Categoría: Opinión

  • Época para reflexionar y fortalecer la fe cristiana

    Época para reflexionar y fortalecer la fe cristiana

    Cada ser humano, al margen de su raza o cualquier otra condición, es un templo y todos fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, es decir como criaturas de la existencia tenemos cualidades divinas que nos hacen diferentes al resto de la creación.

    Nuestra semejanza se basa en la espiritualidad y moralidad, donde se refleja el carácter divino. Todos somos hijos de Dios, un Dios pletórico de bondad, amor al prójimo, misericordia y omnipotencia infinita. Tanto es su amor por los seres humanos que mando a su hijo unigénito a que nos trajera el mensaje de la salvación eterna y que sufriera el sacrificio de la pasión y la crucifixión para lavar los pecados de todo aquel que por fe este convencido que Jesucristo es el camino de la salvación eterna.

    En la Biblia Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” La humanidad fue testigo de su sacrificio, pero también de su resurrección, que fue la concreción de su divinidad. Jesús, el hijo de Dios, cumplió su promesa y con ello validó su mensaje de salvación hacia la vida eterna a través de la fe y las obras o acciones que sean bonancibles para la humanidad.

    Nadie sabe la fecha exacta de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, pero la historia registra que la pasión, muerte y resurrección de Jesús tiene su origen en el siglo II d.C. basada en los relatos del Nuevo Testamento.

    La conmemoración se deriva de la pascua, celebrando la liberación espiritual, y evolucionó de reuniones íntimas a una festividad pública, consolidándose con el Concilio de Nicea en el 325 d.C. Por derivarse de la Pascua Judía no tiene una fecha fija. En el referido concilio se estableció la celebración el domingo siguiente a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera para separarla de la Pascua judía.

    La Pascua judía es una festividad fundamental que celebra la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto hace más de 3000 años, conmemorando el Éxodo narrado en la Biblia. Se celebra durante siete u ocho días en primavera (marzo-abril) e incluye tradiciones familiares.

    Por supuesto que la Semana Santa es una celebración pagana. pero es muy simbólica y nos permite a los cristianos fortalecer la fe y motivar la espiritualidad de nuestras vidas, sabiendo que hay una promesa de vida eterna y un caminode fe y esperanza de salvación que nos lleva hacia ella.

    Todos los días, especialmente en Semana Santa debemos reflexionar sobre el mensaje cristiano y permitir que Jesús resucite entre nosotros, Más que un templo, Jesús es amor yobras de bien. Lo ideal es acompañar alguna procesión o un acto simbólico sobre la vida, la pasión, muerte y resurrección, pero es mucho mejor una obra o una acción desinteresada hecha con amor y humildad hacia el prójimo.

    En América Latina y muchos países cristianos, la población trabajadora sale de vacaciones y muchos aprovechan para hacer turismo, para pasar en casa con sus seres queridos o simplemente descansar. Eso está bien, pero la ocasión es propicia para reflexionar sobre nuestra espiritualidad y nuestra relación con nuestros prójimos y con Dios.

    Dios agradecerá de mejor manera a quien le da comida al hambriento, abrigo al desnudo y techo al pordiosero, que a quien hace una sentada frente al altar. Aunque obviamente una sentada frente altar tiene un gran valor y una enorme recompensa si se hace con fe buscando la fortaleza espiritual, que nos haga mejores personas de cara a la sociedad.

    A Dios hay que agradecerle por su bondad, misericordia e infinito amor todos los días. Ese agradecimiento en el alma y corazón debe concretizarse con acciones buenas hacia nuestros semejantes. Jesús se sacrificó por la humanidad y para allanarnos el camino a la salvación. Y eso es lo que conmemoramos en la Semana Santa. Es una fiesta pagana, sí, pero nos viene a reconfortar y avivar nuestra fe. Gracias Jesús, porque con tu sacrificio se fortaleció la esperanza de una vida eterna a través de la bondad y la fe. Amén Señor.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista

  • Pueblos crucificados

    Pueblos crucificados

    Siendo director del Centro Monseñor Romero, perteneciente a la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), el jesuita Jon Sobrino  publicó en la revista Estudios Centroamericanos del primer trimestre del 2012 un texto reelaborado cuyas ideas fundamentales –según su autor– las expuso durante la conmemoración del sexagésimo tercer aniversario del día en el cual la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En el evento referido , organizado por el instituto especializado en la materia y parte de dicha casa de estudios superiores, se contó con la presencia y participación de víctimas de violaciones de sus derechos humanos. Este teólogo nacido en España pero salvadoreño por opción, título así su artículo: “El pueblo crucificado”. Ensayo con ocasión de los aniversarios de la UCA y El Mozote.

    De entrada citó a Pedro Arrupe, quien fuera prepósito general de la Compañía de Jesús de 1965 a 1983; también a Ignacio Ellacuría, mártir de la UCA, y a Jean Ziegler quien es actual vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y catedrático en las universidades de Ginebra y la Sorbona. El primero afirmó, en 1976, que el mundo estaba “enfermo”; el segundo, diez días antes de ser masacrado por integrantes del ejército salvadoreño el 16 de noviembre de 1989, sostuvo al momento de recibir el Premio Alfonso Comín que la civilización estaba “gravemente enferma”; el tercero ha asegurado que está “amenazada de muerte” y ha condenado el hambre, calificándolo como un “arma de destrucción masiva”.

    Y al día de hoy, ¿cómo podríamos calificar la civilización? Es más, ¿aún podemos llamarla civilización, cuando vemos en diversas partes del mundo escenas de una barbarie inaceptable y ‒por tanto‒ de un derroche descarado de atrocidades?; ¿cuándo el genocidio del Israel de Netanyahu asola Palestina?; ¿cuando este criminal junto a las fuerzas del imperio yanqui se ensañan con casi dos centenares de niñas escolares en Irán?; ¿cuando esa misma potencia imperial y su decadente conducción aprietan impúdicamente las tuercas del bloqueo contra Cuba, sin importar el daño que le causan aún más a su pueblo?; ¿cuando el conflicto armado ucrano-ruso ya superó los cuatro años?; ¿cuándo la Organización Mundial por la Paz reporta más de 52 conflictos activos en el planeta?; ¿cuándo, además, la biodiversidad de este la están devastando?

    Precisamente relacionado con esto último situémonos en nuestro país, donde desde diciembre del 2024 se aprobó una Ley general de minería metálica con todo y sus consecuencias negativas para nuestras mayorías populares que en gran número habitan un territorio pequeño, atravesado por el río más caudaloso existente en el mismo y cuya contaminación se incrementará. También hay que considerar la situación económica y social de estas, marcada por altos índices de subempleo e informalidad; el deterioro de un sistema de salud que nunca ha sido el mejor, pero que actualmente se ha visto más afectado por los despidos al interior del mismo; no existe autosuficiencia alimentaria, lo que hace dependiente a El Salvador de sus vecinos en lo más elemental para su supervivencia; en teoría, se tiene canasta básica alimentaria más baja de Centroamérica, pero en esta se incluyen menos productos que en los otros países y no ha sido actualizada desde hace más de cuatro décadas…

    Y qué decir cuando vemos a las familias de las víctimas inocentes del régimen de excepción, clamar por un debido proceso para sus seres queridos y llorar a quienes de estos mueren en prisión. Más allá del eufemismo insultante al llamarlos “daños colaterales”, ¿no son estas personas parte del pueblo crucificado salvadoreño? De ahí la pertinencia del título con el que Sobrino etiquetó su escrito, rememorando algunas de las palabras pronunciadas por el cuarto arzobispo de San Salvador durante su homilía del 19 de marzo de 1978. “Sentimos en el Cristo de los brazos abiertos y crucificados, al pueblo crucificado”. Eso dijo entonces monseñor Óscar Arnulfo Romero. Pero aclaró que su prédica de ese Domingo de Ramos, no era la de un “conformismo”; ojo: el pastor no le estaba pidiendo a su rebaño ser pasivo.

    Al contrario. En su Tercera carta pastoral expresó su apoyo al derecho humano de asociación, “sobre todo cuando en las circunstancias del país se considera la ‘organización popular’ como uno de los medios más importantes para la implantación de la justicia”. En consonancia con nuestro santo, una de las lecciones más importantes que nos deja la historia de las luchas populares en nuestro país ‒en el afán por dejar de ser un pueblo crucificado‒ es que estas deben partir de la organización desde el abajo y el adentro de nuestras mayorías populares.

  • ​La libertad empezó por los pies

    ​La libertad empezó por los pies

    En las últimas semanas hemos presenciado una sincronía que invita a la reflexión. Primero, informes locales como el de Cristosal; luego, la audiencia temática en la CIDH con el informe del grupo de expertos; y ahora, el Democracy Report 2026 de Suecia, que compara la situación del país con un golpe militar. Es evidente que esta coordinación de entregas no es al azar, pero es aún más evidente que este despliegue revela la desconexión de ciertos actores y el grave error de una oposición que no entiende a la población. Esto explica por qué, incluso luego de siete años, no logran ganar el corazón del votante.

    ​Mientras los organismos internacionales se centran en la «erosión institucional» en términos meramente académicos, olvidan que, para el imaginario colectivo, su libertad no nació en una sentencia emitida en una oficina judicial, sino por los pies: para estas poblaciones, su derecho a caminar por su barrio sin el permiso de un criminal es la verdadera libertad.

    ​El gran error de la sociedad civil y los partidos de oposición ha sido atrincherarse en la defensa de una institucionalidad que, en la práctica —entiendan—, nunca le sirvió a la gente que vivía en zozobra bajo el dominio total de las pandillas.

    ​Esa «independencia de poderes» que desde la academia señalamos como perdida, fue la misma que permitió que la violencia se normalizara mientras las instituciones miraban hacia otro lado. Intentar convencer a la población de que esa estructura que les falló es el ideal al que deben volver es un ejercicio inútil. Para el ciudadano de a pie, esa institucionalidad no fue un refugio; ni siquiera sabían que existía porque nunca les enseñaron a ejercer sus derechos. Los salvadoreños se quedaron solos frente al crimen mientras los burócratas celebraban subir un par de puntos en las mediciones internacionales de democracia.

    ​Sé con certeza que la marcada soberbia intelectual de ciertos actores les hace creer que cualquiera que los critique es un enemigo. Siguen sin comprender que ese manejo desde un pedestal, regañando a la gente por sus decisiones, es un error estratégico. No se dan cuenta de que tratarlos como ignorantes, solo porque no están dispuestos a sacrificar su paz actual por conceptos jurídicos abstractos, los aleja cada vez más.

    ​Llevo varios años diciéndoles que, mientras el lenguaje de la oposición sea decirle al ciudadano que es «tonto» por preferir su seguridad física, lo único que están haciendo es clavarse una daga en el pecho. No se puede representar ni pedir el voto a la gente a la que se mira con desprecio.

    ​Este manejo coordinado de informes, con una narrativa que parece priorizar los derechos de quienes antes aterrorizaban comunidades, los está dejando marcados con la etiqueta de «libérenlos ya». Lejos de debilitar al poder actual, esta manera de comunicar solo está consolidando a quienes hoy gobiernan, convirtiéndose en el mejor movilizador del voto oficialista de cara al 2027.

    ​Si queremos hablar con la gente y explicar qué es la democracia real, debemos entender que la seguridad es el derecho supremo. Instalado en la mente de las personas —ya sea por publicidad, luces LED o cualquier otra cosa—, es algo que no van a entregar. Atacar el modelo actual desde la soberbia, sin ofrecer una alternativa que garantice que no habrá un paso atrás hacia la violencia, es ignorar a las otras víctimas: las de las pandillas.

    ​El análisis de expertos, comisionados internacionales y tanques de pensamiento no hará incidencia en las elecciones de 2027 a menos que logren entender que, en este país, la libertad empezó por los pies. Nadie va a renunciar a su derecho a caminar solo porque un informe en inglés diga que, «técnicamente», el pasado institucional era mejor.

  • Proyección tasa de homicidios El Salvador para el año 2026 

    Proyección tasa de homicidios El Salvador para el año 2026 

    Mi amado país El Salvador finalizó el año 2025 como el país con la menor tasa de violencia homicida en el continente americano con 1.3 homicidios por cada 100,000 habitantes, posición que mantiene desde hace dos años, nuestra bandera está en la cima como el país donde la violencia homicida tiene niveles de tolerable  de acuerdo con parámetros criminológicos mundiales, por supuesto que no es suficiente,  pero estos homicidios fueron mayoritariamente por violencia intrafamiliar y violencia social, intolerancia, ya no por pandillas criminales o atribuidos a delincuencia en general. No quiere decir que no existen homicidios o que nuestra sociedad no mantiene niveles elevados de violencia entre sus más próximos.

    Cada primero de abril de todos los años, en el presente siglo desarrollo este ejercicio criminológico prospectivo sobre cómo puede finalizar la tasa de homicidios en el presente año a falta de nueve meses, y finalizado el primer trimestre del año 2026, un año más queda por escrito dicho trabajo, utilizando la ciencia de la criminología, las ciencias forenses, la ciencia de datos y mi experiencia, puedo establecer mi primera proyección sobre la tasa de violencia homicida para el presente año 2026, la cual de mantenerse las condiciones y tendencias de los datos sobre homicidios intencionales El Salvador puede finalizar el presente año con un dato de entre 48 y 80 homicidios intencionales, para una tasa que puede oscilar entre 0.8 y 1.3 homicidios por cada 100,000 habitantes, estos son los posibles rangos. Lo cual representa una nueva disminución en el comparativo interanual, y significa que El Salvador puede quebrar un nuevo registro en positivo en 205 años de República.

    Por primera vez El Salvador cerraría un año con una tasa menor a 1.0, con un dato menor a tres cifras por segundo año consecutivo. Estos datos son proyecciones, estimaciones para lo cual además de las fórmulas e indicadores criminológicos, utilizo técnica de estudio prospectivo y posibles escenarios, dentro de los cuales la evidencia por medio del dato país es relevante, así como la experiencia y vivencia de más de 20 años desarrollando este trabajo sin fallar en la proyección a la fecha y como un ejercicio que ningún otro criminólogo hace público, es decir que no se arriesgan en el continente americano efectuarlo con nueve meses de anticipación, ni un dato, ya no digamos los dos.

    Una proyección es eso, nos es de gran utilidad en la criminología, para tomarle el pulso a un país, a una región o a un continente, desarrollar comparativos y sobre todo insumos para las políticas criminales, políticas públicas de seguridad y del sector de justicia. Faltan 275 días para que finalice el conteo y estadísticas de homicidios, una vez más desarrollo este ejercicio con la confianza en las enseñanzas de la ciencia criminológica que es una disciplina con método científico, multi e interdisciplinaria, que dispone de evidencia empírica para desarrollar un trabajo técnico científico.

    Los estudios prospectivos, escenarios y de data son una especialidad en la criminología y les sirven a los tomadores de decisión en el mundo para mantener o hacer cambios en el rumbo de las políticas de una nación. Reconozco y destaco sobre toda ciencia, la gracia y el favor de Dios en mi vida, ya que es únicamente Él quien proporciona la sabiduría y entendimiento. Declaro año favorable y bendecido en El Salvador en el indicador más utilizado en el mundo para medir el nivel de criminalidad. El 2026 es un año de nuevas oportunidades para usted, para mí, para mi familia y amigos, para nuestro país si creemos y tenemos Fe en Jesucristo.

    *Por Ricardo Sosa / Doctor y máster en Criminología / Doctorante en Justicia Criminal  

  • Las guerras no construyen

    Las guerras no construyen

    Es una obviedad que las guerras no construyen, pero es necesario recalcarlo, porque la retórica militarista que en este momento se ha posado sobre el mundo quisiera que se creyera lo contrario.

    El vocero principal de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, Donald Trump, ha perdido toda credibilidad. Ya parece la Chimoltrufia: un día dice sí y otro no.

    Pero más allá de ese juego verbal, típico del vendedor de baratijas, se puede apreciar la banalidad del mal (expresión acuñada por Hannah Arendt, al presenciar el juicio del nazi Adolf Eichmann, en Jerusalén el año 1961). Trump habla de destruir esto y lo otro si el gobierno iraní no acata sus dictados.

    Lo que parecía una ‘victoria fácil’, dada la superioridad tecnológica de Estados Unidos e Israel, está creando un escenario que complica una porción importante del planeta.

    Porque no es solo el paso del petróleo por el estrecho de Ormuz, que Irán custodia. Es que cada día que pasa el precio del petróleo sube unos puntos más. Y lo seguirá haciendo incluso si las tropas norteamericanas asaltaran por tierra algún punto de Irán. Y es la economía global la que ya está recibiendo el impacto de esto.

    Esta insensata guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán en realidad tiene más propósitos que aplastar a Irán. Sin duda que acabar con el régimen iraní es uno de esos propósitos. Pero ‘there are more things’:

    a) Ampliar el área de operaciones y de la ocupación de territorio por parte de Israel (la réplica de lo que hizo en Gaza es lo que están materializando los halcones israelíes en el sur de Líbano).

    b) Poner en acto la potencia militar norteamericana en la vitrina mundial en un esfuerzo de intimidación general, para que nadie mueva un dedo frente a sus desmanes.

    c) Dinamizar la industria de guerra, puesto que el mayor productor y exportador de armas del mundo, es decir, Estados Unidos, que alcanza el 43% de las exportaciones mundiales necesita ‘mover sus inventarios’ (¡esto no va de democracia, de paz ni de nada de eso, se trata del puro negocio mundial de las armas!) y eso lo saben muy bien las mayores empresas productoras de armas del mundo (que, no por casualidad, son norteamericanas: Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, Raytheon y General Dynamics).

    Como Trump y su séquito son neófitos en esto de la guerra (y no han leído a Sun Tzu) no logran ponderar que ese descomunal despliegue militar sobre Irán traerá consecuencias graves para Estados Unidos, dentro y fuera de su país.

    Lo de la eyección de Maduro en Venezuela, en enero pasado, fue una nada comparado con los recursos que está comprometiendo en Irán. La apuesta es alta, el tiempo sigue discurriendo y no hay resolución definitiva. Estados Unidos e Israel le han ganado la guerra a Irán, sí, pero eso no quiere decir que el vencedor no acarreará con costos ni secuelas.

    Trump no le hace caso al papa León XIV para que cese la guerra. Ni a Xi Jinping que en solitario ya dijo que China exigía el cese de hostilidades. Putin no ha dicho nada ni se le podría tomar en serio porque ha metido a Rusia en un atolladero en la guerra contra Ucrania. ¿Por qué tendría Trump que atender la propuesta de 5 puntos que acaban de lanzar Pakistán y China?

    Pakistán comparte frontera por centenares de kilómetros con Irán, y la mayor población chiita del mundo, fuera de Irán, está en Pakistán. Además, la economía pakistaní está de algún modo atada a los países del golfo Pérsico.

    China es el más grande comprador de petróleo de Irán.

    Es decir, esa guerra loca de Estados Unidos e Israel contra Irán ha comenzado a mover piezas de la geopolítica mundial: la Unión Europea (con España a la cabeza) se han desmarcado de esa guerra, los aliados árabes de Estados Unidos (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos…) están como estatuas de sal porque son objeto de los ataques iraníes y ahora China y Pakistán intentan salirle al paso al escalamiento de la guerra.

    Y en el campo interno, la activación de nuevo de las manifestaciones de No Kings en todos los rincones de Estados Unidos meten presión a esta administración Trump que pareciera haber engullido al Partido Republicano y que en noviembre deberá pasar una prueba de fuego.

    Dijo Sun Tzu: ‘Hay senderos que no deben ser recorridos, ejércitos que no deben ser atacados, fortificaciones que no deben ser sitiadas, terrenos que no deben ser disputados, y órdenes del soberano que no deben ser obedecidas’.

  • Raúl Fernández: el salvadoreño que llevó su destino al gran teatro de París

    Raúl Fernández: el salvadoreño que llevó su destino al gran teatro de París

    Hay personas que se van de El Salvador buscando un horizonte. Y hay otras que, además de encontrarlo, lo convierten en escenario, en oficio, en arte y en testimonio. Así pienso en mi amigo y excompañero de estudios Raúl Ernesto Fernández, un salvadoreño de 69 años radicado en París, Francia, cuya vida ha estado consagrada al teatro, a la ópera, al vestuario escénico y a la actuación durante más de cuatro décadas.

    Conocí a Raúl desde nuestros años de colegio, cuando compartimos aulas desde séptimo grado hasta graduarnos de bachillerato en el Colegio Liceo Cristiano Central de San Salvador. A veces la vida dispersa a los compañeros de juventud como hojas lanzadas al viento.

    Sin embargo, hay amistades que conservan una especie de luz intacta. La de Raúl es una de ellas. Y hoy, al reconstruir parte de su historia, comprendo que su trayectoria no solo merece admiración: merece ser contada.

    Raúl me habla desde la serenidad de quien ha vivido mucho, trabajado mucho y vencido mucho. Me dice que salió muy joven hacia Francia y que durante cinco años estudió teatro en la Universidad París VIII, en Saint-Denis, al norte de París.

    De día estudiaba; de noche actuaba en teatros parisinos o diseñaba vestuario para grupos de danza y de teatro. Esa imagen me conmueve: la del muchacho salvadoreño que cruza fronteras con valor, que aprende a sobrevivir en otra lengua y que se abre paso en una de las capitales culturales del mundo.

    No tardó en llegar una oportunidad decisiva. En la Ópera de París buscaban un costurero para los talleres de costura. Raúl se presentó y fue admitido. Allí trabajó muchos años y estuvo bajo la dirección del célebre coreógrafo Rudolf Nureyev y, después de su fallecimiento, con Patrick Dupond.

    Pero lo más admirable no es solo haber llegado a ese nivel, sino lo que hizo con esa experiencia. Exploró y aprendió en prácticamente todos los servicios de aquel prestigioso teatro: costura, máscaras, maquillaje, peluquería, zapatería, producción, diseño y archivismo. Hasta que un día, armado de fe y decisión, renunció. Quería volar con sus propias alas. Y el tiempo, dice él mismo, le confirmó que había tomado la mejor decisión.

    Desde entonces, su vida artística tomó un vuelo todavía más amplio. Como creador independiente, comenzó a trabajar con prestigiosos directores y coreógrafos europeos. Y paralelamente siguió actuando. Ha realizado giras en Europa, América Latina y Asia. Hoy continúa en escena con dos obras teatrales escritas sobre su propia vida, ambas publicadas en francés.

    La primera ya fue traducida al español y existe el proyecto de llevarla a otros idiomas. El autor de estas piezas es el reconocido dramaturgo francés Philippe Minyana, y la dirección estuvo a cargo del destacado director franco-argentino Marcial Di Fonzo Bo. No se trata, pues, de una historia menor: estamos ante un salvadoreño cuya vida ha sido considerada materia de arte por grandes nombres del teatro francés.

    Cuando converso con Raúl, advierto que su historia no está hecha solo de éxitos, sino también de silencios difíciles. Me cuenta, por ejemplo, que al llegar a Francia no hablaba francés. Durante el primer año, dice, quizá muchos compañeros de la universidad pensaban que era mudo. Para no exponerse demasiado, se concentró en las materias que dependían del trabajo físico: acrobacia, maquillaje, maquetas, escenografía, labores manuales.

    Era una manera de resistir mientras encontraba las palabras. Ya en el segundo año comenzó a comunicarse mejor. Hay algo profundamente humano en esa escena: el artista que antes de ser escuchado tuvo que aprender a hablar desde las manos.

    Entre las anécdotas que recuerda, una sobresale por su gracia y su fondo cultural. En su afán por aprender francés, se propuso estudiar las obras de Molière en su idioma original. Pero aquel francés pertenecía a otra época, a varios siglos atrás. Así que cuando intentaba usarlo en la vida cotidiana, la gente lo miraba con extrañeza.

    Sin quererlo, el salvadoreño recién llegado hablaba como un personaje salido del teatro clásico. La imagen tiene algo de comedia fina, pero también revela disciplina, amor por el idioma y una voluntad de superación verdaderamente excepcional.

    Sin embargo, más allá de París, de la ópera y de las giras internacionales, en Raúl persiste intacto el país de origen. Me habla de San Salvador, del barrio San Miguelito, de Los Planes de Renderos, de las pupusas, de los tamalitos de elote, del chilate. Me habla también de la distancia dolorosa de aquellos años, cuando para hablar con su madre había que ponerse de acuerdo por carta, y las cartas tardaban semanas en llegar.

    Hoy parece un mundo remoto, casi de otra era. Pero para quienes conocen el peso afectivo de la migración, esa espera tenía el tamaño de la vida.

    Su vocación artística venía de mucho antes. De niño, en Guatemala, donde vivió una temporada con su madre, ya improvisaba teatro en el patio de la casa con sábanas colgadas a escondidas. Invitaba a los niños del barrio, cantaba, recitaba a Alfredo Espino y Rubén Darío, y cobraba la entrada con caramelos.

    Aquello no era un simple juego: era el anuncio temprano de un destino. Más tarde, ya en El Salvador, trabajó como locutor y programador musical en YSKL, La Poderosa, cuando apenas tenía 16 años. Allí aprendió rigor y disciplina artística. Y de forma paralela escribía obras de teatro, algunas de las cuales representó con compañeros del bachillerato.

    Es decir, el teatro no apareció después: ya venía latiendo desde la infancia, como esos fuegos que no hacen ruido, pero nunca se apagan.

    Raúl domina siete idiomas, ama la lectura y continúa aprendiendo alemán. Además, imparte talleres de teatro en Francia y en otros países, y también ha compartido su experiencia en el CENAR y en otros espacios de El Salvador. Cree, con razón, en la transmisión a las nuevas generaciones. Esa es otra forma de grandeza: no guardar el arte como un tesoro privado, sino entregarlo.

    Hoy se organiza una gira por Centroamérica y posteriormente otra por Suramérica. Y mientras el mundo lo recibe como artista, él sigue regresando a esta tierra donde, como dice con una expresión tan nuestra, “dejó el ombligo”.

    Viene a ver a su familia, a sus amigos, a los compañeros de la primaria y del bachillerato. En un tiempo donde muchos triunfos se vuelven soberbia, Raúl conserva algo más valioso: la fidelidad a sus raíces.

    Yo, que lo conocí siendo apenas un muchacho, hoy lo miro con admiración renovada. Raúl Ernesto Fernández no solo ha construido una carrera extraordinaria en París. También ha demostrado que un salvadoreño puede abrirse paso en los escenarios más exigentes del mundo sin renunciar a su memoria, a su disciplina ni a su país.

    Y quizá esa sea la mejor lección de su vida: que el verdadero arte no borra el origen, sino que lo eleva.

    *Alfredo Caballero Pineda, es escritor y consultor empresarial. alfredocaballero.consultor@gmail.com

     

     

     

  • No basta, Silvio, la pasión

    No basta, Silvio, la pasión

    Si leemos con detenimiento el libro cumbre de Carlos Marx, El capital, hallaremos repetida muchas veces la palabra “aparece” (erscheint, en alemán). La reiteración de este vocablo no es, en absoluto, circunstancial. El marxismo supone que la economía liberal se mueve siempre en un universo de apariencias, de engaños, de falsedades, en el que nada es lo que aparenta ser. Por lo tanto, dado que ninguna noción de desarrollo anterior a él es científica, Marx apoltrona sus teorías sobre un cómodo colchón intelectual, porque pretendeinaugurar una nueva y radical interpretación de la experiencia histórica justamente a partir de sus ideas.

    Admitir como válida semejante arbitrariedad es apenas uno de los métodos con que los marxistas ortodoxos, al menos en el debate académico, pretenden relativizar el fracaso trágico de los grandes postulados económicos de Marx. A veces —y muy a regañadientes— aceptan que ciertas aplicaciones han fallado, pero jamás reconocen que ello se deba al inmenso error de origen que tuvieron en el ego dogmático de su venerado postulador.

    La interpretación ideológica de la economía, la antropología, la cultura, etc., sirve todavía al socialismo para cerrar sus ojos a la realidad. Usan los parámetros del materialismo histórico para declarar dictador a, por ejemplo, Francisco Franco o Augusto Pinochet, pero también para considerar a Fidel Castro un “liberador” y a Hugo Chávez un “líder imprescindible”.

    Y ni de lejos creamos que estos marxistas bucólicos asumen la contradicción; antes bien, laven como constatación lógica de sus premisas. Quien se atreva a señalar que Cuba lleva 67 años bajo un régimen despótico merecerá el epíteto gratuito de “equivocado”, porque su observación ya partiría de una actitud “burguesa” a la que se encuentra “sometido” por el sistema capitalista.Está “alienado” (entfremdet), como diría Marx.

    Dudo que alguna de estas sutilezas teóricas, propias del debate académico, hayan pasado por la cabeza del cantautor cubano Silvio Rodríguez al recibir su fusilito de asalto AKM, hace pocos días,para “defender” a la Isla de una posible invasión estadounidense. Él es un artista, un escritor de canciones y un vocalista (nasal) que juega a rellenar de pura emoción lo que no podría llenar con honestidad intelectual.

    Porque es innegable que Silvio entiende lo que está pasando en su país. En una entrevista posterior a la entrega simbólica de su arma ha vuelto a admitir (pues resulta ya inocultable) que la economía cubana hace aguas por doquier. “Yo sí creo”, dijo, “que hay asuntos económicos que desde hace unos treinta años, aproximadamente, debimos habérnoslo planteado de otra forma” (…). Creo que el modo económico que dictaba el socialismo de libreta, lo clásico del socialismo, es muy idealista. La práctica ha demostrado (…) que la gente produce mejor y produce más cuando se puede beneficiar directamente de lo que hace”. ¡Aleluya!

    Nada de esto escapó, dicho sea de paso, al propio Marx, que incluso alcanzó a leer parte de larefutación de su primer gran antagonista, el austriaco Eugen von Böhm-Bawerk (1851-1914). Este último, dueño de la erudición necesaria y de un espléndido sentido común, no necesitó emborronar tantas cuartillas para demoler la teoría marxista de la explotación. Y aunque Marx ofreciera resolver estos “detalles” en los siguientes tomos de su obra máxima, en realidad jamás lo hizo —o al menos no consiguió ordenarlo así su amigo y albacea Federico Engels, heredero de todos sus papeles.

    Dado que incluso notables valedores de los tres volúmenes de El capital suelen aceptar no haber leído nunca a Böhm-Bawerk, tampoco estoy esperando que alguien como Silvio Rodríguez lo haya hecho. Más me interesa tener presente que lasacciones del autor de Escaramujo no son producto de una reflexión profunda sobre las contradicciones intrínsecas del socialismo, sino de la mera pasión que despiertan las tesis del “paraíso terrestre”prometido por Marx y sus epígonos.

    Quien se resiste a entender la libertad como laplantea la antropología marxista tiene razonessuficientes para considerar antihumanas semejantes fórmulas, pretendidamente económicas. Por eso es que los liberales no tenemos empacho en llamar “dictadores” —sin componendas ni distinciones retóricas— a Pinochet o a Franco, a Castro o a Chávez. Más que la ilusión de un sueño hermoso pero irrealizable, nos mueve la fascinación por eseser humano de a pie que vive en la concreta y cotidiana realidad de la economía y la política. Y estos cuatro señores, con sus claras diferencias metodológicas, terminaron limitando nuestra hermosa libertad de imaginar, producir y realizarnos.

    En una polémica pública que mi amigo Carlos Alberto Montaner sostuvo con Silvio Rodríguez, allá por el año 2010, el cantautor cometió el “error” de intentar responder a las preguntas directas que le formulaba su contendiente. Artista al fin, creyó Silvio que su sentimiento bastaba para defender al castrismo de la abrumadora enumeración de evidencias presentada por Carlos Alberto. En otras palabras, por no ser suficientemente marxista, el creador de Unicornio azul perdió el debate.

    Y es que así son las cosas a la larga: no basta la mera y desnuda pasión. Incluso a golpe de emociones nobles han llegado a instalarse algunos de los sistemas más opresivos del planeta. Silvio Rodríguez podrá seguir siendo motivo de candorosa nostalgia para muchos socialistas, pero su fotografía sosteniendo un fusil es la prueba inequívoca de esemar en el que desembocan todos los ríos utópicos: la violenta testarudez del que se resiste ante la verdad.

     

    *Escritor y politólogo salvadoreño. Columnista de 14ymedio, con sede en Madrid, y de Diario El Mundo, El Salvador.

  • Olimpismo, género y exclusión: el nuevo rumbo del COI bajo la presidencia de Kirsty Coventry

    Olimpismo, género y exclusión: el nuevo rumbo del COI bajo la presidencia de Kirsty Coventry

    El Comité Olímpico Internacional, presidido desde hace un año por Kirsty Leigh Coventry, ha prohibido a los atletas transgénero competir en la categoría femenina de los Juegos Olímpicos y ha establecido que todas las participantes en esas pruebas deberán someterse a pruebas genéticas. Kirsty Leigh Coventry nació el 16 de septiembre de 1983 en Harare, Zimbabue, y se convirtió en la deportista más laureada del país: ganó siete medallas olímpicas en Atenas 2004 y Pekín 2008, incluyendo dos oros en 200 m espalda. Es considerada la nadadora africana más exitosa en la historia de los Juegos Olímpicos y posee récords mundiales y récords africanos. En 2025 fue elegida presidenta del Comité Olímpico Internacional, convirtiéndose en la persona más joven y la primera mujer en ocupar ese cargo.

    «En los Juegos Olímpicos, incluso las diferencias más mínimas pueden marcar la diferencia entre la victoria y la derrota», afirmó la Sra. Coventry en un comunicado en el que anunciaba la noticia. «Por lo tanto, está absolutamente claro que no sería justo que los hombres biológicos compitieran en la categoría femenina. Además, en algunos deportes, sencillamente no sería seguro».

    ¿Quiénes son consideradas personas transgénero?

    El término “transgénero” se refiere a personas cuya identidad de género no coincide con el sexo asignado al nacer según los criterios médicos y sociales que se usaron en ese momento (por ejemplo “hombre” o “mujer” basados en genitales, cromosomas u otras características biológicas). Ser transgénero implica que, para esa persona, su experiencia interna de sí misma —como mujer, como hombre o de otra forma de género— no encaja con la categoría que le fue asignada al nacer. Ser transgénero es distinto de la orientación sexual: una persona trans puede ser heterosexual, homosexual, bisexual, asexual, etc., al igual que una persona cisgénero, cuya identidad de género sí coincide con el sexo asignado.

    Bajo la presidencia de Coventry, el COI ha pasado de un marco más flexible —basado en la “no discriminación injustificada” y en la evaluación científica de posibles ventajas— a uno más restrictivo, en el que se da por sentado que ciertas experiencias de pubertad generan ventajas insalvables y que, por tanto, se excluye a gran parte de las atletas trans de las categorías femeninas. Las nuevas políticas anunciadas por el COI y respaldadas por la presidenta Kirsty Coventry apuntan a vetar a las mujeres transgénero que nacieron personas asignadas al nacer como varones y que completaron la pubertad en ese contexto, argumentando que conservarían ventajas fisiológicas en competiciones femeninas.

    ¿Cuáles son esas “ventajas” fisiológicas de las mujeres transgénero?

    Hoy no hay consenso científico claro sobre si las mujeres transgénero tienen ventajas frente a las mujeres cisgénero (biológicamente del sexo femenino asignado al nacer); los estudios recientes muestran resultados mezclados y, en muchos casos, no confirman ventajas significativas en el rendimiento. Investigaciones recientes señalan que, tras la terapia hormonal, las mujeres trans mantienen algo más de masa muscular que las cisgéneros, pero su fuerza y rendimiento global son similares. Revisiones recientes también muestran niveles comparables de condición cardiovascular y capacidad aeróbica entre mujeres trans y cis, con algunos autores incluso señalando que la caída de testosterona puede reducir la capacidad de resistencia hasta niveles iguales o inferiores a las mujeres cis entrenadas. La testosterona elevada antes de la pubertad y su posterior supresión sí cambia la masa muscular y la composición corporal, pero el impacto en la competición real depende mucho del tipo de deporte, del tiempo en tratamiento hormonal y del nivel de entrenamiento previo.

    En resumen, la idea de que las mujeres trans tengan una “ventaja clara y uniforme” sobre las mujeres biológicas en el deporte no está sólidamente respaldada por la evidencia actual; lo que hay es un debate entre ventajas potenciales en ciertas variables biomecánicas y resultados reales muy parecidos en rendimiento y condición física.

    Las implicaciones sociales de esta prohibición son profundas y van más allá del deporte: afectan derechos humanos, salud mental, estereotipos de género y la idea que se tiene de la “feminidad” en el ámbito público. Estas medidas recientes del COI refuerzan el estigma y la transfobia que ya existen a nivel global y que, en última instancia, se traducen en más acoso, discriminación escolar, laboral y comunitaria.

    Las nuevas reglas del COI, que apuntan a pruebas genéticas o pruebas de “feminidad” para categorías femeninas, reviven prácticas de examen del cuerpo de las mujeres, algo ya criticado en el pasado por su carácter invasivo y estigmatizante. En conjunto, la prohibición no solo cierra puertas deportivas a las atletas trans, sino que también normaliza la sospecha hacia sus cuerpos, reabre prácticas de control sexo‑genérico y puede tener efectos negativos duraderos en la salud, la autoestima y la ciudadanía de las personas trans en el resto de la sociedad.

  • Vergüenza ante la servidumbre

    Vergüenza ante la servidumbre

    Sé que a algunos no les gustará este comentario, que no faltarean quienes se molesten y hasta me increpen, pero como admirador de José Martí sigo su postulado de que «Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado” y pretendo, intento, ser un hombre honrado, así que lo que opino no lo callaré, aunque mis compatriotas se sientan agraviados.

    Avergüenza ver a muchos nacidos en Cuba seguir apoyando el totalitarismo castrista a pesar de no disfrutar el más mínimo derecho ciudadano y sobrevivir en la miseria extrema. La mayoría de los cubanos, están conscientes que viven en condiciones peores que los esclavos de los ingenios azucarero del siglo XVIII, sin embargo, un segmento nada despreciable, participa en espectáculos que benefician al sistema que los oprime.

    Estoy convencido que hay quienes creen que el castrismo les dio una vida mejor, no especulo, los conozco, personas que no se percatan que viven como animales de corral y que las condiciones de vida de todos tienden a mejorar cuando hay libertad y se pueden disfrutar libremente los derechos.

    Estas personas no entienden que se han convertido en una masa manipulada por una clase que detenta el poder para su exclusivo beneficio, que están sometidos a una instrucción doctrinal que les hace creer que la alternativa es la muerte o una miseria mayor. Estos sujetos se niegan a aceptar que la realidad que viven forma parte de un entramado gigantesco que funciona dentro de las murallas construidas por los Castro y en la que Miguel Diaz Canel es el mayoral.

    Recientemente vi un número notable de cubanos vitoreando al inepto déspota de Diaz Canel, mostrando, incomprensiblemente, respaldo a quien le oprime, aun mas, mientras la capital permanencia en casi absoluta oscuridad, otro o el mismo populacho, se detenía frente al iluminado hotel donde se reunían los integrantes de un convoy de idiotas útiles convencidos de que quienes los aclamaban eran víctimas de confabulaciones imperiales y no de un sistema que ha conducido a la nación al despeñadero.

    Estoy convencido de que algunos participan en estos actos por miedo, un sentimiento del que muy pocos se escabullen y que los cubanos han vivido por demasiadas décadas. Otros, asisten porque permanecen seducidos por una mentira que ha sido derruida por la realidad, están convencidos como las ratas de Hamelin que seguir la tonada hasta la hecatombe es lo mejor, sin faltar unos terceros, al menos por dos motivaciones que al final de las cuentas se confunden, la frivolidad y respaldo a quien te oprime, una especie de síndrome de Estocolmo masivo.

    El castrismo ha dispuesto de un notable talento para manipular a la población cubana. Con ese propósito creo un número importante de organizaciones que reparten mucho garrote y poca zanahoria generando una inseguridad mezclada con miedo difícil de superar, pero por encima de esa inducción criminal, tengo la certeza que no faltan cubanos que como robots tienen inscrito en su consciente que cualquier otra propuesta política o ideológica es peor que la que padecen.

    Al totalitarismo castrista nunca le han faltado aliados porque todos los que rechazan lo que representa Estados Unidos, están dispuestos a asistirle, por eso, la escogencia de Castro de Washington como su archienemigo, siempre le ha sido favorable.

    No obstante, me siento muy orgulloso de que nunca han faltado cubanos que rechacen el castrismo. Desde el primero de enero, a pesar del poder casi omnímodo de los opresores, hombre y mujeres de diferentes procedencias sociales y de todas las edades y razas, enfrentaron la dictadura en tiempos en que la comida no faltaba y el fluido eléctrico satisfacía la demanda, gracias a que los bienes acumulados de la República que Fidel y Raul Castro destruyeron, los había originado.
    Cierto que en aquellos días la libertad de prensa estaba siendo corroída. El viajar libremente sufría limitaciones,  quienes practicaban una religión eran discriminados, la educación mutaba a adoctrinamiento y hasta ponerse cuello y corbata era subversivo, abusos, que condujeron al fusilamiento de  Porfirio Ramírez, Alberto Tapia Ruano y de miles más, que Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo junto a otros dignos compatriotas fallecieran en huelga de hambre y que Ángel de Fana, Ernesto Días Rodríguez y Amado Alfonso con otros centenares de miles, fueran a prisión por defender los derechos de todos.

    *Pedro Corzo es periodista cubano

  • Absurdo y tétrico

    Absurdo y tétrico

    Estados Unidos se ha ido a la guerra y sus acciones alteran la vida en el planeta.  Aunque pareciera que se trata de decisiones bien meditadas, lo cierto es que los desenlaces son extraños.

    Se supone que su enemigo a vencer, en términos de correlación mundial, es China, pero este país no ha entrado, ¡aún!, a la escena de guerra (por lo menos con sus tropas y con sus recursos tecnológicos militares), y ya los Estados Unidos están atascados y hasta el cuello.

    Lo de Venezuela fue un juego de niños para las tropas norteamericanas. Sobre todo, porque no iban a acantonarse.

    La amenaza de tomarse Groenlandia, ¿qué fue? Sin embargo, el resultado es claro: terminó de drenar sus relaciones con la Unión Europea.

    Si Donald Trump y los intereses corporativos que representa querían poner el mundo patas arriba, lo están logrando. El problema es que este es un mal momento para la gran potencia norteamericana. En lo económico, en lo político, en lo tecnológico y en lo demográfico.

    Cuando Adolfo Hitler y su cohorte se lanzaron a ‘conquistar el mundo’ al iniciar la segunda guerra mundial, en 1939, las expectativas nazis eran exageradas y no analizaban bien los datos de la realidad.

    Durante un tiempo, con el pacto Molotov-Ribbentrop (firmado el 23 de agosto de 1939), Alemania quiso engañar a Inglaterra (más que todo) y por supuesto a la Unión Soviética, haciéndoles creer que sus intenciones no eran lo que sus acciones delataban o anunciaban. Los soviéticos ganaron tiempo y territorios (el protocolo secreto del pacto les permitió anexionarse países bálticos, partes de Polonia, de Finlandia y de Rumania), y por eso entraron al juego de ese pacto de no agresión ―frente al desconcierto de sus adláteres en el mundo que vieron la maniobra de Stalin con desazón― e incluso sostuvieron suministros hacia Alemania todavía pocos días antes del avance alemán contra ellos con la operación Barbarroja. Curioso ‘divertimento’ que duró hasta el 22 de junio de 1941.

    ¿Era viable irse contra la Unión Soviética del modo como los del mando nazi lo hicieron? ¿No estudiaron la experiencia de la catástrofe de Napoleón Bonaparte allí mismo entre junio y diciembre de 1812? Es cierto que las tropas francesas entraron en Moscú, después de los combates de Borodinó, pero las tácticas rusas y el crudo invierno los hicieron retroceder.

    Ahora habría que preguntarles a Trump, a Vance, a Rubio, a Hegseth si era viable abalanzarse sobre Irán.

    Con la pinza Estados Unidos-Israel atacando a Irán quizá quienes decidieron irse a esta guerra calcularon mal (¿o no escucharon a los militares norteamericanos que sugerían otras cosas o advertían de algunos riesgos?). Han sido golpes demoledores los que le han propinado a Irán, y sin embargo ha tenido capacidad de respuesta. Y esto es lo que puede poner a Estados Unidos, y a la presidencia de Donald Trump en una posición muy complicada que las elecciones de medio término eb noviembre podrían dejar en evidencia.

    Como todo trapecista de cuero duro, Trump se lo ha jugado el todo por el todo y sin red. Porque está solo en esta guerra contra Irán. Israel no es su aliado, sino su vagón de acompañamiento.

    ¿Qué les diría Henry Kissinger a estos señores de la guerra? ¿Les recomendaría que observaran bien el tablero geopolítico y equilibraran sus acciones? ¿Les hablaría a los oídos sordos de estos enceguecidos e improvisados estrategas de baquelita?

    El 25 de agosto de 2021 (la administración Biden llevaba 8 meses), Kissinger escribió, a propósito del fracaso norteamericano en Afganistán, lo siguiente:

    Estados Unidos se ha desmoronado en sus esfuerzos contrainsurgentes debido a su incapacidad para definir objetivos alcanzables y vincularlos de manera sostenible dentro del proceso político estadounidense. Los objetivos militares han sido demasiado absolutos e inalcanzables, y los políticos, demasiado abstractos y esquivos. La incapacidad para vincularlos entre sí ha involucrado a Estados Unidos en conflictos sin un final definido y ha provocado que internamente se disuelva la unidad de propósito en un mar de controversias internas.

    Estos que mandan hoy, y que apenas leen, ¿habrán leído esto que no podrían decir que provenía de un ‘enemigo’ ni mucho menos?

    Si desembarca tropas Estados Unidos en Irán le pasará lo mismo que a Rusia en Ucrania. Encallará. Con la diferencia de que Rusia y Ucrania están próximos, pero los soldados norteamericanos estarían dentro de un avispero al otro lado del Atlántico.

    Es claro que la guerra la ha ganado Estados Unidos. ¿Y qué con eso? Las fuerzas militares iraníes parecen dispuestas a seguir combatiendo más allá de la derrota. Y esto es peligrosísimo para todos.

    Este mal paso de Trump y su séquito es absurdo y tétrico.

    *Jaime Barba, REGIÓN Centro de Investigaciones

     

    26 marzo 2026