‘Humberto Portillo’ (a quien decían el Vaquerito), en el primer semestre de 1976, se dieron cuenta de que las cosas habían cambiado. Conservaban sus cargos, pero la dinámica del día a día ya no les pertenecía.

    De forma declarativa el ERP era ‘pro chino’, y su máximo jefe había ido hasta Pekín a sellar eso, pero en los hechos, el ERP no era nada de eso. El ajetreo del asesinato de Dalton (y ‘Pancho’, un jefe militar guerrillero) y la confrontación que se produjo con la escisión llamada Resistencia Nacional (encabezada por Sancho, Lil y ‘Ernesto Jovel’) no les dio tiempo para transitar al maoísmo.

    De hecho, lo que Rivas Mira tuvo que enfrentar son dos decisiones que él no controlaba ya, sino Joaquín Villalobos y su gente: la primera, acelerar los pasos para la realización del Primer Congreso del PRS-ERP (Partido de la Revolución Salvadoreña-Ejército Revolucionario del Pueblo), donde se redefiniría el rumbo de la estructura guerrillera y donde se ‘elegirían’ nuevas autoridades; y la segunda decisión, deshacerse de ‘Humberto Portillo’, y para eso optaron por asesinarlo.

     *Jaime Barba,  REGIÓN Centro de Investigaciones