La presión de EE.UU. debilita influencia de Cuba en América Latina

La presión diplomática de Estados Unidos está debilitando la histórica influencia de Cuba en América Latina, evidenciada por recientes rupturas diplomáticas y la cancelación de acuerdos de cooperación médica.

En las últimas semanas, Ecuador y Costa Rica rompieron en la práctica sus relaciones con La Habana. Quito ordenó la salida del personal de la embajada cubana en 48 horas, mientras que San José retiró su delegación diplomática.

A estos hechos se suma la cancelación de acuerdos médicos por parte de Honduras, Guatemala y Jamaica, tras una campaña impulsada por Washington, que califica estas misiones como “trabajos forzados”.

Otros países del Caribe, como Antigua y Barbuda, Bahamas, Granada, Guyana y Trinidad y Tobago, también han suspendido o modificado su cooperación con Cuba desde la llegada de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El debilitamiento diplomático ya se había reflejado en la última votación en la Asamblea General de la ONU sobre el embargo a Cuba, donde, aunque la mayoría respaldó a la isla, aumentaron los votos en contra y se rompió el consenso latinoamericano.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, denunció que la presión de Washington sobre la región es “brutal” y criticó a líderes que, según dijo, están “lamiéndole la bota a los representantes del imperio”.

En contraste, México ha mantenido su apoyo a Cuba. La presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido una política de ayuda humanitaria, incluyendo envíos de combustible, alimentos y productos básicos.

Brasil también ha respaldado parcialmente a la isla. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva aprobó recientemente el envío de 20,000 toneladas de arroz y medicamentos, aunque ha moderado su postura en comparación con anteriores gobiernos.

Analistas señalan que el cambio político en América Latina, con gobiernos más conservadores, ha reducido el respaldo a Cuba, aumentando su aislamiento frente a la presión estadounidense.

Además, expertos consideran que apoyar a La Habana ahora implica mayores costos políticos debido a la estrategia de Washington, lo que ha llevado a varios países a distanciarse.

No obstante, advierten que esta presión podría generar una reacción contraria en la región, alimentando sentimientos antiestadounidenses y reconfigurando nuevamente el escenario político.

 

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