Colombia llega este domingo a la jornada decisiva de unas elecciones presidenciales consideradas entre las más polarizadas de su historia reciente, con el ultraderechista Abelardo de la Espriella y el izquierdista Iván Cepeda disputándose la Presidencia en una segunda vuelta cargada de tensiones políticas, controversias y una profunda división social.
Los más de 41 millones de ciudadanos habilitados para votar deberán escoger entre dos modelos de país contrapuestos. De la Espriella, líder del movimiento Defensores de la Patria, parte como favorito según la mayoría de las encuestas, tras haber obtenido la primera posición en la ronda electoral celebrada en mayo.
Los sondeos previos a la votación sitúan al candidato conservador cerca del 50 % de intención de voto, mientras que Cepeda ronda el 44 %. El voto en blanco supera el 6 %, en un escenario donde la participación podría resultar determinante debido al elevado número de abstencionistas registrado en la primera vuelta.
En esa elección inicial, De la Espriella aventajó a Cepeda por más de 660,000 votos, aunque cerca de 17 millones de colombianos decidieron no acudir a las urnas. Analistas consideran que ese segmento del electorado, tradicionalmente más cercano al centro político, será clave para definir el resultado final.
Durante las últimas semanas, Cepeda moderó parte de su discurso político y construyó alianzas con sectores de centro, incluyendo a la excandidata Claudia López. Además, descartó propuestas polémicas como una eventual reforma constitucional, buscando ampliar su base de apoyo más allá del progresismo.
Por su parte, De la Espriella consolidó el respaldo de importantes figuras de la derecha colombiana, entre ellas la excandidata Paloma Valencia y el expresidente Álvaro Uribe. A nivel internacional, recibió un apoyo mediático significativo por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien expresó públicamente su simpatía hacia el aspirante conservador.

Trump a favor de De la Espriella
La participación de Trump en la campaña generó debate en Colombia. Mientras sectores opositores denunciaron una injerencia extranjera en el proceso electoral, De la Espriella defendió la relación con Washington y aseguró que fortalecerá la cooperación bilateral en temas de seguridad, narcotráfico y lucha contra el crimen organizado.
El presidente Gustavo Petro también ha estado en el centro de la controversia. Diversos sectores cuestionaron su participación activa durante la campaña y sus declaraciones sobre un posible fraude electoral en la primera vuelta, afirmaciones que no fueron respaldadas por el candidato oficialista Iván Cepeda.
Otro de los temas que marcó la campaña fue el uso de la camiseta de la selección colombiana de fútbol por parte de De la Espriella. El oficialismo acusó al candidato de intentar apropiarse de un símbolo nacional en pleno desarrollo del Mundial 2026, generando incluso acciones judiciales para limitar su utilización durante actos proselitistas.
La discusión ocurre en un contexto complejo para Colombia, que enfrenta desafíos en materia de salud pública, seguridad y gobernabilidad. El crecimiento de organizaciones criminales y grupos armados continúa siendo una preocupación nacional, mientras persisten los debates sobre la efectividad de la política de «paz total» impulsada por Petro.
Las propuestas de ambos candidatos reflejan visiones diferentes para enfrentar esos problemas. De la Espriella apuesta por una estrategia de mano dura contra la criminalidad, respaldada por un fortalecimiento de las fuerzas de seguridad. Cepeda, en cambio, propone profundizar los acuerdos de paz firmados con las FARC y revisar los mecanismos de negociación con grupos armados ilegales.
Sin importar quién resulte ganador, el próximo presidente deberá gobernar con un Congreso fragmentado y altamente polarizado, donde ninguna fuerza política cuenta con mayoría absoluta. Ese escenario obligará a construir consensos y alianzas para impulsar las reformas prometidas durante la campaña.

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