Categoría: Opinión

  • Mineápolis está gritando… ¡Es la prepotencia, estúpido!

    Mineápolis está gritando… ¡Es la prepotencia, estúpido!

    Mineápolis no es, como a veces se cree, la capital del estado de Minesota. Sin embargo, con alrededor de 430.000 habitantes, sí se trata de la urbe más poblada de la zona, y junto a Saint Paul —la verdadera capital— reúne siete condados que conforman las llamadas Ciudades Gemelas del estado. En el área metropolitana, más extendida, viven unos 3,6 millones de personas, lo que la incluye entre las primeras veinte regiones urbanas más grandes de toda la unión americana.

    Minesota tampoco es, por cierto, el territorio estatal más grande de EE UU sino el décimo segundo. Pero su ubicación septentrional, en la frontera con Canadá, le otorga un paisaje único que mezcla las grandes llanuras del oeste con los bosques boreales y las extensas mesetas de Ontario. Esa condición ha permitido a los minesotanos desarrollar una sólida y multifacética cultura, alimentada por la constante migración de afrodescendientes, asiáticos, hispanos y, recientemente, somalíes.

    Minesota también tiene una particularidad relacionada con la política: en ese estado no gana un candidato presidencial republicano desde la reelección de Richard Nixon en 1972. Donald Trump ha perdido allí en las tres ocasiones en que ha competido. Ningún otro estado tiene el récord de una racha triunfal tan larga concedida a los aspirantes demócratas.

    Así y todo, el Gobierno Federal envió un ejército de dos mil agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) a partir de diciembre de 2025, sumados a las fuerzas de la Patrulla Fronteriza encabezadas por su comandante Gregory Bovino. Estos elementos infestaron las calles y plazas de Mineápolis causando verdaderos estragos, primero interrumpiendo la vida cotidiana de los ciudadanos y luego, al caldearse los ánimos, procediendo a hostigarlos con manifiesto abuso de poder.

    Cruzadas todas las líneas, los desenlaces fatales eran esperables. El 7 de enero de 2026, tras orillarse con su auto sobre la avenida Portland, la madre de tres hijos Renée Good, de 37 años, resultó muerta de un balazo en la cabeza. Apenas unos días después, el 24 de enero, otro joven de 37 años, el enfermero Alex Pretti, fue asesinado a tiros luego de haber sido golpeado, rociado con gas pimienta, arrojado al pavimento y doblegado sobre su pecho por un grupo de uniformados.

    En ambos casos, bajo los estándares mínimos de profesionalismo policial, estas tragedias no solo eran evitables, sino que las tesis esgrimidas por funcionarios de la Administración de Trump para justificarlas bordean lo inverosímil. La cabeza de Greg Bovino rodó como consecuencia de estos dramáticos incidentes, pero la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem —que llegó al colmo de calificar a Good y Pretti como perpetradores de “terrorismo doméstico”—, sigue en su cargo pese a no reunir, palmariamente, las cualidades necesarias.

    Mineápolis es hoy el epicentro de la efervescencia antigubernamental en Estados Unidos. Algo muy profundo parece haberse quebrado cuando la sangre de dos ciudadanos de a pie, blancos y en edades productivas, coloreó la nieve que cubre la ciudad. Nada ha vuelto a ser igual desde entonces y todo indica que las ondas expansivas llegarán hasta las elecciones de noviembre, con serias repercusiones para el partido oficial.

    El poder de tantas imágenes desgarradoras ha sacudido los cimientos del trumpismo. La sociedad de Mineápolis, por su parte, ha demostrado lucidez y capacidad de integración, pues toda la experiencia ganada durante las protestas desatadas por el salvaje asesinato de George Floyd, hace casi seis años y en sus mismas calles, se ha convertido hoy en activismo ágil y denuncia creativa.

    Los minieapolitanos han dado ejemplo de lo que se hace frente a un agresor incompetente y brutal. Cuando los elementos del ICE se asoman a los barrios, la gente sale con sus móviles en la mano para grabarles, haciendo cundir la alarma y dando tiempo a los indocumentados para huir de la zona. Las movilizaciones han sido masivas y bulliciosas, tanto en la cobertura de redadas como en el asedio a las empresas que colaboran con los federales. El humillante boicot al documental de la Primera Dama, Melania, no es únicamente una bofetada indirecta a su marido, sino también un rechazo a la productora del film, Amazon, que facilita las operaciones de vigilancia digital del Servicio de Inmigración.

    Otros estados de la Unión ya anunciaron estar preparándose para la llegada del ICE. Sus prevenciones son transmitidas en ruedas de prensa. La hostilidad es abierta y sin complejos. Lo de Mineápolis ha sido el resorte que necesitaban muchos gobernadores y jefes locales de policía para unir tras de sí a una ciudadanía espantada por los excesos represivos de su propio gobierno.

    Las encuestas, sin excepción, están indicando que Trump ha conseguido indisponer al país en su contra a solo un año de haber retomado el poder. Quiso edificar una administración absolutista en una nación que lleva dos siglos y medio de vocación liberal. Y a estas alturas, por lo visto, no hay nadie que acierte a decir en Washington, siquiera por lo bajo: “¡Es la prepotencia, estúpido!”.

    La rebeldía activa de Mineápolis está haciendo historia. Inundarla de hombres armados fue un error grave del que la Casa Blanca tendrá que arrepentirse tarde o temprano. De lo contrario, los republicanos pueden irse despidiendo de las dos mayorías que ostentan en el Capitolio.

  • Lo que el hurto de vehículos revela sobre nuestra Sociedad

    Lo que el hurto de vehículos revela sobre nuestra Sociedad

    Desde el enfoque de la criminología clínica y ambiental, el hurto de vehículos y motocicletas no es considerado legalmente solo como un delito contra el patrimonio. En realidad, es un termómetro de una parte minoritaria de la sociedad y un indicador de la sofisticación de los mercados ilícitos. Cuando una motocicleta desaparece en una calle del gran San Salvador, no solo estamos ante un individuo perdiendo su herramienta de trabajo y quizás pagando un crédito aún; estamos ante una cadena de fallos sistémicos. El vehículo es la materia prima perfecta: es móvil, tiene un alto valor de reventa en piezas y, sobre todo, posee una funcionalidad operativa para el crimen organizado y de alta demanda en la sociedad desde la pandemia por el Covid-19

    En criminología, el hurto de vehículos suele responder a la Teoría de las Actividades Rutinarias. Para que ocurra, se necesitan tres elementos: un infractor motivado, un objetivo alcanzable (posible victima) y la ausencia de un guardián capaz.

    Sin embargo, en el contexto de nuestra sociedad, este delito representa algo más profundo:

    La infraestructura del delito: El hurto alimenta «deshuesaderos» ilegales que funcionan a plena vista, lo que sugiere una normalización de la economía informal criminal. Los famosos «topeteros» que compran y venden partes hurtadas o robadas

    Logística de movilidad: Muchas veces, el vehículo hurtado es el medio para cometer delitos de mayor impacto (homicidios o extorsiones), garantizando el anonimato y la huida rápida. Pablo Escobar puso de moda las motocicletas en los delitos.
    Desafío al control territorial: La frecuencia de estos hechos en zonas específicas representa un desafío para las autoridades.

    El desmantelamiento de bandas por el gabinete de seguridad ampliado

    La semana anterior hemos visto operaciones contundentes contra bandas dedicadas al hurto y desmantelamiento en al menos tres distritos del gran San Salvador. Desde la seguridad pública, estos operativos representan un punto de inflexión necesario, pero que debe analizarse con cautela profesional. El desmantelamiento de una banda en El Salvador hoy significa tres cosas fundamentales:

    Ruptura de la cadena de suministro: No basta con capturar al que se lleva la moto. El éxito real radica en desarticular al receptador (quien compra lo robado) y al distribuidor de piezas. Al golpear la logística, se asfixia el incentivo económico del delito. Lo cual ha sido anunciado por el señor Fiscal General de la República Rodolfo Delgado Montes de manera categórica y contundente.

    Recuperación del espacio público: Estas capturas envían un mensaje de disuasión focalizada. El gabinete de seguridad ampliado reafirma que no existen «zonas de sacrificio» donde el crimen puede operar con impunidad burocrática.
    Inteligencia criminal sobre fuerza bruta: Los operativos exitosos demuestran que la policía y la FGR además de reaccionar desarrollan investigación proactiva, utilizando análisis de datos para identificar patrones y nodos críticos de las redes criminales. Un trabajo altamente especializado y de estrecha coordinación.

    El hurto de vehículos es la manifestación de una sociedad donde el orden legal compite con un mercado negro que intenta ser eficiente. Cada banda desarticulada es una victoria, pero el verdadero reto criminológico es reducir la demanda. Mientras exista un ciudadano dispuesto a comprar un repuesto de dudosa procedencia por ahorrarse unos dólares o revender, la estructura criminal encontrará la forma de regenerarse. La seguridad pública tiene grandes e innegables avances, pero el combate continua, las instituciones están activas y coordinadas.

    *Por Ricardo Sosa  / Doctor y máster en Criminología  /  @jricardososa 

  • Rompiendo las barreras para tener éxito

    Rompiendo las barreras para tener éxito

    Todos los seres humanos hemos enfrentado barreras, obstáculos, vicisitudes, como le queramos llamar. Poco a poco se va construyendo el camino para lograr los objetivos en la vida. El éxito está por doquier, pero lastimosamente no todos lo logran.

    ¿Qué es éxito? El motivador Lic. Julio Zelada lo define como: “Éxito es estar conectado con la fuente del poder, y la fuente del poder es el Creador del cielo y la tierra. Si estamos conectados con él, en oración, en alabanza, en amor, en paz, en fe y leyendo su palabra, todo se puede hacer posible, todo; no hay nada que no se pueda lograr, no hay obstáculo que no se pueda vencer. El éxito es estar lleno de paz, lleno de amor, lleno de fe, de alegría, de entusiasmo y también tener la esperanza de un futuro mejor y bendito. Indudablemente, que eso incluye la abundancia financiera para que podamos recibir de los cielos toda la bendición que anhelamos según nuestra fe para poder bendecir a la familia, a la comunidad y a la nación”.

    El que desea tener éxito no debe tener miedo al fracaso, debe ser perseverante, disciplinado, tener una autoestima elevada, etc. Debe saber que toda persona que triunfó no fue por suerte o por el destino, fue porque tuvo la convicción de superar todo tipo de barreras.

    A veces, una enfermedad congénita o por haber nacido con capacidades especiales no es un indicador de que no se tendrá éxito en la vida. En este aspecto, es importante el apoyo de los padres. Un ejemplo de superación en El Salvador es Gerardo Schonenberg, quien colabora en proyectos para el acceso de personas con discapacidad. Es graduado en Licenciatura en Turismo. Gerardo es una persona con discapacidad; sin embargo, desplazarse en una silla de ruedas eléctrica, no le impide ser exitoso. “Me siento alegre porque no me di por vencido. Estoy feliz porque hoy más personas con discapacidad van a poder estudiar en la universidad porque yo les abrí la puerta”.

    Existe una disyuntiva: el éxito es tener fortunas, propiedades, vehículos, etc.; para otras personas, es estar en paz, vivir con la maleta liviana, sin tantas cosas materiales. Cada quien puede atribuir el éxito a cosas materiales o inmateriales.

    Muchas personas, por ejemplo, estudiaron en la universidad y no lograron encontrar el ansiado éxito. No triunfaron en un trabajo, no lograron aplicar sus conocimientos. Encontraron las oportunidades para salir adelante y triunfar gracias a un emprendimiento.

    Es sorprende la tenacidad del australiano Nick Vujicic, quien tuvo que vencer muchos obstáculos que le impedían triunfar. Nació sin piernas y sin brazos; le hicieron bullying en la escuela y, aun así, es uno de los motivadores más exitosos del mundo.

    Otro ejemplo es Alexander Zverev, el tenista profesional que es el número 3 del ranking mundial de tenis; le dijeron de pequeño que no sería un deportista profesional por el hecho de haberle diagnosticado diabetes. Sin embargo, igual que otros seres humanos, no se dejaron rendir por las enfermedades.

    El que anhela saber qué es éxito y cómo obtenerlo debe saber que en la vida se presentan oportunidades; además, se debe tener ciertas características, actitudes y habilidades personales para enfrentar o romper las barreras.

    Las barreras que se deben romper son: el conformismo, el miedo a fracasar, el no poder ser resilientes. Se deben romper las barreras mentales y manifestar internamente o gritarlo: “Yo soy capaz de hacerlo”. Por ejemplo, el que anhela tener un emprendimiento debe tener: convicción, creatividad, agallas, perseverancia y pasión.

    Con respecto a los que anhelan tener un negocio propio, no hay edad para iniciar un negocio: ya conocemos al coronel Sanders, el fundador de KFC, quien inició a los 65 años su emprendimiento. Se deben romper paradigmas y estereotipos para poder triunfar.

    Tenemos que ser perseverantes y tener fe para que a todos nos salga bien en la vida. El éxito viene envuelto de muchas maneras. Para ello, debemos luchar para alcanzarlo. Son miles de historias de éxito que podemos analizar para que nos inyecten actitud y deseos de triunfar.

    *Fidel López Eguizábal, Docente e investigador Universidad Nueva San Salvador

    fidel.lopez@mail.unssa.edu.sv

     

  • La generación que no espera permiso para transformar el mercado laboral

    La generación que no espera permiso para transformar el mercado laboral

    La juventud salvadoreña siempre ha sido sinónimo de energía, creatividad y ganas de superarse. Sin embargo, en un mundo cada vez más competitivo y conectado, esas cualidades necesitan encontrar espacios donde puedan florecer y proyectarse más allá de las fronteras nacionales. Es en este contexto donde el Global Student Entrepreneur Awards (GSEA) irrumpe como una plataforma transformadora, capaz de encender la chispa de jóvenes líderes que no solo sueñan con el éxito, sino que lo construyen mientras estudian.

    Durante años se ha repetido la narrativa de que los jóvenes “no están preparados” para el mundo laboral, como si el talento necesita madurar en silencio antes de poder opinar, liderar o crear. Sin embargo, la realidad actual demuestra lo contrario: las nuevas generaciones no están esperando un espacio, lo están construyendo. Desde aulas universitarias, pequeños negocios y proyectos personales, los jóvenes están redefiniendo qué significa trabajar, emprender y liderar en El Salvador.

    Hoy, el impacto juvenil no se mide únicamente por títulos o experiencia tradicional, sino por su capacidad de adaptación, innovación y lectura del contexto. En un mercado laboral cambiante, donde la tecnología, la creatividad y la resolución de problemas pesan tanto como los años de trayectoria, los jóvenes han demostrado una ventaja clara: entienden el presente porque están creciendo dentro de él. No temen reinventarse, aprender sobre la marcha ni desafiar modelos que ya no funcionan.

    Cada vez es más común ver estudiantes que no esperan graduarse para aportar valor. Jóvenes que emprenden mientras estudian, que crean soluciones a problemas reales y que entienden el trabajo como un espacio de impacto, no solo de supervivencia económica. Esta mentalidad está transformando el mercado laboral, obligando a empresas e instituciones a repensar cómo atraer, retener y escuchar a una generación que exige propósito, flexibilidad y coherencia.

    En este camino de formación y proyección, también existen organizaciones que acompañan el desarrollo del talento joven desde una lógica de comunidad y aprendizaje entre pares. Tal es el caso de Entrepreneurs Organization (EO), una red global que, a través de distintas iniciativas, conecta a estudiantes emprendedores, entre ellas iniciativas como GSEA. Con líderes empresariales y escenarios internacionales, reforzando la idea de que el liderazgo no se hereda ni se espera, sino que se construye desde etapas tempranas..

    El valor de esta generación no radica únicamente en crear empresas, sino en cambiar la lógica del trabajo. Jóvenes que priorizan la colaboración sobre la competencia desmedida, que integran impacto social a sus modelos económicos y que entienden el liderazgo como un ejercicio colectivo.

    Esa visión está influyendo directamente en cómo se construyen equipos, cómo se toman decisiones y cómo se concibe el éxito profesional.

    Ignorar este fenómeno sería un error estratégico. El mercado laboral del futuro se está diseñando hoy, y los jóvenes no son espectadores: son los protagonistas. Su forma de pensar, trabajar y emprender está marcando el ritmo de una transformación que ya no puede postergarse ni subestimarse.

    Apostar por la juventud no es un gesto simbólico ni una tendencia pasajera, es una necesidad. Porque mientras algunos aún discuten si los jóvenes están listos, ellos ya están trabajando, creando e impactando. Y el mercado laboral, quiérase o no, ya está cambiando con ellos.

    *Por Jorge Serrano, Chair del GSEA en EO

  • Mirar con confianza hacia adelante

    Mirar con confianza hacia adelante

    La situación no es fácil, tampoco nunca lo ha sido, lo importante radica en saber reconducirse y en reorientarse para reconstruir nuestros propios andares vivenciales, con el estímulo de la esperanza, fruto del ejercicio continuo, situado en un buen hacer y en un mejor obrar cada amanecer. Indudablemente, somos seres de acción y reacción, en busca de un horizonte que nos cristalice humanamente. Para ello, es necesario decir sí a la vida, sí al amor, sí a los demás, sí a la educación, sí al deporte, sí al trabajo de cada día, con sus nuevas oportunidades, para una vida sana y saludable, que nos aleje de cualquier espiral de destrucción. Pensemos en esa juventud, que no estudia ni trabaja, entran en esa falta de perspectiva y, la primera oferta, son las dependencias al vicio y al vacío.

    En consecuencia, hoy más que nunca, se precisa trabajar en la prevención de este tipo de desajustes, con una mirada integradora, uniendo vínculos y esfuerzos en favor de una existencia más fraterna, que es como se levanta el ánimo, tras las caídas. Saciar el hambre de verdad, en un mundo de falsedades, para dar sentido a nuestros pasos es algo trascendente; porque sin fundamento veraz, ni significados auténticos, se puede caer en la maligna ociosidad e incluso se puede fenecer. Haciéndonos familia, percibiremos que no estamos solos y que pertenecemos a alguien que nos ama, con el itinerario de la cercanía y del acompañamiento, máxime cuando la ley de la selva está sustituyendo al estado de derecho por todos los rincones del planeta.

    Ciertamente, hemos de reconocer que, ante la multiplicación de conflictos, se globaliza la tensión mundana y se desvanece la confianza en las instituciones, así como en las normas internacionales, lo que agrandan los abusos más crueles y la denegación de ayuda humanitaria vital. Acostumbrarse a este tipo de atmósferas, es como morir en vida. Necesitamos, por consiguiente, estimular la protección para ganar serenidad en nuestra peregrinación por la tierra. Tenemos que salir de estos absurdos quebrantamientos a la convivencia. Tales violaciones sientan precedentes peligrosos, fomentan la impunidad y erosionan la fidelidad entre las naciones. Desde luego, no puede haber una concordia sostenible o justa, sin rendición de cuentas.

    Al mismo tiempo, téngase presente la imposibilidad de ir por la vida sin confiar en nadie; es como estar preso de uno mismo en la peor de las celdas. Hay que hacer comunión y unión entre culturas y cultos. De ahí, la importancia de ser gentes de palabra y de verdad, de conciencia crítica y de pasos firmes, coherentes y decididos. Sin embargo, cuando el endiosamiento y la soberbia gobiernan nuestros propios interiores, se destruyen todas las virtudes y el panorama no puede ser más desastroso, hasta el extremo de que el comportamiento del justo molesta, porque los poderosos y los perversos lo sienten como una reprobación. Todos estos aluviones de pesares y desconciertos, exigen una coordinación global más profunda y una acción colectiva decisiva.

    El progreso sostenido dependerá de reconstruir la confianza entre nosotros, de fortalecer la previsibilidad y de renovar el compromiso con un sistema multilateral de espacio abierto, basado en normas. Sea como fuere, y en medio de las tempestades de la vida, esto hará reducir los riesgos sistémicos y fomentar una economía mundial más estable y equitativa. La diversidad no es algo que deba asustarnos, es algo hermoso de lo que debemos estar satisfechos. Lo sustancial es aprender a liderar, conversación a conversación, porque la paz no se puede construir únicamente a través de la geopolítica. Precisamos un autoexamen, además. De este modo, gozaremos de una quietud más inclusiva, más humana y que sean los jóvenes quienes la construyan.

  • Muerte violenta y muerte lenta

    Muerte violenta y muerte lenta

    La última encuesta de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas fue presentada recientemente por Iliana Álvarez, directora del Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), y Amparo Marroquín quien es la vicerrectora de Proyección Social de dicha casa de estudios. Este sondeo ha sido objeto de críticas por parte de quienes no aceptan algunos de sus resultados como ‒por ejemplo‒ los relacionados con los niveles de confianza expresados por la población hacia instituciones y figuras gubernamentales, comenzando por la del inconstitucional. Una de las voces que han formulado abiertamente sus cuestionamientos al respecto es la del administrador de empresas Juan José Ortiz, quien además tiene estudios de maestría en Desarrollo Local y en Economía para el Desarrollo; asimismo representa y ejerce la vocería de las afectadas y afectados en el caso del escándalo financiero de la Cooperativa Santa Victoria (COSAVI), de la cual se benefició el partido oficialista Nuevas Ideas. Está con las víctimas, pues.

    Ortiz señaló que la medición se realizó del 2 al 13 de diciembre del 2025, por lo que no se consideraron en la misma los “golpes que la economía familiar” recibió “al final del año”; para este analista, debido a ello no se pudo medir “el sentimiento de malestar” generado por “el despido de más de 20 000 empleados del sector público”. Sostiene entonces que, pese a que el IUDOP la presenta como la opinión de las salvadoreñas y los salvadoreños “sobre el año 2025”, lo anterior revela un problema metodológico de dicha exploración. Por eso, aseguró, Nayib Bukele aparece valorado con una nota de 8.33.

    Entonces, pregunta, ¿qué habría pasado si la encuesta se hubiera realizado al inicio de este 2026? Probablemente, se responde, la calificación recibida habría sido “mucho más baja”; aunque, desde mi perspectiva, quizás lo más apropiado sería decir “menos alta”. ¿Y qué habría pasado –pregunto yo– si la encuesta se hubiera realizado al final de enero del presente año, luego de la aprobación legal del pago de la “Quincena 25” al personal del sector público y al que las empresas privadas quisieran, con un tope salarial de 1500 dólares? Quizás la nota se hubiese incrementado. Es cuestión de mercadeo oficialista y su impacto en la gente; o pan para hoy y hambre para mañana.

    En cuanto al “nivel de confianza” que las personas entrevistadas dicen depositar en Bukele, en una escala del uno al cien este alcanzó los 77 puntos. Pero ese dato se basa esencialmente en la seguridad ciudadana que, según el IUDOP, junto con el combate a las pandillas y la delincuencia recibe el beneplácito de casi el 70 % del público abordado; esa es la dimensión porcentual de quienes sostienen que “es lo mejor que está sucediendo actualmente en El Salvador”. Pero con otros de los componentes de lo que constituye la seguridad humana, ¿qué pasa? Veamos.

    Más de noventa entre cada cien resienten que el costo de la vida siguió igual o creció arriba de los dos tercios; los precios de la canasta básica subieron para casi el 70 % de la población interrogada y esto afectó negativamente la situación económica familiar del 75; el desempleo se incrementó para casi un 40 % y en similar proporción la gente opinó que seguía igual; el salario mínimo fue elevado en un 12 %, pero al evaluar dicha medida casi seis de cada diez opiniones indicaron que la mejoría fue poca o nula; no hubo alivio en la economía familiar de más de la mitad de la población y empeoró para casi un cuarto; entre quienes dejaron de comprar alimentos o medicinas y redujeron sus gastos, junto a quienes suspendieron un tiempo de comida diario, el total alcanza cerca del 15 %. Además, a más de seis de cada diez les preocupa la elevada dependencia que el país tiene de las remesas.

    ¿Adónde quedan entonces las seguridades alimentaria, en salud y financiera? ¿Y la seguridad jurídica en un país en el cual al amigo se le interpreta la ley y al enemigo se le aplica? ¿En qué lamentable estado se encuentra esta con una crecida cantidad de personas inocentes detenidas, víctimas de la violación de sus garantías judiciales y de las normas del debido proceso legal? ¿Y la ambiental, cuando casi el 70 % de la gente responde en la encuesta que la Ley general de minería metálica en El Salvador ‒aprobada hace más de un año‒ no la ha beneficiado nada o solamente un poco?

    Se ha superado la indignante muerte violenta, producto del accionar pandilleril, que se paseaba tenebrosa entre nuestras mayorías populares; pero la insultante muerte lenta que genera la injusta estructura económica y social sigue peligrosamente al acecho, presente y creciente.

  • Feminicidios a la baja y denuncias oportunas

    Feminicidios a la baja y denuncias oportunas

    La tendencia de feminicidios en El Salvador es hacia la baja en los últimos cinco años y aunque suene sarcástico, inapropiado o hiriente por las víctimas, eso es bueno; aunque lo ideal es que no haya un tan solo homicidio en el país.

    En 2021 en El Salvador hubo132 feminicidios, la mayoría cometidos por pandilleros, de ese total, al menos 17 fueron cometidos por la pareja o expareja de la víctima. Un año después, en 2022, la cifra de feminicidios se redujo a 61 hechos, 17 de los cuales el victimario fue el compañero o excompañero de vida. En 2023 la cifra bajó a 46 feminicidios, de los que 23 fueron cometidos por parejas sentimentales. En 2024, se tuvo 38 feminicidios, 20 de los cuales fueron perpetrados por compañeros o excompañeros de vida. El año pasado, oficialmente se registraron 26 feminicidios y de ellos el 50 por ciento; es decir, 13 fueron cometidos por la pareja o expareja sentimental de la víctima. El resto fueron producto de la delincuencia y la intolerancia.

    La tendencia es hacia la disminución. En 2025 los feminicidios disminuyeron en un 33 por ciento respecto a 2004 y en lo que va del año solo se conoce el caso ocurrido el  pasado 19 de enero cuando una mujer de 47 años fue  asesinada por su pareja en Santa Ana. Supuestamente el hombre, de 43 años, utilizó una almohada para asfixiar a su mujer, aunque no se tiene aún certeza si el victimario será acusado de feminicidio u homicidio. En cualquier circunstancia el crimen es condenable. Horrible.

    Para muchos la reducción de los feminicidios obedece a la aplicación del Régimen de Excepción, pues antes la mayoría de estos crímenes eran cometidos con alevosía por pandilleros que ahora yacen en las cárceles. Para otros, la reducción obedece a la drasticidad de las leyes que sanciona este tipo de crimen hasta con 50 años de prisión. Hay quienes consideran que la disminución es producto del aumento de la denuncia a tiempo ante las instituciones respectivas. Algo de cierto debe de haber en las tres consideraciones, pero no es suficiente. Ojalá y un año lleguemos a tener cero feminicidios en el año y una considerable rebaja en los casos de violencia contra la mujer e intrafamiliar.

    Idealmente ninguna mujer debe ser sometida a violencia de ningún tipo. No hay cifras oficiales de casos de violencia contra la mujer, pero según los organismos feministas, ésta sigue dándose en la sociedad salvadoreña de manera física, verbal, psicológica, patrimonial, económica y todas las formas posibles.

    Vivimos en un contexto donde aún hay hombres torpemente envalentonados, dominados por los efectos del alcoholismo, las drogas, el machismo y los defectos de carácter, que se consideran superiores a las mujeres y por ende con “derecho” a ejercer violencia contra ellas. En muchos hogares todavía prevalece el sometimiento y el dominio del hombre sobre la mujer, porque idiotamente piensan que por ser el que provee el sostenimiento material  de una familia tiene privilegios de agresor.

    Por lo general la violencia contra la mujer es la antesala del feminicidio, por eso hay que seguir fomentando la denuncia como arma para evitar las fatalidades. Decir que en 2025 hubo 26 feminicidios de los cuales la mitad fueron ejecutados por parejas (compañeros o esposos) y exparejas es preocupante. No se debe ser conformista y decir que en años anteriores las cifras rondaban en más de 100 feminicidios anuales. El Estado y cada ciudadano debemos fomentar y vivir una cultura de paz y respeto. La tolerancia es necesaria para la sana convivencia.

    Las instituciones que reciben denuncia ya están establecidas y hay que aprovecharlas. La Fiscalía General de la República, la Policía Nacional Civil, distintas organizaciones no gubernamentales, la Procuraduría General de la República y otras instancias son entes activos obligados a recibir y procesar con actuaciones a tiempo cada una de las denuncias. Todos podemos ser solidarios y denunciar, incluso, casos reales de violencia contra la mujer y maltrato intrafamiliar de los cuales tenemos conocimiento en nuestras comunidades. Podemos evitar un crimen y eso es bueno.

    En un país donde casi todos nos conocemos es posible erradicar los feminicidios a través de la denuncia. De manera transversal y sistemática, la iglesia y el Estado pueden hacer mucho, generando conciencia sobre la importancia de la denuncia a tiempo. El sistema educativo debe, en alguna de las asignaturas y en los niveles académicos adecuados, educar para la paz y el respeto, promoviendo la denuncia a tiempo de la violencia contra la mujer y la violencia intrafamiliar. El autocuido, como convivencia, debe ser parte de la formación académica.

    Todos queremos un país sin homicidios. Ojalá que algún año lo cerremos con una disminución notable de violencia contra las mujeres y de casos de violencia intrafamiliar. Idealmente con cero feminicidios… sin homicidios.

    *Jaime Ulises Marinero es periodista 

  • El “ya no puedo” de muchas mujeres empresarias

    El “ya no puedo” de muchas mujeres empresarias

    Hubo un momento —silencioso, incómodo y muy personal— en el que pensé: ya no puedo. No fue un día caótico ni un gran fracaso visible. Fue una acumulación de decisiones, responsabilidades y expectativas que, sin darme cuenta, había cargado sola mientras hacía empresa.

    Ese “ya no puedo” no vino del cansancio físico, sino del peso de sostenerlo todo. El negocio, los resultados, las personas, la imagen de fortaleza. Porque cuando una mujer emprende, muchas veces siente que no puede fallar, que no puede bajar el ritmo, que no puede mostrarse vulnerable sin que eso cuestione su liderazgo.

    Durante mucho tiempo confundí compromiso con desgaste. Creí que mientras más me exigiera, más merecía que el negocio creciera. Ahí entendí algo clave: el “ya no puedo” no hablaba de incapacidad, hablaba de un modelo que ya no era sostenible. No era yo la que fallaba; era la forma en que estaba liderando sin espacio para pensar, ordenar o respirar.

    Decir “ya no puedo” fue el inicio de hacer empresa con más conciencia. Empecé a cuestionar qué sí era realmente prioritario, qué podía delegar y qué decisiones estaba postergando por miedo a incomodar o a perder control.

    Desde ese punto, mi relación con el negocio cambió. Dejé de medir el éxito solo por cuánto resistía y empecé a medirlo por cuánto me permitía crecer sin romperme. Y, curiosamente, cuando yo me ordené, la empresa también lo hizo.

    Ser empresaria no debería significar vivir al límite. Debería significar tener claridad, foco y una estructura que te sostenga, no que te consuma. Aprendí que liderar también es poner límites y que esos límites, lejos de frenar el crecimiento, lo hacen más sólido.

    El beneficio más grande de aceptar ese quiebre fue recuperar la capacidad de decidir con calma. Negociar mejor, elegir mejor a quién decirle sí y a quién decirle no, y entender que no todo ingreso vale el costo personal que implica.

    También cambió mi manera de verme como emprendedora. Dejé de exigirme ser incansable y empecé a exigirme ser estratégica. Esa transición no solo mejoró mis resultados, mejoró mi forma de estar en mi propio negocio.

    Hoy sé que muchas mujeres empresarias están justo ahí, en ese punto donde el “ya no puedo” se susurra con culpa. Y quiero decirles algo desde la experiencia: escuchar esa frase a tiempo puede salvar tu energía, tu visión y tu empresa.No se trata de rendirse ni de bajar la visión. Se trata de cambiar la forma en que se sostiene el crecimiento. Porque una empresa liderada por una mujer que se cuida no es más débil; es más consciente, más rentable y más duradera.

    Si hoy estás pensando “ya no puedo”, tal vez no sea el final de tu camino emprendedor. Tal vez sea el momento exacto en el que estás empezando a emprender de verdad.

    •Amanda Rodas, emprendedora y consultora de comunicaciones

     

  • José Martí y la resiembra de la esperanza

    José Martí y la resiembra de la esperanza

    En este 173 aniversario del natalicio de José Martí se aprecia entre los cubanos una mayor confianza en el futuro, concurrente, con la profunda y vasta crisis que enfrenta el sistema totalitario castrista, tan grave, en la opinión de muchos, que no descartan el fin de esa tiranía, aunque el totalitarismo se haya fundado sobre la desesperanza y la permanencia del sistema.

    Es apropiado reconocer que la represión bajo el totalitarismo tiene un formato integral y diversificado que ha intoxicado con el terror a la mayoría de la población. Las regulaciones restrictivas de un sistema absoluto trascienden lo policial ya que hacen acto de presencia en el mundo laboral, educativo y social, incluyendo la familia. No hay actividad ajena al control del estado después que se implanta un sistema totalitario.

    Esta gestión tan abarcadora limita en gran medida la formación de una oposición articulada nacionalmente con propuestas de carácter social y reivindicativas que promuevan proyectos políticos y sociales, factor que impide a los opositores promover protestas y reclamos que le conviertan en opción de cambio.

    El control es tan dominante que la inmensa mayoría de la población se siente desamparada ante las autoridades del estado.

    La indefensión y la desesperanza es un sentir extendido en toda la sociedad, producido, por la supremacía del estado, gobierno y partido, en los más ínfimos detalles del quehacer diario.

    Por suerte, para los cubanos, nuestra historia cuenta con las doctrinas y ejemplos que nos dejó José Martí, parte fundamental de nuestro pensamiento nacional. La vocación patriótica del “Maestro”, su confianza en el futuro y su hacer constante a favor de su utopía, una república “con todos y para el bien de todos” son referentes para cualquier ciudadano con conciencia cívica, como lo fueron sus convicciones sobre la libertad individual y la soberanía popular.

    Martí, siempre se manifestó con mucha claridad sobre los derechos inalienables del hombre al subrayar que la «Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía», mientras, el castrismo se ha sostenido perpetuamente en el oportunismo, la mentira y el engaño.

    El sistema totalitario está afincado en una doble moral, en la que el vasallo oculta sus opiniones y actúa en base a lo que le conviene a su sobrevivencia, una hipocresía integral que se ha convertido en el agente más corrosivo que enfrenta el despotismo.

    Las diferencias entre las propuestas políticas de Martí con las del tirano Fidel Castro, son abismales. El Maestro siempre difundió la esperanza y fue muy explícito cuando escribió “Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca y en que nos tocó nacer; y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas”, una descripción del castrismo muy difícil de igualar.

    En cambio, los hermanos Castro persistentemente identificaron la Patria con la Muerte, como si fuera parte de su patrimonio, una heredad en la que no hacen diferencias entre rebaños y personas, eliminando así toda esperanza de los ciudadanos que, transformados en siervos, esperan una vida mejor.

    El apóstol cubano con una indudable visión de futuro advirtió en la “Futura Esclavitud”,1884, sobre el peligro de concentrar el poder en el estado, señalando que «De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado», destacando a su vez el surgimiento de una nueva clase que llama “funcionarios”, burócratas, una angustiante realidad que sufren los cubanos desde hace más de seis décadas.

    Las esperanzas han crecido y fortalecido por factores propios de los pueblos y gracias a la decisión del presidente Donald Trump de encarcelar a Nicolás Maduro, más sus advertencias a los dictadores de Cuba y Nicaragua de que sus   depredaciones han llegado a su final, lo que sumado al agotamiento del despotismo en ambos países ha motivado el renacer de la esperanza de cambios que conduzcan a la democracia o al menos, al derrocamiento de los opresores.

    Es fácil apreciar que Miguel Diaz Canel y sus sicarios, al igual que la dupla Ortega-Murillo y las huestes de facinerosos que le acompañan, se sienten inseguros, temen por su futuro porque la impunidad que han disfrutado por años se les está terminando.

  • Norman Quijano, el cumplimiento de su condena y la caída de la vieja política

    Norman Quijano, el cumplimiento de su condena y la caída de la vieja política

    La imagen de Norman Quijano ingresando bajo custodia policial para cumplir su condena no es solo una representación gráfica, video o de la foto de un político caído en desgracia y en soledad por su partido político; es el epílogo visual de una de las eras más oscuras de la historia reciente de El Salvador. Quien fuera presidente de la Asamblea Legislativa, jefe de fracción legislativa de ARENA, alcalde de la capital, una de las principales figuras políticas de derecha salvadoreña y el candidato presidencial que casi toca la gloria y el poder en 2014, y quien, en la segunda vuelta electoral, el 9 de marzo 2024, perdió por un estrecho margen ante Salvador Sánchez Cerén, con el 49,9% del voto popular, hoy cruza el umbral de la prisión no como un mártir político, sino como el símbolo de un sistema que decidió cogobernar con el crimen organizado y las pandillas, y que fue la principal apuesta por llegar al poder, continuar el legado criminal del expresidente Mauricio Funes Cartagena del FMLN quien fue el padre de la tregua y de lanzar a la vida plena política a los criminales.

    La captura al bajar del avión donde venía deportado de Estados Unidos de Norteamérica y encarcelamiento de Norman Quijano cierra al menos un capítulo de impunidad que parecía eterno. Durante años, la narrativa oficial de los partidos tradicionales ARENA y FMLN fue la de ser enemigos acérrimos de las pandillas ante las cámaras, radio, prensa y redes sociales, mientras que, en la oscuridad de las casas de seguridad y algunas sedes de organizaciones religiosas utilizadas como fachada, se convertían en sus socios financieros y las guaridas para comprarles y rogarles que obligaran a la población a votar por ellos.

    El caso del año 2014, por el cual Quijano ha perdido su libertad, es quizás el ejemplo más cínico de esta simbiosis criminal. En aquella contienda electoral, desesperado por cerrar la brecha contra Salvador Sánchez Cerén, el entonces candidato de la continuidad de la «Súper Mano Dura» el que dijo llorando ante cámaras “Un país libre de maras no es un sueño, es tu derecho. Yo sé lo que hay que hacer, y tú también. Todos sabemos. La obligación más urgente del próximo presidente, es hacerlo. Soy el único, EL ÚNICO, que de cara al país y mirándote a los ojos, asume el compromiso” No buscó, si se esforzó convencer a la ciudadanía con propuestas de un plan de gobierno; buscó a los cabecillas de la MS-13 y del Barrio 18 con sus dos fracciones para comprar su franquicia territorial con el aval, autorización y visto bueno de la dirigencia del partido COENA, no era un secreto, y de posibles grupos económicos de poder o empresarios, sino de ¿Cuál es el origen del dinero entregado a los criminales? ¿quién financió?  no era dinero de él, ni de las personas cercanas o de su comando de campaña. O ¿era dinero del partido de la deuda política? La pregunta es por qué los condenados guardaron silencio, y han aceptado irse solos a la celda, el baño de realidad es sencillo, los abandonaron y ahora sus amigos  dicen que ya fueron expulsados del partido y que funcione el sistema.
    Los videos, fotografías y audios que salieron a la luz pública grabados por sujetos que en su mayoría no tenían cursado ni la educación básica fueron más inteligentes que ellos con carreras universitarias, en su momento fueron devastadores. No eran rumores; era la evidencia visual de un político de alto nivel ofreciendo millones de dólares si ganaban en ayuda y apoyo del presupuesto general de la Nación, y pagó una prima de $100,000 a las dos pandillas criminales y ofreció beneficios carcelarios a cambio de votos y dejarlos operar contra la población en los territorios bajo influencia, dominio y control de las pandillas. Lo que Quijano negoció no fue solo apoyo electoral; negoció la soberanía del Estado, pero sobre todo la sangre y masacres para la población. Al entregar dinero a las pandillas, financió las balas y armas que matarían a salvadoreños inocentes en los años subsiguientes. Todo por la ambición que su partido político, sus amigos y el regresaran al poder del ejecutivo. Ni en Netflix han podido producir este guion criminal. Este ingreso a prisión envía un mensaje contundente que resuena en toda América Latina: el poder obtenido mediante pactos con el crimen organizado tiene fecha de caducidad.

    Durante una década, la clase política salvadoreña creyó que podía utilizar a las pandillas como una herramienta electoral desechable: se les pagaba, se ganaba la elección y luego se administraba el caos. Pero subestimaron el costo moral y social de esa transacción. Al validar a los pandilleros como interlocutores políticos, erosionaron la autoridad del Estado hasta dejarlo casi inoperante, estado fallido es poco para lo que el FMLN y ARENA le dejaron a El Salvador.

    La condena de Quijano destruye el argumento de que negociar con criminales era un «mal necesario» para mantener la paz. Al contrario, fue el combustible que permitió a las estructuras criminales crecer, armarse y someter a la población, sabiendo que tenían a los «padres de la patria, al presidente y ministros» en su nómina.

    Hoy, mientras El Salvador transita una realidad de seguridad diametralmente opuesta siendo el país con la menor tasa de violencia homicida en el continente, delitos de alto impacto en su mínima expresión, las pandillas criminales sin organización, ni capacidad de operar, ver a uno de los arquitectos del viejo pacto tras las rejas sirve de recordatorio histórico. No se puede construir un país con seguridad, paz y en la búsqueda del desarrollo humano sobre los cimientos de la extorsión y la sangre, pactando con el crimen organizado.

    La ejecución de la justicia ha tardado, ha sido compleja y ha requerido voluntad política férrea, pero finalmente ha llegado, no sin antes destacar la labor y trabajo del señor Fiscal General de la República licenciado Rodolfo Antonio Delgado Montes quien desarrollo todo el proceso completo con los fiscales auxiliares que designo, gracias a su firme decisión este caso no quedo en la impunidad demostrado en sede judicial con pruebas documentales, periciales, y testimonial. Norman Quijano entra a su celda, y con él, se encierra una forma de intentar hacer política.  La lección es clara para cualquier aspirante a funcionario: con el crimen organizado no se negocia, siempre van a perder, solo que en muchas ocasiones hay que esperar un tiempo para ver el ingreso al penal.

    *Por Ricardo Sosa / doctor y máster en criminología, experto en seguridad nacional