Once días después de los devastadores terremotos que sacudieron el estado venezolano de La Guaira, familiares y voluntarios continúan removiendo toneladas de escombros con la esperanza de encontrar a las personas que permanecen desaparecidas bajo los edificios colapsados, mientras la presencia de rescatistas internacionales disminuye progresivamente.
«Mijita, ¿dónde estás? No te veo», grita Marco Contreras frente al acceso de un estacionamiento subterráneo que apenas pudo ser despejado. Desde ese lugar busca a su hermana, quien vivía sola junto a su mascota en la primera planta de un edificio que quedó completamente destruido por los sismos.
En otro de los inmuebles afectados, José Riva y un grupo de mineros colaboran en la remoción de escombros utilizando maquinaria trasladada desde zonas mineras del país. El equipo logró abrir el acceso al estacionamiento y recuperar diez cuerpos, aunque, según les informaron, al menos 25 personas habrían quedado atrapadas en esa estructura.
Los familiares de las víctimas insisten en que la principal necesidad ahora es contar con más maquinaria pesada para acelerar las labores de rescate. Durante los primeros días, equipos internacionales utilizaron tecnología especializada para localizar sobrevivientes, pero con el paso del tiempo la operación se ha concentrado en remover enormes cantidades de concreto y metal.
Las autoridades venezolanas informaron que los terremotos, de magnitudes 7.2 y 7.5, dejaron hasta el momento 3,342 fallecidos y provocaron el colapso de 190 edificios. Además, estiman que solo en la localidad de Caraballeda se generaron cerca de 1.25 millones de toneladas de escombros.
Carlos García, operador de maquinaria pesada, llegó a la zona un día después de la tragedia y desde entonces trabaja con excavadoras para abrir paso entre los restos de los edificios. «Voy poco a poco y así sacamos los cuerpos; ya llevo 8 y ahí vamos», relató mientras continúa las labores con extrema precaución ante la posibilidad de encontrar sobrevivientes.
En Playa Grande, otro de los sectores más golpeados por el desastre, el militar Arcángel Orojoite aprovecha un permiso de servicio para colaborar como voluntario en un edificio de 12 niveles que colapsó completamente. «El impacto psicológico es fuerte porque estamos hablando de que sacamos diez cuerpos diarios, once, y es fuerte, pero aquí entre todos nos hemos ayudado», expresó.
Los equipos de rescate calculan que unas 120 personas permanecen bajo los escombros de esa torre. Mientras excavadoras y grúas continúan retirando toneladas de concreto, familiares y voluntarios mantienen la esperanza de recuperar a sus seres queridos, convencidos de que las labores no terminarán hasta revisar cada rincón de los edificios destruidos.

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