Categoría: Opinión

  • Conciertos, turismo y sarampión: una prueba de fuego para la vigilancia en El Salvador

    Conciertos, turismo y sarampión: una prueba de fuego para la vigilancia en El Salvador

    Durante 2025, la Región de las Américas notificó un total de 14,891 casos confirmados de sarampión en 13 países: Argentina (36 casos), Belice (44), Bolivia (597), Brasil (38), Canadá (5,436), Costa Rica (1), El Salvador (1), Estados Unidos (2,242), Guatemala (1), México (6,428), Paraguay (49), Perú (5) y Uruguay (13). En las primeras tres semanas de 2026 se confirmaron 1,031 casos adicionales en siete países (Bolivia, Canadá, Chile, Estados Unidos, Guatemala, México y Uruguay), lo que representa un incremento de aproximadamente 45 veces en comparación con los 23 casos notificados en el mismo periodo de 2025. La mayoría de estos casos se han presentado en personas no vacunadas, con la mayor proporción en adolescentes y adultos jóvenes; sin embargo, la incidencia más elevada se observa en niñas y niños menores de 1 año, seguida por la población de menores de 9 años.

    De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las principales causas del aumento de casos de sarampión en 2025 en las Americas están principalmente relacionadas con las brechas de vacunación, causadas por las disrupciones de los servicios de salud durante la pandemia del Coronavirus; aumento de la hesitación vacunal, producto de la desinformación generalizada sobre los peligros de la vacuna; y la mayor movilidad internacional que introduce el virus en comunidades susceptibles.

    La vacunación es el mecanismo de prevención más importante en la lucha contra el sarampión. El esquema recomendado contra el sarampión se basa en dos dosis de vacuna triple viral (SRP/MMR: sarampión, rubéola y paperas) en la infancia, con ajustes según edad y riesgo. Organismos internacionales (OMS/OPS, CDC) coinciden en que la protección comunitaria eficaz contra el sarampión requiere que la mayoría de la población (95%) cuente con dos dosis documentadas de SRP/MMR.

    En El Salvador, las coberturas de vacunación contra el sarampión (vacuna SRP/MMR) son altas a nivel nacional, aunque persisten brechas en el refuerzo de la segunda dosis. Informes recientes señalan que el país ha superado el 95% de cobertura tanto en la primera como en la segunda dosis, lo que ha sido clave para evitar casos secundarios tras la introducción de un caso importado en 2025. Sin embargo, es probable que existan desigualdades subnacionales y “bolsones” de personas susceptibles que requieren un análisis detallado a nivel municipal.

    Durante los primeros días de febrero de este año, el país ha experimentado un incremento sustancial en la afluencia de turistas centroamericanos (principalmente de Guatemala, Honduras y Nicaragua) asociado con conciertos de una famosa cantante. El riesgo de un brote de sarampión vinculado a estos eventos es real, pero aún controlable si El Salvador mantiene y refuerza sus medidas actuales.

    El sarampión es el virus respiratorio conocido con la tasa de contagio más alta: una persona puede infectar a 12–18 más en ambientes masivos como estadios y conciertos. A esta alta contagiosidad se suma que Guatemala ha registrado un aumento importante de casos en las primeras semanas de enero, con transmisión activa y una elevada proporción de personas no vacunadas, especialmente adolescentes y jóvenes, que son precisamente quienes más asisten a conciertos. Si esto no fuera suficiente, el mayor flujo de turistas centroamericanos hacia El Salvador incrementa la probabilidad de que al menos un asistente infectado (posiblemente asintomático durante el periodo de incubación) ingrese al país.

    ​ Con la situación actual (un caso importado previo sin transmisión secundaria, buena cobertura nacional y vigilancia reforzada por la alerta regional), el riesgo de un gran brote nacional asociado a los conciertos es moderado, pero el riesgo de introducciones con pequeños brotes focales es significativo. La clave para mantener este riesgo bajo es intensificar la vacunación en jóvenes, reforzar la vigilancia de enfermedad febril eruptiva en torno a los eventos y aplicar protocolos de respuesta rápida ante cualquier caso sospechoso vinculado a los conciertos.

    El MINSAL ha demostrado recientemente capacidad de respuesta y de implementación de cercos epidemiológicos eficaces, al contener adecuadamente un caso importado en Santa Ana en 2025 sin que se registraran casos secundarios. Es de esperar que esa capacidad se mantenga y se aplique de forma oportuna en la prevención de cualquier brote relacionado con los conciertos.

     

     

     

  • Los mensajes semióticos de Benito Martínez Ocasio y Bruce Springsteen

    Los mensajes semióticos de Benito Martínez Ocasio y Bruce Springsteen

    El Conejo Malo o Bad Bunny sabía que tenía en sus manos la oportunidad de dar un mensaje a todos en el Super Bowl. Cada mensaje, cada actuación formó parte de un show que sobrepasó fronteras. Quizá, las letras de Bud Bunny no sean las de agrado de algunas personas; sin embargo, dio la cara por cada migrante, por cada persona que sufre persecución en el país en donde todos anhelan cumplir su sueño americano.

    Sus mensajes semióticos reivindican la cultura latina, especialmente la puertorriqueña. El cantante dejó un mensaje: «Tú también deberías creer en ti. Vales más de lo que piensas, créeme». En la entrega de los Grammy (2026), —arremetió contra el trato deshumanizante hacia los inmigrantes de parte de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos)—.

    El solo hecho de cantar en español en un espectáculo eminentemente estadounidense, como lo es el Super Bowl, es algo que logró tener un récord de audiencia y discusiones en parlamentos como España. La semiótica del terror está en cada foto o video que observamos cuando arrestan a los indocumentados. Las miradas de niños y adultos apresados son terroríficas. En otro contexto, hay cartas de niños detenidos en centros migratorios que han mandado a sus familiares en el extranjero con mensajes de tristeza: “… Tener que compartir el cuarto con mínimo 3 familias, y todo eso para que nos manden de vuelta a nuestros países”. Otra niña de seis años expresó: “Siento que me van a olvidar, estoy aburrida aquí, ya extraño a mi país”.

    Los mensajes semióticos se hicieron sentir en todo el show en donde enarbola la cultura latinoamericana. El mensaje de mencionar cada país de América queda claro a los que dicen que los americanos solo son los Estados Unidos. —Bad Bunny defendió la cultura Latinoamericana en el Super Bowl—. No importa que Trump haya despotricado el evento, pero muchos medios de comunicación destacaron que el cantante dejó un mensaje en defensa de los migrantes —. Según datos, en el futuro, los latinos serán mayoría en población en los Estados Unidos.

    El repudio, terror, muerte, discriminación y las políticas migratorias han hecho que muchas personas protesten, especialmente en Minneapolis, en donde fueron asesinados dos estadounidenses por los policías de ICE.

    Los inmigrantes sufren persecución, deportaciones, xenofobia. En escrito anterior, pregunté, ¿quiénes son los verdaderos americanos en Estados Unidos? Después del apache, siux, cheroquí, cheyenne, pies negros, y navajos, llegaron los colonizadores. Entonces, Estados Unidos es un país eminentemente de inmigrantes. En los 13 minutos del concierto en el Super Bowl, Bad Bunny, hay un mensaje contundente en donde exhortó que América es un continente, no un país.

    Es de analizar todo lo que sea para apoyar a los migrantes que viven en Estados Unidos, especialmente a los latinos. No se trata de hacer una lucha interminable entre blancos, latinos, nacidos o no en Estados Unidos. Se trata que se respeten los derechos universales como la vida. Es doloroso ver las persecuciones que hacen las autoridades hacia los inmigrantes indocumentados, hasta en las iglesias y trabajos son sacados.

    Mientras tanto, el reconocido cantante estadounidense Bruce Springsteen lanzó una canción de protesta titulada: “Streets of Minneapolis”, en la cual menciona a los estadounidenses asesinados por la ICE, Renée Nicole Good y Alex Pretti. La letra versa de la siguiente manera, acá unos párrafos: “Ahora dicen que están aquí para hacer cumplir la ley, pero pisotean nuestros derechos… en nuestros cantos ¡ICE fuera ya!… Y por el extranjero entre nosotros, recordaremos los nombres de quienes murieron, en las calles de Minneapolis”.

    Además, en las canciones de protesta del cantante “Calle 13”, especialmente en la canción Latinoamérica, habla sobre la riqueza cultural de América Latina. “Soy un pedazo de tierra que vale la pena… soy América Latina”.

    Cada mensaje de un artista se debe estudiar. Muchos artistas no están de acuerdo que ICE y las políticas migratorias traten como animales a los migrantes. No es justo observar en un video de cómo hasta asesinan a estadounidenses. Se espera que cese esa violencia, la xenofobia, el odio hacia los extranjeros y migrantes.

     

    * Fidel López Eguizábal. Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • Entre touchdowns y glúteos coreografiados

    Entre touchdowns y glúteos coreografiados

    Realmente impactado y sorprendido me encontraba al escuchar aquellos sonidos vocales, con un fuerte tono nasal y arrastrado, en un español casi ininteligible, más rítmico que melódico. Observaba y escuchaba a Bad Bunny durante el entretiempo del juego más importante del fútbol americano del año. Nunca supe si entendí el espectáculo. Tampoco supe si me gustó o lo odié.

    Debo aclarar que ese tipo de música nunca ha sido de mi agrado. Siempre la he considerado vulgar, con letras explícitas y sugestivas, además de repetitiva y, francamente, monótona. Sin embargo, para las grandes masas actuales —concebida como una creación destinada al baile intenso y cercano— resulta irresistible, especialmente en el ambiente festivo que suele acompañarse de alcohol y otras desinhibiciones.

    Tradicionalmente, el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl (como se le conoce en Estados Unidos) en la cultura estadounidense no es solo un concierto extra durante la final del futbol americano, sino que se ha convertido en un momento cultural con enorme impacto social, mediático y simbólico. Es considerado uno de los eventos televisivos más vistos del año en Estados Unidos y en el mundo, y por eso su significado va más allá del entretenimiento.

    ¿Quién decide quien estará a cargo del espectáculo de medio tiempo?

    En teoría la ciudad sede puede opinar, pero en la práctica la elección se concentra en la NFL y Roc Nation, que buscan al “artista cultural del año” capaz de garantizar impacto global y coherencia con la imagen de la liga. La NFL eligió a Bad Bunny porque hoy es una de las figuras más grandes y rentables de la música global, con enorme alcance entre audiencias jóvenes y latinas, y porque ofrece a la liga una imagen de diversidad cultural y expansión internacional. Es el primer hombre latino en encabezar el espectáculo del medio tiempo, lo que permite a la NFL posicionarse como una liga que abraza la diversidad y busca conectar con el público hispano en Estados Unidos y a nivel internacional. Su espectáculo superó los 128 millones de espectadores, colocándose entre los espectáculos de medio tiempo más vistos, lo cual valida la apuesta de la NFL en términos de rating, conversación mediática y valor publicitario.

    ¿Qué impacto tuvo el espectáculo?

    En lo que a mí respecta en particular, una vez superado el asombro por la ininteligibilidad del español que exhibía el cantante —que para mí sonaba como otro idioma por completo— y por el masivo número de mujeres violentando sus glúteos operados e inflados a diestra y siniestra, el espectáculo me pareció querer transmitir un mensaje políticamente cargado. Este se concentraba sobre todo en el contexto puertorriqueño y caribeño, aunque progresivamente incluyente de la cultura latina continental. Me gustó que el mensaje central —“Latin American culture is American culture”— posicionara el show no como un mero “invitado” latino, sino como una mirada latina dirigida al público global. Al revisar el consenso general entre expertos, este destaca que Bad Bunny entregó un espectáculo de altísimo nivel técnico, profundamente latino y políticamente cargado, que redefine quién puede ocupar el centro del ritual patriótico del Super Bowl. Siempre hubo disgregadores, como comentaristas conservadores, que lo calificaron de “divisivo” y demasiado político, criticando que fuese casi íntegramente en español —aunque para algunos, como yo, fuese un idioma totalmente diferente— y que incluyera banderas latinoamericanas. Entretenimiento con un alto sabor político, que al final obtiene su objetivo, tanto para la NFL como para el Conejo Malo vestido de Zara.

    Lady Gaga y Ricky Martin no me hicieron cosquillas; no le agregaron —aunque tampoco le restaron— demasiado al espectáculo. Es más, creo que la tonalidad de la canción que interpretó Martin superaba sus propios decibeles, y el garganteo se le quedaba corto.

    Al final, mi equipo, los Seahawks, se llevó el trofeo Vince Lombardi tras vencer a los New England Patriots 29-13 en el Super Bowl LX, aunque fue un partido que encontré ligeramente aburrido. Nos quedamos con la expectativa para el próximo año; ojalá los Saints estén en la final y que el Conejo Malo no repita.

  • A encementar, a encementar

    A encementar, a encementar

    Durante la última semana de octubre del 2025, Fernando López –ministro de Medio Ambiente de Nayib Bukele– aseguró que con el permiso ambiental para construir, otorgado por la cartera estatal a su cargo, se pretende “regular” y “garantizar que las intervenciones que van a hacer las empresas o las personas tengan y cumplan cierto parámetros”. Además, sostuvo que dicha autorización supone “una compensación ambiental y una fianza”; también una construcción adecuada. Pero no habían transcurrido tres meses de estas declaraciones, cuando el 10 de enero del presente año alrededor de veinte viviendas ubicadas en el proyecto Ciudad Marsella II resultaron severamente inundadas por una lluvia calificada como “moderada”. El consentimiento oficial para construir esas pequeñas pero numerosas casas fue otorgado en octubre del 2024, obedeciendo el mandato dictado desde arriba.

    Y es que el lunes 10 de junio del 2019, apenas nueve días después de integrarse al gabinete gubernamental ‒durante la inauguración del sexto hangar de la empresa Aeroman‒ López fue mandatado públicamente por su jefe para acelerar el trámite y la emisión de dicho aval. Con aquellos que Bukele bautizó como “los mismos de siempre”, el proceso tardaba hasta siete años; al menos, eso aseguró entonces. Pero en adelante su subalterno debería despacharlo en un plazo máximo de cien días para que, dicho casi del todo literal, los “miles y miles de millones de dólares trabados en el Ministerio del Medio Ambiente esperando una autorización” ingresaran a la economía del país.

    En su prédica de ese día declaró, además, que en todo el mundo El Salvador era “el mejor lugar para invertir”. ¿Será? Porque, entre paréntesis, la inversión extranjera directa en nuestra comarca es la última de la región centroamericana. Finalmente, afirmó que el puesto que entonces acababa de ocupar respetando la Constitución ‒el de la Presidencia de la República‒ sería “obviamente” su “último cargo político”; por ello, todo lo que realizaría durante el desempeño del mismo no lo haría “pensando en ninguna elección sino que únicamente pensando en el legado” que podía dejarle a la nación.

    Casi siete años después, ahora ocupando inconstitucionalmente dicho cargo, uno se pregunta si es parte de ese “legado” el atentar contra nuestro hábitat. Este es definido en el diccionario como el espacio que reúne las “condiciones apropiadas para que viva un organismo, especie o comunidad animal o vegetal”. Si hablamos de las administraciones gubernamentales de la posguerra previas a la de Bukele, estas no se caracterizaron por su compromiso firme con el cuido y la defensa del medio ambiente. También propiciaron su contaminación, entendida esta como la alteración nociva de “la pureza o las condiciones normales de una cosa o un medio por agentes químicos o físicos”. Pero ahora…

    Tal como indica la misma fuente, entre otros sinónimos destacados lo nocivo tiene que ver con algo dañoso, pernicioso, maligno y hasta funesto. Y tras el citado encargo comunicado públicamente el 10 de junio de 2019 al ministro López, el presidente de la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) ‒Mauricio Sermeño‒ sostuvo que “a pocos días de haber iniciado su Gobierno”, Bukele había “demostrado ser la principal amenaza para el medioambiente en El Salvador”. Y eso se ha ido comprobando con el paso del tiempo.

    Algunos ejemplos destacados: la depredación de la flora y la fauna en la finca El Espino, último “pulmón” de San Salvador, con la construcción de un estadio de fútbol así como la de un centro de ferias y convenciones; el proyecto iniciado del relleno sanitario en San Francisco Angulo, departamento de San Vicente, que seguramente terminará siendo botadero de basura; en ese mismo departamento, el desmantelamiento de un albergue para las víctimas de las inundaciones en el Bajo Lempa y el flujo de las desgraciadas aguas negras que salen del Centro de Confinamiento del Terrorismo ‒el famoso CECOT‒ y son altamente dañinas para la población aledaña y más; súmele la degradación del rio El Molino en Santa Ana y las inundaciones en su cabecera departamental; también la del rio Grande en San Miguel y la desaparición cada vez mayor de sus progresivamente devastadas zonas verdes; la construcción de un aeropuerto internacional en La Unión y sus consecuencias negativas para la gente; la proliferación de urbanizaciones como la Marsella II, a lo largo y ancho del país; los permisos para levantar torres urbanas sin pagar impuestos y la aprobación de la Ley General de la Minería Metálica…

    Hoy ya no se canta como consigna popular “¡a desalambrar, a desalambrar!”; ahora lo que se ha impuesto con la insensata política oficialista es “¡a encementar, a encementar!”. Las graves y altas facturas de lo segundo, son nuestras mayorías populares las que lastimosamente tendrán que pagarlas.

     

     

     

  • Un mes que cambió las perspectivas (II)

    Un mes que cambió las perspectivas (II)

    Incluso en las filas guerrilleras ―y años después eso continuó― anidó la idea de que había fallado esa ofensiva y algunos más se atrevieron a decir, soto voce, que todo había sido un desastre. Sin duda, esta percepción se asentaba no en los resultados obtenidos sino en las expectativas maximalistas de las que partieron el 10 de enero.

    Si en un primer momento se anunció el asunto como ‘ofensiva final’ y no hubo resolución estratégica ni quiebre general del dispositivo militar adversario, pues la Junta Revolucionaria de Gobierno (tal era su equívoco nombre) salió al cruce y afirmó que la ofensiva guerrillera no había logrado su propósito. Y era cierto, el salto adelante y sin red que las fuerzas guerrilleras emprendieron no había cerrado un capítulo político, sino que había abierto la posibilidad de la generalización de la guerra. Algo que estaba entre los cálculos, pero para lo que sus núcleos dirigentes no habían sabido elaborar un planteamiento más o menos digerible. Porque no se trataba de la idea ya afincada de lo prolongado, sino de que el tipo de ofensiva puesta en escena, al no poder lograr los objetivos de corto plazo que se impusieron, quizá por imprecisión analítica, propiciaba un escenario de guerra generalizada.

    Sin embargo, es necesario apuntar que la ofensiva insurgente del 10 de enero fue un entramado con varios filones más o menos autónomos entre sí. Sí, la insurrección no pudo despegar (como sí fue el pivote de lo acontecido entre 1978 y 1979 en Nicaragua), pero no porque no hubiese un ‘animo de insubordinación social’, sino porque la concepción etérea y desactualizada del movimiento guerrillero de hecho la paralizó desde su mismo diseño.

    Falló la insurrección porque se organizó mal y no se calibraron ni canalizaron bien los ánimos políticos, pero la ofensiva en otros ámbitos les permitió a las fuerzas guerrilleras pasar a otros escalones. Y es en el terreno militar donde los logros fueron más evidentes. La derrota fulminante del ejército gubernamental era una quimera o, peor, era un objetivo fuera de su alcance, dado el dispositivo diseñado y puesto en ejecución. Existe un análisis bastante juicioso sobre ello escrito por Ignacio Martín-Baró (‘La guerra civil en El Salvador’, Estudios Centroamericanos, enero-febrero 1981), donde es posible apreciar los logros y las deficiencias del accionar guerrillero a propósito de la ofensiva del 10 de enero.

    Y quizás el principal logro que el movimiento guerrillero obtuvo después del lanzamiento de la ofensiva fue el control efectivo sobre diversas porciones del territorio nacional. Es cierto que ‘ya estaban allí’, en formato militar, quizá desde finales de 1979; además habría que añadir que el ‘trabajo organizativo de masas’ desde 1974 comenzó a afincarse. De ahí que zonas como el norte de Morazán, noroccidente de Chalatenango, Cerros de San Pedro en Usulután, volcán de San Vicente, cerro de Guazapa, y otros, no eran lugares improvisados de los escenarios de la generalización de la guerra después de enero de 1981.

    Estas zonas que se llegaron a denominar ‘zonas de control guerrillero’ jugaron un papel decisivo para lo que vino después. Porque fueron los puntos de apoyo para muchas cosas: preparación militar del naciente ejército guerrillero, espacios para el ensayo de nuevas modalidades de trabajo político con sus bases sociales, punto de partida para nuevas expansiones (políticas y militares), instalación de improvisados hospitales de guerra, asiento de instalaciones de las radioemisoras en onda corta…

    Es decir, sin la ofensiva del 10 de enero, todo eso era impensable.

    Además, esa ofensiva le dio oxígeno y visibilidad al trabajo político-diplomático que las fuerzas insurgentes y sus aliados políticos desplegaron de forma intensa a partir de esa fecha con resultados notables.

    Aunque la labor organizativa en las ciudades no despareció por completo, como se ha asegurado sin mucho fundamento, lo cierto es que experimentó una significativa modificación y mutación como resultado de la ofensiva del 10 de enero.

    En cuanto al campo gubernamental, resultó evidente que la Fuerza Armada no estaba preparada para algo así como la ofensiva del 10 de enero y sus consecuencias. Puesto que parecía que se trataba del ‘asalto al poder’, y al no darse este porque el accionar militar guerrillero no pudo pasar de cierto nivel, pues el gobierno salvadoreño, el gobierno norteamericano y la Fuerza Armada se apresuraron a decir que había sido un fracaso. Pero un examen más cuidadoso (de la estructura, de la logística, del estilo militar, de la preparación de combate, de la concepción estratégica y de las tácticas del ejército gubernamental) revela que el dispositivo del ejército gubernamental se vio desfasado en aquel momento. ■

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

  • Un mes que cambió las perspectivas (I)

    Un mes que cambió las perspectivas (I)

    El mes de enero de 1981, es decir, hace 45 años, en El Salvador hubo un punto de quiebre en su proceso político. Claro, esto no siempre ha sido apreciado de esta forma y se ha tendido a valorar tal momento como una circunstancia oscura y llena de desaciertos.

    La muy raquítica labor de investigación socio-histórica que padece El Salvador   no ha permitido ir reconstruir los principales procesos y dinámicas de las últimas tres décadas del siglo XX de un modo amplio y considerando diversas vetas, de ahí que lo que predomina son visiones adelgazadas, edulcoradas o dislocadas.

    El 10 de enero de 1981 el proceso salvadoreño saltó de la crisis política a la generalización de la guerra. Y esto no fue un asunto de un solo actor. Creer tal cosa oscurece la comprensión.

    A la guerra se llegó por un camino estrecho de intolerancia y de rupturas institucionales. No fue algo que ocurrió, así, de pronto, sin avisar. Desde 1970, o quizás un poco antes, ese fenómeno social que fue la guerra asomó su cresta. Pero el proyecto político conservador dominante en ese momento desestimó las señales que lo anunciaban. E imaginó que con mano de hierro eso podría contenerse, y para eso se apeló al ejemplo del aplastamiento de la insurrección campesina e indígena de enero de 1932.

    Sin embargo, las diferencias entre aquel enero de 1932 y el enero de 1981, son enormes.

    Entre el 15 de octubre y el 30 de diciembre de 1979 existió la posibilidad real de ‘desactivar’ el estallido que el 10 de enero de 1981 detonó. No se hizo porque el paroxismo político-ideológico de todos los actores obnubiló las visiones y desde los primeros días de enero de 1980 se pasó a un escalamiento de la represión en todos los órdenes (la institucional y la subterránea atribuida a los fatídicos Escuadrones de la Muerte). De hecho, todo el año de 1980, a la par del incremento de las acciones contestatarias (de masas y guerrilleras) se dio un sangriento lapso donde operativos militares masivos en el interior del país y puntuales acciones de asesinato y de desaparecimiento de personas fue la norma. Y la respuesta a esto fue el desafío armado. En ese cuadro, lo que era previsible es que la confrontación político-militar pasara a un escalón superior: el de la guerra.

    No es que antes de enero de 1981 no hubiese intensa actividad militar, es que a partir del 10 de enero se produjo una dislocación territorial de las fuerzas guerrilleras de tal magnitud que el ejército gubernamental tuvo, de facto, que reacomodarse para enfrentar esa situación. Y aún más, desde julio de 1981, la iniciativa estratégica de la guerra estuvo en manos del movimiento guerrillero.

    Pero como las guerras irregulares ―y esta de El Salvador no fue la excepción― no se reducen a la dimensión militar, lo que vivió El Salvador fue un complejo proceso de colisión de al menos tres proyectos políticos, los fundamentales, que estaban activos en ese momento.  Y que pueden resumirse su denominación de la siguiente manera: 1) el contestatario (constituido por las fuerzas guerrilleras y sus aliados políticos y sociales), 2) el gubernamental (que, en ese momento, y durante casi toda la década de 1980, se expresó a través del pacto entre la Fuerza Armada, el Partido Demócrata Cristiano y la ‘presencia norteamericana’) y 3) el conservador (primero descarrilado el 15 de octubre de 1979 y después rehabilitado a partir de finales de 1980 al conformarse como ‘nuevo’ partido político).

    Cuando las fuerzas guerrilleras se lanzaron el 10 de enero de 1981 a la llamada ‘ofensiva final’ (y después reclasificada días después como ‘ofensiva general’), en realidad partían de un análisis de la situación donde sus expectativas eran mayores que la ponderación de las realidades que enfrentarían. Esto es, supusieron que podían alcanzar las metas que se propusieron: derrocamiento del Gobierno y derrota militar de la Fuerza Armada, y para esto la clave estaba en la combinación del poder de fuego que tenían, la disponibilidad de combatientes en sus filas, el diseño insurreccional y de huelga general que habían esbozado y las alianzas nacionales e internacionales con las que contaban.

    Al poner sobre la mesa esos aspectos, es evidente que las cosas no podían salir como lo imaginó la dirigencia guerrillera.

    El diseño insurreccional y de huelga general fue la cuestión más endeble y volátil que mostró el movimiento guerrillero, al punto que el adversario estatal que enfrentaban y el bloque de los sectores conservadores proclamaron, casi al instante, el fracaso de la ofensiva del 10 de enero. ■

     

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

  • Conduzcamos con tolerancia y responsabilidad… salvemos vidas

    Conduzcamos con tolerancia y responsabilidad… salvemos vidas

    La noche del sábado pasado Antonio Ruiz Maravilla, de 30 años de edad, se conducía en su motocicleta en la calle antigua a Santa Elena (Usulután) cuando sufrió un accidente que le costó la vida. Tony, como era conocido, fue un  destacado futbolista que militaba en la tercera división con el San Marcos de Jiquilisco, pero que antes militó en primera división con Platense de Zacatecoluca y Cacahuatique de Ciudad Barrios.

    La< misma suerte corrió el joven  motociclista Carlos Ernesto De la Rosa Ramos, de 27 años, quien el viernes 9 de enero pasado, falleció producto de un accidente ocurrido al final del bulevar Merliot e incorporación del bulevar Monseñor Romero, en Santa Tecla.

    El jueves 29 de enero pasado murió en un accidente el motociclista Enoc Reyes, de 25 años de edad. Aparentemente el joven conducía a excesiva velocidad en la autopista al aeropuerto, cuando una ráfaga de viento le hizo perder el equilibrio y el control y se estrelló contra el pavimento. El joven fue auxiliado, pero murió en el hospital Santa Teresa de Zacatecoluca por ls gravedad de las lesiones.

    En San Miguel, la desgracia le correspondió a Jonathan Martín Lacayo, de 38 años, quien el lunes de la semana pasada murió  de manera instantánea cuando tras no respetar la señal de precaución del semáforo estrelló su motocicleta contra un autobús en la carretera Ruta Militar.

    Las muertes de Tony, Carlos, Enoc y Jonathan vienen a confirmar lo vulnerable que son los motociclistas en carretera, donde al menor descuido sufren accidentes con consecuencias letales. Muchos accidentes en los que se ven involucradas motocicletas son filmados por cámaras de seguridad y a juzgar por lo que se ve, en la mayoría de ocasiones los que originan el percance son los mismos motocicletas.

    Muchas veces los motociclistas conducen con irresponsabilidad e imprudencia irrespetando el Reglamento de Tránsito. A saber, conducen a toda velocidad, forman un tercer carril imaginario, sobrepasan por los puntos ciegos de los conductores de otro tipo de vehículos, no usan el equipo protector adecuado, conducen bajo los efectos del alcohol y diversas drogas, sobrepasan en zonas de precaución (puentes, curvas, pendientes aceras peatonales, cruz calles, etc.). El colmo es que algunos conducen mientras usan el teléfono, llevando más de un acompañante  y hasta sin la pericia necesaria, pues no tienen licencia de motociclista.

    Las cifras oficiales del Observatorio Nacional de Seguridad Vial señala que, desde el 1 de enero hasta el 9 de febrero  del año corriente en el país sumaban 2,653 accidentes viales. En ese mismo período el año pasado sumaban 1,978 percances. Es decir, este año la cifra se ha elevado en 675 accidentes en el mismo periodo. Hasta el 9 de febrero el año pasado hubo 1,227 lesionados y en 2026 la cifra se incrementó en 431, llegando a 1,658. Los muertos en los primeros 40 días del año pasado fueron 116 y este año ya suman 165, es decir 49 víctimas mortales más. La mayoría de víctimas fatales ha sido peatones y motociclistas.

    En 2025 la cantidad de accidentes en los que estuvo involucrada al menos una motocicleta se elevó a 4,568, que provocaron 4,265 lesionados y 498 muertos, la mayoría jóvenes en edad productiva. Para 2026 la tendencia es al alza de los números de accidentes, muertos y lesionados.

    En el país hay cerca de 2 millones de vehículos, entre ellas casi 600 mil motocicletas. Las horas picos son intransitables y ocurren casi todo el día, un vehículo quedado o el cierre de un carril por cualquier circunstancia genera un grave congestionamiento vial y a veces las autoridades de tránsito no colaboran lo suficiente. En fin, hay muchos motivos para conducir a la defensiva y respetando las leyes de tránsito.  No es necesario conducir de manera abusiva, a toda velocidad, sobrepasando peligrosamente o tratando de generar daño a los demás.

    Los salvadoreños nos debemos armar de tolerancia, paciencia y respeto por los demás. Cualquier tipo de vehículo conducido irresponsablemente o de manera intrépida se convierte en un arma que puede ser letal. Conducir de manera ofensiva es un atentado para nuestras propias vidas como conductores y para los demás conductores, nuestros acompañantes y los peatones.

    2026 pinta para un incremento de accidentes viales, lesionados y muertos, especialmente de motociclistas, pero si cada uno tomamos conciencia y manejamos a la defensiva respetando a los demás y las leyes, podemos bajar los guarismos. No vale la pena morir en las carreteras, en un barranco, dentro de los hierros retorcidos de un vehículo o en un hospital. Tampoco vale la pena quedar lisiado para el resto de la vida o hacer gastar al Estado miles de dólares en procesos de recuperación hospitalaria. Salvemos vidas, conduzcamos con tolerancia y paciencia… Con responsabilidad.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

     

     

     

  • Conscientemente emocional

    Conscientemente emocional

    A veces puede sentirse como si la vida doliera en varios aspectos. Y las razones son tan particulares para cada uno de nosotros, que resultan como muchas veces fuera del alcance el poder controlarlas. Pero es que cuando algo aparece o es notado, no solamente para el caso del dolor en percepción de consciencia, es porque  ese algo se encuentra presente y este pide nuestra atención, nuestra observación. Al hacerlo, observar, existe la posibilidad de llegar a comprender si ante lo que sentimos estamos reaccionando mecánicamente o actuando desde el cuerpo, emoción y pensamiento integrados.

    George Ivánovich Gurdjieff, místico y filósofo armenio, dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de conocimientos sobre la naturaleza del ser humano y las leyes universales que rigen la existencia, y se refirió en su momento a la mecanicidad  con la que los seres humanos respondemos ante lo que suceda. Siendo el término mecanicidad,  indistintamente el plano donde se aplique, un referente de repetición y rigidez, con falta de intención y aún más, de vida.

    La filosofía del maestro Gurdjieff es mística, profunda y rica en enseñanzas. Entre ellas encontramos los postulados de observación de si y recuerdo de sí. Estos en conjunto consisten en el esfuerzo consciente por observar los propios pensamientos, emociones y reacciones sin intentar justificarlos ni modificarlos, y sin identificarse con ellos. Su aplicabilidad puede ser que ante un evento o circunstancia cualquiera, tendemos a reaccionar mecánicamente, ya luego en la observación de sí, hay una respuesta de nuestro cuerpo ante lo que percibimos y, según Gurdjieff solo estamos respondiendo a un estímulo ya aprendido que se ha mezclado con la mecanicidad dándonos una idea total de la realidad, acá con el riesgo de nublar, limitar o condicionar la mente y sus posibilidades de comprensión los hechos como tal. Pero también, puede surgir una observación más profunda donde se logre manifestar el recuerdo de si, que sería el poder contemplar  la propia presencia ante lo que sucede, sin inmutar la consciencia sobre lo que transcurre. Esta última técnica, conforme al filósofo armenio, es la que nos hace estar en el presente conscientemente, evitando que el remolino de la vida nos succione y nos haga vagar en el sueño despierto.

    El dolor emocional no lo podemos explicar cuando proviene de un sentir empático. Creo que  eso es parte de una consciencia solidaria, que luego una estela de impotencia traza  el pensamiento por no poder frenar o cambiar de tajo lo que sucede.

    Así mismo, creo que muchas veces nuestros pensamientos son producto de reacciones mecánicas, de esqueletos encenizados que se vuelven monstruos ante la mirada helada que no observa, que se nublan. Y es allí donde debería de manifestarse el aquí y ahora, con nuestros pies en el suelo, escuchando la respiración, convencidos que no somos lo que nos pasa, somos mucho más desde siempre, porqué hemos visto nuestro interior y pudimos encontrar esa luz cálida, que no la apaga nadie.

  • Un Nuremberg para el castrochavismo

    Un Nuremberg para el castrochavismo

    Por suerte para la humanidad los aliados de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, acordaron al terminar el conflicto procesar a la cúpula del nazismo que, con independencia de las sanciones que recibieron los criminales de guerra, fue muy útil para demostrar lo perverso de las propuestas de las cuales fueron abanderados Adolfo Hitler y Benito Mussolini.

    Quizás, el repudio que las mayorías profesan al fascismo y nazismo sea consecuencia directa de un proceso judicial internacional en el que aparte de la vesania de los ejecutores, se aireó la malignidad de las ideologías que promovían, en consecuencia, ha sido una pena que los países que sufrieron el poder soviético no iniciaran un proceso que recogiera el horrendo significado de haber sido sometidos por las simbólicas hoz y martillo.

    Es incomprensible que la maldad del comunismo no se equipare con regularidad a la del nazismo, ambas ideologías comparten el prontuario criminal más horrendo de la historia contemporánea.

    El primero, aunque solo tuvo doce años en el poder cuenta con un récord espantoso, aterra imaginar si hubiera dispuesto con más tiempo a que extremos hubiera llegado el sadismo del holocausto y la crueldad de la Gestapo y las SS, mientras, el marxismo, con todas sus variantes imaginables, ha estado depredando la humanidad por más de un siglo sin que esa práctica avergüence a quienes guardan silencio cómplice ante tantas tropelías por tal de obtener beneficios.

    Personas, que como dice el escritor José Antonio Albertini, optan por callar ante los abusos interminables de una doctrina responsable de la muerte de más de cien millones de seres humanos, sujetos que favorecen las elites que incurren en numerosos atropellos so pretexto de usar como argumento una justicia que nunca han estado dispuestos a aplicar.

    Si las víctimas del marxismo no han sido capaces de airear las innumerables violaciones de una utopía que solo ha conllevado muerte y devastación, las del castrochavismo sí debiéramos concertarnos y producir un documento en base a la Carta de Londres, 1945, en la que se fijen los principios y procedimientos a seguir contra las propuestas castro chavistas y quienes gobernaron en nombre de ese fracasado fundamentalismo.

    Debemos tener en cuenta que la sinopsis criminal del castrochavismo presenta numerosos asesinatos, espurios procesos judiciales, incontables desaparecidos, crímenes extrajudiciales, encarcelamientos ilícitos, destierro de poblaciones, violaciones sistemáticas a los derechos ciudadanos, expropiación forzosa de bienes, malversación y actos masivos de corrupción, destrucción intencional de bienes públicos y otros muchos atropellos que harían esta relación muy engorrosa y que por demás muy similar al nazi fascismo y el comunismo.

    El próximo juicio a Nicolás Maduro, el déspota venezolano preso en Estados Unidos, podría servir como guía para un proceso en el que se le juzgue por sus depredaciones, a la vez como uno de los máximos exponentes de una forma de gobierno que se caracterizó por los abusos sistemáticos contra la población, crímenes y destrucción del patrimonio de una nación a la vez de participación en transgresiones contra la humanidad y la paz y por su estrecha asociación criminal con Hugo Chávez, Fidel y Raúl Castro, Daniel Ortega y Rosario Murillo, Evo Morales y Rafael Correa.

    Cada uno de los sujetos mencionados y sus colaboradores, deberían ser sometidos a procesos judiciales en los que fueran analizadas sus actuaciones en detalle y dictadas las sanciones, al menos morales, en los casos que corresponda por fallecimientos de los indiciados, siempre teniendo en cuenta que todos estos individuos y sus cómplices, como Diosdado Cabello y Miguel Díaz Canel, parte de una lista muy amplia, han sido inductores y coautores  de diversas formas del crimen organizado, incluido el narcotráfico.

    Cierto que no hay precedentes en nuestro hemisferio de actuaciones judiciales de este tipo, pero para los Procesos de Nuremberg tampoco existían, no obstante la necesidad de una advertencia universal a los depredadores lo hizo posible, al extremo que sus formas han sido usadas en otros enjuiciamientos criminales como los de la antigua Yugoslavia y Ruanda y servido como base para establecer el Estatuto de Roma que creó la Corte Penal internacional cuya falta de actuación contra Nicolás Maduro ha sido criticada por amplios sectores de la oposición venezolana.

  • El peso del poder: demografía y hegemonía militar en el nuevo orden mundial

    El peso del poder: demografía y hegemonía militar en el nuevo orden mundial

    El nuevo siglo nos abre las puertas hacia un orden mundial en transformación. Este nuevo orden, aunque todavía indefinido, parece marcar el fin de la diplomacia sutil y el inicio de una etapa donde el poder se ejerce mediante la fuerza, la invasión o la amenaza a los vecinos. Rusia y su invasión de Ucrania, la militarización de China en el mar de China Meridional y las acciones de Estados Unidos hacia Venezuela o Groenlandia son claros ejemplos de este giro geopolítico.

    En este contexto, los tratados internacionales sobre armamento —algunos expirados y otros desactualizados, como los que buscan frenar la proliferación nuclear o la militarización del espacio— se debilitan o quedan en el olvido. El poder, hoy más que nunca, se mide por la capacidad de ejercer fuerza. Por ello, el poderío militar se ha convertido en un elemento central del nuevo orden. No sorprende que los tres países con mayor fuerza militar en el mundo sigan siendo Estados Unidos, Rusia y China.

    Según las clasificaciones más recientes del Global Firepower Index 2025/2026, Estados Unidos mantiene la fuerza militar más poderosa del mundo. Su liderazgo se basa en el presupuesto de defensa más alto, una infraestructura global de bases, una flota naval con portaaviones de alcance planetario y amplias capacidades terrestres y aéreas. Esta supremacía se explica por múltiples variables, entre las cuales destacan: el tamaño del personal militar, el arsenal disponible (armas, tanques, barcos y aviones), la tecnología, la logística y la capacidad de proyectar fuerza más allá de sus fronteras.

    Actualmente, Estados Unidos ocupa el tercer lugar mundial en número de efectivos, con alrededor de 1.32 millones de militares en activo, superado solo por China (2 millones) y la India (1.47 millones). Si bien el tamaño del ejército no es el único factor determinante de la fortaleza bélica, sigue siendo vital para sostener operaciones prolongadas y mantener presencia simultánea en varios frentes. “El tamaño gana guerras largas”, resumen los estrategas. No obstante, el tamaño de las fuerzas armadas depende, en última instancia, del tamaño y la estructura demográfica de la población.

    El envejecimiento poblacional y las bajas tasas de reemplazo demográfico se perfilan como desafíos críticos. En Estados Unidos, la edad mediana alcanzó 39.1 años en 2024 (en el 2016 la edad mediana era de 37.9 años), y cerca del 18% de la población tiene más de 65 años (en el 2016 15.2% de la población tenía más de 65 años). Para la década de 2030, uno de cada cinco estadounidenses será parte de esa franja etaria. A la par, la tasa de fecundidad, con 1.62 hijos por mujer, está muy por debajo del nivel de reemplazo generacional (2.1 hijos por mujer). Este fenómeno afecta especialmente a la población blanca no latina, que es la principal fuente de personal militar.

    Actualmente, el 51.6% del personal activo del ejército estadounidense es blanco, seguido por el 19.2% de latinos, 15.3% de afroamericanos, 7% de asiáticos y 6.3% de otros grupos o no identificados. La disminución de la proporción de población blanca y el envejecimiento general traerán consecuencias directas: menor capacidad de reclutamiento, aumento en los costos del personal, fuerzas más pequeñas y envejecidas, y una creciente dependencia de minorías étnicas, inmigrantes y mujeres para sostener la estructura militar. Análisis recientes de las fuerzas militares demuestra que, aunque la población blanca sigue siendo el grupo racial mayoritario dentro de las fuerzas armadas, su proporción relativa ha venido bajando lentamente, mientras que otras razas y etnias como hispanos, negros, asiáticos y multirraciales representan una parte creciente del total.

    El nuevo orden mundial no solo redefine el equilibrio del poder entre Estados, sino también la naturaleza interna de la fuerza que lo sostiene. La superioridad militar estadounidense enfrenta un desafío demográfico que, si no se compensa con políticas migratorias, tecnológicas y sociales adecuadas, podría erosionar uno de los pilares fundamentales de su hegemonía global. En un mundo donde el poder vuelve a ejercerse por la fuerza, el envejecimiento de la sociedad y la reducción del capital humano apto para la defensa nacional se convertirán en los verdaderos factores estratégicos del siglo XXI.